martes, 8 de julio de 2008

DEMOGRAFÍA Y MINERÍA DE ARCILLAS EN TERUEL (II): LA DEFENSA DEL TERRITORIO


En el artículo anterior trazábamos la evolución demográfica de Teruel durante el siglo XX y sus repercusiones actuales: a) una estructura de la población muy envejecida, incapaz por ella misma de una regeneración demográfica, b) unas densidades propias de un “desierto demográfico”, con valores inferiores a 5h/km2 en algunas comarcas y c) un proceso de asentamiento de la población inmigrante muy débil y dificultoso. La conclusión principal era que resultaría muy difícil beneficiarse de las supuestas “oportunidades” del actual desembarco de la minería de arcillas en Teruel. Pero está claro que esta ausencia o dificultad de aprovechamiento no va a ser un factor que pare el proceso: estamos delante de un modelo de “iniciativa exógena”.

En estas circunstancias cabe preguntarse si la población autóctona es capaz de filtrar debidamente estas iniciativas exógenas: de rechazar lo que no le interesa y de controlar lo que pueda ser beneficioso o neutro. Opinamos que la debilidad demográfica es el factor fundamental en la también débil defensa de los intereses de la población, del patrimonio y del territorio:

1) La minería es una actividad económica potencialmente beneficiosa para el desarrollo local, pero para ello los agentes locales deben ser capaces de transferir de modo eficiente los recursos obtenidos en otro tipo de actividades económicas, de bases más sólidas y duraderas. Esto apenas ocurre en Teruel.

2) Por otra parte, las actividades mineras suponen siempre una pérdida de patrimonio (económico, paisajístico...), que sólo es admisible si se logra una "transferencia patrimonial" con un saldo neto positivo al final del proceso. Esto tampoco está ocurriendo en Teruel.

3) Una de las claves del correcto funcionamiento del proceso es el contexto demográfico: una población muy escasa y envejecida es el peor de los escenarios posibles. ¿Puede esta población analizar, filtrar o alegar los proyectos mineros?

4) El riesgo fundamental que supone la extrema debilidad de los agentes locales es que no son capaces de controlar y aprovechar el proceso: ni son capaces de rechazarlo cuando no les interesa, ni son capaces de generar las iniciativas (o son rápidamente sustituidos cuando lo hacen), ni son capaces de generar una riqueza que siente las bases de un desarrollo futuro.

5) El momento demográfico actual es especialmente delicado, pues estamos posiblemente ante la mayor precariedad demográfica posible, pocas décadas antes de que comience el previsible retorno de los "jubilados hijos del éxodo rural" (que comenzará a tomar fuerza a partir de los años 20 del presente siglo). Estos futuros demandantes de servicios serán probablemente el principal factor de desarrollo local.

6) Una incorrecta y abusiva explotación de los recursos mineros, en lugar de contribuir al desarrollo local futuro, puede minar un nuevo escenario económico y social que, sin duda, no estará basado en la minería.

En definitiva, en el momento actual y debido fundamentalmente a la precariedad demográfica de Teruel, se están produciendo unas relaciones económicas en torno a la minería que podrían calificarse de tercermundistas, en el sentido de que las iniciativas y los beneficios son de tipo exógeno, apenas contribuyen al desarrollo endógeno y apenas pueden ser controladas por la población autóctona. Por el contrario, a medio y largo plazo acaban suponiendo una merma patrimonial y un lastre de futuros escenarios.

ALEJANDRO PÉREZ CUEVA

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