viernes, 17 de mayo de 2013

Humedales: signos de progreso




Hace 35 años, el que esto suscribe, planteaba en un artículo publicado en el extinto Diario de Barcelona, la idea de que aumentar la conservación, restauración  y uso racional de los humedales era un signo de progreso porque sería indicador de que la sociedad reconoce sus múltiples funciones y sus grandes valores, incluido su potencial para contribuir al desarrollo socio-económico. Avanzado el siglo XXI, y 20 años después de aceptarse mayoritariamente el hecho de que la conservación de la naturaleza es parte sustancial del desarrollo de los pueblos, podemos decir que se ha avanzado  sustancialmente en aceptar aquella idea pero de forma muy irregular por continentes, regiones y países, tanto cuantitativamente como cualitativamente, y por grupos de población. Sorprende, por ejemplo, que se haya iniciado la recuperación de las marismas del Edén, entre los ríos Tigris y Eufrates en Iraq, con la participación de un extenso equipo científico internacional, y que, en contraste, se esté llevando a cabo la desecación de zonas inundables del sur del Paraguay, dejando pocos complementos de desarrollo a una agricultura extensiva cuyo valor económico no está controlado por los propios productores ni siquiera por el propio Estado. En nuestras latitudes, el humedal de Salburúa en Vitoria es un ejemplo de recuperación ambiental que contribuye al bienestar social y, en cambio, la zona costera mediterránea está plagada de ejemplos recientes de desecación parcial o total de humedales, sin mayor beneficio económico para el conjunto de la población pero con alto riesgo de estar expuestos a desastres naturales en un próximo futuro.  Como en todo proceso científico y socio-político, podemos plantear otra hipótesis para continuar  progresando: el desarrollo socio-económico tendrá lugar solo si incluye la recuperación de espacios naturales degradados, pero la recuperación ha de ser de calidad, lo que se denomina restauración ecológica que incluye los aspectos científico-técnicos, sociales y económicos.
El caso tan próximo a nosotros de la Laguna de Cañizar es un claro ejemplo de una recuperación ambiental no bien hecha, porque ha suscitado una gran controversia social, no aporta económicamente de forma equitativa a la sociedad sino que está suponiendo una cadena de gastos no previstos, y no está basada en unos conceptos científicos y métodos técnicos contrastados. La realización de un proyecto de restauración ecológica con rigor y profesionalidad, requiere en primer lugar realizar los oportunos análisis previos para saber si se dispone de la suficiente información y capacidad científico-técnica, y si existe la disponibilidad social y económica para llevar a cabo los trabajos de restauración. Con estos tres aspectos integrados se deben definir los objetivos de la forma más precisa posible, o con rangos de variación aceptables. Y, así, ya se pueden describir los detalles de las actuaciones a realizar y técnicas a  utilizar, sin olvidar las acciones de mantenimiento requeridas y definir los indicadores que se han de monitorear para comprobar el grado de consecución de los objetivos y aplicar las oportunas correcciones. No parece que en ese caso se hayan seguido estas pautas que aconseja la Sociedad Internacional para la Restauración Ecológica en base a la experiencia de científicos, propietarios de terrenos, grupos de comunidades nativas y profesionales de la restauración de ecosistemas. De hecho, por lo poco que sabemos, parece que no existe redactado un proyecto de actuaciones ni ejecutivo que describa con rigor los objetivos, las técnicas a emplear, el mantenimiento o las correcciones a realizar caso de apartarse su trayectoria de lo planificado.
El asunto es que la agrupación de sectores diferentes de personas a favor y en contra de lo que se ha mal llamado recuperación de la Laguna del Cañizar, pone en evidencia falta de rigor y profesionalidad en la ejecución de una actuación ambiental, y falta de responsabilidad en la gestión de aspectos ambientales, agrícolas, ganaderos, hídricos, sociales por parte de quien tiene o se atribuye competencias o las elude en estos asuntos. Hoy en día es inaudito que surjan estas polémicas y lo que aparezcan sean signos de retroceso en lugar de progreso en el desarrollo socio-económico de los pueblos. Quizás podemos dispensar a generaciones anteriores de la desecación y degradación de la mitad de los humedales de la Península Ibérica y del mundo, por las necesidades vitales de su momento y porque no se tenía antes de las últimas décadas del siglo XX perspectiva de las funciones importantes y valiosas que los humedales tienen en la vida y salud de la gente y de los territorios. Pero en la actualidad no es admisible una actitud de enfrentamiento entre grupos de personas por su afinidad o interés mayor o menor por actividades agrícolas, ganaderas, recreativas, o de conservación de la naturaleza. Sabemos de la importancia del sector agroalimentario para la sociedad, particularmente en Aragón pero también en todo el mundo. Sabemos de la relevancia de conservar en buen estado funciones y partes de la naturaleza. Y el valor añadido que supone gestionar espacios del territorio integrando diferentes usos, además de la oportunidad que supone para disponer hoy día y en el futuro de diferentes recursos. El ejemplo estoico de las gentes de alrededor de la Laguna de Gallocanta que durante décadas aguantan, dejando ir personas y bienes, a la espera de esa integración que un día llegará, es meritorio y ejemplar, en este sentido. Y nos hace pensar en la necesidad de afrontar los retos de este siglo con la suficiente amplitud espacial y temporal para saber lo que es importante pero no urgente y para saberlo gestionar. Con la flexibilidad adecuada para adaptarnos a los tiempos cambiantes, como esas aguas de las tierras del Jiloca que también fluctúan y deben fluctuar en altura y extensión al ritmo de las variaciones meteorológicas y climáticas.
Por todo ello, y porque todo progreso requiere esfuerzo, tiene que buscarse la forma de integrar las diferentes perspectivas e intereses para revalorizarlos conjuntamente y construir un territorio con resiliencia frente a diversas situaciones, integrando valores e innovando en las fórmulas de gestión y organización, incluso social. En Teruel no sobra nadie; al contrario, cabe más gente con ideas y ganas de aportar ya y para el futuro. Los científicos podemos aportar experiencia e imaginación a la solución de este tipo de asuntos. Las agrupaciones no gubernamentales y ecologistas tendrían que ser prudentes y pacientes, y de visión amplia en sus planteamientos. Las administraciones deberían aportar sus esfuerzos también de forma integrada; por lo que deben comunicarse entre ellas y  no manejar separadamente sus competencias, generalmente asociadas a los técnicos, e incompetencias, generalmente asociadas a sus directivos. En fin, pongámonos en la perspectiva de mitad del siglo XXI y hagamos lo posible para que las generaciones de esos años venideros puedan concluir que a principios de este siglo, con todo lo que ya se sabía sobre cómo funcionaba el mundo, sus antepasados acertaron en tratar de vivir con signos de progreso, o por lo menos que hablaron conjuntadamente para tratar de que así fuera.


