jueves, 21 de agosto de 2014

ARRASANDO LOS CAMINOS …

publicado por Chabier de Jaime Loren en: http://www.naturaxilocae.blogpot.com

No, no estamos hablando de la “Sanjuanada”, la canción de José Antonio Labordeta. Estamos hablando del estado en el que quedan, año tras año, los caminos rurales de los pueblos de las comarcas aragonesas, especialmente las turolenses, tras la celebración de la Baja Aragón, competición para coches, motos, quads y camiones todo terreno.
No vamos insistir en el impacto ambiental, algo que sería propio de este blog, que genera esta carrera. De las molestias para la fauna en plena temporada de cría, de la destrucción de una vegetación vulnerable que crece en ambientes difíciles, de la ocupación innecesaria de los cauces fluviales, de la pérdida de suelo que generan las máquinas, del ruido atronador en espacios naturales, de las basuras que se generan, del polvo que se levanta …

Tampoco queremos hablar del modelo de turismo que se está fomentando para Teruel y Aragón con la promoción de estas carreras. Un turismo depredador, en el que cada cual que cual tiene el derecho a hacer los mismos desmanes que hacen los corredores de la Baja. Un tipo de turista que solo quiere un decorado natural, cuanto más natural mejor, para hacer rugir a su máquina, al precio que sea. Un tipo de turismo, muy alejado del que el Gobierno de Aragón busca atraer en sus campañas publicitarias, como el precioso documental “Soy Teruel” del creador Diego Arambillet y que circula por internet y recomendamos ver.
Pero no queremos hablar ni de medio ambiente ni de turismo. Queremos hablar de dinero.
El Gobierno de Aragón ha sido el patrocinador institucional de la Baja Aragón 2014. Además, también lo ha hecho “Turismo de Aragón”, el Ayuntamiento de Teruel y las dos Diputaciones Provinciales.
La Baja Aragón 2014, celebrada los días 18, 19 y 20, ha recorrido casi 700 km., en su mayoría de la provincia de Teruel, según afirma la organización de la prueba en su web.
A los pocos días, agricultores de Caudé y Villalba Baja, presentaron denuncia al Justicia de Aragón y al Ayuntamiento de Teruel (su municipio) por los destrozos en los caminos causados por la citada carrera. Aunque podían haber sido los agricultores de otros muchos más pueblos que, hartos como están, lamentan además la pérdida de cosecha por la entrada de los vehículos en los campos o por las limitaciones en su movilidad en plena recolección del cereal. Como así nos comunicaron los vecinos de Cosa.
Tras estos hechos el responsable del Departamento de Caminos Rurales de la Diputación Provincial de Teruel (DPT) daba la siguiente información a través del Diario de Teruel:
Tras la finalización el pasado domingo, 20 de julio, de la Baja Aragón, el departamento de Caminos Rurales de la Diputación Provincial de Teruel ha llevado a cabo una valoración del estado de los distintos caminos por los que ha transcurrido la prueba aragonesa.
Conocidos ya los daños, las necesidades prioritarias y cuáles son las zonas más afectadas, el próximo lunes, 28 de julio, se pondrán en marcha cuatro motoniveladoras y cuatro rulos, exclusivamente, para arreglar los 309 kilómetros de caminos rurales protagonistas de la Baja Aragón.
Se prevé que en un plazo máximo de 10 a 15 días todos los caminos afectados por el paso de los vehículos participantes en esta competición estén totalmente arreglados. De este modo la Diputación de Teruel cumple con su principal compromiso que era adecuar los caminos, que se vieran afectados por la Baja Aragón, lo antes posible para evitar cualquier problema a los vecinos de estas zonas
Los caminos rurales, como vías públicas que son, deben ser cuidados y respetados por todos. Es de sentido común.
¿Por qué se autoriza entonces una carrera que deteriora nada menos que casi 700 km en tan solo tres días?
¿Cuánto nos cuesta a los turolenses “las cuatro motoniveladoras y los cuatro rulos trabajando durante 10 o 15 días” según afirma la DPT?
¿Por qué tenemos que pagar los ciudadanos a través de nuestros impuestos la reparación de dichos caminos a través de la Diputación Provincial de Teruel? ¿O la de Zaragoza, en su caso?
Es muy discutible que se permita una carrera como es la Baja Aragón que genera un impacto ambiental tan elevado. Pero si ese permiso se concede por la administración, lo que no es de recibo es que los miles de euros que supone reparar los daños que ocasiona tengan que venir de la Diputación Provincial de Teruel. Es decir, del dinero que debería llegar a los pueblos de Teruel. Que es poco y ahora es menos. Si, como dicen sus promotores, este evento “mueve tanto dinero”, que sean los que lo obtienen los que lo asuman. Vamos, que sus promotores consigan el dinero de esos supuestos beneficiarios sin molestar, otra vez más, a los demás.

