sábado, 1 de agosto de 2026

Planificación Estratégica del Territorio: el caso de Seno y la arcilla.



¿Saben ustedes lo qué es una cuadrícula minera? La cuadrícula minera es un volumen de profundidad indefinida cuya base superficial queda comprendida entre dos meridianos y dos paralelos, cuya separación sea de veinte segundos sexagesimales, que deberán coincidir con grados y minutos enteros y, en su caso, con un número de segundos que necesariamente habrá de ser veinte o cuarenta.

 

Véase al respecto el poco clarificador artículo 75 de la Ley 22/1973, de 21 de julio, de Minas o el artículo 98 del Real Decreto 2857/1978, de 25 de agosto, por el que se aprueba el Reglamento General para el Régimen de la Minería. Una
cuadrícula minera cuya enrevesada definición puede concretarse, de forma aproximada, en un rectángulo de 500 x 600 m, equivalente a 30 ha.   1 ha equivale a la superficie de un campo de fútbol reglamentario, aproximadamente. 


La Planificación Estratégica del Territorio, que prescribe sus usos, le corresponde al Gobierno de Aragón. Se organiza mediante la EOTA (Estrategia de Ordenación del Territorio de Aragón) y las Directrices de Ordenación Territorial, entre otras, y en relación con la minería por la Directriz Especial para Ordenación de los Recursos Mineros y Geológicos


Sobre esta cuestión Eugenio Antonio Climent López, Catedrático de Geografía Humana en la Universidad de Zaragoza*, afirma: «Apenas hay instrumentos de planeamiento. La EOTA diseña un modelo general para todo Aragón, junto con las estrategias para alcanzarlo, pero, por referirse al conjunto regional, no tiene el nivel de concreción necesario para ser realmente efectiva. En ella se establece la elaboración de 17 directrices de ordenación territorial, con las que sí se podría alcanzar un nivel de detalle adecuado, pero no se ha elaborado ninguna, salvo dos no previstas inicialmente. Esta falta de instrumentos de planeamiento trae como consecuencia la ausencia de instrumentos de gestión.»


La superficie del término municipal de Seno corresponde a 1789 ha. Los resultados presentados en este artículo se han obtenido a partir de información de Resoluciones del Gobierno de Aragón, de Estudios de Impacto Ambiental, del Catastro Minero y de otras fuentes, señalan una afectación del 48,02 % del término municipal para concesión directa de explotación de arcilla o/y arena, distribuida en las minas de Valdecastillo, Graderas II, Pilón y su Demasía, San Pedro y Prisma (arcillas) y Manolita, Santa Bárbara y sus Demasías (carbón).


La superficie municipal para la concesión de explotación derivada de arcillas, arena y carbón representan a la fecha de julio de 2026 una extensión de 859,16 ha. 


El territorio destinado para permisos de investigación, que suponen la antesala de nuevas concesiones de explotación, asciende a una extensión de 420 ha, lo que representa una afectación del 23,48 % de su término municipal. 

Las cifras hablan por si solas: el 71,5 % del término municipal de Seno se encuentra afectado por una concesión de explotación o por un permiso de investigación minero.


El territorio real de las explotaciones en vigor incluyendo la restauración en el término de Seno hoy, 22 de julio de 2026, supone aproximadamente un 7,46 % de su territorio equivalente a 113,73 ha. 


Según la Dirección General de Minas**: «La superficie afectada por la totalidad de las Minas activas en 2025 en Aragón es de 3.387 Hectáreas, equivalente a 33,87 km, habiendo disminuido ligeramente en los últimos años, en buena parte debido a las restauraciones realizadas, principalmente en la minería del carbón. Esta superficie supone una afección del 0,072% de la superficie total de Aragón, mucho menor que otros sectores económicos.»


La desproporción en el porcentaje de superficie explotada entre Aragón y Seno es abismal: 108 veces mayor en Seno.


Así pues, urge la puesta en marcha de la Directriz Especial para Ordenación de los Recursos Mineros y Geológicos, cuyo cuerpo teórico ni siquiera se ha redactado.


El Gobierno de Aragón no debe de valorar el suministro de materia prima para la industria cerámica, sin antes llevar a cabo una profunda autocrítica y llevar a cabo una rigurosa planificación estratégica del territorio, que contemple la resolución de la problemática del transporte por carretera con camiones, la reversión de la despoblación, la protección del paisaje, la afección a las fuentes de agua y manantiales y a las especies protegidas, la supervivencia de un modo de vida tradicional, etc. Es necesario tener y mantener una visión general, holística e integrada de los efectos de la concentración y masificación de concesiones de explotación derivada y otorgada, permisos de investigación y explotaciones mineras en el territorio aragonés.


 Alfonso Perdiguer Blasco.

Miembro de la Asociación de Afectados por la Minería en Teruel.

Miembro del Colectivo Sollavientos


 *   https://recyt.fecyt.es/index.php/CyTET/article/view/97800/76450

 ** https://www.aragon.es/documents/d/guest/sector-minero-aragon-2025-dgem-datos-web-2-2026


Este artículo ha sido posible gracias al trabajo del Grupo de Estudios de la PAMT.


martes, 7 de julio de 2026

Albert Marí, in memoriam





Sucedió en la noche entre el 3 y el 4 de julio. Se nos fue Albert Marí. Llevaba tiempo manteniendo a raya una grave enfermedad, pero una complicación acabó con todo en cuestión de días. A lo largo del sábado por la mañana, la noticia se fue difundiendo entre sus amigos y compañeros de Aguilar Natural y Sollavientos. Hay infinidad de frases más o menos hechas, más o menos corrientes, que en estos casos retratan cómo nos sentimos los que quedamos aquí. Creo que decir que «estamos tristes» es suficientemente claro, terminante y sonoro para expresar el hueco que queda, la desazón al final de la mirada.

