martes, 29 de julio de 2008

EL HABLA DE NUESTROS MAYORES, UN VALIOSO PATRIMONIO INMATERIAL







“Ramas bajeras”, “aguareda”, “tomates niñarrudos”, “casa contra terrero”, “cuchimar”, “espurniar”, “el buyol”, “bardera”, “echar enruna”, “hacer un pan con unas hostias”, “clarearse de hambre”, “amonchonadico”, “sofoquina”, “pelloco”, “hierbucero”, “pera modorra”, “una zorra de azarollas”, “murriarse”, escaicimiento”, “carne jasca”, “la binza”, “aljezón”, “gastarse toda la peseta en vino”, “cuquera”, “desensobinar”, “fosco”, “zaborro”, “chisma”, “sostegón”, “borroco”, “follajina”, “flea”, “un curcusido”, …

¿A quién no le llaman la atención ciertas palabras que oye decir alguna vez a su abuela, a su padre, a su tía o a cualquier persona mayor conocida? Algunas de ellas están ligadas a usos y costumbres de una cultura secular heredada, que la aceleración de la modernidad ha ido aparcando; otras conectan todavía con las situaciones de la comunicación cotidiana. La curiosidad de estos vocablos i expresiones radica en el hecho de que, perteneciendo a nuestro dialecto castellano-aragonés, nosotros, nuestra generación, ya no las usa, nos resultan extrañas, y no digamos a los jóvenes y a los más jóvenes. Y lo peor es que muchas de ellas están condenadas a su desaparición con la de la generación que aún las hace valer, al menos en cuanto a su uso. Su máxima aspiración referente a su conservación estribará en pasar a formar parte de un catálogo léxico con aspiraciones a ser estudiado por gente experta.

Así, las palabras son como especies vivas que se interrelacionan dentro del “ecosistema” de la lengua, que se puede ver sujeto a diferentes fenómenos: desequilibrios, empobrecimiento y degradación, evolución y cambios, incorporación de nuevas “especies”, etc. Las palabras, frases hechas, modismos, refranes, coplas, romances, canciones, etc., son susceptibles de desaparecer, de hecho muchos de estos elementos de la lengua, al igual que algunas especies biológicas, están en claro peligro de extinción, como es el caso de esas palabras que todavía les escuchamos a los viejos y viejas, dicho sea con el mayor respeto y reverencia –lo de viejos y viejas-, a cuya edad y nivel de experiencias, modestamente, aspiramos a llegar.

Ante esta perspectiva lo mejor -y quizá lo único- que se puede hacer es intentar rescatar todo este tesoro lingüístico, para que se conserve cuando sus usuarios ya no estén entre nosotros. ¿De qué manera? Una puede ser gravando las voces de las personas mayores en algunas de sus conversaciones. Otro sistema, que recomendamos, es anotar esas palabras llamativas en un bloc cuando se las oigamos decir. Cuando tengamos un corpus suficiente, podemos hacerlo llegar a manos de lingüistas para su recopilación y estudio.

A este respecto hemos de mencionar el esfuerzo recopilatorio del pueblo de Jorcas, coordinado por la especialista en patrimonio inmaterial Lucía Pérez García-Oliver, en el magnífico volumen Palabras de parte de Jorcas, publicado en 2005, que no puede dejarse de consultar.


Gonzalo Tena Gómez

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos Gonzalo.Me alegra haber leído este artículo en defensa de las palabras de nuestro habla. En los años 60 las utilizabamos nosotros mismos espontaneamente y cuando esto sucedía se nos reían y procurábamos no utilizarlas. ¡Lo que se ha hecho en nombre de la "Cultura y de la Educación".
Me alegra también saber algo de ti después de tantos años.

El 87.

jose ramon dijo...

Estupenda reflexión, Gonzalo. Me gustaría sin embargo precisar que el aragonés es una lengua en toda regla. Considerarla dialecto, sin entrar en los aspectos históricos que la relegaron, es una de las causas que la han hecho desaparecer definitivamente. Por esa vergüenza que tú comentas que nos ha dado a todos. Por esas humillaciones a las que nos sometian los ¿educadores? franquistas que nos tocaron. Es bueno utilizar esas palabras sin cobardía. Y es preciso también desterrar el complejo y pensar, algunos lo hacen y me lo han manifestado, que esas palabras son "valencianas" (la proximidad marca). No pueden ser valencianas cuando muchas de ellas también se usan en la Val de Gistau o en Echo... Son un reducto de nuestro idioma desaparecido.
Saludos