domingo, 27 de diciembre de 2009

PARQUE CULTURAL DEL ALTO ALFAMBRA (2)


El Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra: ¿banalidad o dignidad?



Recientemente asistí a una luminosa conferencia de Antonio Ariño Villarroya, con motivo de la inauguración del Master sobre Patrimonio Cultural, de la Universidad de Valencia. Vicerrector de Convergencia Europea, este hijo de Allepuz expuso de modo brillante sus ideas sobre la patrimonialización de la cultura y sus paradojas en la sociedad actual. Y puedo dar fe de que aportó valiosas luces a profesores y futuros alumnos sobre el imparable proceso de patrimonialización que vivimos en nuestros tiempos, y sobre sus riesgos de banalización. Hoy en día, cualquier nimiedad puede convertirse en patrimonio, hasta las chatarras informáticas obsoletas de hace cuatro días. La reivindicación del patrimonio por grupos locales ha conducido a una ampliación prácticamente ilimitada del repertorio patrimonial.
Su planteamiento fue que la decisión sobre qué patrimonio se restaura, se pone en valor y se difunde no es una cuestión políticamente neutra. Y que, frente a un conservacionismo conservador, autocomplaciente, de consumo, de oferta ante la globalización y dinamismo del turismo, puede haber otro de diferente índole. Su postura fue, cito textualmente, la de patrimonializar aquello que “reúna una doble condición: mejorar las condiciones de vida de las personas más frágiles en el tiempo presente, levantar la dignidad y reforzar su calidad de vida; y por otra parte, lo que permita mirar al pasado sin cultivar la autocomplacencia y la satisfacción, invitando al asombro, al sobrecogimiento, provocando inquietud y conmoción”.
Me dio qué pensar ante la gestación de una propuesta de declaración de Parque Cultural para el chopo cabecero en el Alto Alfambra, una propuesta dinamizada por la plataforma Aguilar Natural que está ilusionando a las gentes de este precioso valle. ¿Se trata de una banalidad destinada al consumo del turismo ocasional? En absoluto. Se trata de una propuesta que cumple perfectamente las condiciones del profesor Ariño. ¿Qué mayor fragilidad que la de la gente que resiste en este valle con sus duros proyectos, que lucha dignamente por la conservación de sus bienes culturales frente a la agresión de la modernidad urbana, avida de arcillas para sus azulejos “postmodernos”? ¿Y qué mayor fragilidad que la del chopo si no recibe su saneadora escamonda?. Un chopo monumental, con sus heridas y sus brotes nuevos, con su lección sobre la vida de nuestros antepasados recientes “invita al asombro, al sobrecogimiento y provoca inquietud y conmoción”.
De ahí lo acertado de la propuesta como Parque Cultural, no como espectacular ejemplo de bosque de ribera, refugio de una rica fauna de depende de él (que también lo es). En palabras del profesor Ariño “ese es un patrimonio no de poseedores y sedentarios, sino de desposeídos y nómadas”. De gente que emigró a Madrid, o a Valencia, o a Teruel…, de gente que resiste y desea “levantar su dignidad” ante el olvido y la degradación del valle, y lo que éste significa. Harían bien los políticos en considerar esta propuesta con toda la seriedad que se merece.

Alejandro Pérez Cueva
Colectivo Sollavientos

lunes, 14 de diciembre de 2009

¿Por qué un Parque Cultural en el Alto Alfambra?


Un título con dos cuestiones básicas, dónde y el qué, y una fundamental, ¿por qué? Intentaremos aclarar todas ellas lo mejor posible.
El dónde es el Alto Alfambra, el tramo de cabecera de este río —entre Gúdar y Galve— y su cuenca hidrográfica, con los afluentes Sollavientos, Seco y Penilla. La respuesta a qué es un Parque Cultural nos la da la Ley 12/1997: “un territorio que contiene elementos relevantes del patrimonio cultural, integrados en un marco físico de valor paisajístico y/o ecológico singular”.
En el Alto Alfambra podemos encontrar varios motivos que justifican la organización de un Parque Cultural: arquitectura, yacimientos arqueológicos y paleontológicos, naturaleza... y hay uno que aúna monumentalidad cultural y paisaje natural, el de los chopos cabeceros. Estamos empezando a abordar la cuestión central, ¿por qué?
Por la riqueza del Alto Alfambra, por la necesidad de ponerla en valor, porque viva, porque no se destruya. Por todo ello, el proyecto del Parque Cultural de los Chopos Cabeceros está engendrándose.
El chopo cabecero (Populus nigra L.), fruto del trabajo campesino mediante su poda periódica para la obtención de leña, forraje, vigas, etc., es un árbol que torna en monumental, y que agrupado en extensos bosques de ribera, adehesados y lineales, confiere carácter a nuestras altas vales. Es el caso del Alto Alfambra, donde se concentra la mayor masa de este tipo de chopos de Europa, distribuidos por las rieras, las ramblas, las acequias, las fuentes…
Es un patrimonio monumental, natural, cultural y paisajístico, pero es una riqueza herida de muerte por la falta de cuidados. Aunque el Alto Alfambra es uno de los pocos lugares donde aún se cuidan con cierta dedicación estos ejemplares, en el Manifiesto elaborado para la Primera Fiesta del Chopo Cabecero, celebrada en Aguilar del Alfambra, quedó claro que las masas de chopos de nuestra tierra necesitan que se reinstauren “sus cuidados” o “en pocas décadas desaparecerán de forma irremisible”.
Este Parque Cultural quiere ser una respuesta a ese llamado, y quiere serlo también para el resto del patrimonio de los pueblos del Alto Alfambra, del que los chopos serían el centro articulador, el mascarón de proa por su singularidad y por su magnitud.
También hay otra vocación de fondo y una metodología que se pretende sea marca diferencial. Como vocación última, ser una herramienta más con la que generar expectativas de futuro para pueblos que se resisten con uñas y dientes a morir, o a echarse a perder y terminar pereciendo en manos de cualquier saqueador de tres al cuarto.
Como metodología, la actividad, que no sea una figura pasiva que se da a conocer a quien lo quiera visitar, sino un lugar en el que se investigue, se gestione el patrimonio y se colabore con colectivos, empresas e instituciones. En definitiva, que la reinstauración de los cuidados de los chopos —y con ellos de todas nuestras riquezas— sea porque es necesaria no ya para la vieja sociedad campesina, imposible, sino para nosotros y nuestros descendientes.
Ivo Aragón
Plataforma Aguilar Natural

domingo, 6 de diciembre de 2009

Las canteras de losa ornamental dañan el paisaje del Maestrazgo


NATURA 2000, IMPOTENTE PARA PROTEGER ESTA COMARCA TUROLENSE
Las canteras de losa ornamental dañan el paisaje del Maestrazgo

De nada parece servir la protección brindada por la Red Natura 2000 a la comarca del Maestrazgo y la sierra Gúdar, al este de la provincia de Teruel. La extracción a gran escala de losas calizas como piedra ornamental, a veces con prácticas furtivas, está alterando un paisaje de gran personalidad natural y cultural.


El Maestrazgo y la sierra de Gúdar, en el este de la provincia de Teruel, albergan paisajes de fuerte personalidad, cuyos marcados rasgos geológicos son apenas matizados por la cubierta vegetal. El roquedo está constituido principalmente por materiales calcáreos del Cretácico, intensamente plegados en su sector norte y casi tabulares al sur.
Las comunidades vegetales son las típicas de la montaña mediterránea continentalizada. Las zonas más altas están pobladas por pinares de Pinus sylvestris con sotobosque de sabina rastrera (Juniperus sabina). Por encima de 1.900 metros, en la zona de El Monegro, se localiza un pequeño bosque relicto de pino moro (Pinus uncinata), el más meridional de la península Ibérica. Más abajo dominan los quejigares, carrascales y pinares de Pinus nigra, que son sustituidos por sabinares en las vertientes de solana o en sustratos rocosos y escarpados. Las zonas degradadas presentan formaciones arbustivas (espinos, guillomos, boj), aliagares, pastizales secos y, en los altos páramos, matorral almohadillado del piorno Erinacea anthyllis.
Esos paisajes naturales han sido modelados por la acción humana, fundamentalmente desde que en los siglos XII y XIII se produce la ocupación extensiva del territorio. Las actividades tradicionales con mayor repercusión han sido el aterrazamiento de laderas para obtener tierra cultivable, la explotación forestal del pinar y el pastoreo extensivo. Juntas han terminado por conformar un paisaje, a la vez natural y cultural, que admira por su armonía y equilibrio.
La curiosa arquitectura de piedra seca, dibujando kilómetros de muros que mimetizan en el paisaje las líneas horizontales de los estratos geológicos, representa probablemente el mejor icono de ese paisaje integrado. Las losas con que están construidos dichos muros pueden considerarse un “subproducto” de la agricultura: eran extraídas de los campos de labor cuando la reja del arado tropezaba con ellas y se acumulaban en las lindes para levantar paredes.
Ahora, esas losas que forman por doquier el sustrato calizo de El Maestrazgo y la sierra de Gúdar, al ser apreciadas como roca ornamental “rústica”, son objeto de una intensa actividad extractiva.

Explotaciones pequeñas y poco profundas
Tras dos décadas de crecimiento exponencial, dentro del territorio que nos ocupa pueden hoy en día contabilizarse más de cien explotaciones autorizadas de losas, la mayoría en el término municipal de Mosqueruela. Este tipo de canteras tiene una superficie media de unas dos hectáreas y solo uno o dos metros de profundidad.
Los estériles –fragmentos de roca de tamaños y grosores heterogéneos– se utilizan para rellenar el hueco de la explotación una vez agotada. Tras ser compactados, se recubren con tierra vegetal, para proceder después a su revegetación. La siembra se realiza comúnmente con centeno y alfalfa, que darán paso a la regeneración espontánea de pinos, enebros y matorral.
Al cabo de unos diez o quince años puede haberse conseguido una recuperación aceptable del paisaje en zonas de cultivos abandonados o deforestadas (no así si partimos de un bosque, como es el caso de la mayoría de las explotaciones). Esto es lo que dice la teoría. Es el protocolo que prescriben los proyectos de explotación y restauración aprobados, raras veces ejecutados con rigor por las empresas. Pero el panorama general es mucho más desalentador.
En primer lugar, hay lugares con dificultades objetivas para la restauración, bien por una topografía difícil, bien por la escasez de estériles o de suelo vegetal. Pero aun en el caso de que existan buenas condiciones, la ejecución de la restauración es a menudo es deficiente. La falta de compactación del estéril o el vertido caótico de la tierra vegetal son algunas de las causas.

