IMAGEN: “El corazón de La Sargantana”, Mosqueruela. Imagen oblicua de Google Earth
Hay paisajes que tienen alma, que nos transmiten la herencia de la tierra y de sus pobladores, que enmarcan nuestra vida, que nos proporcionan identidad. Hay paisajes con corazón.
Cantaba Víctor Jara, antes de que el golpe de estado perpetrado por el general Pinochet segara su vida, invitándonos a acudir a la llamada del corazón de la tierra:
“Ven, ven, conmigo ven.
Vamos por ancho camino,
nacerá un nuevo destino, ven.
Ven, ven, conmigo ven
al corazón de la tierra,
germinaremos con ella, ven”.
En la época del Romanticismo aprendimos a mirar el paisaje como una prolongación de nuestra subjetividad, como territorio de nuestras emociones. En el caso de Teruel, en esa Celtiberia que fue vórtice de comunicación con los dioses prerromanos, seguro que la imagen virginal, helada y blanca de Javalambre inspiró a quienes en el santuario de la Peñalba tallaban en la roca caracteres enigmáticos. Ángel Marco gusta de esa evocación. A Chabier de Jaime le admira que la población, que durante los más de dos milenios transcurridos desde entonces causó profundos cambios en el paisaje, ha acabado mostrando un respeto reverencial por los viejos árboles que sobrevivieron. Ellos dos, como todo el Colectivo Sollavientos, llevamos muchos años afanados en aportar valor y afecto a los paisajes de nuestro Teruel interior.
Unos 6 km al noreste de Mosqueruela, junto a la Masía de la Sargantana, el macizo de Gúdar-Maestrazgo abre su corazón. Algunas de las personas que han visto esa imagen creen que está hecha o retocada con Photoshop. Nada de eso: cualquiera puede verla por sí mismo en Google Earth.
Ese gran corazón, de 700 m de longitud por 400 m de anchura, está troquelado en los estratos calcáreos del periodo Cretácico, basculados por la acción de los plegamientos y caprichosamente erosionados por el agua durante milenios. En definitiva, un fenómeno absolutamente natural. Es el azaroso y feliz resultado de la dinámica del Planeta, de la confluencia entre fuerzas que gobiernan su interior y agentes que modelan su capa exterior. Es un corazón tatuado por el tiempo, para persistir más allá de nuestro tiempo. Es un mensaje escrito en el lenguaje de la Tierra.
En 2021 nos consternó el anuncio de un megaproyecto eólico, el llamado “clúster del Maestrazgo”, que pretendía pasar como una apisonadora sobre el paisaje que ese corazón representa. Desde entonces se han sucedido los escritos de alegaciones, los manifiestos de la comunidad científica, los pronunciamientos de la sociedad civil, las acciones por vía judicial de la Plataforma a favor de los Paisajes de Teruel. Le hemos perdido el miedo al poder que exhibe la maquinaria empresarial que sustenta ese proyecto sin sentido, así como a la maquinaria político-administrativa que lo avala y justifica.
El pasado domingo 30 de marzo, la Plataforma organizó una marcha para abrazar el corazón del Maestrazgo, para abrazar la Tierra. Más de 500 personas tejimos un hilo de voluntades a su alrededor. Para avisar, a quienes quieren sacrificarla en aras de intereses espurios, que el Maestrazgo late más vivo que nunca.
José Luis Simón
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El 22 de abril de 2021, Día de la Tierra, la comunidad científica respondió al anuncio del macroproyecto eólico “clúster del Mastrazgo” con un contundente manifiesto, en el que se lamentaba el atentado irreparable que éste supondría contra el paisaje, la biodiversidad y el patrimonio geológico. Con motivo del “abrazo al corazón del Maestrazgo” celebrado este domingo 30 de marzo, ese manifiesto ha sido refrendado, con la esperanza de que la pesadilla de esa amenaza termine de una vez.
MANIFIESTO DE LA COMUNIDAD CIENTÍFICA