domingo, 15 de noviembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (VII)

Las “rentabilidades” de los pueblos pequeños

Hace algunas semanas se inició en esta columna un animado debate sobre el futuro de los pueblos pequeños de la provincia de Teruel. Durante este tiempo se han sucedido aportaciones de argumentos demográficos, sociológicos, económicos, culturales… José Manuel Nicolau, en la columna de la semana pasada, incidía en los aspectos ambientales.
En la búsqueda de soluciones, se ha analizado la viabilidad de estos municipios. Víctor Guíu llegó a proponer que se considerase el mundo y el espacio rural un “sector estratégico”, cuya estrategia debería estar basada, entre otras cosas en la “gestión ambiental”, a la vez que mostraba su escepticismo sobre las soluciones economicistas. Coincido plenamente con él, y quisiera abundar en esta argumentación:
- Está claro que, políticamente, los pueblos pequeños no son rentables, pero este tipo de rentabilidad no aparece en los manuales de sociología, ni de economía. Es el valor del número y el voto. Considero que no hay que tenerlo en cuenta.
- Rentabilidad económica: Sería cuestión de calcular cuánto cuesta un ciudadano de una gran ciudad, con las infraestructuras y servicios de que dispone, y lo que cuesta un ciudadano en un pueblo pequeño, con pocos servicios e infraestructuras, de mediados del siglo pasado. Siempre recordaré que el presupuesto de uno de los puentes que cruzaba la M-30 para enlazar con Vallecas era superior al Leader de todo el territorio del Maestrazgo, de sus 43 pueblos.
- Rentabilidad ecológica: No hay la menor duda que la gran ciudad es el gran enemigo del medio ambiente y que las poblaciones pequeñas sirven de controlador del medio, Su impacto es muy reducido. En esto ni me detengo, pues me parece evidente.
- La sociedad rural de los pueblos pequeños es la gran productora de materias primas, tanto agrícolas como ganaderas, y pueblos de 50 habitantes es posible que tengan cabañas de ovino y vacuno y porcino de 6.000 cabezas. ¿Quién las consume? Es el caso, por ejemplo, de un pueblo como la Cañada de Benatanduz.
Considero que debe ser motivo de reflexión más pausada la importancia de los núcleos pequeños en su relación con el medio. Quizá ahí esté su futuro. Otro debate es si se está dispuesto a vivir en ellos ante un modelo de consumo y de valoración del "neón", por encima de un modelo basado en el ser y en el desarrollo personal. La ciudad hastía, deprime, cansa y despersonaliza. Es cuestión de modelos y ciertamente los actuales habrá que repensarlos, pues no están dado muy buen resultado.

Javier Oquendo*

domingo, 8 de noviembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (VI)

Soy pesimista: sin niños…kaput

En este debate sobre la despoblación rural de Teruel se han dado argumentos demográficos, económicos, sociológicos, etc., a favor o en contra de la viabilidad de los pueblos pequeños. Y también se han manifestado deseos y temores. En el último artículo, por ejemplo, José Luis Simón se mostraba “visceralmente optimista” y se negaba a aceptar la muerte de estos pueblos.
Al margen de mis deseos, estoy en el lado de los que podríamos llamar pesimistas. Pienso como Delibes, cuando dice "el éxodo rural es un fenómeno universal e irremediable". Y también "hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos por nada noble. Y la destrucción de la naturaleza no es solamente física, sino una destrucción de su significado para el hombre, una verdadera amputación vital para este".
Evidentemente, en un tema tan complejo como éste, también estoy de acuerdo con otros muchos aspectos que se han comentado, incluso a veces contradictorios. Una cuestión como la que nos ocupa es a la fuerza poliédrica (sentimientos, recuerdos, deseos, políticas y políticos, datos... etc).
No para rebatir, sino al hilo de frases que he entresacado de los artículos anteriores, comento ideas que se me pasan por la cabeza.
J Luis Simón dice "…y serán otra cosa. Pero nunca perderán su papel como referencia cultural y antropológica, como raíz personal…"
...perderán o mantendrán su papel mientras vivan las personas portadoras de las referencias. En el momento que éstas no estén, sí se perderá, ¿no?
También señala que la idea de que "está naciendo una nueva estructura de pocos pueblos grandes” tiene fundamento lógico-deductivo pero no empírico: “esa estructura no ha empezado a nacer ni se adivina en el horizonte cercano”.
…por lo menos en la zona cercana a Allepuz, el caso que más conozco, está claro que así es. La gente que se ha ido ha sido mayoritariamente a Cedrillas, Teruel, o Mora. Allí está más claro, o lo parece, que se puedan mantener ciertos servicios. Los más jóvenes también se van, en función de la pareja que han formado.
Alejandro Pérez se muestra optimista porque la gente no sólo se arregla las casas en los pueblos turísticos, sino en prácticamente cualquiera, incluidos los muy pequeños.
... sí, los pueblos más arreglados que nunca y más solos que nunca. En pocos años, los últimos 7 u 8, he podido observar personalmente que es así. En los pequeños pueblos se vive con gran angustia las escasas expectativas de futuro de sus sociedades. Cada vez que "una casa se cierra", se respira y se ve en las caras lo que significa para el colectivo restante.
Y cerrar su escuela es dar un portazo a su esperanza de futuro. Sin niños... ¡kaput!. Lo de las familias inmigrantes con hijos para remediar urgencias, sin el acompañamiento de las políticas a más largo plazo, no creo que vaya a funcionar. Con todo, naturalmente, los intentos que se hagan merecen todo el respeto por mi parte. Tratan de remediar o retrasar quedarse sin escuela, paso previo a quedarse sin niños en el pueblo.

