domingo, 31 de enero de 2010

PARQUE CULTURAL DEL CHOPO CABECERO EN EL ALTO ALFAMBRA (4)


SOBRE LA BIOLOGÍA DEL CHOPO Y EL PAPEL DE LA ESCAMONDA.

El chopo negro (Populus nigra, L.) es un árbol de la familia de las salicáceas que aparece en gran variedad de ambientes. Es indiferente en cuanto a la naturaleza litológica del sustrato pero prefiere suelos ligeros, sueltos y profundos como son los terrenos cuaternarios con sedimentación reciente, aluviales con sedimentación terroso arenosas, limosas y guijarrosas. Se sitúa a menudo junto a corrientes superficiales y subterráneas poco profundas o suelos húmedos y frescos. Es el caso de buena parte de las riberas de la cordillera Ibérica, que antiguamente estarían pobladas por bosques caducifolios mixtos en los que destacaría el álamo o chopo negro (Populus nigra), el álamo blanco (P. alba), el fresno (Fraxinus angustifolia), el olmo (Ulmus minor) y diversas sargas (Salix atrocinerea, S. alba y S. eleagnos).

El chopo negro tolera la sequedad del aire durante largos períodos, apareciendo en regiones de elevada continentalidad, con fuertes oscilaciones térmicas y gran luminosidad pero prefiere climas templados o templado-fríos.

Durante siglos el ser humano ha transformado los ecosistemas naturales en tierras de labor. Las vegas de los ríos han sido tradicionalmente los primeros espacios en ocuparse, pero al ser susceptibles de inundación, las propias orillas de los ríos eran orientadas hacia la producción de madera y de pasto mediante una gestión activa de la cubierta vegetal. Por ello encontramos muchos chopos y sauces cultivados plantados en las orillas del río y sus ramblas, en ribazos, bordes de caminos e incluso pequeñas laderas.

El chopo negro puede presentar tres tipologías. Por un lado, si no existe intervención humana se habla de chopos íntegros o vírgenes, ya que el tronco sigue su crecimiento natural. Por otro lado, los tallares son aquellos procedentes de árboles íntegros que al ser talados al nivel del suelo producen numerosos rebrotes desde el tocón, que posteriormente serán cortados en turnos de duración variable. Por último, si el tallo de los chopos es cortado a una altura tal que sus brotes no sean accesibles al diente del ganado hablamos de árboles trasmochos. En el sur de Aragón, chopo cabecero es el nombre popular del chopo sometido a una escamonda periódica para obtener madera, combustible y forraje.

La forma de árbol descabezado es la más abundante en amplísimas zonas de toda la provincia de Teruel, en muchos cursos fluviales de las cuencas de los ríos Alfambra, Guadalope, Martín, Aguas Vivas, zona alta del Mijares, Pancrudo, Huerva y Jiloca. Esto es debido al aprovechamiento que las gentes hacían de las ramas. Es el icono de una forma de vida común en cientos de kilómetros de ríos, ramblas y arroyos y el resultado de siglos de manejo (se han encontrado referencias bibliográficas que describen explícitamente esta técnica de gestión en la cuenca de Gallocanta (Teruel – Zaragoza) que datan de 1790, aunque su origen muy probablemente sea muy anterior).

Su tronco es derecho y grueso. En su extremo superior se ensancha y ramifica por el desmoche repetido: es la cabeza. Cada corte se hace algo por encima de los anteriores por lo que, con el tiempo, crece en grosor y altura, resultado de la continua creación de labios de cicatrización y de la compartimentalización. A lo largo del tronco y de la toza aparecen brotes epicórmicos, abultamientos de tejido meristemático procedentes del cambium tras su lignificación y de los que nacen haces de ramillas. Las ramas o vigas nacen a una misma altura sobre la cabeza y alcanzan unas dimensiones similares unas con otras.

Los chopos cabeceros son fruto de unas condiciones sociales y económicas del pasado que han ido evolucionando hasta nuestros días. Esto es utilizado por muchos gestores del monte, aduciendo que hoy carece de sentido continuar el modelo de gestión de los originó y mantuvo durante siglos. Vamos, que habría que ir dejándolos morir. Esto es tan sencillo como abandonar la práctica de la escamonda: los añosos árboles terminan sucumbiendo a los desequilibrios que se producen debido al peso de las ramas y a su nulo mantenimiento. Los árboles mueren de puro abandono, pero con ellos mueren nuestras riberas, esas que con el tiempo nosotros mismos fuimos creando. Es el fin de un paisaje cultural.

La escamonda es una práctica que a primera vista puede parecer agresiva, pero es la razón de la existencia de este y otros muchos árboles trasmochos que suelen tener una elevada longevidad, muy superior a lo que pueda esperarse de la especie sin la intervención del ser humano. Esto es debido a que el árbol crece constantemente, regenerando tejidos en sus ramas superiores a la vez que otros van muriendo. La escamonda es la técnica de regulación de este paisaje cultural. Sin ella, nuestras riberas desaparecerán tal y como las conocemos hoy y con ellas muchos siglos de historia y riqueza natural.

El nacimiento de un Parque Cultural en las entrañas del Alfambra podría servir para muchas cosas, entre ellas, conservar estos espacios y revitalizar el turismo de naturaleza en unas tierras donde las alternativas se van agotando pero no así el paisaje, su belleza, la singularidad y tranquilidad de estas riberas. Es nuestro deber el conservarlos y mantenerlos. Como paisaje, como cultura, arte y patrimonio. Como reclamo turístico, como el jamón y el queso más exquisito.

