miércoles, 1 de abril de 2026

El Maestrazgo: un territorio con futuro








La posibilidad de que naufraguen el clúster del Maestrazgo y otros grandes proyectos eólicos en las comarcas turolenses debe servir como catarsis para que los ciudadanos de este territorio decidan en serio qué futuro quieren. No es necesario volver a las cuevas, no es necesario volver al pedernal. Puede ser suficiente con mirar a las últimas décadas del siglo XX, en las que fue gestándose un modelo de desarrollo integrador, basado en recursos endógenos y esenciales: el paisaje, una historia y un patrimonio únicos, la armonía entre los modos de vida tradicionales y los proyectos de futuro que Europa apoyaba. Proyectos que buscaban luchar contra la despoblación, claro, pero que apostaban sobre todo por el orgullo y la autoestima del territorio y de sus gentes.

Así nació aquella (ya olvidada) Mancomunidad Turística del Maestrazgo, que publicaba guías sobre el “uso intelectual y lúdico de los paisajes”. Así dio Mirambel, a finales de los 70, un ejemplo de dignidad, aprobando unas ordenanzas municipales que enterraban los cables eléctricos para conservar esa joya del siglo XVI que es su casco urbano. Así nació en 1998 el Parque Cultural del Maestrazgo, un modelo de gestión y puesta en valor del patrimonio que se basaba en la experiencia pionera de Molinos; que inspiró la Ley de Parques Culturales de Aragón; que se constituyó en Geoparque y fue miembro fundador de la Red de Geoparques Europeos en 2000, y se incorporó en 2015 a la red Global Geoparks de UNESCO. Añadamos el extenso catálogo de Bienes de Interés Cultural, Conjuntos Históricos, Monumentos, Zonas Arqueológicas, Zonas Paleontológicas, Lugares de Interés Geológico, Conjuntos de Arte Rupestre que son Patrimonio de la Humanidad... 

Somos muchas las personas, con diversos grados de vinculación a este territorio, que hemos estado sinceramente comprometidos con la hoja de ruta que todo ese movimiento representa. Hemos trabajado convencidos de contribuir a alumbrar un modelo de desarrollo respetuoso del territorio, que era la continuación natural de siglos de convivencia del ser humano y su medio. Manteniendo con dignidad las actividades tradicionales (agricultura, ganadería, aprovechamientos forestales, industrias familares), se trataba de ampliarlas y enriquecerlas con el turismo cultural, el ecoturismo o el geoturismo.

A mitad de partido, alguien ha decidido cambiar las reglas de juego y nos ha dejado descolocados. Quienes (con toda honestidad y buena fe, estoy seguro) abrazan el megaproyecto eólico del Maestrazgo defienden su compatibilidad con aquel modelo. Me gustaría que se convencieran de que eso no es sí. No podemos cuidar y enorgullecernos de todos esos valores, albergar algunos de los Pueblos más Bonitos de España y, a la vez, abrir la puerta falsa a una industrialización salvaje de nuestros montes, sin planificación, sin garantías, a lomos de la especulación y la corrupción. Valen aquí el dicho popular de “no se puede soplar y sorber al mismo tiempo” y el clásico de Séneca: “no hay viento favorable para quien no sabe adónde va”.

Aquella hoja de ruta no fue diseñada por “ecologistas de salón”. La creación del Parque Cultural del Maestrazgo fue decidida democráticamente por los 43 municipios; nadie les obligó. Tras una reunión constituyente en Aliaga, contó con la aprobación y compromiso de cada uno de los ayuntamientos. Todos los pueblos de la asociación Viento Alto están representados en su Patronato, y alguno de sus regidores ha tenido puestos de responsabilidad en ese órgano de gobierno. Me parecería triste que alguno de los alcaldes del Maestrazgo suscribiese una sentencia como la que lanzó el de Fuendetodos, ebrio de ingresos económicos procedentes de los parques eólicos que rodean el pueblo: “Aquí ya no necesitamos a Goya”. 


José Luis Simón (Colectivo Sollavientos)