Manuel Moya

sábado, 7 de noviembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL

El Diario de Teruel, de hoy, Sábado, 7 de noviembre de 2009, publica este artículo de opinión sobre los pueblos de Teruel, donde el autor aporta su punto de vista sobre la despobación rural de la provincia de Teruel.



TRIBUNA ABIERTA

Nuestros pueblos de Teruel



La mayoría de los pueblos de nuestra provincia no han seguido, desgraciadamente, el mejor de los caminos, en los últimos cincuenta años. Desde mediados del pasado siglo, poco a poco, se han ido despoblando, atraídos por otros territorios que habían alcanzado un cierto desarrollo. Mientras tanto, en estas zonas receptoras tenía lugar, naturalmente, el fenómeno contrario, se producía un continuo crecimiento poblacional con la llegada de aquellas gentes que buscaban mejorar su situación económica y social. En nuestros pueblos más pequeños, salvo algunas excepciones, iban quedando, solamente, las personas mayores, las personas que, por su edad, no pudieron emigrar. Y este éxodo, que continúa, aunque algo aminorado, ha ido acercando, especialmente a estos pueblos de más escasa población, a su práctica extinción. Triste final para unos pueblos que gozaron de vida, que albergaron niños y jóvenes. Triste final para unos pueblos que tuvieron ilusiones,que creyeron que irían a más, que podrían crecer y esto les traería trabajo, servicios y, como consecuencia, un mayor bienestar.
Esto que ya ha ocurrido, con mayor intensidad, en los pueblos más pequeños, en aquéllos de menor población y menos recursos, también se ha dado y sigue dándose, salvo meritorias excepciones,e n los pueblos de mayor entidad, tal vez más lentamente y de una forma menos llamativa. Continúa repitiéndose en los núcleos que disfrutaron de mayor población, en aquéllos que tuvieron casi todo: servicios, comunicaciones aceptables e, incluso, pequeñas industrias que daban la sensación de prosperidad, de continuar progresando o, al menos, de mantenerse en su statu-quo de entonces. Sin embargo, no se ha cumplido lo que en aquel momento pensábamos, y siguen hoy, despoblándose con la hjuída de los jóvenes, quienes, terminados o no sus estudios, han de buscar trabajo fuera de su tierra, alejados de lo que fue su residencia habitual. En definitiva, también estas poblaciones han sufrido y están padeciendo el drama de la despoblación y, a decir verdad, el panorama que se vislumbra en el horizonte no parece que sea el mejor.

Y todo esto, ¿por qué ha sucedido y sigue sucediendo? La primera contestación que nos viene a la mente, siempre suele ser la misma, siempre suele ser ésta: "Esto ha ocurrido y continúa ocurriendo porque nuestras tierras son pobres y no dan para sustentar una mayor población". Una respuesta que nos damos a nosotros mismos, pero que, en el fondo, no nos la acabamos de creer. ¿No será un intento de justificar nuestra forma de actuar ante lo que sucede? Porque esto, en parte, puede ser verdad, pero no es toda la verdad ni mucho menos.

Nuestro mundo está lleno de innumerables ejemplos, en los que vemos todo lo contrario. Comarcas, regiones y países con un hábitat sin apenas recursos naturales, que han alcanzado una gran prosperidad y, por ende, se hallan densamente poblados. Y, como contrapunto, regiones o países con una riqueza natural extraordinaria, cuyos habitantes viven en pésimas condiciones, faltos de lo más elemental y que, a menudo, se ven empujados a la emigración.

