martes, 26 de junio de 2018

SERIE MET V: El paisaje que nos dejó el carbón


Hace tiempo que entramos en la etapa post-carbón en Teruel. El declive ha sido paulatino, pero imparable e implacable. Cerró la cuenca de Utrillas hace ya tres lustros, antes la de Aliaga; ENDESA también ha clausurado ya todas sus minas. Se mantienen las dos grandes explotaciones de SAMCA y la de Estercuel colgadas del hilo de incertidumbre de la Térmica de Andorra. Mucho se ha trabajado para amortiguar los efectos sociales y económicos del declive del carbón y construir un nuevo tejido productivo en estos territorios de interior. Los planes MINER para la reconversión de las comarcas afectadas han aportado un caudal considerable de recursos públicos, con resultados desiguales; pero ahí están la Casting Ros en Utrillas o los balnearios de Ariño y de Segura de Baños, entre otras muchas iniciativas. La sensación general es de insatisfacción con los frutos conseguidos, que se consideran insuficientes. Fracasaron numerosos proyectos y el aire que insuflan las iniciativas exitosas da para lo que da. Y es que, “restaurar” un tejido productivo en estas comarcas no es tarea fácil.

Para que resulte atractivo desarrollar un proyecto de vida en un territorio en el siglo XXI, además de infraestructuras, servicios y opciones laborales y de ocio; y además de talento humano, se requiere una naturaleza saludable. Desde finales de los años 70 la extracción del carbón a cielo abierto transformó intensamente el paisaje turolense: en torno a 3.600 ha han sido directamente “desmontadas”, un 13% de las cuales no ha recibido ningún tratamiento de restauración y a otro 14% se les aplicó restauración de “primera generación”, claramente deficiente. Y ahí están minas como “Palestina” en Castellote, con un enorme hueco lleno de agua, y escombreras pegadas a la orilla del gran río Guadalope, vertiendo sedimentos tras las tormentas. Y en Palomar de Arroyos el panorama es similar. Y en el Salobral (Aliaga) y en Berge y en Portalrrubio. El río Estercuel –que se rellenó de tierras procedentes de las escombreras perdiendo su cauce y su funcionalidad- ahora empieza a restaurarse, por exigencia de la CHE. Y el Escuriza también ha recibido una buena carga de materiales mineros. Se perdió el olivar de Alloza en la Val de Ariño y los pastizales húmedos de Palomar al pie de San Eloy. Y quedó yermo y silenciado el hermoso paisaje de campos con setos, carrascas y pinar natural de Val de la Piedra en Foz-Calanda. Son ejemplos del pasivo ambiental del carbón, que ha dejado tramos de ríos degradados y espacios estériles que afean los paisajes, los escenarios en que se fundamentan la identidad social de las gentes y el sentido de pertenencia y de arraigo. Y el turismo, actividad imprescindible en el nuevo escenario económico.

En los años 90 hubo algunas iniciativas de la DGA para restaurar escombreras de las minas subterráneas y lavaderos, algunas de las cuales quedaron integradas en el paisaje periurbano de los municipios (BOA 10 de junio 1992). Y se publicó un Decreto autonómico (98/1994) para regular las restauraciones, que contribuyó a que éstas mejorasen. En Utrillas, MFUSA desarrolló un modelo de restauración original que consiguió una buena integración paisajística y eliminó el impacto hidrológico. Y ENDESA recuperó amplias zonas para la agricultura y creó humedales ecológicamente valiosos. Pero el pasivo de los años 80 ahí seguía. La última esperanza para limpiar este negro legado del carbón estaba puesta en el Plan MINER 2013-2018, que contemplaba las restauraciones mineras como de “financiación especial”. Sin embargo, el Ministerio no ha activado el Plan en Aragón en este tiempo. Cero euros. El gobierno de Aragón confía en recibir 5 millones este año, poniendo otro más, pero ha priorizado proyectos creadores de empleos directos por delante de los ambientales. El paisaje deberá esperar, una vez más. A veces he fantaseado con el dilema que se le podría haber planteado al ministro del ramo cuando se inauguró la Térmica de Andorra si le hubieran dado a elegir entre producir un buen pellizco de la energía eléctrica del país ¿0,7-2% en los buenos años? a cambio de dejar 1.000 ha degradadas en Teruel y unos cuantos millones de toneladas de CO2 en la atmósfera (y un episodio de contaminación ácida en El Maestrazgo). Imaginamos la respuesta. Pero los habitantes de estas tierras también tienen derecho a un medio ambiente saludable (la Constitución dixit), así que la recuperación del paisaje –tarea vinculada a la del tejido económico- es irrenunciable.

José Manuel Nicolau Ibarra

Colectivo Sollavientos


martes, 19 de junio de 2018

SERIE MET IV: “NO ALARGUEMOS LA AGONÍA DEL CARBÓN” (Seamos honestos con el territorio y con las generaciones futuras)



Nuestras comarcas mineras, al igual que otras a nivel de todo el Estado español, viven desde hace ya demasiado tiempo en una continua incertidumbre relacionada con el mantenimiento de los empleos dependientes del carbón y en nuestro caso, Andorra, de los vinculados a su Central Térmica, alimentada por lignito y gestionada actualmente por Enel, una gran compañía multinacional del sector energético.

De todos es sabido que una empresa de estas características se rige por sus propios beneficios económicos. A esto hay que añadir muchos otros factores que dificultan desde hace años el mantenimiento de la extracción carbonera: la mayoría de las minas son deficitarias, su dependencia de las ayudas públicas, el hecho de que el carbón sea uno de los combustibles fósiles que genera una buena parte de las emisiones de CO2, causantes del principal problema ambiental, el calentamiento global; las nuevas políticas energéticas europeas apuestan por el incremento de las renovables y el autoconsumo; las actuales minas a cielo abierto, además del grave impacto paisajístico que generan, ocupan a muy pocas personas, al ser sustituidas éstas por potentes máquinas… Todo ello, convierte a este sector en blanco de graves conflictos económicos y sociales.