martes, 5 de agosto de 2014

ESTUDIANDO MURCIÉLAGOS EN LOS BOSQUES DEL PANCRUDO

publicado por Chabier de Jaime Loren en: http://www.naturaxilocae.blogspot.com 

Es bien conocida la estrecha relación existente entre algunas especies de murciélagos y los bosques maduros con árboles viejos. Los huecos y las grietas de los árboles ofrecen refugio y zona de cría para ciertos quirópteros: los murciélagos forestales.
En el sur de Aragón son escasos los bosques maduros. La deforestación histórica (roturaciones, pastoreo, leñas) y, en menor medida, la gestión forestal desarrollada durante las últimas décadas, han arrinconado el bosque autóctono a los enclaves más remotos, han reducido su extensión y han simplificado su estructura. Para colmo, los pocos viejos árboles han sido percibido por los ingenieros durante años como un foco de plagas y como árboles improductivos de madera por lo que han sido los primeros en ser señalados para su corta. No se consideraba su valor para la vida silvestre, para el verdadero equilibrio y salud del bosque.
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Montes de Badenas tras labores para plantación de pinos
El paisaje rural durante las últimas centurias se puede interpretar en los documentos históricos, en textos literarios y, más recientemente, a través de las fotografías antiguas. Una visita a la Fototeca del Jiloca nos muestra un territorio con amplios campos de secano deforestado allá donde pudiera entrar la reja del arado, con pastizales sin árboles aprovechados por los pequeños y numerosos ganados y con la superficie de monte necesaria para proveer de leña a los hogares y hornos de cada pueblo. Y, como decía Labordeta, donde hay agua … una huerta. Ahora si, con abundantes frutales. En zonas montañosas en donde había menos tierras de labor, había más monte con carrascal o rebollar que eran aprovechados para hacer leñas y carbón vegetal.
Pero en este paisaje había una excepción. Había un grupo de robustos y viejos árboles tan abundantes como repartidos por todos los ríos, arroyos y acequias que atravesaban campos y pastizales formando kilométricas dehesas lineales, desde al menos, hace varios siglos. Estamos hablando de los chopos cabeceros y de otros árboles trasmochos como los sauces y los fresnos que proveían de madera de obra, leña y forraje en entornos agrarios de alta presión ganadera.
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¿Han podido los chopos cabeceros ofrecer hábitat a los murciélagos forestales?
Para comprobarlo Luis Lorente ha emprendido una investigación en el valle del Pancrudo. Para ellos ha seleccionando tramos de ribera con grandes álamos trasmochos, que tuviera pequeñas láminas de agua en donde los murciélagos pudieran abrevar y que estuvieran próximos a bosques en los pudieran cazar.
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Hace unos días le acompañé una jornada de campo en la Riera de Nueros, entre el Pancrudo en Barrachina y los marojales y pinares de la sierra de Pelarda. Uno de mis rincones preferidos.
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Era la primera hora de una noche cálida (24 ºC) y seca (40% de humedad relativa). Luis había dispuesto una red japonesa en el vado creado por los tractores en el arroyo de Pelarda, cerca de Nueros, entre campos de secano con linderos arbolados y pastizales abandonados. Tras una semana de bajas temperaturas y de ausencia de lluvias, estos puntos de agua son decisivos para los murciélagos. Cada noche, tras largas horas de descanso, acuden a beber antes de iniciar la jornada de caza.
Por la tarde Luis ya ha dispuesto una única red.
Cuando llego dos saquillos de tela cuelgan de una rama. De la red pende un murciélago enano (Pipistrellus pipistrellus) procedente del cercano pueblo de Nueros. Está muy enreligado y cuesta trabajo extraerlo. Un buen rato en el que la red no está operativa.
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Con la radiante alegría de desvelar una sorpresa, Luis saca otro murciélago de una bolsa. Se trata de un ejemplar de murciélago de bosque (Barbastella barbastellus).
