domingo, 11 de septiembre de 2022

UNA INVASIÓN MITOLÓGICA SE PLANEA AL SUROESTE DE TERUEL

                                            Mefitis

 

 A la hora de invadir, Putin, un converso de armas tomar, no tiene la exclusiva. Si los dioses (Eolo incluido) y las diosas del Olimpo no se apiadan y conminan enérgicamente al Departamento de Industria de la D. G. A. a que lo impida, una nueva avalancha de centrales eólicas innecesarias invadirán esta vez el territorio del Jiloca, de la Sierra de Albarracín y de la Sierra Menera para deteriorar seriamente su patrimonio y biodiversidad, hipotecar el futuro de su población, dejar en mal lugar a la administración aragonesa y, de paso, enriquecer a sus promotores.

 Los proyectos ostentan nombres rimbombantes de la mitología griega y romana, nada que ver con los beatíficos y marianos de los proyectos de Camarillas-Aliaga. Héroes griegos, liderados por el legendario Eneas en el término municipal de Blancas, y diosas romanas, entre las que destaca la polivalente Minerva en los de Bronchales y Orihuela del Tremedal, amén de otros personajes de la cultura clásica (Escila, monstruo marino; Libitina, diosa de los muertos, y Mefitis, diosa de las aguas malolientes parecen los más acertados) dan nombre a 19 proyectos 19, más sus infraestructuras de evacuación. Toda esta culta retahíla exótica no deja de ser una burla más que se añade a la ignorancia y desprecio al territorio que manifiesta la deficiente documentación de los proyectos, cuyos promotores nominales son los mismos personajes mitológicos encabezados por la expresión “Energía Inagotable de … más las siglas S. L. “Energía Inagotable de Matuta, S. L.” sería uno de ellos (Matuta es la diosa romana del amanecer, de los recién nacidos, del mar y de los puertos, casi nada). Aunque los impulsores reales, pobres mortales acogidos en el templo de Forestalia, probablemente practican el monoteísmo menos espiritual, adorando un solo dios, intemporal y nefasto: don Dinero.

 Si se consumaran los proyectos, los dioses no lo quieran y los héroes acudan a echar una mano, entre otros desaguisados, el paisaje de Alba del Campo sufriría la presencia de 5 centrales; el valioso patrimonio de Orihuela del Tremedal, sería invadido por 5 instalaciones (3 centrales, una subestación transformadora y el arranque de una línea de alta tensión con castilletes descomunales); el bellísimo entorno y patrimonio arquitectónico de Rodenas se vería depreciado por la afección de 4 centrales eólicas; Peracense, con su emblemático castillo de rodeno, cargaría con 3 centrales (molinos gigantes al asedio de la fortaleza); no se libraría Albarracín y su Parque Cultural: 2 centrales adjudicadas; y así hasta agotar la lista de 13 términos municipales, incluyendo a Almohaja (3 centrales más una línea de alta tensión), Villafranca del Campo (3 centrales), Villar del Salz (1 central), Blancas (2 centrales), Pozuel del Campo (1 central), Villafranca del Campo (3 centrales), Santa Eulalia (2 centrales) y Ojos Negros, que satisfaría a los dioses más crueles con el sacrificio de una buena parte de su territorio en aras de una central fotovoltaica, otra eólica y dos líneas eléctricas a juego con el resto de montajes.

La instalación de este nuevo cluster de macrocentrales eólicas, sumando un total de 149 aerogeneradores de 200 m. de altura (!), de 149 polifemos, de 149 cíclopes monstruosos de un solo ojo rodeado de cuchillas, supondría un auténtico Caballo de Troya para los moradores de las tierras de esos 13 municipios escogidos (y la bella Helena marcharía al exilio capitalino). También implicaría otro importante paso atrás en la consecución de la capacidad de la población de participar en la planificación de los usos racionales del territorio y de la democratización de la implantación de las energías renovables.


Gonzalo Tena Gómez, Colectivo Sollavientos


 


 

miércoles, 10 de agosto de 2022

PASARELAS

Existen las pasarelas de la moda y también la moda de las pasarelas (aparte de las de los aeropuertos y barcos); las primeras, sofisticadas y rebosando glamour y tontería, y las últimas, ahora populares, son las que permiten adentrarse cómodamente en desfiladeros, barrancos y paredes verticales rocosas que encauzan algunos ríos. Suelen ser metálicas y están ancladas en la roca. Los recorridos lineales donde se ubican carecen de finalidad educativa, pero contribuyen a generar en los usuarios un cierto sentimiento aventurero.

Las hay más discretas, de madera normalmente, y más estentóreas; más comedidas y más agresivas con el paisaje y la vista, alcanzando a veces un nivel de impacto inaceptable.

La moda de recorrer las pasarelas compite ventajosamente con la práctica del excursionismo clásico por senderos en la montaña y ha propiciado una cierta masificación humana en parajes secularmente poco conocidos y vírgenes. También compite con el barranquismo: si hay pasarelas, este, para bien o para mal, pierde su sentido en el mismo trayecto.

