domingo, 10 de diciembre de 2017

Presentación del nuevo libro de Vicente Aupí. Jueves, 14 de diciembre en Teruel.




Crónicas de Fuego y Nieve: la Guerra Civil española y los corresponsales internacionales en la Batalla de Teruel,  es el título del nuevo libro del periodista,  escritor y miembro de Sollavientos,  Vicente Aupí. 


Se trata de un  libro eminentemente periodístico y político, con los testimonios de los corresponsales extranjeros, en el que se "bucea" en   la ayuda de Hitler y Mussolini a Franco, que en Teruel fue decisiva.


La presentación tendrá lugar el  próximo jueves, 14 de diciembre de 2017, a las 20 horas, en el salón de actos de la Cámara de Comercio de Teruel. En este enlace puedes ver como llegar. 

En el acto, acompañarán a Aupí  dos pesos pesados: los escritores Ramón Buckley y Carlos García Santa Cecilia, que además han sido los encargados  de escribir el prólogo y una introducción del libro. Ramón es hijo del gran periodista Henry Buckley, uno de los grandes corresponsales que vino a Teruel, en su caso como enviado especial del “Daily Telegraph” de Londres. García Santa Cecilia, a su vez, es un gran periodista que ha trabajado en medios como “El País”.

Sin duda, una interesante cita  que no hay que perderse. 


jueves, 7 de diciembre de 2017

ANTE LA SEQUÍA, REFLEXIÓN.

Laguna de Gallocanta, durante la sequía de 1989. Fotografía de Vicente Aupí
Nos alarma el flujo de las noticias. Cuando oímos la radio al desayunar, leemos el periódico durante el almuerzo, vemos el telediario al comer, sin olvidar nuestros devaneos por las redes sociales, y confluye en todos los medios una noticia negativa, ésta nos asusta. Así ocurre nuestro desaliento en los momentos de las olas de incendios forestales, de los daños generados por lluvias torrenciales, de determinada guerra que se publicita -obviando el sinfín de conflictos que asolan el Planeta y que no tienen hueco en las informaciones que recibimos- o por la sequía -¿consecuencia del cambio climático?- objeto de las reflexiones de hoy.

La provincia de Teruel está preocupada porque los agricultores andan sembrando los campos polvorientos, donde las heladas terminarán de quemar los trigos y las cebadas que sobresalen raquíticas de una semilla que no ha encontrado el tempero ideal para germinar. Los pueblos temen la llegada de un verano en el que las reservas de agua no se hayan recuperado y tengan que recurrir al suministro de autobombas. Acudimos al embalse más cercano para contemplar sus niveles “más bajos de la historia”, olvidando que hace veinte años su nivel dejaba ver las ruinas de las casas y campos inundados, que hoy todavía no vemos.
Es cierto que sufrimos un ciclo muy seco, y que nos ha llegado cuando apenas no nos habíamos recuperado del anterior. ¿Es causa del cambio climático antrópico, generado por el incremento de COen la atmósfera, cuyos niveles se atribuyen a la quema de combustibles fósiles, generada por nuestro modelo de desarrollo industrial imperante desde el siglo XIX?

Hace unas semanas, en el ciclo de las Charlas de Sollavientos, que se desarrollaron en el Salón de Actos de la Cámara de Comercio de Teruel, los investigadores Sergio Chueca y Alejandro Pérez debatían esta cuestión. Las cifras aportadas por el Dr. Pérez, geógrafo con amplios trabajos en climatología, cuestionaban que la actividad humana sea la causa principal de estos cambios en el clima.



Hace apenas unos años, en la presentación del libro “El General Invierno y la Batalla de Teruel”, su autor, Vicente Aupí, exponía datos sobre ciclos del clima de Teruel, con picos de extremo frío y de periodos secos, lo que nos hacía reflexionar sobre nuestras impresiones basadas en la memoria más inmediata, en ocasiones alejadas de la realidad.