Protección solo teórica
Con peores repercusiones, existen multitud de explotaciones ilegales, auténticos “escarbaderos de gallinas” abiertos de forma indiscriminada en pinares o en monte bajo. El pasado mayo, el Heraldo de Aragón publicaba que la Fiscalía de Medio Ambiente de la Audiencia Provincial de Teruel había detectado en el Maestrazgo más de 130 canteras, en su mayoría de losas, y muchas de ellas ilegales, que tras abandonar su explotación no habían realizado ninguna restauración ambiental.
El resultado es que una parte importante de estas serranías turolenses están mutando su paisaje: vemos las grandiosas muelas del Maestrazgo “careadas” por la fiebre de la losa y los frondosos pinares de Gúdar, atacados por esa misma plaga.
Y todo esto en un territorio con valores naturales sobradamente reconocidos y que gozan, sobre el papel, de numerosas figuras de protección, buena parte bajo la cobertura de la gran red europea de áreas protegidas Natura 2000: concretamente, el LIC de Maestrazgo y Sierra de Gudar, con más de 80.000 hectáreas. También habría que destacar las casi mil hectáreas bajo la categoría de Bien de Interés Cultural otorgada a la arquitectura de piedra seca de La Iglesuela del Cid.

Sector demasiado caótico
Estamos ante un sector minero de difícil regulación. Las explotaciones son pequeñas y proliferan sobre amplias extensiones en las que la losa se obtiene con facilidad. Además, falta profesionalidad y verdadero sentido empresarial en la mayoría de los titulares de las mismas.
No existe ningún plan de ordenación a escala municipal o comarcal y las licencias se conceden con relativa facilidad. Cuando esto no ocurre, aparece el furtivismo, que a su vez supone una competencia desleal hacia aquellos empresarios que quieren hacer bien las cosas.
Las medidas de corrección del impacto ambiental que se prescriben son a veces poco realistas, por las dificultades reales de aplicación o de seguimiento posterior. Se es excesivamente tolerante con los deficientes resultados de muchas restauraciones y se exige el depósito de avales tan reducidos que algunas empresas prefieren perderlos a restaurar. No existe ningún caso en el que la Administración aragonesa haya usado el importe de una fianza para rehabilitar una cantera abandonada o mal restaurada.
Esta situación sólo puede revertirse mediante una acción decidida de los poderes públicos. Una adecuada coordinación entre las administraciones autonómica y local permitiría planificar y ordenar el sector. Deberían delimitarse, por ejemplo, las áreas donde –dada la peculiaridad de este tipo de explotación minera y la dificultad de restaurar– se limitaran al máximo nuevas concesiones de explotación, para evitar su enorme impacto en el paisaje; entre ellas, todas las cubiertas por Natura 2000.

Autores: Alejandro Pérez Cueva, geógrafo, José Luis Simón, geólogo, José Manuel Nicolau, ecólogo, Silvia Pérez Domingo, ambientóloga, Ángel Margo, naturalista, y Juan Paricio, geólogo, son miembros del Colectivo Sollavientos, dedicado a la protección del patrimonio natural y cultural de la provincia de Teruel.


Publicado en QUERCUS -la revista decana de la prensa ambiental-, en el cuaderno núm. 286 de Diciembre de 2009

miércoles, 2 de diciembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (VIII)


La cuestión ambiental

En el debate abierto sobre la viabilidad de los pueblos pequeños han salido argumentos demográficos, sociológicos, políticos e incluso emocionales. Sin duda la viabilidad futura de los pueblos pequeños depende de esos factores y de alguno más. De uno de éstos quería comentar alguna cosa. Se trata de la cuestión ambiental.
Creo que no es un despropósito decir que el hombre sólo tendrá futuro en el territorio del Teruel Interior con una naturaleza más saludable y mejor conservada. Ya hemos comentado en ocasiones que algunos tenemos la percepción de que la naturaleza en amplias zonas de la geografía turolense está hecha unos zorros: cabezos pelados, con suelos esqueléticos, antiguos bancales destripados con aliagas o erizón; plantaciones forestales simples propensas a quemarse; productividades agrarias y ganaderas muy bajas. Es en buena medida la herencia de nuestros antepasados, que nos han legado una naturaleza sobre-explotada fruto de una gestión no sostenible de un territorio muy frágil y de muy baja productividad natural. Y en estas condiciones los paisajes "prestan" unos escasos servicios ambientales a las gentes. Porque una cosa es la gran naturalidad de los paisajes por ausencia de infraestructuras y urbanismo –su gran valor-, y otra que estén en buen estado de conservación. Como digo, esto es una percepción, no la conclusión de una investigación científica y puede ser materia a discutir.
En la primavera pasada, a raíz de la reunión entre el Colectivo Sollavientos y la Plataforma Aguilar Natural, tuvimos conocimiento de la experiencia de desarrollo de Aguilar de Alfambra, reveladora en este sentido. Como fortaleza, me llamó la atención la "cooperación", fuerza imprescindible para sobrevivir en ambientes con fuertes limitaciones ambientales. Cooperación, por ejemplo, de los vecinos emigrados a las ciudades con los resistentes en el pueblo, transfiriendo capital y trabajo de la ciudad al campo. Como debilidad, la imposibilidad de un desarrollo más endógeno por las limitaciones de la naturaleza: las ovejas son de fuera, su alimento en parte, también. De ello se deriva una cierta fragilidad del proyecto, que queda al albur de factores exógenos, como el precio de la alfalfa o de otras cosas. ¿Es que no es posible producir en Teruel el alimento que necesitan las ovejas de leche? En todo caso, me pareció un ejemplo valiente y de referencia.
Creo que una línea de trabajo, de cara al futuro del Teruel Interior como territorio habitable por el hombre, debería ser la restauración de su naturaleza. Experiencias como la de Monreal del Campo muestran el camino: cooperación y conocimientos técnicos.

JOSÉ MANUEL NICOLAU IBARRA

domingo, 15 de noviembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (VII)

Las “rentabilidades” de los pueblos pequeños

Hace algunas semanas se inició en esta columna un animado debate sobre el futuro de los pueblos pequeños de la provincia de Teruel. Durante este tiempo se han sucedido aportaciones de argumentos demográficos, sociológicos, económicos, culturales… José Manuel Nicolau, en la columna de la semana pasada, incidía en los aspectos ambientales.
En la búsqueda de soluciones, se ha analizado la viabilidad de estos municipios. Víctor Guíu llegó a proponer que se considerase el mundo y el espacio rural un “sector estratégico”, cuya estrategia debería estar basada, entre otras cosas en la “gestión ambiental”, a la vez que mostraba su escepticismo sobre las soluciones economicistas. Coincido plenamente con él, y quisiera abundar en esta argumentación:
- Está claro que, políticamente, los pueblos pequeños no son rentables, pero este tipo de rentabilidad no aparece en los manuales de sociología, ni de economía. Es el valor del número y el voto. Considero que no hay que tenerlo en cuenta.
- Rentabilidad económica: Sería cuestión de calcular cuánto cuesta un ciudadano de una gran ciudad, con las infraestructuras y servicios de que dispone, y lo que cuesta un ciudadano en un pueblo pequeño, con pocos servicios e infraestructuras, de mediados del siglo pasado. Siempre recordaré que el presupuesto de uno de los puentes que cruzaba la M-30 para enlazar con Vallecas era superior al Leader de todo el territorio del Maestrazgo, de sus 43 pueblos.
- Rentabilidad ecológica: No hay la menor duda que la gran ciudad es el gran enemigo del medio ambiente y que las poblaciones pequeñas sirven de controlador del medio, Su impacto es muy reducido. En esto ni me detengo, pues me parece evidente.
- La sociedad rural de los pueblos pequeños es la gran productora de materias primas, tanto agrícolas como ganaderas, y pueblos de 50 habitantes es posible que tengan cabañas de ovino y vacuno y porcino de 6.000 cabezas. ¿Quién las consume? Es el caso, por ejemplo, de un pueblo como la Cañada de Benatanduz.
Considero que debe ser motivo de reflexión más pausada la importancia de los núcleos pequeños en su relación con el medio. Quizá ahí esté su futuro. Otro debate es si se está dispuesto a vivir en ellos ante un modelo de consumo y de valoración del "neón", por encima de un modelo basado en el ser y en el desarrollo personal. La ciudad hastía, deprime, cansa y despersonaliza. Es cuestión de modelos y ciertamente los actuales habrá que repensarlos, pues no están dado muy buen resultado.