Lo que supone “la crónica de una muerte anunciada” parece volver una y otra vez al mismo punto: ¿Qué va a ocurrir con todos los trabajadores y sus familias dependientes de esta actividad si cierran las minas y no se utiliza el carbón autóctono? ¿Qué va a ocurrir si la Central Térmica no invierte en las medidas tecnológicas ambientales exigidas por Europa?

Difíciles situaciones y difíciles respuestas, sobre todo cuando tras la llegada de miles de euros procedentes de los fondos MINER no hemos conseguido generar una trama de propuestas laborales diversificadas que hayan acogido a todos los trabajadores y consolidado unas alternativas permanentes.

Una vez más hemos vuelto a la misma situación nunca resuelta, y esto debería alertarnos de que quizá sea ésta la última oportunidad de apostar de una vez por todas por un futuro al margen de un sector que, habiendo contribuido a nuestro desarrollo, posiblemente ha agotado ya todas sus expectativas. Y esto sin olvidar a todas las personas en situación de desempleo no pertenecientes a este sector, las grandes olvidadas y cada vez más numerosas en nuestras comarcas.

Todo este relato, a estas alturas tan obvio, e incluso asumido por los sectores políticos y sindicales que han defendido y siguen defendiendo a ultranza el carbón, ha sido y sigue siendo motivo de controversia, ya que durante años un discurso y un pensamiento único han presionado, afrontado y descalificado cualquier atisbo de opinión y/o postura diferente.

Necesitamos también hablar de otro futuro, de otro modelo, de otras propuestas que ya están desde hace años encima de la mesa, propuestas gestadas en diferentes procesos participativos que se han ido realizando desde 2003 referentes al sector agroecológico y agroalimentario, el turismo, el apoyo al tejido empresarial de pequeñas y medianas empresas, a jóvenes autónomos de la zona,…y sobre todo, el sector de las energías renovables. Un territorio tradicionalmente vinculado a la energía debería tomar la iniciativa y reconvertir una parte de su economía, aprovechando las infraestructuras ya existentes, como, entre otras, las líneas de evacuación, a la par que apoyar a todos los trabajadores vinculados desde siempre a este sector.

Uno de los grandes valores de nuestro territorio son las personas: el mejor recurso con el que contamos, el humano, con capacidad para reflexionar, pensar, trabajar, decidir, planificar… Ya es hora de sentarnos a diseñar una nueva estrategia no dependiente de grandes empresas, sino de nuestros propios recursos, de generar un desarrollo endógeno, humano y sostenible, desde, para y con el territorio. Seamos capaces de vislumbrar e interpretar  por qué caminos se gesta el futuro.

No alarguemos la agonía, digamos adiós al carbón, de la manera más responsable, justa, digna y solidaria. Manteniendo la memoria minera, trabajando desde ahora mismo en nuevas y diversificadas apuestas para todos y todas.Seamos honestos con el territorio y con las generaciones futuras.
Texto y Foto: Olga Estrada Clavería

Colectivo Sollavientos

SERIE MET III: EL CORPORATIVISMO POLÍTICO DEL CARBÓN. La línea de humo del horizonte

Autor: Uge Fuertes 

Las personas de mi generación han crecido con una línea del horizonte donde el humo de la térmica forma parte del propio paisaje vivido y soñado.

Desde los llanos de Quinto, viniendo de Zaragoza. En lo alto del Majalinos. Bajando de las Ventas de Valdealgorfa. Ese falo industrial de vértigo que desde el coche es fiel indicador de la velocidad del viento.

A los pies del somontano que aún no es sierra. Bebiendo el carbón que trajo gentes, paisajes y paisanajes.

El Bajo Aragón agrario, aquel de señoríos y temple medieval, sufrió una pequeña revolución industrial durante una parte del franquismo y en la transición, a través de las minas y sus térmicas. Escatrón, Eschucha, Aliaga, Andorra. Tierra fértil. Suelo fértil. Historia y despoblación que fue aclimatada durante unas décadas a algún clavo ardiendo en forma de humo de pitillo. Algunos pueblos multiplicaron su población. Otros, asistieron como espectadores de un teatro con entrada de “clac”. Humo. Un humo quizás necesario en una tierra que tantas oportunidades había perdido pero que, tarde o temprano, todos sabían que se consumiría.

A medida que la sociedad cambiaba una incipiente preocupación medioambiental acusaba discursos que pocos entendían. Y es que estos discursos, redactados en ámbitos urbanos ya destrozados medioambientalmente, poco tenían que ver con la realidad social y cultural de una tierra que, sociológicamente, había cambiado también. Habíamos aceptado monocultivos como solución, porque pocas soluciones más teníamos.

El carbón y la construcción de esa catedral de humo trajo obreros, dinero… Llenó los bares, las casas y las timbas. La tierra se hizo híbrida socialmente hablando. El monte se tiñó de un paréntesis de monocultivo. El Andorra era capaz de ganar al Zaragoza de Víctor Muñoz.

Cuando todavía no nos habíamos industrializado ya nos quisieron reindustrializar. La eterna crisis del carbón, la entrada en la CEE y en la UE y el gravísimo error de enfoque que produjo las prejubilaciones, construyó una sociedad peculiar, propia, burguesa… similar a la de otras regiones que sufrieron el mismo problema. Y en lugar de reindustrializar, de reinvertir, el monocultivo de la construcción en Zaragoza y el Levante se nutrió también de ingresos que vinieron aquí pero que no se quedaron.

Los sindicatos y los partidos políticos poco quisieron hacer, cargadas sus bases de un criterio monocolor: el interés político a corto plazo. Y los gestores olvidaron el desarrollo de la tierra entregándolo a fondos y proyectos que pronto demostraron su gran parte de ineficacia. La sociedad política, que tanto evolucionó con la lucha y la mentalidad obrera de los mineros, se tornó en pocos años, a base de subvención y prejubilación, en una sociedad semiurbana, acomodada, en la cual las hoces, los martillos y las revoluciones se quedaron como cuentos y fábulas del abuelo, que decía haber hecho mucho, pero que nos trajo irremediablemente hasta el hoy y el mañana. La dificultad de construir propuestas críticas de aquellos gastos y subvenciones sigue vigente en la actualidad. Ocurre un poco como lo de hablar de épocas históricas cercanas de nuestro país. Todos estaban allí pero ninguno sabía que aquello no era la solución.

