domingo, 6 de julio de 2008

DEMOGRAFíA Y MINERíA DE ARCILLAS EN TERUEL (I):






La provincia de Teruel está empezando a vivir el desembarco de la minería de arcillas que abastecen la producción cerámica del levante español, ante el agotamiento de las principales minas de Castellón y Valencia y las serias dificultades de los nuevos proyectos mineros en estas provincias. Este hecho puede verse como una oportunidad de desarrollo económico en un territorio tan depauperado y falto de iniciativas como es Teruel. Pero ¿sirve la minería de arcillas para el desarrollo socioeconómico turolense?, ¿existe un contexto social y demográfico capaz de beneficiarse de las oportunidades de esta minería? Nuestra opinión es que en Teruel no se dan unas condiciones demográficas que permitan aprovechar el posible impulso de esta minería de arcillas.

En la evolución demográfica turolense podemos diferenciar varias fases:

-Al igual que en toda España, en Teruel se produce un acentuado descenso de la natalidad durante la Guerra Civil y la durísima posguerra. Sólo a partir de 1955 se empieza a superar el número de nacimientos que había antes de la GC.
-Durante el siglo pasado, y de modo muy acentuado durante los años 60 y 70, se produce una fortísima emigración, que llega a reducir al 10% los habitantes de bastantes pueblos del “Teruel interior”. La edad de esta emigración acentúa las “clases huecas” de la GC y postguerra, y reduce al mínimo el “baby boom” de los años 60 y 70. El “baby boom” de este éxodo rural se produce básicamente en las ciudades de acogida, lo que acaba produciendo unos fortísimos desequilibrios demográficos entre campo y ciudad, y una desertización de amplias zonas de España.
-En la actualidad se está llegando a los mínimos demográficos. Los valores de densidad de población son demoledores: 9 habitantes por km2 en la provincia y menos de 5h/km2 en algunas de las comarcas con potencialidad minera, como el Maestrazgo y Gúdar-Javalambre.

Esta estructura demográfica tan envejecida y con tan escasa capacidad de regeneración endógena, y estas densidades que rozan el desierto demográfico, tienen unas consecuencias muy perniciosas para el desarrollo socioeconómico. Al margen de Teruel y Alcañiz, y de las escasas poblaciones que superan los 2.000 habitantes, el resto del territorio apenas dispone de un mercado de mano de obra. La idea que se tiene en el medio rural turolense es que “no falta trabajo, sino personas”. En los últimos años se está cubriendo parcialmente la falta de mano de obra mediante la incorporación de inmigrantes extranjeros en el tejido laboral, pero el efecto demográfico ha sido débil, comparado con lo que ha sucedido en otras provincias.
En un territorio que es un desierto demográfico, la disponibilidad de mano de obra depende casi exclusivamente de la emigración, pero ésta tiene sus propias leyes de funcionamiento. Una de ellas, que puede explicar la debilidad de la inmigración turolense y su concentración en otros lugares, es el círculo de refuerzo interno de la inmigración, debido a las necesarias redes sociales que se establecen dentro de este sector de población tan vulnerable.

En conclusión, en comparación con otros territorios, ni la población autóctona presenta unas condiciones favorables para que nuevas industrias se conviertan en factor de desarrollo endógeno, ni siquiera la población inmigrante puede presentar soluciones “rápidas y fáciles”, en especial en industrias que impliquen localizaciones permanentes de la población laboral.


Pirámide de población de la provincia de Teruel
Fuente:
http://geopress.educa.aragon.es/Demografia_3/Recursos_humanos/Piramide_teruel.htm



ALEJANDRO PÉREZ CUEVA

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