No sufrimos el frío igual que antes, pues nuestras casas están más aisladas, nuestra actividad no está tan ligada a la obligación de permanecer a la intemperie, incluso disponemos de prendas térmicas que nos protegen. La mayor parte de la población vivimos en las ciudades y el medio urbano nos separa del contacto directo con nuestro entorno natural.  

En cuanto a la sequía, la disminución de precipitaciones, que se ha producido en otros momentos no muy alejados, actualmente nos afecta más porque hemos elevado la línea de los requisitos de servicios básicos de nuestra calidad de vida cotidiana. Podríamos hablar de que el abandono rural ha generado una expansión de la vegetación, que también consume agua y disminuye la recarga de los acuíferos -este hecho está contrastado con datos en el Pirineo, como nos relató en la primera Charla de Sollavientos el Dr. Nicolau, profesor de Ecología en la Universidad de Zaragoza -. Que nuestro modelo de desarrollo gasta más agua en el siglo XXI, lo podemos ver nosotros mismos, comparando el consumo actual de nuestra vivienda con el de hace treinta años. El agua es un recurso básico escaso. El hecho de que siempre brote al abrir el grifo de la casa nos ha hecho olvidar su procedencia y origen. La facilidad con que accedemos a ella y su relativo coste económico, creo que nos hace  minusvalorar su importancia, muy distinta al valor que le otorgaban nuestros abuelos cuando debían ir cada día a la fuente a buscarla; hemos perdido la conciencia de la necesidad de cuidarla. La ciudad también nos hace olvidar la procedencia de los servicios ambientales que recibimos de la naturaleza y que son esenciales para sobrevivir.
Alrededores de Aliaga. Fotografía de Gonçal Tena.

Tampoco hemos de olvidar que el clima ha sido causa a lo largo del tiempo de cambios demográficos originados por la movilidad. Cuando fuimos nómadas nuestros desplazamientos  estaban asociados en ocasiones a rutas de ida y retorno al compás de las estaciones; otras veces, a la necesidad de buscar nuevos asentamientos y colonizar nuevos lugares, ante las dificultades de seguir habitando el territorio por grandes adversidades ambientales originadas por el clima. Desde el Neolítico,  las sociedades humanas se hicieron sedentarias para producir alimentos. El clima siempre ha originado y origina grandes movimientos migratorios no exentos de conflicto social. Ciñéndonos a lo local, las sequías han sido causa de ruina de explotaciones agrarias, que motivó cambios de titularidad y éxodos, y no necesitamos buscar ejemplos en la historia de otros países. Quizás,  los últimos, coincidiendo con el desarrollo industrial iniciado en el siglo XIX y XX, originaron el gran vacío de amplios lugares de nuestra geografía.

Pero el incremento del consumo de agua no se ciñe solamente a nuestra vida cotidiana. El consumo de agua del sector primario podría pensarse que ha disminuido por los proyectos de modernización de regadíos, que han logrado una mayor eficiencia al ajustar el consumo a las necesidades de la planta mediante programas de ordenador. Pero no ha sido así, pues se ha incrementado la superficie cultivada y la agricultura recurre al regadío artificial, incluso para cultivos de secano, anteriormente vinculados a un clima mediterráneo, donde las precipitaciones son muy irregulares (vid, olivo, trufa…), incluso observamos cultivos de maíz en secanos regados con agua procedentes de pozos abiertos a acuíferos). En el sector ganadero el agua ya no sólo se usa para abrevar, las granjas están diseñadas para procesos automáticos de limpieza que, no sólo han incrementado su consumo, sino también el residuo que genera, lo que crea grandes problemas en su gestión posterior. En nuestras vacaciones y ocio incrementamos el consumo y actividades que podrían parecer inocuas, por poner un ejemplo, como el descenso de barrancos, ¿nos hemos puesto a pensar en el  impacto de orinar en el cauce cuando éste se masifica? Por supuesto, no podemos olvidarnos  de la necesidad de agua de las nuevas ciudades de vacaciones, macro núcleos urbanos  instalados en la costa y también en algunas zonas de montaña.  