No ha lugar. Los míos no lo hicieron mal. Pero todos estuvieron presentes como organizaciones. Todos opinamos. Todos sabemos. Todos sentenciamos. Pero… ¿quién tira la primera piedra? Aquello no funcionó, y pronto se supo. Café y polígono para todos. Arreglos de carreteras hacia ninguna parte (y menos mal porque si por Fomento fuera, allí estarían como camino de herraduras)….

La reindustrialización, los programas Miner y las prejubilaciones incrementaron la renta provincial, pero ni impedían la despoblación, ni se reindustrializó el territorio, perjudicando a parte del terruño que no fue considerado “de primera” como pueblo minero.

Poco importaba, mientras unos recibían intentando quizás lo imposible, otros no podían competir y el último cerraba la puerta.

Todas las organizaciones políticas y sociales participaron (y participan) en parte de aquello. El corporativismo llegó para no marchar. Y después de décadas difícil es oír voces discordantes en dichas instituciones, sean políticas viejas, nuevas, de centro zurda o lateral derecha. IU, PP, PSOE, CHA, Podemos, Ganar, Cs, PAR… ¿por? Por corporativismo, por no enemistarte con el vecino o el cuñado. Porque el partido contrario no te tache de antiturolense, aunque sepas que no hay por donde cogerlo. Podremos prorrogar hasta el infinito nuestra desdicha como sociedad política, donde es fácil agarrarse a un clavo ardiendo, pero muy difícil arreglarnos juntos por los caminos que, nos guste o no, nos lleva la política internacional del carbón. Y quizás no sepamos o no queramos hacerlo de otro modo. O, sencillamente, quizás sea tarde porque culturalmente nadie quiera quedarse. Y pensarán en el pueblo como el recuerdo viejo de aquella España que nos cuentan los libros; o como el lugar donde se rompe la hora una semana para dejar de contar años el resto del tiempo. Aunque para entonces pocos conozcan las oportunidades que perdimos.
No hay quien se libre. La fuerza del carbón, a nivel social, es imparable. El cigarro se apaga y no hay quien le ponga el cascabel al gato. Los que cobraron ya han cobrado y los que no cobran se han marchado o se marcharán. Allí quedarán los restos industriales para los arqueólogos del siglo XXII, cuando se pregunten… y esta gente, ¿dónde se metió?


Víctor Manuel Guiu Aguilar

Colectivo Sollavientos



SERIE MET II: Leña, arquitectura y sangre. Historia del calor doméstico en el Alto Alfambra.


Autor: Chusé -Lois Paricio Hernando

En las antiguas casas de labradores procurarse combustible para caldearlas y atender a sus labores era una necesidad básica. En la era preindustrial la generación de calor en las frías sierras turolenses se lograba sobre todo consumiendo leña. El problema que se planteaba es que la producción de combustible competía con la agrícola y ganadera. La resolución a esta disyuntiva entre los siglos xiii y xix no fue constante, pero tuvo un norte. El Alto Alfambra nos sirve de ejemplo para ilustrarlo.

La presencia de topónimos en la sierra del Pobo como Enebral, Bojares, Buj, el Bojar y el propio de Ababuj como lugar de bojes, apuntan a que en la fase de la conquista y repoblación parte de sus montes estarían cubiertos por este tipo de especies. En Gúdar abundaban unos pinares que también había en Miravete de la Sierra. Así, donde en la actualidad hay aliagares, en la documentación histórica se localizan partidas como “Carrapinar” y “barranco del Pinar”. En 1674 se le cita como “Mirabete de los Pinares”. Sobre masas forestales como estas se inició una secular presión a cargo de las comunidades locales en función de sus amplias competencias de gestión (concejos, Comunidad de aldeas de Teruel), del contexto (más o menos población) y de los incentivos (más demanda de bienes ganaderos o agrícolas).

Autor: Chusé -Lois Paricio Hernando


La obtención de madera era una de las piezas del puzzle productivo que había que encajar en el territorio con las de pastos y cultivos. Para crearlos y ampliarlos se recurrió al fuego. Así lo sugieren topónimos en el entorno de Orrios como “cerro Quemado” o “Quemadal”, citados en una sentencia entre las aldeas de Teruel y la Encomienda de Alfambra (1558). Sin embargo, resultaron más decisivas las especializaciones binarias del suelo en función de sus aptitudes: agrícola-ganadera (barbechos, rastrojeras, etc.) y ganadera-forestal, que en las riberas inundables contribuyó a la formación del emblemático paisaje del chopo cabecero. La especialización en todo tipo de pastos en los que se daban aprovechamientos forestales fue la predominante por su extensión e incluía lejanos fragmentos de bosques a modo de reserva. El territorio estaba minuciosamente trabajado y el único que se destinaba a producir madera era como complemento del pasto o aquel que no era apto para otra cosa.

En estos espacios los vecinos “aleñaban” obteniendo combustible de, por ejemplo, aliagas, bardas, espinos y carrascas, como describe un convenio entre Jorcas y Miravete (1625). Una imagen de cómo era este trabajo nos lo ofrece una concordia entre Miravete y Aguilar (1569): “padres e hijos o asno y mozo que sean de una misma casa de dicho lugar de Aguilar puedan entrar a hacer leña verde y seca”. El combustible provenía de la corta de matorrales, de la madera muerta que se recogía y de la viva que se podaba. En las riberas los chopos también se podaban para obtener leña y vigas. En el siglo xviii un vecino de Aguilar, como tantos otros, escamondaba sus árboles ribereños al Alfambra “y se utilizaba de la leña en su casa”, mientras que otro de Camarillas mandaba “cortar leñas y plantar diferentes árboles”. El patrimonio de las casas, al igual que constaba de bancales, huertos, cerradas de hierba y rebaños, incluía árboles con los que producir combustible.

