La segunda semana de julio se impartió en Andorra un curso sobre Minería y Medio ambiente. Restauración de canteras, dirigido por José Manuel Nicolau, ecólogo de la Universidad de Alcalá de Henares. Durante este mes, los cursos de la Universidad de Verano de Teruel vivifican la provincia y la descubren a muchos jóvenes. En los cursos tienen cabida variados tipos de debates, y el que propuso Nicolau tenía gran interés para la provincia: Retos y soluciones para un mejor desempeño ambiental de la minería en Teruel.
El título era redondo. Con “Retos y soluciones…”, definía los objetivos, sin ocultar que se trata de una tarea dificil para un tema delicado, el de la colisión de intereses entre la minería y el medioambiente. El resto del título lo componían cinco palabras-concepto, una para cada uno de los previstos miembros de la mesa.
Con “mejor” se introducía el criterio de excelencia, que debe presidir toda actuación de nuestra sociedad y de sus administraciones, en especial en sus relaciones con la naturaleza. Todos somos responsables de conseguir esta excelencia, pero su último garante es la justicia, en la mesa representada por Jorge Moradell, fiscal delegado de medio ambiente de Teruel. Es fundamental que no tenga las manos atadas.
Con “desempeño” se aludía a las empresas, en cuyas manos se deposita todo: tanto los estudios de impacto ambiental, como la actividad minera, o su restauración posterior. La empresa estuvo representada por Consuelo Aguilella, ingeniera técnica de minas y empresaria, exponente de un mundo empresarial responsable. Creo que quedó claro que sus “enemigos” no eran ni la administración ni la sociedad, sino la competencia desleal de las excesivas actividades subterráneas de su sector.
Con “ambiental de la minería”se presentaban las dos administraciones que deben velar porque la confianza depositada en las empresas no acabe en abuso. El Inaga, en cuya representación asistió Luís Crespo, es quien enjuicia si los proyectos mineros conocen el medio ambiente en el que quieren desarrollar la actividad, y si ésta es compatible con los procesos naturales, con el paisaje o con sus valores culturales. La Dirección General de Energía y Minas tiene un papel similar de mediador entre la minería y la sociedad, el de fomentar las actividades productivas -como la minería- en un marco técnico, administrativo y legal adecuados. Es una lástima que no supiesen comprender la importancia de su papel en la mesa, con su ausencia.
Finalmente, con “Teruel” se incorporaba a la sociedad, se dejaba de lado una discusión teórica, y se introducía una idea clave: el desempeño de las actividades mineras no puede entenderse al margen del territorio. Yo intervine como geógrafo y persona que vive Teruel.
Era, en definitiva, una mesa perfectamente equilibrada en su diseño: un representante de la sociedad y otro de las empresas en los extremos, un representante del Inaga y otro de Minas en el centro, y la fiscalía ambiental como fiel de la balanza.
La tesis de mi intervención fue muy sencilla: hay dos elementos clave que deben presidir las actividades mineras en la provincia, uno el altísimo valor de su patrimonio natural y otro su despoblación. En este contexto, cualquier proyecto minero suele tener una gran probabilidad de entrar en colisión con el medio ambiente y, a la vez, la sociedad no tiene suficiente masa crítica para conocerlo, analizarlo, juzgar si le interesa y alegarlo si no es así. Por ello, las actuaciones de la administración deben ser extremadamente escrupulosas, pues a menudo son la única salvaguarda de los intereses de la sociedad turolense. Afortunadamente pudimos confirmar que, al menos el Inaga y la fiscalía ambiental, así lo entienden.
ALEJANDRO J. PÉREZ CUEVA
Geógrafo. Universidad de Valencia.
Manifiesto Colectivo Sollavientos
martes, 21 de julio de 2009
sábado, 11 de julio de 2009
GEOLODÍA 09


Estimados amigos:
Tengo el gusto de invitaros a participar en GEOLODÍA 09, que se celebrará en TERUEL el próximo DOMINGO 26 de JULIO, dedicado en esta edición a la falla cuaternaria de Concud. Como sabéis, el Geolodía es una jornada de divulgación de la Geología, promovida por el Instituto de Estudios Turolenses, que se inició en Teruel en 2005 y está comenzando a extenderse a otros lugares de España.
