domingo, 6 de diciembre de 2009

Las canteras de losa ornamental dañan el paisaje del Maestrazgo


NATURA 2000, IMPOTENTE PARA PROTEGER ESTA COMARCA TUROLENSE
Las canteras de losa ornamental dañan el paisaje del Maestrazgo

De nada parece servir la protección brindada por la Red Natura 2000 a la comarca del Maestrazgo y la sierra Gúdar, al este de la provincia de Teruel. La extracción a gran escala de losas calizas como piedra ornamental, a veces con prácticas furtivas, está alterando un paisaje de gran personalidad natural y cultural.


El Maestrazgo y la sierra de Gúdar, en el este de la provincia de Teruel, albergan paisajes de fuerte personalidad, cuyos marcados rasgos geológicos son apenas matizados por la cubierta vegetal. El roquedo está constituido principalmente por materiales calcáreos del Cretácico, intensamente plegados en su sector norte y casi tabulares al sur.
Las comunidades vegetales son las típicas de la montaña mediterránea continentalizada. Las zonas más altas están pobladas por pinares de Pinus sylvestris con sotobosque de sabina rastrera (Juniperus sabina). Por encima de 1.900 metros, en la zona de El Monegro, se localiza un pequeño bosque relicto de pino moro (Pinus uncinata), el más meridional de la península Ibérica. Más abajo dominan los quejigares, carrascales y pinares de Pinus nigra, que son sustituidos por sabinares en las vertientes de solana o en sustratos rocosos y escarpados. Las zonas degradadas presentan formaciones arbustivas (espinos, guillomos, boj), aliagares, pastizales secos y, en los altos páramos, matorral almohadillado del piorno Erinacea anthyllis.
Esos paisajes naturales han sido modelados por la acción humana, fundamentalmente desde que en los siglos XII y XIII se produce la ocupación extensiva del territorio. Las actividades tradicionales con mayor repercusión han sido el aterrazamiento de laderas para obtener tierra cultivable, la explotación forestal del pinar y el pastoreo extensivo. Juntas han terminado por conformar un paisaje, a la vez natural y cultural, que admira por su armonía y equilibrio.
La curiosa arquitectura de piedra seca, dibujando kilómetros de muros que mimetizan en el paisaje las líneas horizontales de los estratos geológicos, representa probablemente el mejor icono de ese paisaje integrado. Las losas con que están construidos dichos muros pueden considerarse un “subproducto” de la agricultura: eran extraídas de los campos de labor cuando la reja del arado tropezaba con ellas y se acumulaban en las lindes para levantar paredes.
Ahora, esas losas que forman por doquier el sustrato calizo de El Maestrazgo y la sierra de Gúdar, al ser apreciadas como roca ornamental “rústica”, son objeto de una intensa actividad extractiva.

Explotaciones pequeñas y poco profundas
Tras dos décadas de crecimiento exponencial, dentro del territorio que nos ocupa pueden hoy en día contabilizarse más de cien explotaciones autorizadas de losas, la mayoría en el término municipal de Mosqueruela. Este tipo de canteras tiene una superficie media de unas dos hectáreas y solo uno o dos metros de profundidad.
Los estériles –fragmentos de roca de tamaños y grosores heterogéneos– se utilizan para rellenar el hueco de la explotación una vez agotada. Tras ser compactados, se recubren con tierra vegetal, para proceder después a su revegetación. La siembra se realiza comúnmente con centeno y alfalfa, que darán paso a la regeneración espontánea de pinos, enebros y matorral.
Al cabo de unos diez o quince años puede haberse conseguido una recuperación aceptable del paisaje en zonas de cultivos abandonados o deforestadas (no así si partimos de un bosque, como es el caso de la mayoría de las explotaciones). Esto es lo que dice la teoría. Es el protocolo que prescriben los proyectos de explotación y restauración aprobados, raras veces ejecutados con rigor por las empresas. Pero el panorama general es mucho más desalentador.
En primer lugar, hay lugares con dificultades objetivas para la restauración, bien por una topografía difícil, bien por la escasez de estériles o de suelo vegetal. Pero aun en el caso de que existan buenas condiciones, la ejecución de la restauración es a menudo es deficiente. La falta de compactación del estéril o el vertido caótico de la tierra vegetal son algunas de las causas.