Autor: Chusé -Lois Paricio Hernando


La leña se consumía en las chimeneas de las cocinas, el lugar en el que las familias hacían su vida, y el calivo se aprovechaba en braseros. No fue hasta fechas posteriores en que se introdujeron estufas, sistemas de calefacción más eficientes dado que las chimeneas pierden gran parte del calor por el tiro. Entonces, ¿cómo se lograba calentar una casa? Es aquí donde la arquitectura y la sangre, como también se llamaba al ganado, asistían al combustible.

El primer factor que favorecía el caldeamiento era la localización de los pueblos, con las fachadas principales de las viviendas orientadas hacia al sur y a ser posible en laderas. Las edificaciones en pendiente ofrecían la ventaja de reducir la fachada norte, la más fría, y aprovechar el efecto aislante del suelo. Aunque las casas experimentaron grandes cambios a lo largo de los siglos, hubo elementos constantes, como la integración de la actividad productiva de la familia en el “diseño energético” de la vivienda y unos materiales constructivos capaces de mantener prolongadamente la temperatura: muros dobles de piedra con hueco relleno de tierra, tabiquería de aljez (yeso) y vanos para ventanas escasos y pequeños.
Autor: Chusé Lois Paricio Hernando


En los siglos medievales las casas no eran especialmente grandes y lo más habitual es que tuvieran una única planta en la que dormían juntas las personas, se guardaban los animales y se encontraba la cocina. Al estar en espacios contiguos el diseño contribuía a preservar el calor. A su vez, el almacenamiento del grano, paja y hierbas bajo el tejado o en otros cuartos servía de aislante. A partir de los siglos xv y xvi los solares de las viviendas empezaron a ser más grandes y fue extendiéndose la edificación de casas compartimentadas en habitaciones, con varios forjados y mayor altura, lo que supuso un reto “energético”. La cocina, con su fuego a tierra, mantuvo la centralidad. Los dormitorios se subdividían en pequeñas alcobas buscando el interior de las casas, lejos de las fachadas más expuestas, o disponiéndose sobre la cocina (caldeada con su fuego) y la cuadra (“la gloria”, con el calor de los animales). Por otra parte, los graneros y trojes de hierbas siguieron teniendo una función aislante al ubicarse en la falsa (bajo la cubierta y sobre las habitaciones).
Todas estas soluciones hicieron habitables las casas desde un punto de vista térmico, por lo que, en definitiva, el calor doméstico dependía del fuego y su leña, de los animales y de la arquitectura, aunque de forma más literaria podríamos afirmar que esta historia energética era, simplemente, la de un territorio y unas casas vividas.

Ivo Aragón Ínigo Fernández

Aguilar Natural y Colectivo Sollavientos



lunes, 4 de junio de 2018

SERIE MET I: Cuando la energía se nos fue


Aliaga, Molino Alto. Autor: Gonzalo Tena 

Las fuentes de energía usadas a lo largo de la historia han condicionado fuertemente la economía y la organización social. Leña, caballerías,fuerza hidráulica, carbón, petróleo, gas, nuclear, renovables… detrás de cada una de ellas hay una sociedad diferente, con estructuras demográficas y socio-económicas distintas. Hagamos un viaje atrás en la historia energética de Teruel.
La provincia es hoy importante productora y exportadora neta de energía eléctrica. Su mayor activo ha sido durante décadas el carbón. Sólo la central térmica de Andorra ha venido produciendo anualmente entre 3000 y 6000 millones de kwh, que representan entre 3 y 7 veces el consumo de toda la provincia. Hace poco funcionaba también la central de Escucha, y tiempo atrás ambas llegaron a coexistir (1981-1982) con la de Aliaga. Ahora se suma la electricidad de origen eólico y solar, generando una savia energética que fluye hacia los cuatro puntos cardinales a través de la moderna red de alta tensión.
La electricidad tiene eso: se transporta con facilidad desde cualquier productor a cualquier consumidor lejano. La minería del carbón, las centrales eléctricas, la instalación de parques eólicos y solares crean empleo en Teruel, pero ¿cuánto se crearía si esa misma energía se consumiera en industrias locales, por ejemplo cerámicas? ¿Qué ocurriría si la arcilla no saliera de Teruel levantando polvo en camiones sino transformada en baldosas? Hace tanto tiempo que nuestra provincia produce energía y materias primas para la industria foránea que quizá no concebimos otro modelo energético y económico.
Durante la primera mitad del siglo XX la irrupción de la hidroeléctrica dinamizó algunas zonas productoras, donde su precio era más barato, propiciando el nacimiento de núcleos industriales como Sabiñánigo. La termoeléctrica podría haber tenido ese mismo efecto en Teruel y Bajo Aragón, con la apertura de las centrales de Aliaga y Escatrón en 1950 y 1952, respectivamente. Pero el decreto de unificación de tarifas eléctricas (1953) paralizó esa oportunidad: la electricidad pasó a costar lo mismo independientemente de la distancia de transporte, lo que propició que el desarrollo industrial se concentrase en polos económicos más activos y mejor comunicados. 
Algo parecido había ocurrido ya a comienzos de siglo, antes de la electrificación de la industria. El lignito turolense entró como combustible en las manufacturas zaragozanas tras la construcción del ferrocarril Utrillas-Zaragoza en 1904 y el consiguiente abaratamiento del coste de transporte. Casi simultáneamente, en 1907, el ferrocarril minero de Ojos Negros comenzaba a llevar mineral de hierro a Sagunto (primero para su embarque y, a partir de 1917, para alimentar los altos hornos). Se esfumaba así la posibilidad de una imaginada siderurgia turolense. El ingeniero Carlos Mendizábal decía aún en 1918 que “el país que reúne una cosa y otra (hierro y carbón), como en Teruel ocurre, es país destinado por la Naturaleza para la producción de aceros”; no fue el caso.
¿Y antes de todo eso? Durante el siglo XVIII y comienzos del XIX los combustibles habituales en metalurgia o cerámica eran la leña y el carbón vegetal; el uso del carbón de piedra era sólo incipiente. Entre 1798 y 1821 funcionó en Utrillas una Real Fábrica de vidrio que aprovechaba el lignito y las arenas de la zona; fue un intento loable de los ilustrados por valorizar los recursos naturales endógenos, pero no llegó a cuajar. Más embrionario era aun el uso de carbón para mover máquinas de vapor industriales, pero sí proliferaban ciertos ingenios tecnológicos movidos por agua. La energía hidráulica se usaba in situ para mover batanes, martinetes, hiladoras, telares, turbinas o molinos papeleros, igual que desde época romana venía moviendo norias y molinos de harina. Esa fuerza motriz no se podía transportar ni por cables ni en tren; había que aprovecharla cerca del río. Florecieron así industrias importantes en comarcas como el Maestrazgo o el Matarraña, hoy apartadas de los circuitos productivos globalizados. Beceite llegó a tener nueve fábricas de papel; en Villarluengo se instaló en 1789 la primera papelera moderna de papel continuo, que un siglo después se transformó en industria textil; había hilaturas y telares en PitarqueVillarroya, Cantavieja, La Iglesuela, Castellote,  Allepuz o Mirambel. No importaban tanto las comunicaciones, los mercados o las sinergias empresariales, factores que hoy dibujan el mapa de las economías de escala. Los requisitos para la industrialización eran sencillos: un caudal de agua y un relieve abrupto por donde conducirlo a saltos. Aguas con fuerza había en esas comarcas(y también mano de obra disponible, sobre todo en el letargo agrícola invernal) lo que hizo de ellas un relevante ‘polo industrial’ que llegó a ocupar a casi una cuarta parte de la población activa. Es difícil imaginarlo ahora, pero fue.