La falla de Concud es una de las que limitan la fosa del Jiloca, y se extiende hasta las proximidades de la ciudad de Teruel. Presenta una actividad paleosísmica que puede en parte reconstruirse a partir del excepcional afloramiento que ofrece una trinchera de la Vía Verde Ojos Negros-Sagunto, en las proximidades de la antigua estación de Los Baños.
El lugar de encuentro para el público asistente es el MERENDERO CONTIGUO A LA VÍA VERDE EN LA ESTACIÓN DE LOS BAÑOS, el DOMINGO 26 DE JULIO A LAS 10:30 HORAS (ver croquis adjunto). La Vía Verde tiene uso compartido con vehículos de motor en ese tramo, y el acceso a ella es posible desde la carretera nacional N-420, por un camino que sale justo antes de su conexión con la ronda de enlace con la N-234, unos 2,5 km al norte de Teruel.
La duración de la visita será de unas 3 horas, y terminará con un refresco que se ofrecerá a los asistentes en el Ayuntamiento de Concud.
José Luis Simón (Dep. Ciencias de la Tierra, Universidad de Zaragoza)
Co-organizador de Geolodía 09
jueves, 9 de julio de 2009
EL MEDIO RURAL DESPOBLADO: SECTOR ESTRATÉGICO
Hablábamos hace unos días de un nuevo Fuero para los pobladores de Teruel. Algunos dirán que tanta reflexión nos conduce a locuras transitorias, a estratagemas utópicas que poco tienen que ver con nuestros tiempos, estos tiempos de la rapidez, del crecimiento infinito. Los que así piensan suponen que no crecer, mantenerse, buscar la calidad de vida, son historias de venta difícil. Qué lastima, pienso yo, en este mundo en el que subvencionan bancos. Quién nos lo iba a decir.
Muchos estudios sociológicos y demográficos ponen de manifiesto los motivos culturales de la despoblación del medio rural: la gente se marcha de él simplemente porque se siente atraída por un estilo de vida, de ocio, por una búsqueda de ‘oportunidades’ que nuestra sociedad asocia de forma acrítica al medio urbano. En estas motivaciones nada tienen que ver las infraestructuras, ni la economía, ni el empleo… Sin embargo, los políticos y las gentes siguen insistiendo en macroproyectos como panaceas de futuro. ¿Por qué? Elemental; por simple populismo, porque vende más, porque en estos sueños de “Jaujas” nos acabamos vendiendo por cuatro duros.
Y, puestos a esgrimir motivos de resistencia, ¿por qué no proponer al Estado que el Medio Rural sea tratado como un Sector Estratégico?. No se rían, no. Desde una visión urbanita se critica a veces que el medio rural está demasiado subvencionado. Al hacerlo, se olvida que el territorio es en su mayoría medio rural, y la importancia que éste tiene como soporte de nuestro medio ambiente, de nuestra vida pasada y futura. Esa visión que infravalora el medio rural supone una suerte de “neocolonialismo de interior”, bien presente en la mentalidad híbrida urbano-rural, en la que la obtención de recursos energéticos, mineros, de agua, etc… para la gran urbe justifica o cierra los ojos a cualquier atropello que se cometa fuera de la misma.
Es hora de ver el territorio y el medio rural desde un pensamiento más global, abierto a las nuevas sensibilidades que han propiciado, por ejemplo, la firma del Convenio Europeo del Paisaje, o la promulgación de leyes protectoras que no acaban legislando lo suficiente porque nadie las vigila ni hay recursos para ello. La legislación del medio rural siempre acaba siendo legislación de segunda.
Los valores de este nuevo Sector Estratégico no son sólo los económicos, ni deberían serlo. Son los valores del sentimiento, de la cultura, del patrimonio, del medio ambiente, de la historia, de la agricultura… Esas cosas que, dicen, no nos dan de comer. Pero, ¿una vez comidos?...
Porque yo me niego a los monocultivos de arcillas tanto como a los monocultivos de turismo rural. Me niego a convertirme en un actor de parque temático, parques con los que juegan las administraciones, engañando al ciudadano-habitante y al ciudadano-visitante. Vaya “cascadura” de vida. Todo el día con el tambor colgado y el cachirulo en la cabeza.
