lunes, 15 de diciembre de 2008

El Patrimonio Olvidado: Las Masías


La Comarca del Maestrazgo cuenta con 672 masías, de las que solamente 67 están habitadas y, aproximadamente la mitad del total tienen alguna utilidad en nuestros días, fundamentalmente ganadera. Además unas 27 tienen torres fortificadas de gran valor artístico y patrimonial.

Este patrimonio en ocasiones rico y llamativo, en ocasiones humilde es la herencia de varios siglos, es la historia de un territorio y una cultura rural que ha llegado hasta nosotros sin pretensiones y en condiciones diferentes según la zona, la orografía, el clima y los abatares familiares. Son fruto de una historia no recogida en los libros en la mayoría de los casos, sino en la memoria oral de sus gentes y en la añoranza de sus moradores. Son una historia viva que desaparece con el abandono de sus propietarios o arrendatarios y la ruina de sus tejados, paredes y estancias, así como por la perdida de la memoria de sus moradores.

Son ocho o nueve siglos de historia y de raíces que no se pueden perder sin que se resienta nuestra propia identidad, sin que dejemos de contar con algo esencial en un territorio y sin que se pierda algo de nosotros mismos. También se puede decir desde una mentalidad desarrollista que no pasa nada, pues también desaparecieron los dinosaurios y no por eso se acabó el mundo, pero si que es cierto que hablamos de un mundo distinto, con unas condiciones de vida diferentes y con unos problemas nuevos.

Es hora de sin falsas añoranzas, ni dramatismos ridículos, que tomemos conciencia de que una parte de nuestro mundo rural, de su forma de vida y de su idiosincrasia desaparece en aras de una sociedad mas avanzada, aunque no sabemos hacia donde avanza y ni siquiera si lo podemos llamar de esta manera. Debemos recuperar antes de que sea tarde todas esas masías fortificadas que son símbolo de una época de repoblación del territorio y de luchas por el mismo, todas esas masías grandiosas que muestran todo el esplendor de una época, toda la memoria oral de sus habitantes que se pierde con ellos.

El desarrollo rural no pasa por la creación de grandes infraestructuras, ni por la asimilación con el medio urbano, sino por la búsqueda de sus propias raíces y formas de ordenación del territorio, así como por la implantación de actividades que fomenten la calidad de vida y la sostenibilidad. Esto no es sinónimo de paralización o subdesarrollo, sino de apuestas claras por ideas propias y no modelos copiados y, por supuesto, por el recuerdo de su pasado y la conservación de sus tradiciones y su patrimonio.

Con imaginación, esfuerzo y muchas ganas hemos de conservar la memoria de nuestros masoveros, sus tradiciones y sus residencias mas significativas, sin renunciar a la innovación y la implantación de nuevas actividades en el medio rural que estén en armonía con el mismo.


Javier Oquendo Calvo

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