miércoles, 28 de septiembre de 2022

FALTA ARAGÓN PARA TANTO MADRID


 

En Madrid necesitan mucha energía, y esto nos crea el dilema de qué hacer con nuestro territorio. Se me presentan tres posturas personales, y ninguna me convence. Y es que esto de la energía eólica en Aragón es algo con mucho fonema /j/. Jota del traidor que vende su territorio por 30 monedas de plata. Ge fricativa sorda del que se siente orgulloso de su opinión sobre un tema, que cree fundamentada, pero al que se la están colando. O jota del que canta para identificarse con su terruño, que es el mejor, y acepta todo tipo de coplas. Los judas iscariotes, los gilipollas happyflowers y los joteros chovinistas. La primera jota es la corrupta, la segunda es la ignorante, y la tercera, muchas veces, la insolidaria. ¿Dónde está la verdad entre tanta bazofia? ¿Qué opción es la más legítima o, aunque sea, la menos impura?

La jota del que permite que se expolie su territorio, se creen condiciones para la extinción de otros seres vivos diferentes al Homo sapiens, se destruya su paisaje… se defiende con los conceptos de crecimiento, trabajo, transición energética… “Hay que hacer lo que sea porque es necesario buscar alternativas a la crisis energética y al desaforado consumo de energías contaminantes”. Su lógica es que, como hay que seguir consumiendo energía, hay que disponer lo necesario para ello. Caiga quien caiga. Si cae la alondra ricotí o el paisaje, es un mal menor; ya nos acostumbraremos. Si hay que hacerlo desde el modelo capitalista, pues no pasa nada: es lo que se ha hecho siempre (o al menos en los últimos 200 años). Y si de paso se saca tajada, pues es de tontos no hacerlo. Los pelotazos se buscan, pero también se encuentran. Conclusión: si es el momento de vender el territorio, se vende. Se presiona a quien haya que presionar, se unta a quien se haya de untar, y se cobra lo que se haya que cobrar, aunque sea la promesa de una puerta giratoria o de un trabajo de mantenimiento en un parque eólico.

La jota del ignorante que cree que con las energías “limpias” y “renovables” se va a solucionar el cambio climático es muy tierna, pero demasiado facilona. Es muy cómodo ser ecologista urbanita feliz, comprar una solución verde sin preocuparse de nada más, sin intentar enterarse ni comprender todas las dimensiones y complejidades del problema. Dar un cheque en blanco a los que manejan el cotarro bajo la premisa de la “emergencia climática”. Y con la conciencia tranquila.

La jota del que piensa que lo de Aragón es para los aragoneses, y que el agua del Ebro no se transvasa, y que no hay humor más fino que el de nuestro canto universal, es quizá la postura más incómoda de defender, en especial para los que se sienten cristianos…, o simplemente buenas personas ¡Cómo les vamos a negar a los de Madrid, Barcelona o Valencia unos cuantos megavatios o unos pocos hectómetros cúbicos de agua! Su punto fuerte, paradójicamente, es la falta de correspondencia en esta bonhomía por parte de los receptores de su sacrificio. En otras palabras, lo que permite que uno defienda ser insolidario, y se quede tan tranquilo, es la insolidaridad de los demás. Somos malos porque los otros también lo son.

Yo no sé qué hacer. No sé si alquilar mi secano para un parque. Si no pensar más y dejarme convencer por Greenpeace o la ministra (ellos saben más). O denunciar en la prensa que la energía renovable de Teruel (y las arcillas) va a ir a parar a la industria cerámica de la Plana de Castellón. Pero la cruda realidad de este momento, bajo la avalancha de proyectos eólicos, es que no son la solución verde y definitiva para la transición energética y la lucha contra el cambio climático, y no se está llevando a cabo con justicia social y sin corruptelas (de ahí la reivindicación “Renovables sí, pero no así”). Además, no se ve siempre una correspondencia de otros territorios, sociedades o gobiernos en las soluciones adoptadas: Unos países vuelven al carbón, otros siguen haciendo negocio con el petróleo, y algunos territorios no aceptan los molinos. Incluso se vuelve la mirada hacia la energía nuclear.