José Luis Simón Gómez

Colectivo Sollavientos

lunes, 28 de mayo de 2018

“Despoblación y abandono de la España rural. El imposible vencido”, a modo de síntesis

Archivo familiar de Gonzalo Tena


Tras “Territoriosabandonados. Paisajes y pueblos olvidados de Teruel” (2013), Luis del Romero Renau, geógrafo de la Universidad de Valencia, vuelve sobre el tema en este libro reciente. En esta ocasión la visión abarca puntos dispersos de todo el territorio español. El remate poético del título da que pensar: “el imposible vencido”, referido al medio rural, puede interpretarse positivamente como la consecución utópica de lo imposible (consigna que homenajea al Mayo del 68), pero no deja de tener una carga enigmática.

En la primera parte, el autor hace la "autopsia" a las sociedades rurales en España. Mejor se hubiera utilizado otra palabra -"diagnóstico", por ejemplo-, que aún da cabida a la mejoría, ya que algo de aquellas formas de vida se puede recuperar, como se plantea a lo largo del libro. 
Esta primera parte ocupa casi toda la obra, y contiene un análisis marxista de la decadencia de la vida rural, muy bien expuesto y argumentado: el capitalismo a través de las políticas del Estado liberal ha barrido y continúa eliminando la población rural, ligada al uso histórico de bienes comunales. Hay ejemplos de casos concretos intercalados en los capítulos: La masía de La Cerrada y el Mas Blanco, de San Agustín, corresponden a Teruel.

Se inicia con la afirmación de la dignidad de las sociedades rurales, patriarcales por otro lado. La privatización de los bienes comunales (caminos, bosques y pastos; hornos, herrerías y sistemas de riego) en el siglo XIX a través de desamortizaciones, Constitución de Cádiz, creación de los Ayuntamientos y eliminación de concejos, etc., marca el comienzo de la crisis del medio rural, agudizada por el declive de la trashumancia. La problemática es antigua.

La penetración del capitalismo mediante la mercantilización de la producción agropecuaria y de los recursos naturales,y la monetarización de todas las relaciones económicas –que sustituyen al trueque- más la proletarización del campesinado por otra parte, suponen otra grave agresión a los cimientos de la sociedad rural.
Continuamos exponiendo factores destructivos de la vida tradicional rural: el despegue de los ciclos tecnológicos (textiles manufactureros, mineros y agrícola-industriales), que colonizaron el medio rural y han pasado a la historia dejando una huella de abandono e impactos ambientales.
Y más madera: las nuevas políticas extractivistas, agrupando a políticas fiscales, redistributivas de infraestructuras y servicios, forestales e hidráulicas -¡los pantanos, el “hidrocausto”!-, siempre en contra de la supervivencia rural.
Va la guinda: las guerras carlistas, la Guerra Civil con su epílogo guerrillero –el maquis-, en cuanto a violencia directa, que se une a la estructural y a la más sutil, la cultural (el estereotipo negativo de la gente de los pueblos y las masadas, y de su entorno vital). Después de toda esta sarta de mamporros, pues bastante bien está la criatura, oiga.
A continuación el libro explica el triple papel del medio rural del siglo XXI en el capitalismo global: reserva de recursos naturales; sumidero de impactos, equipamientos rechazados por la ciudad y vertederos de residuos; y contenedor turístico y residencial.
La segunda parte, breve y un pelín reiterativa, plantea alternativas interesantes para la revitalización de la ruralidad y da ejemplos de cómo se gestiona la política rural en otros países. La propuesta básica se enuncia como la puesta en marcha de una "Nueva Carta Puebla" para volver a ocupar los territorios despoblados.
La ciudad ha de saldar su deuda histórica con el campo. Debe contribuir económicamente en los territorios que ha vaciado.  Es necesario un nuevo modelo económico y financiero que discrimine positivamente al medio rural: Escocia, Escandinavia, Canadá y Alemania incentivan sus territorios rurales.  La “Nueva Carta Puebla” recogería medidas relativas a la rehabilitación de viviendas y a la reversión de las mismas y de tierras;  la incentivación del maestro o maestra rural; introducción de la cultura rural en el currículum escolar; concesión de becas de intercambio estudiantil (“programa Labordeta”, el Erasmus rural); abrir aulas con tres niños solo; creación de bancos de tierras; renta mínima por servicios ambientales; financiación de proyectos agroecológicos; incentivo de los servicios ambulantes; infraestructura digital para trabajo y administración; incentivos fiscales en actividades económicas, vivienda y paternidad; plan de infraestructuras básicas; reforma de la Política Agraria Común europea; promoción de la custodia del territorio; incentivo del turismo responsable.
Es preciso crear una imagen social positiva del mundo rural y estimular la recuperación de los comunes y el cooperativismo. La situación actual del Mas Blanco (San Agustín) abre una ventana a la esperanza.
Hacen falta en la política reformas profundas y coaliciones ruralistas que defiendan las tierras poco pobladas, tan inexistentes en la actualidad como  un plan coordinado contra la despoblación. En Quebec (Canadá) sí que pueden…La utopía nos hace avanzar. “Hoy es siempre todavía”.
Bienvenido Luis del Romero a Teruel, con tu libro debajo del  brazo.
Gonzalo Tena Gómez. 
Colectivo Sollavientos