Y es que el desarrollo de los pueblos está, más frecuentemente de lo que nos parece, en manos de sus habitantes. Si éstos trabajan, si éstos tienen iniciativas y tratan de llevarlas a cabo, si éstos empujan, si éstos apoyan, siempre que sea necesario... sus pueblos irán adelante. Pero si hacen lo contrario, si no tienen aspiraciones si en ellos se instala el conformismo, si no luchan... sus pueblos bajarán, sin remedio, por la pendiente de la decadencia y el final será su propia destrucción.

Nosotros, los hombres, somos los grandes hacedores y los grandes deshacedores del entorno que nos rodea, del lugar en que vivimos. Por ello, el ser o no ser de nuestros pueblos está, en gran medida, en nuestras manos.

Alguien dijo: "Nada es tan difícil, que no pueda conseguir el esfuerzo y la constancia del hombre".
Tengámoslo siempre en cuenta.

JOAQUÍN ABRIL PÉREZ
Maestro jubilado

viernes, 6 de noviembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL

El Diario de Teruel, de fecha 5 de noviembre de 2009, publica en Tribuna Abierta este artículo de opinión, como respuesta a la serie de artículos que Sollavientos viene publicando en torno a la despoblación rural.


Despoblamiento de la provincia de Teruel



Mal lo tenemos amigo José Luís Simón y nada me gustaría más que llevases razón, que se cumplieran tus deseos y los pueblos pequeños, el tuyo y el mío entre otras muchas docenas y docenas, a lo largo y ancho de la geografía turolense, continuaran su andadura “por los siglos de los siglos”. Pero me temo que a pesar de las crisis, de los negros augurios de cambios climáticos y de otras calamidades bíblicas que los nostradamus de turno nos auguran, la evolución, como bien sabemos los geólogos, no tiene marcha atrás salvo algún que otro reajuste en beneficio del propio sistema. Y la evolución, no solo en Teruel sino en general, en España y todos los países, es la concentración de la población en áreas más favorecidas y por consiguiente el despoblamiento de otras con condiciones de vida más adversas.

Así que o mucho me equivoco o me temo que nuestros pueblos, como sociedades articuladas, tienen los días contados, pervivirán como bien dices pero “serán otra cosa”, quizás casas de campo para los habitantes de las ciudades. No hay nada más que ver las pirámides de población y comprobar la falta de relevo generacional, aquellos pueblos que en los años 60 estaban entre los 500 y 800 habitantes, e incluso podían llegar al millar, hoy día apenas llegan a los 100 y en su mayoría de más de 60 años, sin apenas niños, salvo los provenientes de la coyuntura inmigracional actual, que ya se acaba. Estamos hablando de los pueblos estrictamente agrarios, de agricultura y ganadería tradicional, que son más del 80% de los de la provincia. Afortunadamente otros que han creado industrias agroalimentarias y, en menor medida ganaderas o de cualquier otro tipo, han frenado la emigración, y aunque con dificultades, se mantienen, incluso alguno ha crecido.

Y es que la geografía de Teruel, y por ende las condiciones de vida, son muy duras, la mayor parte de la provincia se encuentra por encima de los 800 m. de altitud. La línea Albalate del Arzobispo, Andorra, Alcorisa, Mas de las Matas, Valderrobres separa las “tierras altas” al SO y las “tierras bajas” al NE. Siempre hemos oído, en nuestros pueblos, que la gente se iba a la “tierra baja” (levantina o del Ebro) para mejorar; la prueba, los numerosos apellidos serranos en todo el Levante e incluso hasta en Granada, y muchos de ellos ya proceden de la Reconquista, no volvieron.

Parece ser pues, que con pocas excepciones (quizás la excepción de Suiza confirme la regla) y de acuerdo con condicionamientos socio-jurídicos de cada país, las zonas más propicias al desarrollo y por ende a una mayor concentración de la población son las tierras bajas. Y las altas, pues población mucho menor, en algunos casos de supervivencia o de refugio en épocas adversas.

Y no será porque en los últimos decenios no se han intentado explorar nuevas vías, y no se han confeccionado planes y más planes, pero la realidad es muy tozuda. Hasta la fecha, los resultados han sido poco halagüeños, quizás con la excepción de Dinópolis. Por otro lado, también van a jugar en contra otros factores, uno de ellos quedarnos al margen del AVE, que hubiera permitido un transporte muy rápido, de la zona central y oriental de España, poco agraciadas ecológicamente, hacia las serranías turolenses. La autovía mudéjar algo nos compensa, pero no es comparable.