Javier Oquendo*

domingo, 8 de noviembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (VI)

Soy pesimista: sin niños…kaput

En este debate sobre la despoblación rural de Teruel se han dado argumentos demográficos, económicos, sociológicos, etc., a favor o en contra de la viabilidad de los pueblos pequeños. Y también se han manifestado deseos y temores. En el último artículo, por ejemplo, José Luis Simón se mostraba “visceralmente optimista” y se negaba a aceptar la muerte de estos pueblos.
Al margen de mis deseos, estoy en el lado de los que podríamos llamar pesimistas. Pienso como Delibes, cuando dice "el éxodo rural es un fenómeno universal e irremediable". Y también "hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos por nada noble. Y la destrucción de la naturaleza no es solamente física, sino una destrucción de su significado para el hombre, una verdadera amputación vital para este".
Evidentemente, en un tema tan complejo como éste, también estoy de acuerdo con otros muchos aspectos que se han comentado, incluso a veces contradictorios. Una cuestión como la que nos ocupa es a la fuerza poliédrica (sentimientos, recuerdos, deseos, políticas y políticos, datos... etc).
No para rebatir, sino al hilo de frases que he entresacado de los artículos anteriores, comento ideas que se me pasan por la cabeza.
J Luis Simón dice "…y serán otra cosa. Pero nunca perderán su papel como referencia cultural y antropológica, como raíz personal…"
...perderán o mantendrán su papel mientras vivan las personas portadoras de las referencias. En el momento que éstas no estén, sí se perderá, ¿no?
También señala que la idea de que "está naciendo una nueva estructura de pocos pueblos grandes” tiene fundamento lógico-deductivo pero no empírico: “esa estructura no ha empezado a nacer ni se adivina en el horizonte cercano”.
…por lo menos en la zona cercana a Allepuz, el caso que más conozco, está claro que así es. La gente que se ha ido ha sido mayoritariamente a Cedrillas, Teruel, o Mora. Allí está más claro, o lo parece, que se puedan mantener ciertos servicios. Los más jóvenes también se van, en función de la pareja que han formado.
Alejandro Pérez se muestra optimista porque la gente no sólo se arregla las casas en los pueblos turísticos, sino en prácticamente cualquiera, incluidos los muy pequeños.
... sí, los pueblos más arreglados que nunca y más solos que nunca. En pocos años, los últimos 7 u 8, he podido observar personalmente que es así. En los pequeños pueblos se vive con gran angustia las escasas expectativas de futuro de sus sociedades. Cada vez que "una casa se cierra", se respira y se ve en las caras lo que significa para el colectivo restante.
Y cerrar su escuela es dar un portazo a su esperanza de futuro. Sin niños... ¡kaput!. Lo de las familias inmigrantes con hijos para remediar urgencias, sin el acompañamiento de las políticas a más largo plazo, no creo que vaya a funcionar. Con todo, naturalmente, los intentos que se hagan merecen todo el respeto por mi parte. Tratan de remediar o retrasar quedarse sin escuela, paso previo a quedarse sin niños en el pueblo.

Manuel Moya

sábado, 7 de noviembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL

El Diario de Teruel, de hoy, Sábado, 7 de noviembre de 2009, publica este artículo de opinión sobre los pueblos de Teruel, donde el autor aporta su punto de vista sobre la despobación rural de la provincia de Teruel.



TRIBUNA ABIERTA

Nuestros pueblos de Teruel



La mayoría de los pueblos de nuestra provincia no han seguido, desgraciadamente, el mejor de los caminos, en los últimos cincuenta años. Desde mediados del pasado siglo, poco a poco, se han ido despoblando, atraídos por otros territorios que habían alcanzado un cierto desarrollo. Mientras tanto, en estas zonas receptoras tenía lugar, naturalmente, el fenómeno contrario, se producía un continuo crecimiento poblacional con la llegada de aquellas gentes que buscaban mejorar su situación económica y social. En nuestros pueblos más pequeños, salvo algunas excepciones, iban quedando, solamente, las personas mayores, las personas que, por su edad, no pudieron emigrar. Y este éxodo, que continúa, aunque algo aminorado, ha ido acercando, especialmente a estos pueblos de más escasa población, a su práctica extinción. Triste final para unos pueblos que gozaron de vida, que albergaron niños y jóvenes. Triste final para unos pueblos que tuvieron ilusiones,que creyeron que irían a más, que podrían crecer y esto les traería trabajo, servicios y, como consecuencia, un mayor bienestar.
Esto que ya ha ocurrido, con mayor intensidad, en los pueblos más pequeños, en aquéllos de menor población y menos recursos, también se ha dado y sigue dándose, salvo meritorias excepciones,e n los pueblos de mayor entidad, tal vez más lentamente y de una forma menos llamativa. Continúa repitiéndose en los núcleos que disfrutaron de mayor población, en aquéllos que tuvieron casi todo: servicios, comunicaciones aceptables e, incluso, pequeñas industrias que daban la sensación de prosperidad, de continuar progresando o, al menos, de mantenerse en su statu-quo de entonces. Sin embargo, no se ha cumplido lo que en aquel momento pensábamos, y siguen hoy, despoblándose con la hjuída de los jóvenes, quienes, terminados o no sus estudios, han de buscar trabajo fuera de su tierra, alejados de lo que fue su residencia habitual. En definitiva, también estas poblaciones han sufrido y están padeciendo el drama de la despoblación y, a decir verdad, el panorama que se vislumbra en el horizonte no parece que sea el mejor.

Y todo esto, ¿por qué ha sucedido y sigue sucediendo? La primera contestación que nos viene a la mente, siempre suele ser la misma, siempre suele ser ésta: "Esto ha ocurrido y continúa ocurriendo porque nuestras tierras son pobres y no dan para sustentar una mayor población". Una respuesta que nos damos a nosotros mismos, pero que, en el fondo, no nos la acabamos de creer. ¿No será un intento de justificar nuestra forma de actuar ante lo que sucede? Porque esto, en parte, puede ser verdad, pero no es toda la verdad ni mucho menos.

Nuestro mundo está lleno de innumerables ejemplos, en los que vemos todo lo contrario. Comarcas, regiones y países con un hábitat sin apenas recursos naturales, que han alcanzado una gran prosperidad y, por ende, se hallan densamente poblados. Y, como contrapunto, regiones o países con una riqueza natural extraordinaria, cuyos habitantes viven en pésimas condiciones, faltos de lo más elemental y que, a menudo, se ven empujados a la emigración.

Y es que el desarrollo de los pueblos está, más frecuentemente de lo que nos parece, en manos de sus habitantes. Si éstos trabajan, si éstos tienen iniciativas y tratan de llevarlas a cabo, si éstos empujan, si éstos apoyan, siempre que sea necesario... sus pueblos irán adelante. Pero si hacen lo contrario, si no tienen aspiraciones si en ellos se instala el conformismo, si no luchan... sus pueblos bajarán, sin remedio, por la pendiente de la decadencia y el final será su propia destrucción.

Nosotros, los hombres, somos los grandes hacedores y los grandes deshacedores del entorno que nos rodea, del lugar en que vivimos. Por ello, el ser o no ser de nuestros pueblos está, en gran medida, en nuestras manos.

Alguien dijo: "Nada es tan difícil, que no pueda conseguir el esfuerzo y la constancia del hombre".
Tengámoslo siempre en cuenta.

JOAQUÍN ABRIL PÉREZ
Maestro jubilado

viernes, 6 de noviembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL

El Diario de Teruel, de fecha 5 de noviembre de 2009, publica en Tribuna Abierta este artículo de opinión, como respuesta a la serie de artículos que Sollavientos viene publicando en torno a la despoblación rural.


Despoblamiento de la provincia de Teruel



Mal lo tenemos amigo José Luís Simón y nada me gustaría más que llevases razón, que se cumplieran tus deseos y los pueblos pequeños, el tuyo y el mío entre otras muchas docenas y docenas, a lo largo y ancho de la geografía turolense, continuaran su andadura “por los siglos de los siglos”. Pero me temo que a pesar de las crisis, de los negros augurios de cambios climáticos y de otras calamidades bíblicas que los nostradamus de turno nos auguran, la evolución, como bien sabemos los geólogos, no tiene marcha atrás salvo algún que otro reajuste en beneficio del propio sistema. Y la evolución, no solo en Teruel sino en general, en España y todos los países, es la concentración de la población en áreas más favorecidas y por consiguiente el despoblamiento de otras con condiciones de vida más adversas.

Así que o mucho me equivoco o me temo que nuestros pueblos, como sociedades articuladas, tienen los días contados, pervivirán como bien dices pero “serán otra cosa”, quizás casas de campo para los habitantes de las ciudades. No hay nada más que ver las pirámides de población y comprobar la falta de relevo generacional, aquellos pueblos que en los años 60 estaban entre los 500 y 800 habitantes, e incluso podían llegar al millar, hoy día apenas llegan a los 100 y en su mayoría de más de 60 años, sin apenas niños, salvo los provenientes de la coyuntura inmigracional actual, que ya se acaba. Estamos hablando de los pueblos estrictamente agrarios, de agricultura y ganadería tradicional, que son más del 80% de los de la provincia. Afortunadamente otros que han creado industrias agroalimentarias y, en menor medida ganaderas o de cualquier otro tipo, han frenado la emigración, y aunque con dificultades, se mantienen, incluso alguno ha crecido.

Y es que la geografía de Teruel, y por ende las condiciones de vida, son muy duras, la mayor parte de la provincia se encuentra por encima de los 800 m. de altitud. La línea Albalate del Arzobispo, Andorra, Alcorisa, Mas de las Matas, Valderrobres separa las “tierras altas” al SO y las “tierras bajas” al NE. Siempre hemos oído, en nuestros pueblos, que la gente se iba a la “tierra baja” (levantina o del Ebro) para mejorar; la prueba, los numerosos apellidos serranos en todo el Levante e incluso hasta en Granada, y muchos de ellos ya proceden de la Reconquista, no volvieron.

Parece ser pues, que con pocas excepciones (quizás la excepción de Suiza confirme la regla) y de acuerdo con condicionamientos socio-jurídicos de cada país, las zonas más propicias al desarrollo y por ende a una mayor concentración de la población son las tierras bajas. Y las altas, pues población mucho menor, en algunos casos de supervivencia o de refugio en épocas adversas.