Al respecto surgen algunos interrogantes: ¿Se pueden instalar pasarelas en todos los desfiladeros más vistosos de Teruel, o habría que preservar algunos -o al menos una parte de estos estrechos y gargantas- respetando su estado natural primigenio? ¿Cuantas más pasarelas, mejor? ¿Cuál es su impacto sobre la fauna? ¿Todo el mundo hemos de llegar a todas partes? ¿Es necesario convertir fragmentos de la Naturaleza en parques temáticos para entretener a las nuevas generaciones? ¿Dónde fijar los límites? De entrada podemos considerar innecesarias algunas pasarelas que recorren a una determinada altura tramos de un río que siempre se han transitado por la orilla o por una vía convencional paralela (incluso una carretera). Si lo que se puede contemplar desde las pasarelas puede hacerse desde un mirador externo, nos las podemos ahorrar.

A la hora de abordar los beneficios económicos que puedan reportar estos recorridos a las poblaciones próximas, haría falta un estudio serio sobre la cuestión. Aparentemente, las personas usuarias llegan con sus automóviles, hacen el recorrido que les ha traído allí -una breve parada en el bar, quizá- y, misión cumplida, se marchan por donde han venido: no es necesario hospedarse en el pueblo, apreturas económicas aparte.

Esta introducción superflua de estructuras metálicas en el medio natural, no sometida a la pertinente Evaluación de Impacto Ambiental, se añade a otras en páramos, bancales, lomas y crestas: las centrales fotovoltaicas y eólicas, creando una sinergia tremendamente impactante.

Desde el Colectivo Sollavientos abogamos por la aplicación de criterios seriamente estudiados y sopesados a la hora de proyectar estas intervenciones, así como por la preservación de los parajes naturales, para que no pierdan un ápice de sus valores y su espectacularidad, y puedan disfrutarse sin aditamentos artificiales, prestos a brindar aprendizajes.


 Gonzalo Tena Gómez, Colectivo Sollavientos







 

sábado, 2 de julio de 2022

SE PRESENTÓ EN VALENCIA “ENTRADA DE MOROS Y CRISTIANOS” DE EL POBO


Fue en el salón de Escudos del Centro Aragonés, auspiciado por el Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra, entidad patrocinadora de esta magnífica edición, que no es la primera. Y se llevó a cabo con un destacado éxito fundamentado en la calidad de la obra presentada, en las intervenciones orales desde la mesa presidencial y en la cincuentena de personas que estábamos escuchando con sumo interés, entre ellas, el entusiasta cronista de Tuéjar, Tomás Barea.

Presentó el acto José M.ª de Jaime Lorén, quien dio la palabra a los intervinientes:

en primer lugar Chabier de Jaime, gestor del Parque Cultural (la mayor arboleda de chopos cabeceros de Europa, en simbiosis con la ganadería extensiva, que proporcionó un periodo histórico de esplendor en torno a la lana), quien recalcó la idea de promocionar este patrimonio natural-cultural para dar empuje a los 10 pueblos que lo integran, seis de ellos con la escuela abierta (1300 habitantes en total).

A continuación, el alcalde de El Pobo, Vicente López, expresó su emoción y satisfacción ante el evento y su relevancia para el pueblo.

Cecilio Alonso, catedrático de literatura española de la UNED y crítico literario, jubilado en la actualidad, a su vez, resaltó la rareza del texto -pieza única- y la aludida notoria calidad de la edición.

Llega el turno de la autora, Lucía Pérez García-Oliver, historiadora y antropóloga, editora de dances (algunos relacionados con las embajadas de moros y cristianos) y una de las fundadoras de APUDEPA (Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés). Tiene en su haber, entre otras, publicaciones de patrimonio inmaterial popular de realización colectiva. Afortunadamente, Lucía rompe su promesa poco creíble de hablar poco, y habló no poco y muy bien. Haciendo gala de excelente comunicadora nos contó asuntos muy interesantes. Entre otros, que el esfuerzo de aprendizaje y representación correspondía a los mozos -a caballo-, probablemente antes de ir a la mili; que la obra había experimentado adaptaciones, refundiciones y aditamentos; que su finalidad era demonizar el Islam y ensalzar el cristianismo (al final los moros abrazan la “verdadera religión”); todo esto a través de la veneración de los “Santos de la piedra (granizo)”, patronos de El Pobo, San Juan y San Pablo, que no son el apóstol y el autor de las Epístolas, sino dos patricios romanos cristianos mandados degollar por el emperador Juliano “el Apóstata”, cuya devoción servía para apartar pestes, hechizos, obsesiones, granizos y rayos (actualmente puede visitarse su basílica en Roma y su capilla en la iglesia del pueblo); que la entrada dejó de representarse alrededor de 1933.

En Alba del Campo y en Celadas también se representaban entradas de moros y cristianos al igual que en Aras de los Olmos (Valencia) y en Iruecha (Soria).

También presidía la mesa Miguel Ángel Fortea Plumed, biznieto de Antonio Fortea Edo, autor en 1889 de la copia manuscrita del documento de esta pieza dialogada y representable -teatro religioso de calle- de principios del siglo XVIII. Su confianza en Lucía, al entregarle el texto de su antepasado, ha propiciado que el libro protagonista del día haya visto la luz. El dramaturgo valenciano Josep Lluís Sirera, debido a su fallecimiento inesperado, no pudo analizar el texto, que consta de 1226 versos, pero advirtió que se trataba de “una joya”.

La adquisición y dedicatoria de ejemplares y un vino de honor remataron una sesión memorable.


Gonzalo Tena Gómez