lunes, 28 de mayo de 2018

“Despoblación y abandono de la España rural. El imposible vencido”, a modo de síntesis

Archivo familiar de Gonzalo Tena


Tras “Territoriosabandonados. Paisajes y pueblos olvidados de Teruel” (2013), Luis del Romero Renau, geógrafo de la Universidad de Valencia, vuelve sobre el tema en este libro reciente. En esta ocasión la visión abarca puntos dispersos de todo el territorio español. El remate poético del título da que pensar: “el imposible vencido”, referido al medio rural, puede interpretarse positivamente como la consecución utópica de lo imposible (consigna que homenajea al Mayo del 68), pero no deja de tener una carga enigmática.

En la primera parte, el autor hace la "autopsia" a las sociedades rurales en España. Mejor se hubiera utilizado otra palabra -"diagnóstico", por ejemplo-, que aún da cabida a la mejoría, ya que algo de aquellas formas de vida se puede recuperar, como se plantea a lo largo del libro. 
Esta primera parte ocupa casi toda la obra, y contiene un análisis marxista de la decadencia de la vida rural, muy bien expuesto y argumentado: el capitalismo a través de las políticas del Estado liberal ha barrido y continúa eliminando la población rural, ligada al uso histórico de bienes comunales. Hay ejemplos de casos concretos intercalados en los capítulos: La masía de La Cerrada y el Mas Blanco, de San Agustín, corresponden a Teruel.

Se inicia con la afirmación de la dignidad de las sociedades rurales, patriarcales por otro lado. La privatización de los bienes comunales (caminos, bosques y pastos; hornos, herrerías y sistemas de riego) en el siglo XIX a través de desamortizaciones, Constitución de Cádiz, creación de los Ayuntamientos y eliminación de concejos, etc., marca el comienzo de la crisis del medio rural, agudizada por el declive de la trashumancia. La problemática es antigua.

La penetración del capitalismo mediante la mercantilización de la producción agropecuaria y de los recursos naturales,y la monetarización de todas las relaciones económicas –que sustituyen al trueque- más la proletarización del campesinado por otra parte, suponen otra grave agresión a los cimientos de la sociedad rural.
Continuamos exponiendo factores destructivos de la vida tradicional rural: el despegue de los ciclos tecnológicos (textiles manufactureros, mineros y agrícola-industriales), que colonizaron el medio rural y han pasado a la historia dejando una huella de abandono e impactos ambientales.
Y más madera: las nuevas políticas extractivistas, agrupando a políticas fiscales, redistributivas de infraestructuras y servicios, forestales e hidráulicas -¡los pantanos, el “hidrocausto”!-, siempre en contra de la supervivencia rural.
Va la guinda: las guerras carlistas, la Guerra Civil con su epílogo guerrillero –el maquis-, en cuanto a violencia directa, que se une a la estructural y a la más sutil, la cultural (el estereotipo negativo de la gente de los pueblos y las masadas, y de su entorno vital). Después de toda esta sarta de mamporros, pues bastante bien está la criatura, oiga.
A continuación el libro explica el triple papel del medio rural del siglo XXI en el capitalismo global: reserva de recursos naturales; sumidero de impactos, equipamientos rechazados por la ciudad y vertederos de residuos; y contenedor turístico y residencial.
La segunda parte, breve y un pelín reiterativa, plantea alternativas interesantes para la revitalización de la ruralidad y da ejemplos de cómo se gestiona la política rural en otros países. La propuesta básica se enuncia como la puesta en marcha de una "Nueva Carta Puebla" para volver a ocupar los territorios despoblados.
La ciudad ha de saldar su deuda histórica con el campo. Debe contribuir económicamente en los territorios que ha vaciado.  Es necesario un nuevo modelo económico y financiero que discrimine positivamente al medio rural: Escocia, Escandinavia, Canadá y Alemania incentivan sus territorios rurales.  La “Nueva Carta Puebla” recogería medidas relativas a la rehabilitación de viviendas y a la reversión de las mismas y de tierras;  la incentivación del maestro o maestra rural; introducción de la cultura rural en el currículum escolar; concesión de becas de intercambio estudiantil (“programa Labordeta”, el Erasmus rural); abrir aulas con tres niños solo; creación de bancos de tierras; renta mínima por servicios ambientales; financiación de proyectos agroecológicos; incentivo de los servicios ambulantes; infraestructura digital para trabajo y administración; incentivos fiscales en actividades económicas, vivienda y paternidad; plan de infraestructuras básicas; reforma de la Política Agraria Común europea; promoción de la custodia del territorio; incentivo del turismo responsable.
Es preciso crear una imagen social positiva del mundo rural y estimular la recuperación de los comunes y el cooperativismo. La situación actual del Mas Blanco (San Agustín) abre una ventana a la esperanza.
Hacen falta en la política reformas profundas y coaliciones ruralistas que defiendan las tierras poco pobladas, tan inexistentes en la actualidad como  un plan coordinado contra la despoblación. En Quebec (Canadá) sí que pueden…La utopía nos hace avanzar. “Hoy es siempre todavía”.
Bienvenido Luis del Romero a Teruel, con tu libro debajo del  brazo.
Gonzalo Tena Gómez. 
Colectivo Sollavientos

jueves, 24 de mayo de 2018

Extrahección, acaparamiento de tierras y maldición del agua verde



Extrahección es un nuevo término para describir la apropiación de recursos naturales desde la imposición del poder (fundamentalmente económico) y violando los derechos de personas y de la propia Naturaleza.