Ecología del despoblamiento rural en el contexto del cambio climático


Dentro de la numerosa oferta de cursos de la XXXIV edición de la  Universidad de Verano de Teruel (2018), queremos destacar el Curso Ecología del despoblamiento rural, dirigido por  José Manuel Nicolau Ibarra.




Durante este curso, que tendrá lugar del 23 al 25 de julio en Teruel, se analizarán  los efectos ecológicos del despoblamiento rural en el actual contexto del Cambio Climático.

Entre los ponentes hay técnicos del medio natural, académicos y habitantes-gestores del medio rural. Entre ellos, algunos miembros del Colectivo Sollavientos. La naturalización y asilvestramiento (rewilding) de los montes en las últimas décadas está cambiando el funcionamiento de los ecosistemas y el flujo de servicios que recibimos de ellos. En este curso se abordarán los procesos biológicos e hidrológico-geomorfológicos involucrados, así como las medidas de gestión a aplicar para optimizar su funcionalidad. Finalmente se reflexionará sobre el papel que puede jugar esta recuperación de la naturaleza en la resolución de las crisis demográfica y socioeconómica que atraviesa el medio rural.

Aquí puedes consultar el programa del curso y sus ponentes. 


jueves, 24 de mayo de 2018

Extrahección, acaparamiento de tierras y maldición del agua verde



Extrahección es un nuevo término para describir la apropiación de recursos naturales desde la imposición del poder (fundamentalmente económico) y violando los derechos de personas y de la propia Naturaleza.


Si bien la palabra es de nuevo cuño, no así la acción que representa. Se aplica a campañas mineras o petroleras en países en vías de desarrollo en un contexto de violencia, que desoyen las voces ciudadanas, desplazan comunidades campesinas o indígenas, o contaminan el ambiente. Salvando escalas y contextos, algo de esto nos suena en Teruel.

El vocablo proviene del latín “extrahere”, que significa tomar algo quitándolo o arrastrándolo hacia uno. En esas circunstancias se violan distintos derechos, y es precisamente ese aspecto el que se quiere destacar con este vocablo.


Esta extrahección se está dando desde hace años bajo una enajenación del capital natural en muchos países de África tropical y Latinoamérica. Es lo que se ha llamado el acaparamiento de tierras, (landgrabbing  en su expresión inglesa). La compra masiva de extensos territorios por parte de países emergentes como China o la India, pero también por otros pertenecientes al mundo occidental (Reino Unido, Suecia, Estados Unidos) y países con escasos recursos hídricos (Emiratos Árabes Unidos, Israel, Qatar…) está llevando al enajenamiento de la principal riqueza virgen de muchos países (su capital natural) como es el caso de Liberia, Sudán, Mali, Sierra Leona, Camboia, Filipinas…) sin olvidarnos de la destrucción de la selva amazónica en Latinoamérica.

Cabe preguntarse sobre el origen de esta pandemia. En primer lugar, hay que señalar la codicia humana y el estilo de vida consumista subyacente y, detrás (ahora le toca el turno al agua), el agua verde, la que “cae del cielo” de forma generosa en los países mencionados. Lo que es una bendición se convierte así en una maldición por el afán de requerimientos de terrenos para crear monocultivos con los que producir biocombustibles o simplemente para asegurase una independencia alimentaria los países con pocos recursos hídricos. Los resultados los conocemos:pérdida de biodiversidad, expulsión de comunidades indígenas, desplazamientos… y al final pobreza en los países,así desprovistos de una de sus principales fuentes de riqueza y supervivencia. ¿Cuál será la siguiente amenaza?

Fermín Villarroya,
Colectivo Sollavientos.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Propuestas de futuro para un Modelo Energético Turolense desde el colectivo Sollavientos




A lo largo de su historia, en Teruel se han dado diferentes formas de producir y gestionar la energía. Algunas han tenido carácter más localizado, de autoabastecimiento; han servido para mejorar la vida de sus habitantes e impulsar proyectos de desarrollo industrial, muchas veces efímeros. Otras formas de energía se han producido en Teruel para ser utilizadas fuera, y sólo han servido al desarrollo de otras ciudades y polos industriales.

Ninguna de las formas de producción de energía ha sido inocua. Todas ellas han dejado huellas en la economía, la población, el patrimonio y el paisaje. El carboneo, por ejemplo, parece estar ligado al paisaje de carrascas sin porte arbóreo de hoy en día, aunque no se limitaba a esta especie; la energía hidroeléctrica ha dejado un abundante patrimonio de fábricas y artefactos hidráulicos por toda la provincia (molinos, batanes, martinetes, fábricas de hilaturas…); el carbón está dejando una huella indeseable de minas a cielo abierto sin restaurar,localidades con población poco arraigada y un fuerte conflicto económico y social; incluso la búsqueda de petróleo dejó en su momento la huella de las plataformas de los pozos.

