domingo, 12 de abril de 2009

EL CONSUMO INNECESARIO, UNA DETERMINACIÓN SOCIAL


El trasfondo psicológico que llena toda nuestra sociedad es la fe en el crecimiento económico infinito. Sin embargo ésta no es razón suficiente para justificar un incesante consumo por nuestra parte, con la compra de artículos que en ocasiones no es necesario renovar ni adquirir.

La noción actual de producción-consumo no tiene equivalente en las sociedades antiguas, sólo tiene sentido en nuestra sociedad actual, en la que hay una competencia absurda entre los adultos por cualquier motivo y entre los propios niños porque tienen que tener de todo lo que tienen los demás. El nivel de consumo es diferente según el nivel económico, pero en la infancia no se entiende la diferencia de clases sociales y los niños quieren tener lo mismo que sus amigos o compañeros y, ahí mismo, comienzan los derivados que trae el consumo innecesario; si no pueden conseguir lo que ellos consideran imprescindible se sienten inferiores. Según se han ido desintegrando los antiguos niveles sociales y surgiendo el capitalismo, el sistema económico ha sufrido una gran transformación.

Se emitió en un reportaje en televisión un método de educación en una granja-escuela. Además de alimentar a los animales y ver cómo se reproducen, se pretende que aprendan matemáticas contando huevos de gallina, realizar los ejercicios de educación física en el campo, utilizar una azada y explicar las mejores posturas para evitar problemas de espalda, explicar las ciencias naturales sembrando determinadas semillas cuyo desarrollo puedan observar durante el curso, plantar árboles y otras actividades. Este método puede influir en las nuevas generaciones para valorar el sector primario, el trabajo de los agricultores y ganaderos, que no se valoró en su momento.

Hoy en día, si se pregunta a un adolescente qué estudios o profesión prefiere, la contestación nos puede sorprender, va directa a los programas basura de TV. La respuesta es ésta: porque se gana mucho dinero, no haces nada y puedes comprarte todo lo que deseas. Éste sí que es un problema, la poca motivación para superarse en los estudios, la ley del mínimo esfuerzo y un nivel alto de consumo, independientemente de la clase social a que corresponda. Algo está fallando en la sociedad o nuestra educación como padres, que los abocamos a consumir desmedidamente como una espiral que cada día abarca más campos en el consumo de lo material y se pierden los valores humanos, el ser uno mismo, con identidad propia, apreciando la vida y la naturaleza. Me pregunto qué será de esta sociedad cuando ellos sean los gobernantes con la adicción al consumo innecesario.

Cada día la sociedad es más individualista y hostil, las personas somos cada vez más libres en lo material y en lo intelectual, lo inmaterial. Y en este mundo de competencia y egoísmo, con la desmesurada publicidad de todo tipo, el consumidor se encuentra perdido e inseguro, incapaz de adquirir personalidad más allá de ciertos niveles de determinación social.

Diariamente recibimos información del cambio climático y de que la energía es imprescindible para la vida. Consumir energía se ha convertido en sinónimo de actividad, de transformación y de progreso, El consumo de energías provinientes de combustibles fósiles, los parques eólicos o centrales nucleares; de donde provenga esa energía hay que insistir en el ahorro energético, producir energía que no afecte al medio ambiente. Existe un consumo innecesario de kilovatios en nuestras propias viviendas, pueblos y ciudades. Cantidad de farolas, muy decorativas, eso sí, iluminan las grandes avenidas, polígonos que están sin actividad. La oferta crea la demanda y ésta es exitosa gracias a la creación de un deseo social del comprador.

JULIA ESCORIHUELA

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