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Me hace notar su tamaño medio y sus orejas grandes y cuadradas, muy diferentes de las del murciélago enano. Entre los pelos del pecho asoma un pequeño pezón blanco. Se trata de una hembra lactante. Es un dato valioso. Es la evidencia de la reproducción en la zona de esta especie.Y, confirma la presencia en el valle de, al menos, una colonia pues se trata de la segunda captura desde que comenzó el estudio hace un mes. Es, además, la primera cita de cría en la provincia de Teruel de una especie poco conocida, amenazada e incluida en la lista de la Directiva de Hábitats.
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Área de distribución del murciélago de bosque en España. Fuente: Atlas de los mamíferos terrestres de España
Hay registros previas en el sur de Aragón pero se trata de machos, individuos que se dispersan tras la cría y que no demuestran su reproducción en este territorio.
Me sorprenden sus ojicos negros, su pelambrera, sus diminutos dientes y su elástica y ligera membrana interdigital.
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Lo mide y anota los datos en su cuaderno de campo, donde están registradas las abundantes capturas de la noche anterior. Lo dejamos descansar y, al sentirse libre, retoma el vuelo hasta perderse en la oscuridad.
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Luis piensa que estos murciélagos crían durante el final de primavera y el verano en los estrechos huecos que quedan entre la gruesa corteza y el tronco de los chopos cabeceros. En los meses fríos realizan la hibernación en cuevas y en minas, a veces, compartiendo refugio con otras especies de quirópteros.
Nos acercamos hacia otro punto de agua. Otro vado del camino. Enciende un pequeño aparato que transforma los ultrasonidos que cruzan el aire en una señal sonora indicando, al tiempo, su frecuencia. Algunos proceden de saltamontes. Otros, los más, son emitidos por murciélagos. Ciertas especies emiten en rangos muy precisos y su señal puede ser indicadora de su presencia. En otros casos, la realidad es más compleja por solaparse la frecuencia de emisión de varias especies, sobre todo las más próximas.
Y entran en escena –o en la conversación, pues empiezo a perderme- el murciélago de borde claro, el murciélago ratonero ribereño, el murciélago de Nathusius, el murciélago montañero, el murciélago hortelano, los diversos nóctulos (grande mediano y pequeño, como el tallaje de las camisetas), el murciélago de cueva, el murciélago ratonero patudo, los dos orejudos … en fin, un follón de nombres nuevos en media hora. Me pongo en la piel de los alumnos noveles de los cursos de ornitología. Si una veintena de especies de murciélagos me puede desbordar que será de trescientas especies de aves …
Seguimos caminando. La luz de la linterna hace brillar unos punticos sobre el suelo. Son los ojicos de algunas arañas que cazan recorriendo el pasto seco. Levantas el haz de luz y acuden las polillas como un resorte y, tras ellas, entra en escena un murciélago que se aproxima atrevidamente. Entre los juncos y las mentas chapotea un mamífero … ¿una rata de agua? Entre el cercano rastrojo brillan los ojos de un joven zorrete que también, antes de iniciar sus andanzas, se acerca a abrevar a las pozas de la riera. Hay vida en el arroyo durante la noche. Es el alargado oasis al que acuden a beber –y a comer- animales desde los campos y montes próximos. El paseo nocturno te evoca las imágenes de los documentales de las últimas charcas en la sabana africana.
Todas estas impresiones se multiplican al levantar la vista sobre el cielo. Miles de estrellas brillan en un cielo limpio y raso, iluminado tan solo por una luna menguante –aún baja- que asoma por los montes de la sierra. Y contra el cielo se dibujan las siluetas de las vigas y ramillas de los viejos chopos al tiempo que la brisa mece las hojas creando un sonido que recuerda a las olas de un mar, de un mar de árboles..