En la actualidad dependemos más que nunca de la energía, y estas huellas pueden convertirse en esperanzas o amenazas. Por ejemplo, la gran esperanza de la adopción de modelos que impulsen la economía local, respeten el medio y fijen su población, como integrar en la gestión de la Arboleda Singular y el Parque Cultural del Chopo Cabecero su biomasa. Por el contrario, estaría la gran amenaza de ver cómo sigue destruyéndose un paisaje “ecosímico” (el ECOsistema SÍ es MÍO) y construyéndose un indeseable paisaje “económico” (el ECOsistema NO es MÍO), o la amenaza de que las leyes no nos dejen caminar hacia el autoconsumo energético.

Desde el Colectivo Sollavientos queremos aportar una suma de reflexiones críticas a los modelos energéticos que ha vivido Teruel, que está viviendo actualmente o que puede vivir en un futuro. Un futuro del que somos responsables y podemos ser agentes. La forma que queremos que adopte esta reflexión es la de una “serie periodística”, de artículos cortos, que aporten ideas por sí mismos sobre los múltiples aspectos de este tema poliédrico, pero que formen en conjunto una reflexión ordenada.

Pretendemos que la serie tenga una periodicidad semanal en cada una de las entregas. Su estructura general arranca con un primer artículo introductorio sobre los diferentes tipos de modelos energéticos pasados, presentes o futuros, para continuar con un conjunto de aportaciones monográficas ordenadas con un criterio histórico: modelos preindustriales, carbón, petróleo y energías alternativas (eólica, solar, biomasa…). Para finalizar la serie, pretendemos incluir artículos con reflexiones generales, con una perspectiva ecológica, económica o social. Algunas aportaciones serán más informativas, explicativas, “académicas”; otras pueden ser visiones más sentidas y personales; y muchas de ellas, planteamientos críticos y constructivos en relación a los problemas o a sus soluciones.

viernes, 20 de abril de 2018

Encuentro del Colectivo Sollavientos en Moscardón



El viernes 6 de abril algunos ya veníamos de Teruel, habiendo pasado por la impactante exposición “Ciudad devastada” (80 aniversario de la batalla de Teruel), ante fotografías, ejemplares de prensa, documentos, cartas y objetos de la época (incluidas armas), en el Museo Provincial.

Nueva parada para redescubrir Albarracín: es cierto que es uno de los pueblos más guapos de España y bien arreglado que está. Llega la presentación de “Crónicas de fuego y nieve”, del compañero Vicente, en la Biblioteca Pública. Un éxito de asistencia y de comunicación: queda claro el papel fundamental de los reporteros internacionales desplazados a Teruel y el enorme impacto mundial de la ciudad en aquellos trágicos días de guerra.

Carretera ascendente hasta Moscardón. El restaurante “El Horno” exhibe poderío gastronómico con una cena que no se la salta un galgo. Casi todos responden bien al envite nutricio. Alguno falla… y a dormir al acogedor hotel de montaña de Corine.

El sábado por la mañana tiene lugar nuestra asamblea de primavera. Asistencia crecida y ambiente positivo. Entre otras cuestiones internas decidimos instituir el Premio Sollavientos para personas (de dentro o de fuera de Teruel) destacadas por su actitud positiva y constructiva respecto al Teruel Interior.

Tras un breve paseo paleontológico y geológico amenizado por Jesús Herrero y José Luis Simón, en un ambiente frío y lluvia suave,  accedemos a la ermita de San Roque, reconvertida en una sala de actividades culturales. El compañero de la Complutense de Madrid, Fermín Villarroya, sube al púlpito y con aire beatífico inicia su interesante charla “El agua como recurso”, en la cual nos instruye sobre los tipos de agua, los colores que las denominan, sus implicaciones para la gestión y las consecuencias de la misma, siendo una de  las más graves el acaparamiento de tierras (ejemplo: la compra de territorios africanos por parte de China). El ponente aborda serena y objetivamente el problema de las sequías y propone ideas para un necesario pacto del agua. A destacar los conceptos de “agua virtual” (implícita en el proceso de obtención de los alimentos) y de “huella hidrológica” (el conjunto de agua virtual empleada para cubrir las necesidades de bienes y servicios de una persona o colectividad).




Sin abandonar el tema del agua, Alejandro Pérez nos muestra la relación de fuentes del término de Moscardón con la tipología geológica de donde surgen. Entre la asistencia se encuentra Raúl Ibáñez Hervás, autor del magnífico catálogo “Fuentes,manantiales y otros puntos de agua de la Sierra de Albarracín”.

Tras la cena se inicia en el salón del hotel la velada poético-musical intergeneracional. Armand hace gala de su virtuosismo guitarrero y de potente voz, con un repertorio variado y multilingüe con el acompañamiento de las castañuelas de Raquel. Araceli y José Luis nos recuerdan sus éxitos imperecederos, Teo se arranca por fandangos extremeños. Se bailan sevillanas. Aitana (9 años), presentada por Maya,  recita con emoción “Amor y tierra”, de Emilio Gastón…



Con los restos de la tropa reagrupada, escoltados por el coche-escoba iniciamos la excursión del frío domingo. Andando se quita el frío. Paradas instructivas: conocemos la hierba masiega y el topónimo Masegares. Observamos oolitos y oncolitos. Contemplamos las superficies de erosión fundamental e intramiocena. Llegamos a la fuente de la Muela, con alrededores tapizados de pequeños narcisos. Ascendemos a la muela de la Juanfría. Nevusquea. Bajada. Visita de veneración al Pino Gordo (30 m de altura). Etapa en la fuente de la Tubilla con unas oscuras cucharetas en la pila. Paso por las instalaciones del molino. De nuevo en Moscardón, con la iglesia encaramada sobre el barranco y con un magnífico entorno natural a conocer y disfrutar. Y desbandada.