Llenar Teruel de parques eólicos o fotovoltaicos no es la solución al problema de la transición energética. Haría falta todo Aragón para que Madrid “no se apague”. Aunque dispusiésemos de todo el territorio para producir energía para la iluminación, calefacción, refrigeración, industria y transporte de Madrid, seguramente sería insuficiente. Y además están los valencianos, alemanes y resto de europeos, que, en teoría, también son merecedores de nuestra solidaridad. Pero si al final decidimos ser solidarios y vender nuestro territorio, al menos que el beneficio no se lo queden unos pocos. Y por lo menos que en Madrid pongan algún molinico, aunque sea para disimular.

Por desgracia, en el momento actual parece que hay que elegir entre una de estas tres opciones, la tajada, el autoengaño pseudoecologista o el chovinismo insolidario. Son los tiempos que corren. Pero es imposible cuadrar la ecuación con alguna de estas tres soluciones o sus combinaciones. Quizá haya que cambiar de sistema de ecuaciones y empezar a pensar seriamente en decrecer.



Alejandro J. Pérez Cueva

Colectivo Sollavientos

domingo, 11 de septiembre de 2022

UNA INVASIÓN MITOLÓGICA SE PLANEA AL SUROESTE DE TERUEL

                                            Mefitis

 

 A la hora de invadir, Putin, un converso de armas tomar, no tiene la exclusiva. Si los dioses (Eolo incluido) y las diosas del Olimpo no se apiadan y conminan enérgicamente al Departamento de Industria de la D. G. A. a que lo impida, una nueva avalancha de centrales eólicas innecesarias invadirán esta vez el territorio del Jiloca, de la Sierra de Albarracín y de la Sierra Menera para deteriorar seriamente su patrimonio y biodiversidad, hipotecar el futuro de su población, dejar en mal lugar a la administración aragonesa y, de paso, enriquecer a sus promotores.

 Los proyectos ostentan nombres rimbombantes de la mitología griega y romana, nada que ver con los beatíficos y marianos de los proyectos de Camarillas-Aliaga. Héroes griegos, liderados por el legendario Eneas en el término municipal de Blancas, y diosas romanas, entre las que destaca la polivalente Minerva en los de Bronchales y Orihuela del Tremedal, amén de otros personajes de la cultura clásica (Escila, monstruo marino; Libitina, diosa de los muertos, y Mefitis, diosa de las aguas malolientes parecen los más acertados) dan nombre a 19 proyectos 19, más sus infraestructuras de evacuación. Toda esta culta retahíla exótica no deja de ser una burla más que se añade a la ignorancia y desprecio al territorio que manifiesta la deficiente documentación de los proyectos, cuyos promotores nominales son los mismos personajes mitológicos encabezados por la expresión “Energía Inagotable de … más las siglas S. L. “Energía Inagotable de Matuta, S. L.” sería uno de ellos (Matuta es la diosa romana del amanecer, de los recién nacidos, del mar y de los puertos, casi nada). Aunque los impulsores reales, pobres mortales acogidos en el templo de Forestalia, probablemente practican el monoteísmo menos espiritual, adorando un solo dios, intemporal y nefasto: don Dinero.

 Si se consumaran los proyectos, los dioses no lo quieran y los héroes acudan a echar una mano, entre otros desaguisados, el paisaje de Alba del Campo sufriría la presencia de 5 centrales; el valioso patrimonio de Orihuela del Tremedal, sería invadido por 5 instalaciones (3 centrales, una subestación transformadora y el arranque de una línea de alta tensión con castilletes descomunales); el bellísimo entorno y patrimonio arquitectónico de Rodenas se vería depreciado por la afección de 4 centrales eólicas; Peracense, con su emblemático castillo de rodeno, cargaría con 3 centrales (molinos gigantes al asedio de la fortaleza); no se libraría Albarracín y su Parque Cultural: 2 centrales adjudicadas; y así hasta agotar la lista de 13 términos municipales, incluyendo a Almohaja (3 centrales más una línea de alta tensión), Villafranca del Campo (3 centrales), Villar del Salz (1 central), Blancas (2 centrales), Pozuel del Campo (1 central), Villafranca del Campo (3 centrales), Santa Eulalia (2 centrales) y Ojos Negros, que satisfaría a los dioses más crueles con el sacrificio de una buena parte de su territorio en aras de una central fotovoltaica, otra eólica y dos líneas eléctricas a juego con el resto de montajes.