La estrategia principal en este Sector Estratégico está en la gestión, la gestión del territorio, lo que no se vende ni se ve. Las innovaciones en agricultura y ganadería han hecho que territorios de interior sean meros resquicios inviables, pero existen posibilidades de gestión medioambiental, de agricultura y ganadería de calidad, que garanticen el mantenimiento de un paisaje cultural, el nuestro, nuestra herencia, nada más y nada menos.
Nuestro pensamiento urbanita hace que se vea eso como un territorio de “subvencionados”. Pero, ¿no es menos subvencionada una empresa en un medio urbano con buenas comunicaciones? ¿No es menos subvencionada una ciudad que, con la excusa de requerir agua de calidad, recrece lo que haga falta (pues son más votos)?. ¿No es menos subvencionada una recalificación “a lo bestia” para hacer “exponabos” y “expogaitas” insostenibles? Lo de vivir subvencionado sería muy relativo, y discutible, en todo caso.
Culturalmente, la vida que hizo que nuestros pueblos nacieran ha muerto hace décadas. Muchos pueblos viven su agonía lo mejor que pueden. Pero me resisto a creer que quieran desaparecer, y merecen infinito respeto y apoyo en esa resistencia; tienen todo el derecho del mundo a hacerlo y, quién sabe, a conseguirlo. La propia Constitución nos dice que debe de haber un tratamiento específico a las zonas de montaña. ¿En serio lo ha habido alguna vez?. Cuando se señala el programa Leader como ejemplo de “subvención” se olvida que sólo representa migajas: cualquier kilómetro de autovía, cualquier recalificación a la carta, cualquier polígono construido a mayor gloria y honor del alcalde de turno, supone tanto como un Leader, o dos, o tres…
Las comarcas y sus cabeceras responden a estas visiones colonialistas, urbanitas, que copian modelos foráneos. Sólo hay que salir a la calle y preguntar. Cualquier zaragozano “pirineocéntrico” prefiere que pongan un macrovertedero de SAICA en Azaila que en el Pirineo. Pero no cabe echar la culpa sólo a los de fuera. En Teruel sufrimos también el desconocimiento de los valores naturales de nuestra tierra, denostada por sus propios habitantes, cansados tal vez de verla. Es el caldo de cultivo perfecto para que plomos, chatarreras y cementeras respondan al efecto llamada y se instalen en estos secanos. Ya traerán agua del Ebro, sí, pero para traernos más escoria al Teruel del superavit medioambiental.
El medio rural es un sector poderoso. Sus propietarios y gestores administran un extenso territorio, y la sociedad toda debe reclamar su buen uso, su ordenación lógica. Al parecer, los poderosos tienen claro para qué utilizarlo, mientras nuestros políticos viven gozosos en Babia. En nuestra mano está, al menos, alzar la voz para impedir que se esquilmen los últimos recursos que contiene. En nuestra mano está, al menos, alzar la voz para impedirlo.
Recogiendo la voz de Toni Losantos: “Si hemos atesorado tanta pureza a base de abandono, de histórico abandono, ¿por qué malbaratarla ahora?”.
Víctor Manuel Guíu Aguilar
Muchos estudios sociológicos y demográficos ponen de manifiesto los motivos culturales de la despoblación del medio rural: la gente se marcha de él simplemente porque se siente atraída por un estilo de vida, de ocio, por una búsqueda de ‘oportunidades’ que nuestra sociedad asocia de forma acrítica al medio urbano. En estas motivaciones nada tienen que ver las infraestructuras, ni la economía, ni el empleo… Sin embargo, los políticos y las gentes siguen insistiendo en macroproyectos como panaceas de futuro. ¿Por qué? Elemental; por simple populismo, porque vende más, porque en estos sueños de “Jaujas” nos acabamos vendiendo por cuatro duros.
Y, puestos a esgrimir motivos de resistencia, ¿por qué no proponer al Estado que el Medio Rural sea tratado como un Sector Estratégico?. No se rían, no. Desde una visión urbanita se critica a veces que el medio rural está demasiado subvencionado. Al hacerlo, se olvida que el territorio es en su mayoría medio rural, y la importancia que éste tiene como soporte de nuestro medio ambiente, de nuestra vida pasada y futura. Esa visión que infravalora el medio rural supone una suerte de “neocolonialismo de interior”, bien presente en la mentalidad híbrida urbano-rural, en la que la obtención de recursos energéticos, mineros, de agua, etc… para la gran urbe justifica o cierra los ojos a cualquier atropello que se cometa fuera de la misma.