 Francisco A. Comín. Profesor de Investigación. Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC


 A través de estos enlaces se puede acceder a dos artículos del profesor Francisco A. Comín sobre restauraciones:






4 comentarios:

Ángel Marco Barea dijo...

El artículo de Francisco Comin creo que despierta criticas a favor y en contra del proyecto. E invita a una reflexión serena sobre su contenido, a pesar de su extrema dureza respecto al proyecto re recuperación llevado a cabo en los últimos años.
Las imagenes de la Laguna, en estos últimos años, nos muestran que cuando el espacio recuperó el agua los resultados han sido expectaculares, en paisaje y en vida, con el retorno de multitud de especies de aves, en ocasiones muy singulares e indicativas de la necesidad de volver a disponer de estos humedales en el valle del Jiloca .
Es verdad, que probablemente se podría haber actuado de otra manera, con un equipo más multidisplinar. Pero también es cierto, que en general, las cosas salen cuando salen. Se dieron unas condiciones favorables, que marco un ritmo frenético en volver a recuperar el agua que se drenó hace más de un siglo.Y quienes afrontaron el reto, han hecho lo mejor que sabían hacer, trabajando en el margen que les dejaban unos y otros, y en el punto de mira de todos.
Creo que las administraciones, en especial el Gobierno de Aragón, han tomado una postura comoda, en cuanto a que si otros hecían su trabajo, ellos no se gastaban presuppuesto, y además se mantenían alejados de las críticas. Por parte de la Confederación Hidrográfica, bajo mi opinión se aprovecho un momento en que la estructura política dio cierto margen a algunos técnicos para desarrollar una línea de trabajo de restauración, y quizás los responsables políticos actuales han vuelto a retomar posiciones en el sentido de que su función es controlar el agua para riego -pero en este caso esta faceta también la están llevando mal, pues no estan resolviendo el problema y su postura esta generando un auténtico "caos".
Sí, todo es mejorable. Pero los grandes cambios se suelen producir en momentos de explosión, en muchas ocasiones díficiles de controlar por la racionalidad, con la que no son pocos los casos en que los cambios se quedan estancados.

COLECTIVO SOLLAVIENTOS dijo...