La instalación de este nuevo cluster de macrocentrales eólicas, sumando un total de 149 aerogeneradores de 200 m. de altura (!), de 149 polifemos, de 149 cíclopes monstruosos de un solo ojo rodeado de cuchillas, supondría un auténtico Caballo de Troya para los moradores de las tierras de esos 13 municipios escogidos (y la bella Helena marcharía al exilio capitalino). También implicaría otro importante paso atrás en la consecución de la capacidad de la población de participar en la planificación de los usos racionales del territorio y de la democratización de la implantación de las energías renovables.


Gonzalo Tena Gómez, Colectivo Sollavientos


 


 

miércoles, 10 de agosto de 2022

PASARELAS

Existen las pasarelas de la moda y también la moda de las pasarelas (aparte de las de los aeropuertos y barcos); las primeras, sofisticadas y rebosando glamour y tontería, y las últimas, ahora populares, son las que permiten adentrarse cómodamente en desfiladeros, barrancos y paredes verticales rocosas que encauzan algunos ríos. Suelen ser metálicas y están ancladas en la roca. Los recorridos lineales donde se ubican carecen de finalidad educativa, pero contribuyen a generar en los usuarios un cierto sentimiento aventurero.

Las hay más discretas, de madera normalmente, y más estentóreas; más comedidas y más agresivas con el paisaje y la vista, alcanzando a veces un nivel de impacto inaceptable.

La moda de recorrer las pasarelas compite ventajosamente con la práctica del excursionismo clásico por senderos en la montaña y ha propiciado una cierta masificación humana en parajes secularmente poco conocidos y vírgenes. También compite con el barranquismo: si hay pasarelas, este, para bien o para mal, pierde su sentido en el mismo trayecto.

Al respecto surgen algunos interrogantes: ¿Se pueden instalar pasarelas en todos los desfiladeros más vistosos de Teruel, o habría que preservar algunos -o al menos una parte de estos estrechos y gargantas- respetando su estado natural primigenio? ¿Cuantas más pasarelas, mejor? ¿Cuál es su impacto sobre la fauna? ¿Todo el mundo hemos de llegar a todas partes? ¿Es necesario convertir fragmentos de la Naturaleza en parques temáticos para entretener a las nuevas generaciones? ¿Dónde fijar los límites? De entrada podemos considerar innecesarias algunas pasarelas que recorren a una determinada altura tramos de un río que siempre se han transitado por la orilla o por una vía convencional paralela (incluso una carretera). Si lo que se puede contemplar desde las pasarelas puede hacerse desde un mirador externo, nos las podemos ahorrar.

A la hora de abordar los beneficios económicos que puedan reportar estos recorridos a las poblaciones próximas, haría falta un estudio serio sobre la cuestión. Aparentemente, las personas usuarias llegan con sus automóviles, hacen el recorrido que les ha traído allí -una breve parada en el bar, quizá- y, misión cumplida, se marchan por donde han venido: no es necesario hospedarse en el pueblo, apreturas económicas aparte.

Esta introducción superflua de estructuras metálicas en el medio natural, no sometida a la pertinente Evaluación de Impacto Ambiental, se añade a otras en páramos, bancales, lomas y crestas: las centrales fotovoltaicas y eólicas, creando una sinergia tremendamente impactante.

Desde el Colectivo Sollavientos abogamos por la aplicación de criterios seriamente estudiados y sopesados a la hora de proyectar estas intervenciones, así como por la preservación de los parajes naturales, para que no pierdan un ápice de sus valores y su espectacularidad, y puedan disfrutarse sin aditamentos artificiales, prestos a brindar aprendizajes.


 Gonzalo Tena Gómez, Colectivo Sollavientos