Y no será porque en los últimos decenios no se han intentado explorar nuevas vías, y no se han confeccionado planes y más planes, pero la realidad es muy tozuda. Hasta la fecha, los resultados han sido poco halagüeños, quizás con la excepción de Dinópolis. Por otro lado, también van a jugar en contra otros factores, uno de ellos quedarnos al margen del AVE, que hubiera permitido un transporte muy rápido, de la zona central y oriental de España, poco agraciadas ecológicamente, hacia las serranías turolenses. La autovía mudéjar algo nos compensa, pero no es comparable.

La provincia posee una naturaleza privilegiada, la altitud mencionada propicia afloramientos geológicos y de vegetación extraordinarios. El turismo ecológico o rural, cada vez más numeroso disfruta, a sus anchas, de la naturaleza, pero no sé si los fines de semana y puentes dan para todo el año. Hacen falta más incentivos, mas industrialización, mejor aprovechamiento de nuestros recursos, quizás el agua, el territorio, los recursos geológicos y biológicos, y hace falta sobre todo el apoyo a los emprendedores, sean de aquí o foráneos, sin mirarnos tanto el ombligo ni poner trabas a empresas que deseen instalarse buscando nuestros recursos, porque se instalarán si les conviene, no por altruismo ni por coger subvenciones.

Y pese a todo, tampoco la cosa es tan grave, creo que tenemos que ver el mundo con la mirada de hoy, desprendiéndonos de añoranzas, aunque sean muy bonitas. En nuestra infancia tardábamos de Luco a Murero en el “tren rapidillo” unas dos horas, pues había que tomar agua en Daroca; es casi el mismo tiempo que hoy echamos de Valencia a Zaragoza, el territorio se ha encogido, esto es muy importante. Ya no vamos a ir más con el carro parando en todos los pueblos, desde Báguena a Calamocha.

Lo que sí estoy de acuerdo con otros autores es en que se mantendrán, e incluso crecerán, determinadas poblaciones o cabeceras comarcales que den servicios destacados a amplias áreas o bien, cuando se encuentren en las autovías, a una distancia de tomar café o de comer, entre otras más importantes, podría ser el caso de Calamocha entre Teruel y Zaragoza, y lo que nadie nos va a quitar es que nos encontramos en una situación de privilegio, en el centro del cuadrante NE, el más desarrollado de la península.
En definitiva, la provincia, aunque todavía nos falten autovías, se ha encogido, y más que lo va a hacer en los próximos años, conforme se pongan en uso, que alguna vez llegarán, los ejes transversales.

Con ello la articulación del territorio y usos del suelo van a cambiar radicalmente. Las pequeñas poblaciones, siempre que posean buena accesibilidad se mantendrán al menos estacionalmente, poblaciones medias y cabeceras comarcales incrementarán su población, en las serranías existirán grandes espacios naturales, forestales, lo que está muy bien, de caza, residenciales, etc., etc., y en los corredores viarios: áreas de servicio, y donde los recursos permitan su explotación: áreas industriales proveedoras de las urbes. Y siempre nos quedará alguna masía (verdad querida Julia) en la que podamos disfrutar de nuestras bellas añoranzas.

DAVID NAVARRO VÁZQUEZ
Geólogo y Diplomado en Ordenación Territorial

miércoles, 4 de noviembre de 2009

NAT-RURAL









http://ceaitaca.blogspot.com/


JORNADAS ASOCIATIVAS EN DEFENSA DEL PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL DEL MEDIO RURAL

ANDORRA, 13 Y 14 DE NOVIEMBRE DE 2009


¿QUÉ ES NAT-RURAL?

Nat-Rural es un proyecto de ADIBAMA junto con ITACA-Andorra y colectivos y asociaciones civiles del territorio para fomentar la participación de las entidades en la defensa del patrimonio cultural y natural de nuestras comarcas y del territorio en general.
Se pretende asimismo que las asociaciones puedan generar redes sociales de apoyo e intercambio de experiencias con otras entidades similares de otros territorios para reforzar sus actividades, difundir sus logros, apoyarse civilmente en objetivos comunes, etc…
La experiencia de Nat-rural quiere consolidarse y que sea un lugar de encuentro anual aprovechando las magníficas instalaciones del Itaca-Andorra.

PROGRAMA:

El viernes 13, tendrá lugar una mesa redonda de asociaciones rurales en la cual se pretende estudiar las nuevas fórmulas para constituir redes de apoyo. Para finalizar la jornada tendrá lugar un recital poético.

El sábado 14, por la mañana contaremos con un taller en defensa del patrimonio natural. Por la tarde se realizará una jornada creativa, artística y de intercambio entre los asistentes a cargo del proyecto Barbecho

(pincha y amplia la imagen del programa ó entra en el enlace de CEA-ITACA para ver el programa completo)

OBJETIVOS:
-Generar redes de apoyo entre entidades locales y comarcales preocupadas por el patrimonio cultural y natural de su territorio
-Compartir buenas y malas experiencias de actuación en temáticas relacionadas con la cultura y la naturaleza.
-Conocer entidades de ámbito provincial, regional y nacional de defensa del patrimonio cultural y natural.
-Formarse en aptitudes de defensa del medioambiente y de participación ciudadana.
-Hacer uso de las artes y las letras en la formulación de actividades comunes.
Las personas que necesiten alojamiento tendrán que inscribirse. También las que vayan a quedarse a cenar el viernes y/o comer el sábado.


Inscripciones:
-Casa de Cultura de Andorra: Tfn: 978 84 34 62.(de 10:00 a 13:00 h – 16:00 a 19:00 h)
-CEA ÍTACA: itaca@culturandorra.com


Entidades participantes:
- Organiza: ADIBAMA
- Colaboran: Colectivo Sollavientos, Comarca Andorra Sº de Arcos, CEA ÍTACA

domingo, 1 de noviembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (V)



Los pueblos pequeños no desaparecerán, porque son parte esencial del territorio





El artículo que abría este tema hace unas semanas me pareció una forma valiente de iniciar un debate, de coger por los cuernos un miura que viene hacia nosotros a la carrera: el de la despoblación y envejecimiento del “Teruel interior”. En dicho escrito se apuntaba la posible desaparición a largo plazo de muchos de los pueblos más pequeños de la provincia y la concentración de la población en los municipios mayores. Este pronóstico se basa en los datos del padrón, que indican una ligera recuperación de los pueblos grandes durante los últimos años, mientras sigue la despoblación y envejecimiento de los pequeños, que han llegado a un punto que el autor considera irreversible. Fue el primero de una serie de artículos en los que han aflorado asimismo otras opiniones sobre cómo pueda evolucionar la situación demográfica. En términos estrictamente técnicos, sin entrar en el análisis de las posibles soluciones, el dilema radica en si primarán los factores endógenos o los exógenos, en si el proceso de transformación al que asistimos es lineal y tiene por tanto un horizonte previsible o si, por el contrario, está sujeto a variables que pueden invalidar las predicciones a medio plazo.

Confieso estar entre los que creen que la inmensa mayoría de los pueblos, incluidos los pequeños, no van a desaparecer; simplemente se van a transformar. Dejarán de cumplir el papel socio-económico por el que nacieron y serán otra cosa. Pero nunca perderán su papel como referencia cultural y antropológica, como raíz personal, como pivotes en torno a los cuales se gestionará y protegerá el territorio y, aunque sea con fórmulas técnicamente distintas de las tradicionales, como focos de explotación de los recursos agrícolas, ganaderos o forestales.

Y si esto no lo creyera de forma racional, debería creerlo y apostar por ello de forma emocional. Los pueblos son parte esencial del territorio, del paisaje, del paisanaje, de la tierra que decimos defender. No tenemos derecho a comprar el futuro del Teruel interior con el sacrificio de 100 ó 200 de sus municipios; no podemos asistir impasibles a semejante “reconversión”. Creo que aún no estamos tan desesperados como para empezar a quemar los vagones de cola para alimentar la locomotora. ¿Vamos a quitar la esperanza que les queda a los que aún tienen el valor de permanecer alimentando la lumbre?

La idea de que puede estar naciendo una nueva estructura de pocos pueblos grandes tendría una base empírica sólida si existiese un solo ejemplo en la provincia de Teruel en que varios pueblos pequeños se hubiesen vaciado completamente transfiriendo su población, sus empresas o sus servicios a un pueblo-cabecera de mayor tamaño. Dado que esto no ha ocurrido, no puede decirse que esa nueva estructura de poblamiento del territorio haya empezado a nacer, ni se adivina en el horizonte cercano. Es una hipótesis, una razonable proyección hacia el futuro de una tendencia actual, pero que podría quedar obsoleta por la irrupción de variables hoy por hoy impredecibles: vuelta masiva de los jubilados desde las ciudades (tal como apuntaba Alejandro Pérez); llegada creciente de inmigrantes; incremento del “tele-trabajo” basado en la generalización de internet; puesta en cultivo de fincas abandonadas hace décadas para nueva agricultura ecológica; nuevos yacimientos de empleo en relación con la gestión agro-ambiental o con la atención a personas dependientes… Dejemos la puerta abierta (y la luz encendida).

José Luis Simón Gómez

miércoles, 28 de octubre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL

El Diario de Teruel, de fecha 28 de octubre de 2009, publica en Tribuna Abierta este artículo de opinión, como respuesta a la serie de artículos de opinión que Sollavientos viene publicando en torno a la despoblación rural.

Despoblación y memoria



He leído con interés la Tribuna Abierta por el colectivo Sollavientos en DIARIO DE TERUEL y no quería dejar pasar esta oportunidad para terciar, por ser este un motivo de reflexión en numerosos foros rurales y del que no somos ajenos en La Gavilla Verde. Quisiera arrancar diciendo que coincidimos con el escrito de Alejandro J. Pérez Cueva. Su conclusión es demoledora por certera: “estamos ante la desaparición de una forma de habitar el territorio”.

Aceptar esa visión nos lleva a un nuevo escenario que obliga a preguntarnos ¿por qué ha sucedido este proceso de desintegración de las sociedades rurales y cómo queremos que sea esa nueva forma de poblar el medio rural? Otro día hablaremos de esto último. Antes debemos hacer memoria.

