miércoles, 17 de junio de 2026

Ciencia y defensa del territorio






Hace unos meses, el director en España de CIP, fondo de inversiones danés que compró a Forestalia el clúster eólico del Maestrazgo, se lamentó en una entrevista radiofónica de la falta de «rigor científico» de quienes se oponían a ese proyecto. Es frecuente que quienes promueven grandes proyectos energéticos, industriales o mineros se arroguen el respaldo de la ciencia, se identifiquen a sí mismos como adalides del progreso y vean a los ciudadanos inconformes como ignorantes cavernícolas. Pero, a poco que se ahonde en el contenido de los documentos que forman los expedientes administrativos, se advierte que eso es falso. 

A los cientos de páginas que componen habitualmente el estudio de impacto ambiental de un parque eólico o una mina de arcilla en nuestra provincia se contraponen muchas veces decenas de páginas de alegaciones presentadas por alguna organización civil, como el Colectivo Sollavientos o la Plataforma Paisajes de Teruel. Uno y otro documento contienen datos y razonamientos científicos que tratan de sustentar las bondades del proyecto, el primero, y sus debilidades o peligros, el segundo. La diferencia es que, desde hace años, estamos asistiendo a la preocupante costumbre de las empresas promotoras de presentar estudios muy deficientes, hechos con un “copia-y-pega” de otros proyectos previos o elaborados “en gabinete” sin pisar el terreno, que no resisten el más mínimo análisis de calidad. Quienes alegan son, en muchos casos, investigadores competentes del mundo académico que se apoyan en criterios y métodos científicos y en datos reales de campo.

Sonroja leer algunos pasajes de los descuidados informes geológico-mineros que sustentan solicitudes de explotación de arcillas, como el que se acaba de presentar en Valdeconejos y que pretende destruir un paisaje ancestral merecedor de conservación según el propio plan de ordenación urbana del municipio de Escucha. No superaría el aprobado en un trabajo universitario de fin de Grado. Sonroja ver los estudios de impacto ambiental de megaproyectos eólicos de Forestalia, como los del Maestrazgo o Albarracín, que revelan un pobre conocimiento del territorio y un descarado sesgo en los análisis. Sorprende también la permisividad (por no calificarla de connivencia) que la Administración brinda a esas malas prácticas. En las ventanillas donde se presentan las solicitudes debería haber funcionarios con conocimientos adecuados para detectar esas irregularidades y rechazarlas desde el inicio, ahorrando tiempo y recursos a las administraciones públicas, a los ciudadanos interesados y aun a las propias empresas. 

Frente a esa flojedad de los estudios técnicos que supuestamente avalan tantas iniciativas “de progreso”, emerge un bien trabado cuerpo de conocimiento que proporciona a las organizaciones en defensa del territorio algo más que argumentos sentimentales. Ese conocimiento ha sido generado o avalado por centenares de científicos de universidades, centros de investigación y sociedades científicas. Ahí está, por ejemplo, el manifiesto que muchos de ellos firmaron en defensa del patrimonio geológico y paisajístico del Maestrazgo y Gúdar, frente al proyecto del clúster eólico. El trabajo científico que hay detrás de los pliegos de alegaciones no se encuentra, en general, publicado. Sin embargo, si algún día se compendia, es probable que adquiera la dimensión de una “enciclopedia ambiental y territorial” de la provincia de Teruel. Sería un buen objeto de estudio para una tesis doctoral. 

Las organizaciones que defienden el territorio están ganando la batalla del conocimiento. No estamos ante grupos exaltados que se mueven por visceralidad, por rechazo infundado. No son hippies abducidos por el aroma de las margaritas. Son gente seria, que trabaja desinteresadamente, que se coordina a contrarreloj y, a pesar de ello, analiza los problemas con mucho más rigor que quienes redactan los estudios ambientales al dictado de las empresas. La ciencia está de su parte. La ciencia está de parte del territorio, no de quienes pretenden devastarlo.


Alejandro J. Pérez Cueva

José Luis Simón

Profesores universitarios y miembros del Colectivo Sollavientos


lunes, 25 de mayo de 2026

El Geoparque del Maestrazgo: donde el silencio no se oye












   

Hace cincuenta años, quienes en aquel momento trabajaban por la promoción turística del Maestrazgo difundieron un eslogan que llamaba la atención por el oxímoron que contenía: “El Maestrazgo, donde el silencio habla”. Eran los tiempos (curiosos tiempos) en que había una entidad interprovincial cuyo territorio de actuación abarcaba desde el Maestrazgo turolense al Maestrat castellonense, pasando por Gúdar, Els Ports, el Matarranya y el Bajo Aragón: la Mancomunidad Turística del Maestrazgo. Fue esta entidad, en colaboración con el Instituto de Estudios Turolenses, la que financió y publicó en 1983 un libro divulgativo que fue pionero en algunos aspectos: “Paisajes naturales de la región del Maestrazgo y Guadalope”. Sus autores éramos entonces tres jóvenes científicos entusiastas (quienes suscribimos este artículo y nuestro buen amigo Manuel Vivó), que desarrollamos en aquella pequeña obra dos tesis básicas. La primera: el territorio y el paisaje, más allá de ofrecer recursos materiales a sus habitantes, son susceptibles también de un “uso intelectual”. La segunda: el Maestrazgo turolense y castellonense son un solo paisaje que debemos conocer, divulgar y defender solidariamente.