Si bien la palabra es de nuevo cuño, no así la acción que representa. Se aplica a campañas mineras o petroleras en países en vías de desarrollo en un contexto de violencia, que desoyen las voces ciudadanas, desplazan comunidades campesinas o indígenas, o contaminan el ambiente. Salvando escalas y contextos, algo de esto nos suena en Teruel.

El vocablo proviene del latín “extrahere”, que significa tomar algo quitándolo o arrastrándolo hacia uno. En esas circunstancias se violan distintos derechos, y es precisamente ese aspecto el que se quiere destacar con este vocablo.


Esta extrahección se está dando desde hace años bajo una enajenación del capital natural en muchos países de África tropical y Latinoamérica. Es lo que se ha llamado el acaparamiento de tierras, (landgrabbing  en su expresión inglesa). La compra masiva de extensos territorios por parte de países emergentes como China o la India, pero también por otros pertenecientes al mundo occidental (Reino Unido, Suecia, Estados Unidos) y países con escasos recursos hídricos (Emiratos Árabes Unidos, Israel, Qatar…) está llevando al enajenamiento de la principal riqueza virgen de muchos países (su capital natural) como es el caso de Liberia, Sudán, Mali, Sierra Leona, Camboia, Filipinas…) sin olvidarnos de la destrucción de la selva amazónica en Latinoamérica.

Cabe preguntarse sobre el origen de esta pandemia. En primer lugar, hay que señalar la codicia humana y el estilo de vida consumista subyacente y, detrás (ahora le toca el turno al agua), el agua verde, la que “cae del cielo” de forma generosa en los países mencionados. Lo que es una bendición se convierte así en una maldición por el afán de requerimientos de terrenos para crear monocultivos con los que producir biocombustibles o simplemente para asegurase una independencia alimentaria los países con pocos recursos hídricos. Los resultados los conocemos:pérdida de biodiversidad, expulsión de comunidades indígenas, desplazamientos… y al final pobreza en los países,así desprovistos de una de sus principales fuentes de riqueza y supervivencia. ¿Cuál será la siguiente amenaza?

Fermín Villarroya,
Colectivo Sollavientos.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Propuestas de futuro para un Modelo Energético Turolense desde el colectivo Sollavientos




A lo largo de su historia, en Teruel se han dado diferentes formas de producir y gestionar la energía. Algunas han tenido carácter más localizado, de autoabastecimiento; han servido para mejorar la vida de sus habitantes e impulsar proyectos de desarrollo industrial, muchas veces efímeros. Otras formas de energía se han producido en Teruel para ser utilizadas fuera, y sólo han servido al desarrollo de otras ciudades y polos industriales.

Ninguna de las formas de producción de energía ha sido inocua. Todas ellas han dejado huellas en la economía, la población, el patrimonio y el paisaje. El carboneo, por ejemplo, parece estar ligado al paisaje de carrascas sin porte arbóreo de hoy en día, aunque no se limitaba a esta especie; la energía hidroeléctrica ha dejado un abundante patrimonio de fábricas y artefactos hidráulicos por toda la provincia (molinos, batanes, martinetes, fábricas de hilaturas…); el carbón está dejando una huella indeseable de minas a cielo abierto sin restaurar,localidades con población poco arraigada y un fuerte conflicto económico y social; incluso la búsqueda de petróleo dejó en su momento la huella de las plataformas de los pozos.

En la actualidad dependemos más que nunca de la energía, y estas huellas pueden convertirse en esperanzas o amenazas. Por ejemplo, la gran esperanza de la adopción de modelos que impulsen la economía local, respeten el medio y fijen su población, como integrar en la gestión de la Arboleda Singular y el Parque Cultural del Chopo Cabecero su biomasa. Por el contrario, estaría la gran amenaza de ver cómo sigue destruyéndose un paisaje “ecosímico” (el ECOsistema SÍ es MÍO) y construyéndose un indeseable paisaje “económico” (el ECOsistema NO es MÍO), o la amenaza de que las leyes no nos dejen caminar hacia el autoconsumo energético.

Desde el Colectivo Sollavientos queremos aportar una suma de reflexiones críticas a los modelos energéticos que ha vivido Teruel, que está viviendo actualmente o que puede vivir en un futuro. Un futuro del que somos responsables y podemos ser agentes. La forma que queremos que adopte esta reflexión es la de una “serie periodística”, de artículos cortos, que aporten ideas por sí mismos sobre los múltiples aspectos de este tema poliédrico, pero que formen en conjunto una reflexión ordenada.

Pretendemos que la serie tenga una periodicidad semanal en cada una de las entregas. Su estructura general arranca con un primer artículo introductorio sobre los diferentes tipos de modelos energéticos pasados, presentes o futuros, para continuar con un conjunto de aportaciones monográficas ordenadas con un criterio histórico: modelos preindustriales, carbón, petróleo y energías alternativas (eólica, solar, biomasa…). Para finalizar la serie, pretendemos incluir artículos con reflexiones generales, con una perspectiva ecológica, económica o social. Algunas aportaciones serán más informativas, explicativas, “académicas”; otras pueden ser visiones más sentidas y personales; y muchas de ellas, planteamientos críticos y constructivos en relación a los problemas o a sus soluciones.