La propiedad y la tardía mecanización. Dos son las causas motrices de la actual situación de crisis demográfica: La propiedad de la tierra y la tardía mecanización del campo. A la primera, se quiso poner solución en el pasado, solo hace falta recordar los procesos de desamortización y la Ley de Reforma Agraria republicana. Ambos procesos perseguían la creación de una burguesía agrícola y frenar el poder y la mala gestión que la Iglesia, los aristócratas y los terratenientes hacían de sus discutibles pertenencias mientras la gente pasaba hambre. Ahora, hay más tractores que gente en los pueblos y como titula Julia Escorihuela su artículo, era muy duro vivir en el medio rural, podemos discutir, como ella hace, si ahora es duro, pero en el pasado convenimos que lo fue para los agricultores, ganaderos y trabajadores del campo, de la mina y del monte que no podían afrontar esa mecanización pues sus recursos económicos eran escasos, cuando los había. La única arma era llenar la casa de hijos, pero cuando estos marcharon se abandonó la agricultura productiva para dar paso a la agricultura de subsistencia. La emigración económica sería el factor determinante, pero deberíamos detenernos en analizar si hubieron otras causas y nosotros afirmamos que antes o a la par de la económica hubo una emigración política.

La república, el franquismo y la resistencia. Consideramos que se debe incluir en nuestros argumentos tres procesos políticos acaecidos en el siglo pasado que aún determinan nuestro presente y nuestro futuro: El advenimiento de la II República, la Guerra y la resistencia a la dictadura. El primer proceso, es emblemático pues supone el mayor esfuerzo para modernizar y democratizar nuestra sociedad. Nuestra guerra fue el primer episodio provocó el colapso de nuestra sociedad y destruyó, a parte de todas las ilusiones republicanas, la pérdida de numerosos medios humanos y materiales de los que se tardó en recuperarse décadas a nivel cuantitativo y nunca cualitativamente. La resistencia a la dictadura, protagonizada por los guerrilleros antifranquistas en nuestras tierras y las técnicas represivas para aniquilarlos, acabó por demoler a la sociedad rural. Se generó un nuevo escenario donde sólo podían gobernar los vencedores. A ellos, hay que atribuir la responsabilidad de la situación actual pues contando con todos los recursos y sin oposición alguna fueron incapaces de modernizar las sociedades rurales.

El poder, tras la guerra, no nace de la convención social, sino de la imposición. No es representativa del marco social de posguerra, sino del terror. Aunque no es una ley general, convendríamos que las personas afines a los valores republicanos, representaban el ansia de cambio que nuestro país necesitaba y formaban una red social innovadora e intelectualmente avanzada en los pueblos. Los que vencieron, representaban el inmovilismo, el mantenimiento de los privilegios de unos pocos y el carácter tradicionalista que ha gobernado nuestro país secularmente. Una élite rancia y holgazana incapaz de asumir que la educación y el voto debían ser universales y que todos debían tener acceso a la propiedad y al trabajo. La guerra condenará a los perdedores a la cárcel y al exilio y en las poblaciones rurales a una vigilancia asfixiante que les obligará a buscar nuevos horizontes.

Y en eso llegó el maquis. La aparición de la guerrilla marcará otro capítulo de violencia política. Independientemente de la simpatías que despierte la resistencia armada al franquismo, los guerrilleros representaran un peligro eminente para los que favorecían la dictadura, pero también a los que habían luchado contra ella. Las personas que apoyaron a los guerrilleros serán víctimas de unas políticas represivas de gran envergadura. Pero la represión no tenía ojos ni corazón y con la aparición del Decreto Ley de Bandidaje y Terrorismo y el nombramiento del General Pizarro como Gobernador de Teruel, con supremacía sobre los gobernadores de las provincias vecinas, abrirán un periodo de despoblación forzosa de incalculables consecuencias.

Hemos asistido a relatos de víctimas de la represión en los que se repetía el consejo que recibían de los guardias más humanitarios: Váyanse, busquen otro lugar para vivir, aquí es imposible y la muerte acecha. Y eso ocurrió. Las personas de izquierdas, aquellas que contestaban la implantación de la dictadura y la desaparición de sus derechos, hubieron de huir de sus pueblos, cuando no fueron encarcelados o murieron por “auxiliar a los bandoleros”. No pocas personas conservadoras siguieron su ejemplo, a pesar de contar con los medios necesarios para seguir trabajando hubieron de huir pues faltaba la seguridad para realizar sus tareas con normalidad. La fiscalización de la producción y el estraperlo serán también determinantes. El racionamiento se mantuvo más allá de lo razonable por los beneficios que obtenían de él las autoridades y estraperlistas y por la coherción que significaba para el campesinado sin herramientas para organizarse y defender sus derechos. Se podría aceptar la mayor o menor importancia de este hecho. No puede aceptarse que debamos obviar estos procesos para analizar las causas de nuestra actual despoblación. Habría que añadir el nulo interés que el franquismo tuvo por el campesinado, por las provincias de interior, las que seguimos huérfanas de infraestructuras y servicios, si no eran para realizar tareas de control social. El franquismo gastará todos sus desvelos en la necesaria industrialización del país y en el olvido del sector primario.

La democracia. Llegada la democracia nos encontramos con diversas paradojas. La primera es que en treinta años de ayuntamientos democráticos y de políticas europeas de desarrollo rural, se han mostrado incapaces de parar este proceso de consecuencias terribles. La otra paradoja, es que contamos con unos servicios impensables treinta años antes, cuando los pueblos son una especie de geriátricos autogestionados y donde el llanto de un niño es motivo de alegría. En los pueblos no se vive mal, se vive de lujo en comparación con los problemas de desarrollo personal y laboral que los ciudadanos pueden encontrar en los suburbios de la ciudad estado. Pero, claro, pueden ir al cine.

Existe la sospecha que no hay interés institucional por la repoblación, al contrario, existen fuertes intereses para que nuestros pueblos acaben vaciándose. Por un lado, ahorraría cantidades importantes de servicios y, por otro, habría un fácil acceso a nuestros recursos sin resistencia para poderlos explotar o como mínimo para levant ar vallados que generaciones futuras deberán tumbar. Víctor Manuel Guíu, lo escribía en esta páginas “En nuestra mano está, al menos, alzar la voz para impedir que se esquilmen los últimos recursos que contiene. En nuestra mano está, al menos, alzar la voz para impedirlo.” Podemos dar por muerta una cultura, una forma de vivir que si no estamos atentos y la registramos, perderemos una riqueza brutal: toponimia, oficios, artes, gastronomía, silvicultura e incluso la propiedad de la que se adueñan avezados amigos de lo ajeno con la manipulación de catastros y registros. Ya saben que cuando un cadáver entra en descomposición, aparecen los carroñeros. Resistiremos, en eso no hemos cambiado ni debemos.

PEDRO PEINADO
Presidente de La Gavilla Verde

www.lagavillaverde.org

lunes, 26 de octubre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (IV)



La dureza del mundo rural: una visión personal









Quiero sumarme al debate sobre la despoblación rural desde una perspectiva personal. Resido en uno de esos pueblos en proceso de despoblación, y viví mi infancia en una masía. Por ello comprendo perfectamente las “claves sociológicas” a las que aludía Victor Guíu en el anterior artículo de esta “serie”: porqué se marchó la gente y lo siguen haciendo los escasos jóvenes que quedan.

La vida de los pueblos y las masías ha desaparecido por su dureza. Trabajar en la agricultura y la ganadería hace años era casi una esclavitud. Cuando se produjo la migración masiva a las ciudades, la mayor parte de las masías vivían con unos pocos animales, dos bancales para cereal, un pequeño huerto…, todo para consumo propio. Los que tenían más fincas ya vendían productos del campo, y ello se empleaba en adquirir maquinaría para evitar trabajos pesados, como era el subir el trigo al granero con sacos, o cargar alpacas de paja y de forraje en un remolque, con varias capas. Los ganaderos salían temprano para pastar en los lugares comunes (sociedades ganaderas o monte común) y el que antes llegaba, mejor para sus ovejas. En casi todas las casas de los pueblos había pequeños rebaños, y de los ganaderos siempre se ha dicho "capital en sangre, capital en el aire".

Estos pequeños ganaderos y agricultores, hace cuatro décadas, trabajaban todos los días. No existían fines de semana. Los animales comen todos los días, y no había otros medios de alimentarlos que la comida del campo y sus productos. Los agricultores mejoraron con la aparición de maquinaria agrícola –tractores, cosechadoras…- Los más pudientes económicamente estaban más mecanizados y los menos se marcharon a la ciudad en busca de una vida mejor, según ellos. La realidad la sabrá cada uno al paso de los años, y ahora son los nietos de esas generaciones los que piensan que la vida en los pueblos está muy bien: claro, en fines de semana y vacaciones.

Otro problema de los pueblos es la educación, los estudios. Nada comparable a lo que ocurría en mis años de escolar. Yo, con cinco años, tenía que ir a la escuela una hora caminando de ida y otra de vuelta, por monte a través. Hoy se ha mejorado ese aspecto, los autobuses los llevan a los niños a la población en que hay instituto. Un problema resuelto. Pero lo duro para la economía familiar viene cuando salen a estudiar a la capital. Los pagos se incrementan, de igual modo que los que viven en la ciudad y el hijo se va a estudiar a otra universidad.

Aún así, no hay que ser pesimista. La vida en los pueblos tiene que seguir. Desplazarse ya no es ningún problema, aunque requiere una organización. En alguna comarca, por ejemplo, ya llevan a los mayores a la consulta médica a Teruel en turismos de siete plazas. Los que viven en el extrarradio de las grandes capitales también tienen problemas de tiempos y medios de transporte.
Cuando los ayuntamientos no se puedan hacer cargo de los pueblos, tendrá que ser el propietario de la casa el que se resuelva todos los problemas, como antes en las masías. En una masía nadie te resuelve nada: luz, agua, grupo electrógeno, pozo de captación subterránea, pistas para los accesos, si se acababa el pan, te lo hacías … Así, todas las tareas habituales .