Gracias a Begoña por brindarnos estas estupendas jornadas.


Gonzalo Tena Gómez. 
Colectivo Sollavientos

miércoles, 4 de abril de 2018

Encuentro del Colectivo Sollavientos en Moscardón (Sierra de Albarracín -Teruel)


El libro “Crónicas de fuego y nieve” se presentará en Albarracín en un encuentro del colectivo Sollavientos. Los actos continuarán todo el fin de semana en Moscardón e incluyen una charla del profesor Fermín Villarroya sobre el agua como recurso.



La Biblioteca Pública de Albarracín acogerá el próximo viernes, 6 de abril, a las 19 horas, la presentación del libro de Vicente Aupí: Crónicas de fuego y nieve. La Guerra Civil Española y los corresponsales internacionales en la Batalla de Teruel, publicado por la editorial Dobleuve Comunicación. Junto al Ayuntamiento de Albarracín, el acto ha sido organizado por el colectivo Sollavientos en el marco del encuentro que celebrará el próximo fin de semana en dicha localidad y Moscardón.

En su libro Vicente Aupí recoge las crónicas periodísticas, testimonios y fotografías de la gran constelación de corresponsales internacionales que estuvo presente en este decisivo capítulo de la historia de España, entre ellos Ernest Hemingway (Agencia NANA), Herbert L. Matthews (The New York Times), Henry Buckley (The Daily Telegraph), Kim Philby (doble espía que usaba como tapadera su corresponsalía para The Times), Richard Sheepshanks (Reuter), Edward J. Neil (AP) y Bradish Johnson (Newsweek), estos tres últimos fallecidos en Caudé la nochevieja de 1937 en un suceso que conmocionó al mundo.

Junto a ellos, fotógrafos como Robert Capa, Kati Horna, Walter Reuter y Harry Randall gestaron una de las páginas memorables de la llamada edad de oro del periodismo de guerra, en la que Teruel tuvo un protagonismo excepcional, ya que fue uno de los frentes de la Guerra Civil con mayor cobertura informativa en la prensa mundial.

El libro, publicado en el 80 aniversario de la Batalla de Teruel, cuenta con un prólogo de Ramón Buckley (hijo del corresponsal Henry Buckley) y una introducción de Carlos García Santa Cecilia, ambos escritores y considerados dos de los grandes especialistas en el papel del periodismo en la contienda española.

La presentación tendrá lugar a las 19 horas en la Biblioteca de Albarracín (calle Catedral, nº 9) y la entrada es libre.


A esta presentación le seguirá el sábado 7 por la mañana la celebración de la asamblea de primavera de Sollavientos en la localidad de Moscardón (Teruel), población que acogerá por la tarde, a las 18,30 horas en la Ermita de San Roque, una charla seguida de  coloquio sobre el tema de total actualidad: el agua como recurso, a cargo de Fermín Villarroya, Profesor Titular del Departamento de Geodinámica de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense en Madrid. Durante su exposición el Dr. Villarroya hablará de los distintos tipos de agua (virtual y colores del agua) y sus implicaciones de cara a su gestión. El acaparamiento de terrenos implícito con el uso del agua verde es otro de los asuntos que desarrollará. Finalmente, abordará en su exposición algunas ideas que deberían tenerse en cuenta para llegar a un pacto estatal sobre el agua. Este acto está abierto a todas aquellas personas que deseen acercarse y profundizar sobre este recurso gracias a todo un experto en la materia.

Por la noche habrá una velada poético-muscial, a cargo de miembros del colectivo. 
Las actividades finalizarán el domingo 8 de abril con un recorrido interpretativo por los bosques de Moscardón y una comida campestre. Un fin de semana colmado de actividades para todas aquellas personas que deseen sumarse a los integrantes de Sollavientos y los propios miembros de este  colectivo que aúna a personas  preocupadas por la protección del patrimonio natural y cultural, así como por el desarrollo racional y sostenible del “Teruel interior”.

martes, 20 de marzo de 2018

Despedida del Geoforo 2018


El JUEVES 22 DE MARZO, a las 19:00 hen el Salón de Actos del edificio de Ciencias Geológicas del campus universitario de la Pza. San Francisco, Zaragoza. se desarrollará la QUINTA Y ÚLTIMA MESA DE DEBATE: “Ciencia y poder: el DESconocimiento cotiza en bolsa”. Participarán en el coloquio los siguientes miembros del Geoforo: Juan Carlos Gracia (Ecologistas en Acción, Aragón Sin Fractura), Mateo Jiménez (arquitecto técnico), Jorge Prieto (analista financiero) y Óscar Pueyo (Dpto. de Ciencias de la Tierra, Universidad de Zaragoza). Esta charla se enmarca dentro del ciclo: ‘CRECER EN UN PLANETA FINITO Y VULNERABLE’ , organizado por eGeoforo por una Nueva Cultura de la Tierra del 25 de enero al 22 de marzo de 2018, en cinco sesiones en jueves de semanas alternas.

Se abordarán las siguientes cuestiones:

(1) Los proyectos de obras civiles que encuentran problemas de ejecución, que requieren luego modificaciones, que acaban encareciendo los costes… ¿son realmente casualidades, imprevistos…?
El desconocimiento, la ignorancia… ¿son un defecto o una habilidad?

(2) ¿Cómo funcionan los mercados de las materias primas? ¿Cómo juegan en él las empresas mineras? ¿Qué parte hay de especulación cuando plantean sus expectativas de producción y de beneficios?

(3) Algunos ejemplos: el fracking (¿una burbuja pinchada?), el proyecto de potasas Mina Muga…

(4) ¿Cuál es el papel de la ciencia en la sociedad actual: el que desde sí misma pretende tener y el que los poderes políticos y económicos le encomiendan?

Temas que nos llevarán a la reflexión, de la mano de especialistas en la materia. Una convocatoria de lujo para despedir el Ciclo organizado por el Geoforo en  2018.