En el medio natural observamos muestras de adaptación a las nuevas condiciones ambientales de un Planeta que está en continuo cambio. Un ejemplo de la respuesta de algunas especies a la disminución de agua o el incremento de la temperatura que genera una mayor evaporación y pérdida de humedad del suelo,  es la  del pino carrasco (Pinus halepensis) suplantando al pino negral (Pinus nigra) y éste al pino albar (Pinus sylvestris), en los diferentes pisos bioclimáticos que hace unas pocas décadas ocupaban. En nuestra planificación de cultivos y repoblaciones deberíamos tener en cuenta que las variables ambientales de nuestro entorno han cambiado en menos de 100 años, que quizás la situación anterior nunca vuelva y que estamos obligados a adaptarnos.

Concluyendo, creemos que lo verdaderamente alarmante de esta situación de sequía, de la que más tarde o más temprano saldremos, es que no nos está haciendo reflexionar sobre nuestros hábitos en el consumo de este recurso escaso, el agua. Si nos ceñimos a nuestra conducta doméstica cotidiana, o a los consumos desde la agricultura, la ganadería, la industria o el sector servicios vinculado al turismo, tan importante hoy en nuestro país, parece que el agua fuera inagotable. Y en las soluciones de abastecimiento, seguimos recurriendo a megaproyectos orientados a la construcción de grandes embalses de almacenamiento -también  con grandes pérdidas por evaporación y transporte-, y a los trasvases entre cuencas hidrográficas. Y continuamos olvidando que nuestro entorno natural también es consumidor y precisa de reservas, del caudal ecológico, para sobrevivir.
Ángel Marco Barea

Colectivo Sollavientos

viernes, 1 de diciembre de 2017

Encuentro en la Casa de la Cultura de Beseit


De los 8.000 habitantes en 18 pueblos de la comarca, acudieron al ático acristalado caldeado por el sol vespertino 10 personas majísimas (Agustín, Pedro, Elisabet, Ferran, Ersi, Xavi, Arturo, Ángeles, Javier y Eli) críticas y concienciadas, originarias de este territorio o que quieren arraigar en él, para, a modo de terapia grupal, expresarnos sus pensamientos y contarnos  sus cuitas. En el Matarranya también cuecen habas, las suyas: despoblación (también), desconexión entre las asociaciones, dificultad de integración en las comunidades locales, rechazo y obstáculos de las instituciones a los de fuera que quieren vivir y trabajar allí, “mentalidad arcaica” o “paleomatarranyismo” de algunas personas autóctonas, falta de trabajo y trabajo mal pagado, pujanza de la ganadería porcina con graves problemas de acumulación de purines y mala olor, con plantas de tratamiento no operativas, posiciones dominantes no razonadas contra la declaración de Parque Natural (el estatus de protección ambiental es de LIC y ZEPA), dinámicas de tensión entre familias en la escuela de Lledó, que ha pasado 3 a 29 alumnos, desarraigo del profesorado, precaria salud infantil, la administración como freno y amenaza, falta de conexión entre sectores económicos, clientelismo y corrupción, falta de sintonía entre el poder local y el comarcal…


Es cierto que los asistentes, personas comprometidas con el Matarranya, abundaron en esa visión crítica de su realidad actual, pero también valoraron con cierto orgullo la riqueza de su vida cultural o la pujanza de su sector turístico. Este último ha crecido de forma sorprendente (más de 2000 camas hoteleras y más de 300 puestos de trabajo directos en la comarca) “vendiendo” fundamentalmente paisaje, pero también busca un modelo de calidad basado en servicios “personalizados” para sectores de clientela exigentes.

De nuevo surge la palabra fundamental: planificación. Se incide en el valor del paisaje y su rentabilidad económica (moratoria de instalación de parques eólicos) en la denominada “Toscana española” (como si la italiana fuera “el Matarranya italiano”), un hervidero cultural, donde surgen las oportunidades y, como todo depende de la calidad de las personas, se apuesta por reforzar la autoestima, comunicación, compromiso y constancia.

La asociación Gent del Matarranya  establece contacto con Sollavientos. Y finalizamos con la presentación del disco “Tierra”.

Gonzalo Tena Gómez. 
Colectivo Sollavientos