En definitiva, vivir en el mundo rural es duro -aunque también lo es en la ciudad. En su momento fue la causa de que la gente emigrase y los pueblos se quedasen casi vacíos. Pero, aunque los pueblos desapareciesen poco a poco, se suprimieran los Ayuntamientos, se convirtieran en “aldeas” de pocos vecinos, la vida nunca llegaría a ser tan dura como lo fue en las masías.

JULIA ESCORIHUELA

lunes, 19 de octubre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (III)

El medio rural despoblado: sector estratégico

En el primer artículo de esta serie se abría un debate sobre la despoblación y el envejecimiento en la provincia de Teruel. Se cuestionaba con datos de dinámica demográfica la viabilidad de los pueblos pequeños de la provincia. Las cifras de la despoblación rural y del proceso de envejecimiento de su población, que sigue sin cesar, son contundentes. Allí se apuntaba también una cuestión sociológica al decir que “los jóvenes tanto naturales como inmigrantes quieren vivir en las ciudades y, como mucho, se conforman con vivir en pueblos grandes”. Quiero sumarme a este debate insistiendo precisamente en esta perspectiva, pues está en la base de la búsqueda de soluciones.
Muchos estudios sociológicos y demográficos ponen de manifiesto los motivos culturales de la despoblación del medio rural: la gente se marcha de él simplemente porque se siente atraída por un estilo de vida, de ocio, por una búsqueda de ‘oportunidades’ que nuestra sociedad asocia de forma acrítica al medio urbano. En estas motivaciones nada tienen que ver las infraestructuras, ni la economía, ni el empleo… Sin embargo, los políticos y las gentes siguen insistiendo en macroproyectos como panaceas de futuro. ¿Por qué? Elemental; por simple populismo, porque vende más, porque en estos sueños de “jaujas” nos acabamos vendiendo por cuatro duros.
Y, puestos a esgrimir motivos de resistencia, ¿por qué no proponer al Estado que el medio rural sea tratado como un sector estratégico? No se rían, no. Desde una cierta visión urbanita se critica a veces que el medio rural está demasiado subvencionado. Al hacerlo, se olvida que el territorio es en su mayoría medio rural, y la importancia que éste tiene como soporte de nuestro medio ambiente, de nuestra vida pasada y futura. Esa visión que infravalora el medio rural supone una suerte de “neocolonialismo de interior”, en el que la obtención de recursos energéticos, mineros, de agua, etc… para la gran urbe justifica o cierra los ojos a cualquier atropello que se cometa fuera de la misma. Y además ¿no está también subvencionada la ciudad?
Es hora de ver el territorio y el medio rural desde un pensamiento más global, abierto a las nuevas sensibilidades que han propiciado, por ejemplo, la firma del Convenio Europeo del Paisaje, o la promulgación de leyes protectoras que casi nunca cumplen su función, porque no se ponen todos los medios para vigilar su cumplimiento. La legislación del medio rural siempre acaba siendo legislación de segunda.
Los valores de este nuevo Sector Estratégico no son sólo los económicos, ni deberían serlo. Son los valores del sentimiento, de la cultura, del patrimonio, del medio ambiente, de la historia, de la agricultura… Esas cosas que, dicen, no nos dan de comer
La estrategia principal en este Sector Estratégico está en la gestión, la gestión del territorio, lo que no se vende ni se ve. Las innovaciones en agricultura y ganadería han hecho que territorios de interior sean meros resquicios inviables, pero existen posibilidades de gestión medioambiental, de agricultura y ganadería de calidad, que garanticen el mantenimiento de un paisaje cultural, el nuestro, nuestra herencia, nada más y nada menos.
Culturalmente, la vida que hizo que nuestros pueblos nacieran ha muerto hace décadas. Muchos pueblos viven su agonía lo mejor que pueden. Pero me resisto a creer que quieran desaparecer, y merecen infinito respeto y apoyo en esa resistencia; tienen todo el derecho del mundo a hacerlo. La propia Constitución nos dice que debe de haber un tratamiento específico a las zonas de montaña. ¿En serio lo ha habido alguna vez?
El medio rural es un sector poderoso. Sus propietarios y gestores administran un extenso territorio, y la sociedad toda debe reclamar su buen uso, su ordenación lógica. Al parecer, los poderosos tienen claro para qué utilizarlo, mientras nuestros políticos viven gozosos en Babia. En nuestra mano está, al menos, alzar la voz para impedir que se esquilmen los últimos recursos que contiene. Recogiendo la voz de Toni Losantos: “Si hemos atesorado tanta pureza a base de abandono, de histórico abandono, ¿por qué malbaratarla ahora?”

VICTOR GUÍU

domingo, 11 de octubre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (II)




¿Qué nos deparará el futuro?


En el artículo anterior de esta serie se mostraba, con cifras obtenidas de los censos oficiales, la diferente evolución demográfica de los pueblos grandes y pequeños de la provincia. Después de casi un siglo de declive continuado la capital y las localidades mayores llevan algunos años recuperando población, mientras que los núcleos pequeños siguen perdiendo habitantes y envejeciendo. La decadencia de éstos últimos le parecía irreversible al autor salvo que se concedieran grandes ayudas –nuevos fueros- para repoblarlos. En otro caso deducía que a largo plazo cambiará la forma de habitar el territorio, con menos localidades y más grandes.

Pero la demografía a menudo da sorpresas cuando actúan los factores exógenos. Cuando a finales de los 90 del siglo XX las proyecciones demográficas hablaban de que no alcanzaríamos los 40 millones de habitantes, y había una fuerte recesión demográfica por las bajísimas tasas de natalidad -las menores del mundo junto a Italia-, algunos demógrafos decían que lo que estaba pasando no era una disminución de la natalidad, sino un retraso. Los cambios sociolaborales de la mujer en España hacían que, en lugar de tener los hijos a los 20-30 años, retrasasen el primer hijo hasta casi los 40 años, como así ha sido. Ello, unido al boom de la inmigración, nos sitúa en un estado demográfico inimaginable hace diez años.

Volviendo a la viabilidad demográfica de los pueblos pequeños turolenses, empecemos por preguntarnos ¿qué se entiende por viabilidad? Si entendemos por ella la capacidad de regenerarse demográficamente de manera endógena, está claro que no son viables. Si la interpretamos como simple regeneración demográfica, endógena o exógena, entramos en escenarios futuros más numerosos y complejos.

¿Cuáles podrían ser los nuevos escenarios de regeneración demográfica en un mundo rural deprimido? Yo veo varios elementos de “optimismo”, de diferente signo: uno es el horror vacui, es decir, la inexorable ley de que todo vacío tiende a ser llenado. No me imagino un desierto demográfico a menos de dos horas de Valencia y Zaragoza, y a menos de tres de Madrid y Barcelona. En este sentido, en España hace ya más de tres décadas que el mayor crecimiento de la población lo tienen los municipios de segundo orden, están aumentando claramente los de tercer orden (como Teruel o Alcañiz) y manteniéndose los de cuarto orden (como Cedrillas, Calamocha, Mora…). Es decir, vivimos desde los 80, un proceso de descentralización demográfica que tiende a estructurar mejor el territorio, y que quizá alcance a los municipios más pequeños.

Otro elemento es la fortísima inversión en mejora de las residencias que han vivido y están viviendo estos pueblos. Anticipan un previsible retorno de parte de la futura población jubilada del boom demográfico de la postguerra, que comenzará sobre los años 20 de este siglo. Aunque este retorno fuera modesto, el efecto económico y demográfico podría ser enorme, por la demanda de servicios que debería ser atendida necesariamente por población joven.

Y un tercer elemento, todavía menos imaginable, es el impacto que va a tener en estos territorios el inevitable cambio energético. Según como se pase del fin del petróleo barato al nuevo modelo energético, el impacto, no sólo paisajístico y económico, sino también demográfico, puede ser notabilísimo.

Estamos en la fase de máxima depresión demográfica, y ello tiene un componente de espejismo que nos lleva al pesimismo. Aunque, a decir verdad, no es una cuestión de optimismo o pesimismo sino, la desaparición de una forma de habitar el territorio.

ALEJANDRO J. PÉREZ CUEVA

lunes, 5 de octubre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (I)




La distinta evolución de los pueblos grandes y los pequeños


Este es el primero de varios artículos sobre la despoblación y el envejecimiento de la provincia de Teruel, firmados por miembros del Colectivo Sollavientos y que son el resultado de un intenso debate dentro del grupo.

En las líneas que siguen mostraremos las referencias objetivas que servirán de punto de partida para el debate: la evolución del padrón. Se observa que después de un siglo de decadencia las localidades más grandes se están recuperando o al menos manteniendo, mientras que las más pequeñas siguen cayendo. De ello y de otras razones el autor deduce la previsible desaparición de numerosas pequeñas localidades a largo plazo, salvo que se concedan grandes ayudas para nuevos pobladores, de forma que en su opinión es probable que los habitantes de la provincia se agrupen en núcleos de mayor tamaño que los actuales.

Artículos posteriores tratarán otros aspectos de la cuestión, como posibles circunstancias que puedan mitigar este deterioro demográfico, argumentos en contra de que sea probable esa desaparición de pueblos pequeños o iniciativas para conseguir que el medio rural sea más valorado.

De todos es conocido que nuestra provincia se ha vaciado de gente y la que queda está envejecida. A comienzos del siglo XX había 266.000 habitantes; hace ocho años se llegó al mínimo, con poco más de la mitad. Desde entonces la situación ha mejorado algo gracias a los inmigrantes, alcanzando en el último censo disponible, de 2008, la cifra de 146.000 habitantes, lo que representa una densidad media de 10 habitantes por kilómetro cuadrado.

