lunes, 30 de diciembre de 2013

CADA PUEBLO, CON SU ESCUELA




Gonzalo Tena Gómez*



En el último septiembre, los niños y niñas residentes en Allepuz,  ya no iniciaron el curso en la escuela del pueblo. La Consejería de Educación del Gobierno Aragonés había tomado la decisión de cerrarla, al no alcanzar la ratio la cantidad mínima de 6 alumnos, según la reglamentación vigente (efecto de los recortes educativos). Los alumnos “supervivientes” han de ser trasladados de lunes a viernes. En el recuerdo lejano quedan la escuela de chicas y la de chicos con más de treinta en cada una. Para el presente curso escolar, la misma suerte que los de Allepuz, sufrieron los de Mezquita de Jarque, Orrios, Torrijas y Crivillén. Para el curso anterior (2012-13), Palomar de Arroyo, Libros y Loscos ya no abrieron sus respectivas  escuelas,  cuando, legalmente,  todavía eran suficientes 5 alumnos para mantener abierta una escuela unitaria rural.
Esta problemática, general en todo el Aragón rural, incide mayormente en Teruel, como consecuencia de la falta de natalidad propiciada por el envejecimiento y la disminución de la población, y puede convertirse a su vez, en causa de de la pérdida de habitantes de cada pueblo afectado.
Alberto Lorente, director del Colegio Rural Agrupado de Azuara (Zaragoza), afirma que “el cierre de la escuela suele ser la sentencia final para cualquier pueblo”, opinión compartida por Pepe Polo, representante de la Federación de Enseñanza de CCOO en Teruel. La Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Aragón (FAPAR), manifiesta que el mantenimiento de la escuela rural “es imprescindible para vertebrar Aragón” y solicita medidas de compensación positiva con la población del medio rural. A esta solicitud se suma nuestro Colectivo Sollavientos desde aquí y remite a la Ley 45/2007 para el   desarrollo sostenible del  medio rural, que, en su artículo 28, apartado b) contiene referencias a la mejora de las escuelas especialmente en los municipios rurales de pequeño tamaño  y a su utilización para actividades culturales, educativas y sociales para el conjunto de la población.
La cara amable de esta situación la proporciona el caso de Lledó,  el de Noguera de Albarracín y el de Pancrudo,  que han conseguido salvar sus escuelas in extremis. El Ayuntamiento de  Lledó ofreció alquiler de vivienda barato y posibilidad de obtener trabajo. Ha conseguido dos familias más con niños. La llegada de otra familia con tres hijos pequeños a Pancrudo ha proporcionado continuidad a su escuela (a este respecto, se puede constatar una amplia demanda, vía internet, de parejas jóvenes para trabajar y establecer su residencia en pueblos de Teruel).  Por su parte, el Ayuntamiento de Mezquita de Jarque ha adquirido un vehículo para trasladar su alumnado a la vecina Cuevas de Almudén y percibirá el importe de las becas destinadas al transporte escolar. La llegada de familias inmigrantes contribuye a paliar la situación,  es el caso de Hinojosa de Jarque, por ejemplo; aunque la crisis está frenando este fenómeno.
En mayo de 2012 tuvieron lugar las siguientes acciones reivindicativas  por la escuela rural turolense:   la “marea verde”  en la capital, el encierro del profesorado  en el Instituto de Albarracín y la marcha  de 65 km del profesorado del C R A Somontano Bajo Aragón (Los Olmos), que finalizó en Crivillén.
El mantenimiento de la escuela en el propio pueblo supone la pervivencia de una comunicación más fácil de los padres con la maestra o maestro y también posibilita la participación de las familias en los proyectos educativos. ¿Cómo puede una criatura estudiar el propio pueblo y su entorno y aprender a valorarlo, a amarlo y a actuar para mejorarlo, si se educa en una población diferente a la de residencia?  Cada escuela, con su pueblo.
Una sugerencia para con las escuelas cerradas: por supuesto que volverlas a abrir, a una mala, para impartir educación de adultos.


*  Colectivo Sollavientos

7 comentarios:

Anónimo dijo...

TOTALMENTE DE ACUERDO!... Pero, mantener por mantener es algo que tarde o temprano ocurrirá, si se siguen las politicas actuales. Por lo tanto no hay que pedir mantener estas escuelas abiertas, sin mas; hay que pedir que la dinámica cambie para que no haya esta necesidad. Pedir que la gente que quiera quedarse en los pueblos, no se le 'obligue' a irse, ya que tarde o temprano es lo que ocurre... porque se van cerrando cosas, posibilidades, seervicios, ganas... etc; y al final ¡¡¡TODOS A LA CAPITAL!!!

José María dijo...

Soy maestro rural. Me gusta desarrollar mi vocación en este entorno. Un contexto lleno de posibilidades, con carácter y creativo. Existe una cercanía a las familias y comunidad en general que hace que nazcan proyectos educativos innovadores. Pero para que eso se convierta en fortaleza, hay que querer la escuela rural. Desgraciadamente se utiliza como trampolín para ir a destinos definitivos urbanos. Nadie se quiere quedar y eso significa que existe una movilidad del profesorado tan grande que creo que nunca se podrán llevar a cabo proyectos educativos y sociales en toda su esencia. A esa movilidad se suma la de las familias que han emigrado para mejorar y los nuevos pobladores. Siempre pendientes de su presente sin saber si acabarán el curso escolar en el pueblo que fueron.
Las escuelas han de mantenerse. Pero se podría abrir un debate reflexivo, sereno y enriquecedor sobre los aspectos pedagógicos y organizativos que implica tener abierta una escuela(ha pasado)con tres niños y a cinco minutos otra unidad con veintitrés. ¿Es pedagógico, a nivel afectivo, relacional..., que de esos tres niños uno sea de Educación Infantil y esté solo? ¿Quizás "crecería" mejor junto a otros ocho niños de su edad? Por otra parte, si se cierra una escuela es verdad que es muy difícil abrirla.
A mi me gustaría que hubiese más estabilidad en la escuela rural. Estabilidad por parte de los maestros, familias y agricultores que trabajan la tierra pero viven en la capital.