La provincia posee una naturaleza privilegiada, la altitud mencionada propicia afloramientos geológicos y de vegetación extraordinarios. El turismo ecológico o rural, cada vez más numeroso disfruta, a sus anchas, de la naturaleza, pero no sé si los fines de semana y puentes dan para todo el año. Hacen falta más incentivos, mas industrialización, mejor aprovechamiento de nuestros recursos, quizás el agua, el territorio, los recursos geológicos y biológicos, y hace falta sobre todo el apoyo a los emprendedores, sean de aquí o foráneos, sin mirarnos tanto el ombligo ni poner trabas a empresas que deseen instalarse buscando nuestros recursos, porque se instalarán si les conviene, no por altruismo ni por coger subvenciones.

Y pese a todo, tampoco la cosa es tan grave, creo que tenemos que ver el mundo con la mirada de hoy, desprendiéndonos de añoranzas, aunque sean muy bonitas. En nuestra infancia tardábamos de Luco a Murero en el “tren rapidillo” unas dos horas, pues había que tomar agua en Daroca; es casi el mismo tiempo que hoy echamos de Valencia a Zaragoza, el territorio se ha encogido, esto es muy importante. Ya no vamos a ir más con el carro parando en todos los pueblos, desde Báguena a Calamocha.

Lo que sí estoy de acuerdo con otros autores es en que se mantendrán, e incluso crecerán, determinadas poblaciones o cabeceras comarcales que den servicios destacados a amplias áreas o bien, cuando se encuentren en las autovías, a una distancia de tomar café o de comer, entre otras más importantes, podría ser el caso de Calamocha entre Teruel y Zaragoza, y lo que nadie nos va a quitar es que nos encontramos en una situación de privilegio, en el centro del cuadrante NE, el más desarrollado de la península.
En definitiva, la provincia, aunque todavía nos falten autovías, se ha encogido, y más que lo va a hacer en los próximos años, conforme se pongan en uso, que alguna vez llegarán, los ejes transversales.

Con ello la articulación del territorio y usos del suelo van a cambiar radicalmente. Las pequeñas poblaciones, siempre que posean buena accesibilidad se mantendrán al menos estacionalmente, poblaciones medias y cabeceras comarcales incrementarán su población, en las serranías existirán grandes espacios naturales, forestales, lo que está muy bien, de caza, residenciales, etc., etc., y en los corredores viarios: áreas de servicio, y donde los recursos permitan su explotación: áreas industriales proveedoras de las urbes. Y siempre nos quedará alguna masía (verdad querida Julia) en la que podamos disfrutar de nuestras bellas añoranzas.

DAVID NAVARRO VÁZQUEZ
Geólogo y Diplomado en Ordenación Territorial

miércoles, 4 de noviembre de 2009

NAT-RURAL









http://ceaitaca.blogspot.com/


JORNADAS ASOCIATIVAS EN DEFENSA DEL PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL DEL MEDIO RURAL

ANDORRA, 13 Y 14 DE NOVIEMBRE DE 2009


¿QUÉ ES NAT-RURAL?

Nat-Rural es un proyecto de ADIBAMA junto con ITACA-Andorra y colectivos y asociaciones civiles del territorio para fomentar la participación de las entidades en la defensa del patrimonio cultural y natural de nuestras comarcas y del territorio en general.
Se pretende asimismo que las asociaciones puedan generar redes sociales de apoyo e intercambio de experiencias con otras entidades similares de otros territorios para reforzar sus actividades, difundir sus logros, apoyarse civilmente en objetivos comunes, etc…
La experiencia de Nat-rural quiere consolidarse y que sea un lugar de encuentro anual aprovechando las magníficas instalaciones del Itaca-Andorra.

PROGRAMA:

El viernes 13, tendrá lugar una mesa redonda de asociaciones rurales en la cual se pretende estudiar las nuevas fórmulas para constituir redes de apoyo. Para finalizar la jornada tendrá lugar un recital poético.