Sin embargo esa mejoría es engañosa. Viéndola en detalle sólo afecta a la capital y a las localidades mayores. El deterioro de los pueblos pequeños no se ha frenado. De los 236 municipios de la provincia, 186 cuentan con menos de 500 vecinos; ciento quince tienen menos de 150 pobladores. En ese ochenta por ciento de pueblos que no alcanzan el medio millar de vecinos la población sigue disminuyendo, un nueve por ciento sólo en los últimos siete años y, por si fuera poco, envejece con rapidez. En 1996 no tenían más que un menor de treinta años por cada cuatro personas; el año pasado la proporción se había reducido a uno de cada cinco. En 85 de estos municipios no hay más que un niño menor de cinco años o ninguno.

Aun dando por hecho que se consiga sostener o aumentar la actividad económica en la provincia y con ella el volumen total de población, lo que es difícil de por sí, seguirá quedando en el aire el futuro de los pueblos más pequeños. Su decadencia está tan avanzada que parece irreversible, a pesar del intenso esfuerzo que se está haciendo por salvarlos.

La gran mayoría de sus habitantes ya no están en edad de tener hijos y los pocos que nazcan emigrarán, como han hecho los que les han precedido. Por ley natural la gente mayor irá muriendo en los próximos años. De ahí se deduce que, para que esa infinidad de pequeños pueblos se recuperasen, sería necesario repoblarlos con miles de parejas jóvenes, a las que habría que facilitarles trabajo estable, vivienda y ciertos servicios públicos en cada localidad sin los cuales no vendrían (escuela, médicos, comercios, centros de diversión…), lo cual no parece factible. Los jóvenes tanto naturales como inmigrantes quieren vivir en las ciudades y, como mucho, se conforman con vivir en pueblos grandes; es la experiencia demostrada.

En el conjunto de esos 186 municipios con menos de 500 habitantes viven unas 28.000 personas, la quinta parte del total provincial. Si se quisiera no ya aumentar su población a los niveles que tuvieron antaño, sino tan sólo reponer la que va a morir en los próximos veinticinco años, sería necesario repoblar con unos 15.000 jóvenes.

A este ritmo la decadencia se prolongará durante decenios. Se puede alegar que, mientras tanto, quizá aparezcan factores imprevistos que cambien la situación. Es cierto, pero esos factores desconocidos no pueden tenerse en cuenta en la ordenación del territorio. Creo que habría hay que contar con lo que se ve y con lo que parece más probable que vaya a ocurrir y plantearse con frialdad el problema y el camino a tomar.

Si se pretende con toda decisión mantener los pueblos pequeños habrá que otorgarles grandes ventajas –nuevos fueros los llaman- para que vengan pobladores. La otra posibilidad, en mi opinión, es aceptar que a largo plazo cambiará la forma de habitar el territorio, con menos localidades y más grandes y actuar en consecuencia. Esto no significa, como puede parecer a algunos, un cambio a peor es decir una previsión pesimista. Podría vivir la misma cantidad de gente en la provincia o incluso más y con mejor calidad de vida, pero en pueblos más grandes, como de hecho ocurre en otras partes de España. Que el cambio sea positivo o negativo para el interés de los turolenses y para la preservación del patrimonio cultural y natural dependerá de cómo se gestione la nueva situación.

JUAN PARICIO

martes, 29 de septiembre de 2009

PROGRAMA DE ACTOS DE LA FIESTA DEL CHOPO CABECERO






Aguilar del Alfambra, 24 de octubre de 2009




10.00 a 10:20, Recepción, bienvenida y presentación (Fuente de Aguilar del Alfambra)
10:20 a 13:00, Excursión desde el pueblo de Aguilar del Alfambra hasta el Molino de Ababuj donde nos encontraremos con los compañeros de Voluntarios (11.00). Por el camino de La Cerrada Barea volveremos hasta el Molino de Aguilar, por un paseo precioso que ofrece un paisaje otoñal único. Hacia el final de la excursión (12.30) se realizará una Demostración de Escamonda de un Chopo Cabecero, por el Sr. Herminio Santafé, uno de los más expertos podadores de chopos trasmochos.
A partir de las 13:00 - En el Salón de Exposiciones “Los Granericos” de Aguilar del Alfambra:
- Visita a la Exposición Colectiva de Pintura “Paisajes del Chopo Cabecero”
- Proyección del Audiovisual “La identidad de un paisaje”, por Fernando Herrero.
- Proyección del Programa “Actividades en los Ríos” del Proyecto VoluntaRíos 2009.
14:15 a 15:45, En la Nave situada junto a la ermita del Santo Cristo de Aguilar
- Degustación de queso de oveja artesano de Aguilar del Alfambra.
- Comida Popular (hay que apuntarse a los organizadores antes del 19 de Octubre
)
16:00 a 17:30, Encuentro de personalidades, asociaciones e instituciones que impulsan la conservación de los ríos y, en particular, de los viejos chopos trasmochos.
- Homenaje al Sr. Herminio Santafé Nevot “Amigo del Chopo Cabecero 2009”
- Declaración del Chopo Cabecero del Remolinar de Aguilar del Alfambra como Árbol
Monumental.
- Lectura de un Manifiesto Público
- Participación de:
o Asociaciones Culturales Locales
o Asociaciones de defensa del patrimonio natural y cultural
o Personalidades académicas y culturales
o VoluntaRíos
o Aguilar Natural
o Alcalde de Aguilar del Alfambra
o Autoridades

17:45 – 19:15, Actuación del Grupo de Música Tradicional “Astí queda Ixo! (Sierra de Gúdar)

Inscripción: 12 € (incluye Comida Popular y Concierto) a formalizar antes del lunes 19 de octubre mediante el ingreso en la cuenta 2085-3878-35-0330217483 (indicar nombre y apellidos).

Organizan
Proyecto VoluntaRíos – Centro de Estudios del Jiloca – Ayuntamiento de Aguilar del Alfambra–
Plataforma Aguilar Natural
Colaboran
Rural-Spa Aguilar del Alfambra – Asociación Cultural los Chotos – Asociación de Autocaravanistas de la Comunidad Valenciana – Quesos Hontanar – Comarca Comunidad de Teruel – Caja Rural de Teruel – Diputación Provincial de Teruel



LA FIESTA DEL CHOPO CABECERO

El objetivo principal es que la sociedad, y de modo particular, los colectivos o asociaciones en defensa de los ríos y de la Naturaleza, así como las administraciones (Gobierno de Aragón, Comarcas, Ayuntamientos y Confederaciones Hidrográficas) conozcan la problemática y tomen conciencia de la delicada situación en que se encuentran los chopos cabeceros con el objeto de coordinarse y tomar medidas para la defensa de este gran patrimonio natural, cultural e histórico.
Desde hace unos años se están llevando a cabo actividades encaminadas a difundir los valores de estos árboles añosos y monumentales obtenidos por la gestión tradicional en los valles de la cordillera Ibérica aragonesa. La Fiesta del Chopo Cabecero pretende ser un hito más en esta toma de conciencia y un punto de referencia para promover su recuperación. Se plantea como una jornada que cada año permita conocer las arboledas mejor conservadas, como una ocasión para celebrar la entrada del otoño en uno de los ambientes más hermosos, como un foro para celebrar y difundir los logros alcanzados a lo largo del tiempo, así como un ámbito de reconocimiento de la cultura popular, el paisaje y la biodiversidad asociada a este elemento patrimonial.
Los “cabeceros” son grandes chopos negros (Populus nigra) que han sido cuidados durante siglos por los agricultores para producir vigas, leña y forraje a partir de su ramaje. El particular porte de estos árboles es el resultado de la escamonda, práctica que consiste en podar a una cierta altura todas las ramas del árbol dejando tan sólo la base del fuste. Son, pues, árboles trasmochos. La repetición de esta corta cada doce años permitía obtener largas ramas aprovechables y la formación de un tronco cada vez más grueso y con un ensanchamiento leñoso en su parte superior, donde se soportaban las grandes ramas.
La madera era utilizada fundamentalmente como vigas para la construcción y, en menor medida, como leña y las hojas como alimento para el ganado sobre todo en comarcas que carecen de bosques importantes para su aprovechamiento. Esta práctica mantenía al árbol en un crecimiento prácticamente continuo, de forma que su tronco se hacía cada vez más ancho retrasándose de forma notable su decrepitud. De esta forma la mayoría de éstos árboles adquieren unas dimensiones considerables, dignas de árboles monumentales, superando por mucho la media de edad y tamaño estimado para la especie.
Sin embargo son árboles muy dependientes del manejo humano, necesitando la poda periódica para renovar el ramaje y favorecer su posterior desarrollo. Cuando se abandona la escamonda se producen fallos estructurales en el edificio vegetal. Entonces, se secan las yemas terminales y se desestabilizan las grandes ramas, por su peso o por el viento, lo que provoca su caída y el desgarre del mismo tronco.
El declive y envejecimiento demográfico, la falta de rentabilidad económica y la crisis social en el medio rural han causado su abandono y decadencia al faltarles el cuidado que requieren lo que está provocando su muerte. La falta de intervención y otros problemas asociados ocasionarán su desaparición en un par de décadas.
Los chopos cabeceros representan en muchas zonas los únicos árboles presentes en kilómetros a la redonda. Su desaparición supondrá, además de la pérdida de una de las mayores concentraciones de árboles añosos y robustos de la península Ibérica, un paisaje de gran singularidad dotado de personalidad propia y un acervo cultural tradicional legado por los antepasados.

domingo, 27 de septiembre de 2009

INCENDIO FORESTAL EN EL Lic DE CASTELFRIO (TERUEL)


Este verano, a finales de Julio, un incendio ha devastado varios cientos de hectáreas del Lic de Castelfrio en Teruel. El fuego se ha cebado en la masas de pinar de regeneración y de las repoblaciones con pino silvestre y pino laricio realizadas desde la década de los sesenta del siglo pasado . En las últimas repoblaciones, realizadas al principio de la década de los ochenta, aún son visibles las labores de preparación del terreno con maquinaria pesada y se pueden observar las terrazas y el suelo levantado con el subsolado realizado por la bulldocer. Podemos asegurar que en el desarrollo de este incendio, cuyo origen fue un rayo en unas condiciones definidas como “las tres treinta” (más de 30ºC de temperatura, vientos superiores a los 30 km/h y humedad inferior al 30%) ha tenido un papel decisivo la presencia de esta masa forestal excesivamente inflamable.