Protección solo teórica
Con peores repercusiones, existen multitud de explotaciones ilegales, auténticos “escarbaderos de gallinas” abiertos de forma indiscriminada en pinares o en monte bajo. El pasado mayo, el Heraldo de Aragón publicaba que la Fiscalía de Medio Ambiente de la Audiencia Provincial de Teruel había detectado en el Maestrazgo más de 130 canteras, en su mayoría de losas, y muchas de ellas ilegales, que tras abandonar su explotación no habían realizado ninguna restauración ambiental.
El resultado es que una parte importante de estas serranías turolenses están mutando su paisaje: vemos las grandiosas muelas del Maestrazgo “careadas” por la fiebre de la losa y los frondosos pinares de Gúdar, atacados por esa misma plaga.
Y todo esto en un territorio con valores naturales sobradamente reconocidos y que gozan, sobre el papel, de numerosas figuras de protección, buena parte bajo la cobertura de la gran red europea de áreas protegidas Natura 2000: concretamente, el LIC de Maestrazgo y Sierra de Gudar, con más de 80.000 hectáreas. También habría que destacar las casi mil hectáreas bajo la categoría de Bien de Interés Cultural otorgada a la arquitectura de piedra seca de La Iglesuela del Cid.

Sector demasiado caótico
Estamos ante un sector minero de difícil regulación. Las explotaciones son pequeñas y proliferan sobre amplias extensiones en las que la losa se obtiene con facilidad. Además, falta profesionalidad y verdadero sentido empresarial en la mayoría de los titulares de las mismas.
No existe ningún plan de ordenación a escala municipal o comarcal y las licencias se conceden con relativa facilidad. Cuando esto no ocurre, aparece el furtivismo, que a su vez supone una competencia desleal hacia aquellos empresarios que quieren hacer bien las cosas.
Las medidas de corrección del impacto ambiental que se prescriben son a veces poco realistas, por las dificultades reales de aplicación o de seguimiento posterior. Se es excesivamente tolerante con los deficientes resultados de muchas restauraciones y se exige el depósito de avales tan reducidos que algunas empresas prefieren perderlos a restaurar. No existe ningún caso en el que la Administración aragonesa haya usado el importe de una fianza para rehabilitar una cantera abandonada o mal restaurada.
Esta situación sólo puede revertirse mediante una acción decidida de los poderes públicos. Una adecuada coordinación entre las administraciones autonómica y local permitiría planificar y ordenar el sector. Deberían delimitarse, por ejemplo, las áreas donde –dada la peculiaridad de este tipo de explotación minera y la dificultad de restaurar– se limitaran al máximo nuevas concesiones de explotación, para evitar su enorme impacto en el paisaje; entre ellas, todas las cubiertas por Natura 2000.

Autores: Alejandro Pérez Cueva, geógrafo, José Luis Simón, geólogo, José Manuel Nicolau, ecólogo, Silvia Pérez Domingo, ambientóloga, Ángel Margo, naturalista, y Juan Paricio, geólogo, son miembros del Colectivo Sollavientos, dedicado a la protección del patrimonio natural y cultural de la provincia de Teruel.


Publicado en QUERCUS -la revista decana de la prensa ambiental-, en el cuaderno núm. 286 de Diciembre de 2009

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos al colectivo Sollavientos, desde tierras Mosqueruelenses... Siempre que leo artículos de profesionales en el ámbito natural se llena mi corazón de júbilo, una especie de hormigueo recorre mi cuerpo, sintiendo que todavía la gente se mueve por la Pachamama que nos hizo crecer... A los que amamos la naturaleza nos gusta comprobar que existen colectivos que circulan hacia el mismo camino... En este caso, mi alegría no ha ido en el mismo sendero.
Soy natural de Mosqueruela, los últimos meses he vivido de nuevo (como en mi niñez), el día a día de los ciudadanos que sufren con alegría sobrevivir en estas tierras inhospitas, cómo vivir se convierte en un reto, formar una familia joven, casi una hazaña. Me parece casi un insulto ciertas calificaciones que afirmais alegremente de los coterraneos que intentan trabajar la piedra (esfuerzo demasiado intenso que no desearía a ninguna espalda). Me encantaría que os acercaseis al terreno para conocerlo con exactitud, invitándoos (si se requiere) a denunciar las atrocidades que el suela pueda sufrir. Sin embargo, dificil es hacer una valoración sin convivir un mínimo de un año en estos parajes, que por otro lado asiento son de una belleza extraordinaria.
Marga.

SOLLAVIENTOS dijo...

una cosa son las apreciaciones de lo que nosotros escribimos y otra las tergiversaciones que algunos hacen tras su lectura. No creemos haber insultado ni despreciado a nadie, hemos dado nuestra mano para comentar las posturas y denunciar lo "ilegal" apoyando que se restaure y se haga la extracción de una manera ordenada.
Hemos apostado por la busqueda de modelos sostenibles de desarrollo, y hemos ofrecido nuestro apoyo.