El sábado 14, por la mañana contaremos con un taller en defensa del patrimonio natural. Por la tarde se realizará una jornada creativa, artística y de intercambio entre los asistentes a cargo del proyecto Barbecho

(pincha y amplia la imagen del programa ó entra en el enlace de CEA-ITACA para ver el programa completo)

OBJETIVOS:
-Generar redes de apoyo entre entidades locales y comarcales preocupadas por el patrimonio cultural y natural de su territorio
-Compartir buenas y malas experiencias de actuación en temáticas relacionadas con la cultura y la naturaleza.
-Conocer entidades de ámbito provincial, regional y nacional de defensa del patrimonio cultural y natural.
-Formarse en aptitudes de defensa del medioambiente y de participación ciudadana.
-Hacer uso de las artes y las letras en la formulación de actividades comunes.
Las personas que necesiten alojamiento tendrán que inscribirse. También las que vayan a quedarse a cenar el viernes y/o comer el sábado.


Inscripciones:
-Casa de Cultura de Andorra: Tfn: 978 84 34 62.(de 10:00 a 13:00 h – 16:00 a 19:00 h)
-CEA ÍTACA: itaca@culturandorra.com


Entidades participantes:
- Organiza: ADIBAMA
- Colaboran: Colectivo Sollavientos, Comarca Andorra Sº de Arcos, CEA ÍTACA

domingo, 1 de noviembre de 2009

DEBATE SOBRE LA DESPOBLACIÓN RURAL EN TERUEL (V)



Los pueblos pequeños no desaparecerán, porque son parte esencial del territorio





El artículo que abría este tema hace unas semanas me pareció una forma valiente de iniciar un debate, de coger por los cuernos un miura que viene hacia nosotros a la carrera: el de la despoblación y envejecimiento del “Teruel interior”. En dicho escrito se apuntaba la posible desaparición a largo plazo de muchos de los pueblos más pequeños de la provincia y la concentración de la población en los municipios mayores. Este pronóstico se basa en los datos del padrón, que indican una ligera recuperación de los pueblos grandes durante los últimos años, mientras sigue la despoblación y envejecimiento de los pequeños, que han llegado a un punto que el autor considera irreversible. Fue el primero de una serie de artículos en los que han aflorado asimismo otras opiniones sobre cómo pueda evolucionar la situación demográfica. En términos estrictamente técnicos, sin entrar en el análisis de las posibles soluciones, el dilema radica en si primarán los factores endógenos o los exógenos, en si el proceso de transformación al que asistimos es lineal y tiene por tanto un horizonte previsible o si, por el contrario, está sujeto a variables que pueden invalidar las predicciones a medio plazo.

Confieso estar entre los que creen que la inmensa mayoría de los pueblos, incluidos los pequeños, no van a desaparecer; simplemente se van a transformar. Dejarán de cumplir el papel socio-económico por el que nacieron y serán otra cosa. Pero nunca perderán su papel como referencia cultural y antropológica, como raíz personal, como pivotes en torno a los cuales se gestionará y protegerá el territorio y, aunque sea con fórmulas técnicamente distintas de las tradicionales, como focos de explotación de los recursos agrícolas, ganaderos o forestales.

Y si esto no lo creyera de forma racional, debería creerlo y apostar por ello de forma emocional. Los pueblos son parte esencial del territorio, del paisaje, del paisanaje, de la tierra que decimos defender. No tenemos derecho a comprar el futuro del Teruel interior con el sacrificio de 100 ó 200 de sus municipios; no podemos asistir impasibles a semejante “reconversión”. Creo que aún no estamos tan desesperados como para empezar a quemar los vagones de cola para alimentar la locomotora. ¿Vamos a quitar la esperanza que les queda a los que aún tienen el valor de permanecer alimentando la lumbre?

La idea de que puede estar naciendo una nueva estructura de pocos pueblos grandes tendría una base empírica sólida si existiese un solo ejemplo en la provincia de Teruel en que varios pueblos pequeños se hubiesen vaciado completamente transfiriendo su población, sus empresas o sus servicios a un pueblo-cabecera de mayor tamaño. Dado que esto no ha ocurrido, no puede decirse que esa nueva estructura de poblamiento del territorio haya empezado a nacer, ni se adivina en el horizonte cercano. Es una hipótesis, una razonable proyección hacia el futuro de una tendencia actual, pero que podría quedar obsoleta por la irrupción de variables hoy por hoy impredecibles: vuelta masiva de los jubilados desde las ciudades (tal como apuntaba Alejandro Pérez); llegada creciente de inmigrantes; incremento del “tele-trabajo” basado en la generalización de internet; puesta en cultivo de fincas abandonadas hace décadas para nueva agricultura ecológica; nuevos yacimientos de empleo en relación con la gestión agro-ambiental o con la atención a personas dependientes… Dejemos la puerta abierta (y la luz encendida).

José Luis Simón Gómez