Albert fue sensible, una persona bienhumorada y una buena persona. Charrar con él era grato, un rato provechoso. Su punto socarrón garantizaba que, en las conversaciones de asuntos cotidianos, banales, serios o, directamente, prácticos, no faltara la sonrisa e incluso una carcajada reconfortante. Fue un hombre comprometido, progresista, partidario de la causa de los humildes, de la igualdad. Un compromiso que no era ciego cuando los renglones de las buenas causas se tuercen. Quiero decir: sabía ser crítico con lo suyo. Es por eso por lo que su opinión valía tanto.

La sensibilidad y el compromiso nos trajeron a Albert. Fue un enamorado de su Valencia natal y un amante de Aragón. Ese es el cúmulo de motivos por los que se embarcó en la defensa de la naturaleza, la cultura y el paisaje del pueblo de su mujer, Fina, Aguilar del Alfambra, desde donde escribo estas líneas. No podía ser menos en una persona como él. Albert estuvo entre los elegidos para ponerse al frente de la Plataforma Aguilar Natural hace ya 18 años y, juntos, nos enrolamos, al poco tiempo, en el Colectivo Sollavientos, el colectivo que salvaguarda del olvido el Teruel interior.

El diseño de las rutas senderistas de Aguilar salió de su mano y de sus paseos. La dolçaina valenciana que tocaba amenizaba los actos y nuestras festividades. Lideró diversas iniciativas culturales para reivindicar las figuras de Vicente Blasco Ibáñez —¿a estas alturas hay que recordar que, si no el mejor novelista valenciano, sí fue el de más éxito?— y de su padre, Gaspar Blasco Teruel, de Aguilar. Se entiende que hacerlo era como un tropo de su misma biografía, una causa que unía a sus dos tierras e iluminaba los recovecos de una gran historia de un lugar humilde.

Albert, cuánto te vamos a echar de menos. Tus consejos, tu sentido del humor, tu forma de ser. Estamos en mitad de mil luchas contra gigantes malencarados, pero tu ánimo templado aguantó en la batalla mientras estabas aquí y seguirá de la misma manera hasta que acabemos. Y será así por el simple motivo de que tus compañeros te vamos a recordar. Junto a Fina, tus hijos y tus nietos. Un beso, amigo.

Ivo Inigo


martes, 30 de junio de 2026

UN SÁBADO, VÍSPERA DEL VERANO EN UN TILAR





A la hora convenida, ante la ermita barroca de La Zarza, nos vamos congregando Javier, José Luis, M.ª Jesús, Ángel y Gonçal. Se agrega Ramiro, de Cobatillas, antiguo miembro de Sollavientos. 



En dos coches enfilamos las cuestas de la carretera de Pitarque , que está como un cromo, recién asfaltada en el tramo más próximo a Aliaga. Alcanzada La Lastra, a la izquierda, hay un desvío inmediato a una pista que nos acercará en breve a nuestro objetivo. Se observan unos vestigios constructivos de la Guerra Civil, que fue militar como todas.

Paramos encima del Tilar del Collado Alto, una bella franja de singularidad botánica, con vegetación atlántica rodeada de vegetación mediterránea y enfrentada en la solana a un área de sabinas y enebros. La mañana es calurosa, pero el aire, la distracción y la compañía nos aíslan del termómetro. Buscamos un punto de descenso para darnos el baño de bosque entre los tilos (algunos saxátiles, literalmente encastrados en grietas de la roca en la riscla de la parte superior), que destacan por un tono glauco, con las motas blancas de las flores, junto a los avellanos, arces  campestres,  arces opalus y mostajos, de un verde más oscuro. Infinidad de mariposillas se refugian en el frescor del sotobosque. Identificamos el Viburnum (mentironera) con sus corimbos ya fructificados… Vamos avanzando hacia el extremo occidental y descendiendo los 50 m de anchura del tilar, que se alarga unos 600 m. En la parte inferior se aprecian antiguos bancales en grada abandonados. Y algo más abajo, la masada en ruinas del Collao de la Tejeta, de los antepasados de nuestra nueva compañera Ana I. Navarro.

¿Por qué existe este paraje tan especial? Pues porque lo ha favorecido la geología de un suave anticlinal calizo con una orientación ideal Este – Oeste (una umbría ideal).


Salimos del bosquecillo y subimos al Collado Alto donde nos observan unas vacas muy poco estresadas, como suelen ser las extensivas. Aprendemos lo que era una teñada (habitáculo independiente para el pastor, adjunto al pajar para dormir, en la parte superior de la masada). Trago de la cantimplora y pasos hacia el O. para hacer observaciones paisajísticas y geológicas y el avance de los eólicos de la sierra de San Just, y situarnos después, mirando al N encima del pantano colmatado, la carcasa ruinosa de la vieja Central Térmica y la barriada de las familias trabajadoras de La Aldehuela, que a alguno le trae muchos recuerdos, y expone parte.


Deshacemos el camino y nos dirigimos al curioso restaurante de La Parra, en el pueblo, antiguo palacete de reunión de jerifaltes de la empresa de las minas y las industrias locales, donde se come abundante y, en opinión general, bien. Se nos une a la mesa Ana, su pareja y su ahijada. A zampar y a charrar: memoria histórica local familiar, el eclipse que viene, los quitamiedos bionda… “Jesús tráenos otra botella de vino…”.


En la sobremesa tendremos nuestra asamblea presencial anual en la terraza del bar de la piscina. Punto.


Gonzalo Tena

Colectivo Sollavientos