Es hora de ver el territorio y el medio rural desde un pensamiento más global, abierto a las nuevas sensibilidades que han propiciado, por ejemplo, la firma del Convenio Europeo del Paisaje, o la promulgación de leyes protectoras que no acaban legislando lo suficiente porque nadie las vigila ni hay recursos para ello. La legislación del medio rural siempre acaba siendo legislación de segunda.
Los valores de este nuevo Sector Estratégico no son sólo los económicos, ni deberían serlo. Son los valores del sentimiento, de la cultura, del patrimonio, del medio ambiente, de la historia, de la agricultura… Esas cosas que, dicen, no nos dan de comer. Pero, ¿una vez comidos?...
Porque yo me niego a los monocultivos de arcillas tanto como a los monocultivos de turismo rural. Me niego a convertirme en un actor de parque temático, parques con los que juegan las administraciones, engañando al ciudadano-habitante y al ciudadano-visitante. Vaya “cascadura” de vida. Todo el día con el tambor colgado y el cachirulo en la cabeza.
La estrategia principal en este Sector Estratégico está en la gestión, la gestión del territorio, lo que no se vende ni se ve. Las innovaciones en agricultura y ganadería han hecho que territorios de interior sean meros resquicios inviables, pero existen posibilidades de gestión medioambiental, de agricultura y ganadería de calidad, que garanticen el mantenimiento de un paisaje cultural, el nuestro, nuestra herencia, nada más y nada menos.
Nuestro pensamiento urbanita hace que se vea eso como un territorio de “subvencionados”. Pero, ¿no es menos subvencionada una empresa en un medio urbano con buenas comunicaciones? ¿No es menos subvencionada una ciudad que, con la excusa de requerir agua de calidad, recrece lo que haga falta (pues son más votos)?. ¿No es menos subvencionada una recalificación “a lo bestia” para hacer “exponabos” y “expogaitas” insostenibles? Lo de vivir subvencionado sería muy relativo, y discutible, en todo caso.
Culturalmente, la vida que hizo que nuestros pueblos nacieran ha muerto hace décadas. Muchos pueblos viven su agonía lo mejor que pueden. Pero me resisto a creer que quieran desaparecer, y merecen infinito respeto y apoyo en esa resistencia; tienen todo el derecho del mundo a hacerlo y, quién sabe, a conseguirlo. La propia Constitución nos dice que debe de haber un tratamiento específico a las zonas de montaña. ¿En serio lo ha habido alguna vez?. Cuando se señala el programa Leader como ejemplo de “subvención” se olvida que sólo representa migajas: cualquier kilómetro de autovía, cualquier recalificación a la carta, cualquier polígono construido a mayor gloria y honor del alcalde de turno, supone tanto como un Leader, o dos, o tres…
Las comarcas y sus cabeceras responden a estas visiones colonialistas, urbanitas, que copian modelos foráneos. Sólo hay que salir a la calle y preguntar. Cualquier zaragozano “pirineocéntrico” prefiere que pongan un macrovertedero de SAICA en Azaila que en el Pirineo. Pero no cabe echar la culpa sólo a los de fuera. En Teruel sufrimos también el desconocimiento de los valores naturales de nuestra tierra, denostada por sus propios habitantes, cansados tal vez de verla. Es el caldo de cultivo perfecto para que plomos, chatarreras y cementeras respondan al efecto llamada y se instalen en estos secanos. Ya traerán agua del Ebro, sí, pero para traernos más escoria al Teruel del superavit medioambiental.
El medio rural es un sector poderoso. Sus propietarios y gestores administran un extenso territorio, y la sociedad toda debe reclamar su buen uso, su ordenación lógica. Al parecer, los poderosos tienen claro para qué utilizarlo, mientras nuestros políticos viven gozosos en Babia. En nuestra mano está, al menos, alzar la voz para impedir que se esquilmen los últimos recursos que contiene. En nuestra mano está, al menos, alzar la voz para impedirlo.
Recogiendo la voz de Toni Losantos: “Si hemos atesorado tanta pureza a base de abandono, de histórico abandono, ¿por qué malbaratarla ahora?”.
Víctor Manuel Guíu Aguilar
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