Fernando Herrero Loma
Centro de Estudios del Jiloca

lunes, 18 de enero de 2010

EL PARQUE CULTURAL DEL CHOPO CABECERO DEL ALTO ALFAMBRA (3)




LOS ÁRBOLES TRASMOCHOS EN EUROPA




Los trasmochos son aquellos árboles de forma periódica podados del ramaje que nace del extremo de su tronco para producir leña, forraje y, en algunos casos, frutos. Suelen tener un grueso tronco que soporta una plataforma leñosa de donde nacen las ramas principales que conforman la copa.

Este aprovechamiento agroforestal ha sido realizado por el ser humano desde siglos ya que permite incrementar la producción vegetal al tiempo que los brotes permanecen más allá del alcance de los herbívoros silvestres y domésticos.

Su empleo histórico ha sido tan extendido que en amplias regiones europeas los árboles trasmochos son un elemento esencial del paisaje rural. Robles, arces, hayas, carpes, olmos, fresnos, chopos, sauces, abedules, castaños, moreras, tilos y otras especies de hoja caduca en su forma trasmocha han formado parte de los setos, prados arbóreos y riberas de las campiñas atlánticas y centroeuropeas. Carrascas, alcornoques, olivos y algarrobos, recibían podas regulares, aunque no escamondas completas, forman las dehesas y cultivos arbóreos en la cuenca mediterránea. En los últimos siglos, con la auge de la cultura urbana, los jardines, y paseos de pueblos y ciudades acogen a plátanos y a otros árboles ornamentales igualmente manejados.

Todas las ramas con hojas de los trasmochos forrajeros se podaban en verano cada dos a seis años. Tras secarlas, se recogían y se empleaban para alimentar al ganado estabulado durante el invierno. Este manejo favorece la producción de hoja en detrimento de la de leño en los árboles, que no suelen ser muy grandes ni muy viejos. Los preferidos eran el fresno, el olmo y el abedul. En Escandinavia se encuentran en gran número en los pastos (70.000 en Suecia o 40.000 en las islas Aland, Finlandia) aunque también se extienden por las grandes cordilleras europeas. El aprovechamiento ganadero ha quedado abandonado desde hace décadas salvo en ciertas comarcas de los Balcanes y de los Pirineos.

Por otro lado se hallan los árboles escamondados por su madera. Igualmente muy extendidos, proveían leña para las fundiciones, hornos y ciudades. Cortados durante el invierno seguían turnos de ocho a quince años alcanzando con frecuencia notable edad y tamaño. Los preferidos eran el haya y los robles. Su uso decayó por la competencia con el carbón aunque se mantuvo en las comunidades rurales como combustible doméstico.

Las concentraciones parcelarias asociados a los programas de intensificación agraria aplicados en las últimas décadas han supuesto la eliminación de millones de kilómetros de los setos arbolados que orlaban los campos europeos. Y con ellos, se han talado otros tantos árboles, muchos de ellos trasmochos y/o veteranos, además de perderse un paisaje, una cultura y unos ecosistemas agrícolas complejos. Esta transformación sin precedentes, generó una conmoción social, especialmente importante en Francia, que desembocó en un activo movimiento que reivindica el arbolado rural, los trasmochos y los setos.
Los trasmochos permiten favorece a la vida silvestre en los ecosistemas agrícolas aspecto a considerar en una época de imparable empobrecimiento de la biodiversidad y de simplificación en los procesos ecológicos. Por otra parte, aunque son seres vivos también son productos humanos y conforman uno de los ejes del paisaje rural europeo.

El abandono de los aprovechamientos durante décadas explica que buena parte de los árboles supervivientes presenten ramas de grosores y longitudes excesivas. Muchos son los que precisan de la escamonda para rejuvenecerse y equilibrar su estructura.

En el Reino Unido quedan unos cien mil árboles centenarios. La mayor parte son trasmochos. Allí el movimiento conservacionista es muy importante y tiene un fuerte componente naturalista. Como muestra, los casi doscientos mil socios de Woodland Trust sufragan o realizan la gestión de mil bosques propios, en los censos, en las plantaciones o en la compra de fincas. Ancient Tree Forum (http://frontpage.woodland-trust.org.uk/ancient-tree-forum/) cumple una importante labor investigadora sobre el funcionamiento de los árboles seniles, los cuidados y sobre otros valores.

En las escuelas agrarias de Noruega se estudia la rentabilidad productiva de los prados con fresnos trasmochos de sus montañas. Suecia está formando en manejo forestal a agricultores y a propietarios para retomar los cuidados de estos árboles por entender que forman parte del patrimonio cultural y para fomentar la vida silvestre.

En Francia los sauces trasmochos son el emblema del parque natural de los Meandros del Sena normando y los fresnos descabezados en el del Marais Potevin. En Boursay se ha creado el Centre Européen des Trognes (www.maisonbotanique.com), entidad que organizó hace tres años un congreso internacional en el que se expusieron la situación y las experiencias de recuperación en varios países. Este movimiento francés mantiene el interés por sus valores naturales al tiempo que profundiza su contribución en el paisaje, la cultura popular y la creación artística.

En Bélgica, además de un activo movimiento asociativo hay una destacable implicación desde las administraciones. Por un lado los sauces y fresnos trasmochos de sus campiñas gozan de protección en todo el país. Por otro, los decretos del gobierno establecen medidas agroambientales que incentivan el cuidado de los trasmochos, a los que se añaden otras primas de conservación que conceden algunos municipios o los propios parques naturales.

Dentro del conjunto europeo de árboles trasmochos, las choperas de cabeceros del sur de Aragón, y entre ellas la del Alto Alfambra, son un elemento destacado y singular. Su extensión y continuidad espacial, singularidad paisajística, la función ecológica y el valor cultural que representan son todo un compromiso para la sociedad y los responsables del patrimonio.

Chabier de Jaime
Colectivo Sollavientos