Anónimo dijo...

Muchas veces se ha planteado como solución, parcial, a este problema de la desviculación del profesorado con los pueblos lo que apuntas: Menos puntos en los destinos más solicitados y más puntos en los menos solicitados. El mismo problema so sufrimos en centros de salud y hospitales en ciudades como teruel o en pueblos de toda la provincia. El otro día entrevistaban, no recuerdo por qué motivo, a una médico de Zaragoza que trabaja en Albarracín y decía que lo que más ansiaba en su trabajo era ir a Zaragoza. Penoso.

Carlos

Anónimo dijo...

Muy, muy, muy buena reflexión, y valiente también, a contrapelo de lo políticamente correcto.Tal vez sean más importantes los niños que los pueblos.
Que complicado es todo, coñe.

Carlos

Colectivo Sollavientos dijo...


También coincido con la reflexión.
Hay muchos problemas en la educación en el medio rural de Teruel.
Solo quiero incidir en algunos aspectos que conciernen al profesorado.
La altísima inestabilidad de las plantillas impide el desarrollo de proyectos a largo plazo. En algunos CRA's, al inicio del curso, coincide profesores que son nuevos en la plaza, generalmente interinos. Esto es una realidad año tras año.
Otro aspecto: la desvinculación física. En muchos casos, el profesorado viene de madrugada desde la lejana ciudad, da las clases y se marcha cuanto antes a la ciudad. Así, día tras día. El conocimiento de la realidad social de los chavales es bajo y su implicación queda limitada por el cansancio que supone emplear dos horas diarias a los desplazamientos. Es normal.
Los concursillos (demanda sindical) posibilitan a profesores con destinos definitivos en el medio rural a acceder por dos años en comisión de servicio a plazas que eran ocupadas por interinos en las ciudades. Comprensible bajo un punto de vista personal. Pero dañino para el beneficio colectivo, la educación en el medio rural, ya que deshace las plantillas.
No es sencilla la solución. Una línea podría ser fomentar con una mayor puntuación a efectos de méritos (y de traslados) la permanencia ininterrumpida en destinos rurales, sobre todo en aquellas más alejadas de las ciudades y en áreas más remotas. Otra, una mayor retribución económica que le compense de las limitaciones de vivir en pueblos pequeños, como las que tenían los cuerpos de seguridad del estado destinados en el País Vasco y Navarra, donde nadie quería vivir. Es decir, mejorar las condiciones laborales en aquellos destinos menos deseados. Es complejo, pero podría valorarse.
Los hijos de docentes conocemos el caso. Nos hemos criado en las localidades donde nuestros padres su destino profesional. Era una obligación legal. Con la Constitución, esto desapareció beneficiando a unas personas (las urbanas) pero perjudicando a otras (las rurales). Hoy casi nadie vive en los pueblos en los que trabaja. Aquellos centros que están a menos de 50 km. de una ciudad tienen a la mayor parte del claustro "en la rueda". Las cenas de trabajo se hacen directamente en la ciudad.
Y la gente joven, la que se ha criado en la urbe, se horroriza ante la perspectiva de vivir en un pueblo. No lo quiere ni oír. Esta tendencia va a más.
El problema de la educación en el medio rural turolense tiene muchas facetas. Y no toda la culpa corresponde a los recortes realizados por la administración. Aunque los profes nos pongamos las camisetas verdes los miércoles ... debemos también hacer algo de autocrítica.
Este es un debate que no surge por que no interesa en la ciudad. Donde se crean los debates.
En fin, daría para mucho.

Un saludo y buen año.

Lauriano

Anónimo dijo...

Muy acertados vuestros comentarios.

Furgando por ahí he encontrado la solución para reabrir las escuelas rurales, incentivar a l@s maestr@s y mejorar su formación. Se trataría de sustraer una pequeña parte de la partida que describe el artículo adjunto (yo desviaría el importe íntegro).

Saludos marciales.

Gonzalo

Enlace parra acceder al artículo:
https://drive.google.com/file/d/0B5kgqkFSRheDbmtKblN6MjBvY3ZkcG5la1ItU0ZodFEtVWhN/edit?usp=sharing

Anónimo dijo...

Dentro de las aportaciones que desde nuestra Asociación se daba para la lucha contra la despoblación, se encontraba el "premiar" la estabilidad laboral y el arraigo. Esto supondría que, para el caso de los puestos públicos en el medio rural (y quien dice profesor, dice médico, forestal, secretario, guardia fluvial,....), debería favorecerse el compromiso con la permanencia en el destino y el arraigo. Ésto debería ser uno de los muchos (y pequeños y baratos) cambios a realizar si de verdad existiera una apuesta por el desarrollo rural.

Como decís, son temas complejos, con muchas caras y que en muchos casos requieren estudios caso a caso, con soluciones puntuales. Sin embargo, medidas como la descrita u otras similares como, por ejemplo, que la Comarca no centralice a sus trabajadores sino que, al contrario, utilice técnicas como el teletrabajo para distribuir a su personal entre los pueblos, son un ejemplo de ideas que al menos deberían considerarse.

Es cierto que el compromiso debe ser por todas las partes. No obstante, creo que es necesario que la Administración habilite opciones para facilitar que ese compromiso pueda realizarse.


José Manuel