lunes, 4 de agosto de 2014

AÑO DE DOS CORTES

publicado por Chabier de Jaime Loren,  en  http://www.naturaxilocae.blogspot.com

El pipirigallo o esparceta (Onobrychis viciifolia) es una leguminosa cultivada en las tierras altas de la cordillera Ibérica desde hace siglos por reunir una serie de cualidades agronómicas y productivas.
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Su forraje es muy nutritivo por su alto contenido en proteínas, además de muy saludable por evitar el meteorismo en el ganado y reducir la carga parasitaria. Su nombre en francés o inglés, “sainfoin” alude precisamente a este detalle. Heno sano.
Es una planta muy rústica. Crece sobre suelos poco profundos y pedregosos, soportando el frío y, sobre todo, la escasez de precipitaciones.
Es una planta mejorante. Su profunda raíz pivotante, que alcanza los dos metros de profundidad, extrae agua profunda y enriquecer en materia orgánica el suelo, además de airearlo. Además, como buena leguminosa, en sus raíces forma unos nódulos en los que viven en simbiosis con bacterias capaces de fijar nitrógeno atmosférico por lo que fertilizan el suelo. Por ello no requiere el aporte de purines ni de abonos de origen sintético.
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Es un cultivo plurianual que tampoco requiere laboreo alguno en los entre tres y cinco años que se mantiene. Ahorro de combustible y protección del suelo.
Por último, esta pradera sembrada mantiene hojas verdes durante más de medio año. Unas praderas que tampoco reciben herbicidas. Este forraje es alimento para diversos saltamontes, para variadas caracolas, para las liebres, para los corzos e, indirectamente, para los que se alimentan de aquellos.
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Estos días veíamos docenas de aguiluchos cenizos y laguneros -muchas crías- por la cuenca endorreica de Gallocanta. Este invierno nos sorprendió la abundancia de cernícalos vulgares. Las rapaces nocturnas han sacado adelante numerosos pollos. Incluso es posible que haya criado la lechuza mora. ¿Qué relación tienen estos hechos con nuestra leguminosa forrajera. La ausencia de laboreo en las parcelas durante varios años y la densa cobertura vegetal favorecen a los topillos que se instalan en estas praderas cultivadas e, indirectamente, a sus depredadores.
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Aguilucho cenizo macho. Foto: Rodrigo Pérez
Este conjunto de ventajas hicieron del pipirigallo un cultivo muy apropiado en la rotación tradicional de las tierras de secano de las zonas altas del cuadrante nororiental de la península Ibérica. Especialmente de las comarcas turolenses de montaña. De ahí el conocido dicho:
“Eres más de Teruel que el pipirigallo”
Entró en declive por carecer de subvención por la Política Agraria Comunitaria hasta casi desaparecer en el monocultivo cerealista. La aparición de problemas de contaminación por nitratos en los acuíferos por abuso de los fertilizantes industriales lo pusieron en escena al incluirse entre las medidas agroambientales en ciertas zonas del entorno de LICs y de ZEPAs. Como en Gallocanta y el Jiloca. Un buena medida que ha beneficiado a la calidad de las aguas subterráneas, a los suelos, al paisaje y a la vida silvestre. Eso sí, se obligaba a no segarlo, pensamos que para no interferir en la nidificación de algunas especies. Una exigencia que aleja al cultivo de su función productiva.
El pipirigallo se suele segar a finales de mayo o primeros de junio, tan pronto se forman los frutos y antes de que se sequen. Antaño a dalla, ahora con segadoras. Se dejaba secar y, a continuación, se empacaba para su consumo como heno.
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En años con veranos lluviosos, algo esporádico, el pipirigallo rebrota produciendo nuevos tallos y una nueva espiga de flores, esta vez de menor altura, que era segada de nuevo o aprovechada en verde por el ganado a finales del verano.
Este año el crecimiento primaveral acusó la falta de lluvias de abril y mayo. La floración fue pobre y la falta de agua permitió que se formaran pocos frutos en cada espiga. A primeros de junio, antes de hora, se veían muchas matas puntisecas.
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Sin embargo, las copiosas precipitaciones de las tormentas de junio y julio han permitido el rebrote de las matas de pipirigallo. Eso sí, ya no desde la corona, como hubiera ocurrido si se hubiera segado. Sino desde los propios tallos ya formados, invirtiendo los azúcares producidos por el follaje hacia la nueva floración y unas nuevas semillas. Esta vez la segunda de la temporada.
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Este hubiera permitido un segundo corte en el pipirigallo.
Se oyen inquietantes rumores que apuntan a que el cultivo de esta forrajera va dejar de ser incentivado para los agricultores. Desconocemos las razones de tal medida. Pero sí conocemos las consecuencias. Será una decisión lamentable