domingo, 27 de diciembre de 2009

PARQUE CULTURAL DEL ALTO ALFAMBRA (2)


El Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra: ¿banalidad o dignidad?



Recientemente asistí a una luminosa conferencia de Antonio Ariño Villarroya, con motivo de la inauguración del Master sobre Patrimonio Cultural, de la Universidad de Valencia. Vicerrector de Convergencia Europea, este hijo de Allepuz expuso de modo brillante sus ideas sobre la patrimonialización de la cultura y sus paradojas en la sociedad actual. Y puedo dar fe de que aportó valiosas luces a profesores y futuros alumnos sobre el imparable proceso de patrimonialización que vivimos en nuestros tiempos, y sobre sus riesgos de banalización. Hoy en día, cualquier nimiedad puede convertirse en patrimonio, hasta las chatarras informáticas obsoletas de hace cuatro días. La reivindicación del patrimonio por grupos locales ha conducido a una ampliación prácticamente ilimitada del repertorio patrimonial.
Su planteamiento fue que la decisión sobre qué patrimonio se restaura, se pone en valor y se difunde no es una cuestión políticamente neutra. Y que, frente a un conservacionismo conservador, autocomplaciente, de consumo, de oferta ante la globalización y dinamismo del turismo, puede haber otro de diferente índole. Su postura fue, cito textualmente, la de patrimonializar aquello que “reúna una doble condición: mejorar las condiciones de vida de las personas más frágiles en el tiempo presente, levantar la dignidad y reforzar su calidad de vida; y por otra parte, lo que permita mirar al pasado sin cultivar la autocomplacencia y la satisfacción, invitando al asombro, al sobrecogimiento, provocando inquietud y conmoción”.
Me dio qué pensar ante la gestación de una propuesta de declaración de Parque Cultural para el chopo cabecero en el Alto Alfambra, una propuesta dinamizada por la plataforma Aguilar Natural que está ilusionando a las gentes de este precioso valle. ¿Se trata de una banalidad destinada al consumo del turismo ocasional? En absoluto. Se trata de una propuesta que cumple perfectamente las condiciones del profesor Ariño. ¿Qué mayor fragilidad que la de la gente que resiste en este valle con sus duros proyectos, que lucha dignamente por la conservación de sus bienes culturales frente a la agresión de la modernidad urbana, avida de arcillas para sus azulejos “postmodernos”? ¿Y qué mayor fragilidad que la del chopo si no recibe su saneadora escamonda?. Un chopo monumental, con sus heridas y sus brotes nuevos, con su lección sobre la vida de nuestros antepasados recientes “invita al asombro, al sobrecogimiento y provoca inquietud y conmoción”.
De ahí lo acertado de la propuesta como Parque Cultural, no como espectacular ejemplo de bosque de ribera, refugio de una rica fauna de depende de él (que también lo es). En palabras del profesor Ariño “ese es un patrimonio no de poseedores y sedentarios, sino de desposeídos y nómadas”. De gente que emigró a Madrid, o a Valencia, o a Teruel…, de gente que resiste y desea “levantar su dignidad” ante el olvido y la degradación del valle, y lo que éste significa. Harían bien los políticos en considerar esta propuesta con toda la seriedad que se merece.

Alejandro Pérez Cueva
Colectivo Sollavientos

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