La propiedad de este lugar es de la Comunidad Autónoma de Aragón, lo cual ofrece las condiciones para que las actuaciones tras el incendio se ejecuten pensando en el interés general, que en un espacio protegido debe ser la conservación de los valores naturales y del paisaje. El Gobierno de Aragón debe recurrir a investigadores de zonas mediterráneas afectadas por incendios para fijar el protocolo de actuaciones a realizar e incluso ofrecer este espacio como laboratorio de investigación, que pueda ser modelo para otras situaciones que en este o en otros lugares se produzcan en el futuro.

Pasados ya varios meses desde el incendio y desencadenadas varias tormentas que han lavado de cenizas y polvo, podemos comenzar a valorar la realidad.

El fuego se extendió con virulencia a través de las masas de pinar. Parte de las masa forestal autóctona, de la poca superficie de pinar silvestre que existía en esta finca cuando se compro en 1952, ha sobrevivido, gracias a la protección del cantil de rocas, a su ubicación en la umbría y también seguramente al destino; por lo que muy probablemente este y otros relictos de vegetación natural van a permitir la revegetación natural del terreno, al menos en lugares favorables en cuanto a presencia de suelo y humedad.

Las solanas han quedado muy arrasadas, lo que agrava su situación extrema con escaso suelo y falta de humedad. Es muy probable que sean estos lugares los que sufran más para recuperarse. Ello implicará en el corto plazo problemas de erosión por arrastres, que ya están siendo observados tras las últimas lluvias desencadenadas en la zona en la última quincena del mes de Agosto.

Frenar la erosión es prioritario. Parte de la madera quemada puede utilizarse para construir pequeños diques naturales que retengan suelo. Seguramente mucha de la madera quemada sigue teniendo un valor económico, pero es interesante que se mantengan un número considerable de pies que sirvan de posaderos a aves forestales, que ayudaran a dispersar semillas, y que siguen presentes en la zona incendiada.

Queremos hacer hincapié en que este ecosistema no ha muerto. Tras la perturbación ha comenzado a resurgir como ave zenit de sus cenizas. Esto se observa tanto en los nuevos brotes de plantas resistentes al fuego como las carrascas o pioneras como rosales, agracejos y pratenses, como en el inicio de actividad de los hormigueros de hormiga roja ó en la presencia de aves forestales que no terminan de abandonar su territorio incendiado.

Ha de realizarse un inventario de los biotopos que han posibilitado la incorporación de este espacio a la RED NATURA 2000, para en torno a ellos dirigir las tareas de restauración. La elaboración del Plan de Gestión de esta zona de Especial Conservación, según lo dispuesto en la Ley 42/2007, de Patrimonio Natural y Biodiversidad, debe definir el futuro de este espacio protegido.

Tras el incendio deberá reconsiderarse el papel de Coto Social de Caza y en concreto el Plan cinegético recientemente aprobado para esta temporada. También la gestión ganadera, que en este espacio se centra en una cabaña de vaca serrana ibérica turolense, raza autóctona de estas sierras en proceso de recuperación.

La participación de expertos, de Ayuntamientos y colectivos sociales, en recibir la información de lo que se pretende realizar, y escuchar sus propuestas, es primordial para que este lugar y la gestión que en él se ejecute sea aceptada socialmente y tomada como algo propio, lo que sin duda facilitara su conservación y protección.



Ángel Marco Barea


lunes, 14 de septiembre de 2009

II Festival Gaire de Pancrudo



Simplemente informaros que este fin de semana del 19 y 20 de septiembre es el II Festival Gaire de Pancrudo.
Podeis acceder al programa y al video de promoción, en enlace:

http://www.gaire.es/




miércoles, 9 de septiembre de 2009

… Y LAS MASADAS SIGUIERON HUNDIÉNDOSE





Otro verano al caer, y muchas masadas, ¡ay! siguen cayendo, hundiéndose. Al recorrer los caminos y las carreteras del territorio del Parque Cultural del Maestrazgo, entre sus hermosos paisajes agrestes y dormidos, te topas aquí y allá con la paradoja de mases y corrales reventados, techos hundidos, puertas abiertas y vigas desprendidas sobre un montón de escombros, de piedras y tejas rotas.
La lista de masías derruidas es interminable: Las Erías, El Estrecho, El Galabardal, Casa Ramos, La Masada del Río, El Mas de Iranzo, Casa Herrera, La Masada Romero, La Masadica, La Clara… sólo en el término de Aliaga. Algunas de ellas aún las hemos conocido habitadas hace pocas décadas.
La impresión que producen estos hallazgos de ruinas y abandono es de inquietud y tristeza por lo que se ve y de indignación por lo que no se ha evitado. Cabe preguntarse que impresión es la que despiertan en viajeros, visitantes y turistas que han tenido el acierto de pasar por estos magníficos parajes.
Inevitablemente la pregunta surge: ¿cómo estamos permitiendo que ocurra esto? Difícilmente puede concebirse un fenómeno similar de los Pirineos para arriba, en la vieja Europa, a la que se supone que ya nos habíamos incorporado de pleno.
Ahora surge la deducción de que nuestro entorno social en general (con la honrosa excepción de algunas asociaciones culturales, cuya nómina personal debería ser más amplia) no valora suficientemente este patrimonio secular engastado en el paisaje y que forma parte fundamental del mismo. Tampoco parece que nuestros dirigentes estén dispuestos a reconocer –y a actuar en consecuencia- que el conjunto de todas las masadas y cada una de ellas por sí sola constituyen un valioso patrimonio de arquitectura rural, etnológico e histórico; una importante herencia cultural a la postre. Todo este legado material es un testimonio de unas épocas relativamente cercanas en que gente de nuestras tierras vivía de otra manera. La forma de vida podía ser más dura que la actual en el aspecto físico, pero era arraigada a la tierra, sostenible medioambientalmente, y más auténtica y acorde con los ciclos naturales. Aunque sólo sea como reconocimiento y homenaje a estas generaciones de masoveras y masoveros, las masadas, todas, deberían, deben conservarse.
Para que las masadas no sigan hundiéndose y para conservarlas en un estado aceptable de presentación, se pueden poner en práctica medidas que, al remate, fomentarían la creación de empleo, del cual se ve tan necesitado nuestro Teruel Interior. Todo ello pasaría por la inversión de presupuesto público y la materialización de iniciativas privadas.
Los escombros pueden ser retirados y las ruinas fijadas para detener su avance. Algunas masías pueden convertirse en museos etnológicos o temáticos relacionados con el entorno natural. Podría promocionarse su venta, antes de que el deterioro fuera irreversible, entre paisanos y foráneos para disposición de segundas residencias, como se ha hecho exitosamente con algunos molinos. Podrían ser convertidas en casas de alojamiento rural... Todo menos dejarlas hundirse.

Gonzalo Tena Gómez

domingo, 23 de agosto de 2009

¡Teñir el negro de verde!



Cuando todavía humean los rescoldos de los incendios, cuando todavía no nos hemos repuesto a tanto desastre, a tanta impotencia y a tanta rabia contenida, cuando todavía no hemos asumido la pérdida del paisaje y de parte de nuestra identidad..., bueno será que intentemos reponer los ánimos buscando esperanzas frente a tanta devastación.


Tiempo habrá para analizar los medios de extinción y las políticas de prevención de incendios. Ahora toca cubrir el negro de las cenizas con el verde, el verde de la esperanza, el verde que tendrá que brotar nuevamente en nuestros montes quemados. La tarea no será fácil, al contrario. El nuevo rebrotar de nuestros montes tendrá que hacer frente a nuevas y graves amenazas, empezando por las derivadas del cambio climático (con evidentes y ya notorias repercusiones en la distribución de precipitaciones y temperaturas) y la escasa adaptación de parte de la nuestra vegetación a los incendios.


Pero frente a tanta desolación, todavía nos queda lo más importante que tienen estas tierras... sus gentes. Gentes que tan activa y decididamente han participado en las tareas de extinción y que ahora deben de retomar el protagonismo y la iniciativa en las tareas y actividades de restauración.


Para que estos montes recuperen la biodiversidad ahora perdida, serán necesarios costosos planes de restauración, en cuyo diseño y ejecución habrá que contar con la participación de las poblaciones afectadas. Es precisamente en la restauración de los montes quemados donde podemos encontrar algún signo de esperanza... La restauración será difícil, lenta, y cara, pero debería permitir una reformulación de las actuales políticas forestales y abrir un nicho de empleo en el sector forestal.


Tradicionalmente nuestros antepasados, agricultores y ganaderos, vivieron explotando y esquilmando el monte, nosotros hemos vivido olvidando o, en el mejor de los casos, contemplando el monte. Quizá sea el momento de convivir con el monte, de considerarlo como una fuente de empleo, de materias primas y de bienes y servicios. Quizá sea el momento de decidir que tipo de bosques queremos para el futuro y, por tanto, de participar activamente en la toma de decisiones. Quizá también sea el momento de exigir ayudas para que se apliquen las mejores y más adecuadas técnicas de restauración...


Quizá llegará el momento en el que las quejas y las lamentaciones den paso a la esperanza por ver reverdecer nuevamente estos montes. Para que ello sea posible nos tendremos que implicar todos, desde cargos políticos, gestores forestales y técnicos, hasta el último agricultor o ganadero de la comarca.


Con los conocimientos, experiencia y ayuda de todos podremos teñir el negro de verde...




José Antonio Alloza