Años más tarde, ese mismo ideario inspiró la creación del Geoparque del Maestrazgo, sobre la base territorial del Parque Cultural y, a la vez, en el seno de la Red de Geoparques Europeos. Fundada en Molinos en el año 2000, esta red busca que la geología se incorpore de forma explícita al patrimonio natural y cultural de ciertos territorios rurales de Europa como activo esencial para el desarrollo. Su ampliación en 2015 a la red Global Geoparks de UNESCO ha terminado dando a este movimiento una relevancia mundial. 

Como consecuencia de la reconfiguración administrativa de la España autonómica, la distribución de competencias entre comunidades, diputaciones, comarcas y municipios en materia de turismo generó un nuevo escenario en el que la Mancomunidad Turística del Maestrazgo perdía buena parte de su sentido. El hecho es que la entidad fue languideciendo hasta que, en 2012, las dos diputaciones provinciales acordaron su disolución por falta de actividad.

Afortunadamente, eso no ha impedido que la sociedad civil de las comarcas de ambos lados hayamos colaborado en la protección de su patrimonio medioambiental y paisajístico. Ese empeño común se ha puesto de manifiesto claramente ante algunas amenazas que en las últimas décadas se han cernido, y se ciernen, sobre estos horizontes. En 2012 hubimos de enfrentarnos a los esperpénticos proyectos de fracking de Montero Energy. En 2021, al infumable clúster eólico de Forestalia y su infraestructura de evacuación hasta Morella. En los últimos años, al enorme impacto ambiental y social que causan la desbocada minería de arcilla y el insufrible tráfico de camiones que produce en las carreteras entre ambas provincias.

Aunque restringido espacialmente a Teruel, el Geoparque del Maestrazgo es en este momento la imagen internacionalmente más visible del rico patrimonio natural de esta singular región. Si hay una entidad oficial que pudiera y debiera abanderar el movimiento social en su defensa, esa es el Geoparque. Si hay una entidad que debiera oponerse razonada y constructivamente a los proyectos que destruyen territorio, esa es el Geoparque.

Pero nuestro Geoparque del Maestrazgo permanece en silencio. Y no es el silencio, discreto pero elocuente, de aquel paisaje que la Mancomunidad Turística reivindicaba. Tampoco es el silencio de quien, confundido, no tiene ni encuentra argumentos para defender lo suyo. Me temo que es el silencio de quien, maniatado, sea bajo imposición externa o por autoimposición, ha de cerrar la boca. Una pena.


José Luis Simón

Alejandro J. Pérez

Colectivo Sollavientos

martes, 14 de abril de 2026

GEOLODIA 26 / ALCAÑIZ (TERUEL)




El próximo 10 de mayo se celebra en Alcañiz el Geolodía-26. 

Está organizado por José Luis Simón y Arancha Luzón (Dpto. Ciencias de la Tierra, Unizar) y por Luis Moliner (asociación Amigos del Patrimonio Geológico de Teruel), con el apoyo del Instituto de Estudios Turolenses y la coordinación, a nivel nacional, de la Sociedad Geológica de España.

Geolodía 26 se centrará en los materiales sedimentarios fluviales de este sector de la Cuenca del Ebro y en las inestabilidades gravitacionales que su erosión provoca en ocasiones (caídas de bloques y deslizamiento de Pui Pinos). El recorrido arrancará junto a la Peña de la Encarnación o "piedra del fin del mundo", aludida, según la tradición, en un sermón de San Vicente Ferrer en 1412 como metáfora de la inminencia del Apocalipsis.

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INFORMACIÓN GENERAL:

HORARIO DE LA JORNADA:
9:30 h. Recepción de participantes: aparcamiento contiguo a la Ronda de Teruel, casco urbano de Alcañiz.
10:00 h. Parada 1:  camino agrícola situado unos 150 m al norte de la  Peña y Ermita de la Encarnación (1 km al sur del casco urbano de 
Alcañiz).
11:45 h. Paradas 2 y 3: Ronda de Teruel.
13:45 h. Final de la actividad.

INSTRUCCIONES DE ACCESO Y MOVILIDAD:

1) PERSONAS QUE ACUDAN EN VEHÍCULO DE MOTOR:
El punto de encuentro para las personas que acudan en vehículo de motor es obligatoriamente el aparcamiento contiguo a la Ronda de Teruel. Los llegados por ese medio se dirigirán desde ahí hasta el punto de inicio de la jornada (parada 1) guiados por la organización.
El recorrido entre ambos puntos se hace a pie por camino/senda (con un breve tramo por carretera) y dura 20 minutos. Es razonablemente transitable, excepto una subida por escaleras que salva un desnivel a mitad del recorrido.
A las 10:00 h comenzará la jornada en dicha parada 1, tras la cual se volverá caminando hasta el aparcamiento y se accederá desde ahí a las paradas 2 y 3, que se hallan en las inmediaciones.
No estará permitido acceder directamente en vehículo de motor hasta la parada 1, dada la imposibilidad de estacionar en esa zona.

2) PERSONAS QUE ACUDAN A PIE O EN BICICLETA:
Las personas que lleguen a pie o en bicicleta sí podrán acceder directamente a la parada 1, donde comenzará la jornada a las 10:00 h. 
Luego se irá caminando hasta el casco urbano para realizar las paradas 2 y 3.