Comparto algunas ideas generales del artículo de Paco Comín, a quien conozco y otorgo la máxima credibilidad en el campo de la restauración ambiental. Pero siento no compartir el tono ni el contenido de su segundo párrafo, donde creo que se hace un diagnóstico poco justo sobre el trabajo que se ha hecho en la Laguna del Cañizar. Un trabajo que, en tiempo récord y con escasez de medios, ha conseguido hacer realidad lo que sólo una década atrás parecía una quimera.

Es cierto que el diseño y desarrollo del proyecto quizá haya seguido un camino algo 'heterodoxo'. Es lo que pasa a veces cuando la hoja de ruta la marcan la pasión y el empeño personal por algo, en lugar de los fríos procedimientos administrativos o técnicos, o las habilidades para cazar subvenciones. Pero yo preferiría no hacer un juicio demasiado académico, poniendo el acento en si se han seguido o no determinados procedimientos, sino en el resultado en sí. Tampoco deberíamos hacer un juicio oportunista en lo 'político', destacando la controversia social actual como una debilidad del proyecto. En sus años de recorrido, el proyecto siempre ha tratado de buscar acuerdos y consensos en la población. El desacuerdo actual de los regantes no creo que pueda achacarse a errores inherentes al proyecto de restauración, sino quizá a una coyuntura política en la que los detractores se sienten fuertes y confiados en hacer valer sus posturas.

Y, desde luego, ese desacuerdo no puede ser la vara de medir la calidad de la restauración ambiental. ¿Acaso no ha suscitado también controversia durante años la gestión de Gallocanta? ¿No ha visto siempre este tipo de proyectos tiras y aflojas continuos hasta encajar todos los intereses? Decir que "el caso de la Laguna de Cañizar es un claro ejemplo de una recuperación ambiental no bien hecha porque ha suscitado una gran controversia social" no me parece un juicio justo. No voy a discutir si lo es "porque no aporta económicamente de forma equitativa a la sociedad", ya que me falta información al respecto. Sin embargo, sí me atrevo a discutir la afirmación de que "no está basada en unos conceptos científicos y métodos técnicos contrastados", así como las sospechas acerca de que el proyecto se acometiese sin suficiente información y capacidad científico-técnica. Hay que recordar que el director del proyecto, José Carlos Rubio, es licenciado en Geología, especialista en Hidrogeología y doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza. Su tesis doctoral completa ("Los humedales del Alto Jiloca: estudio hidrogeológico e histórico-arqueológico") constituye la base científica del proyecto de restauración. Su experiencia paralela sobre el terreno, su conocimiento directo de la problemática rural en el Jiloca (es natural de la zona, no alguien 'aterrizado' desde fuera) le han infundido la voluntad, la confianza y las herramientas para hacerlo posible.

José Luis Simón

Jose Carlos Rubio dijo...

En relación al artículo de opinión que bajo el título “Humedales: signos de progreso” publicó recientemente Paco Comín en el Diario de Teruel, quiero manifestar:

1) Siento un profundo malestar por el momento y la forma en el que se ha realizado. A fecha de hoy la laguna del Cañizar camina por una estrecha arista flanqueada por profundos abismos. Hay un grupo de personas que nos la estamos jugando, sensu stricto, sobre el terreno. Es un momento para templar ánimos y andar despacio pues cualquier resbalón puede ser fatal. Lo que ha hecho Paco Comín con su artículo es levantar viento en un mal momento para el montañero. Una ráfaga no esperada, traicionera.

2) Si lo que realmente quería es aportar su notable conocimiento científico y experiencia sobre la restauración de humedales podía haberlo hecho a lo largo de todos estos años en los que, hasta donde yo sé, no se ha manifestado sobre el Cañizar. Con todo, si deseaba hacerlo en este momento complicado podía haberlo hecho de forma privada. Aquí se ha oído a mucha gente a la hora de tomar decisiones, muchas más personas de los que muchos creen. Personas muy cualificadas que no ha aparecido públicamente pero que han sido determinantes en el complicado proceso de recuperación de este humedal.

3) El proyecto de recuperación del Cañizar no está pilotado por una persona, sino por un equipo en el que las decisiones se toman por consenso. Ese equipo lo lideran los representantes de los pueblos de Cella y Villarquemado y los técnicos de la DGA. Confío en que muy pronto puedan incorporarse miembros de la plataforma “No a la laguna” pues así lo han pedido. Bajo mi punto de vista, esto sería extraordinariamente positivo.

4) Por último, quisiera añadir que el papel todo lo aguanta pero la realidad no. Muchas veces a lo largo de estos años me he arrepentido de decisiones que se han tomado. Si pudiera volver atrás cambiaría algunas cosas pero no puedo y lamentarse no sirve de nada. Lo importante es saber por qué te has equivocado y como hacerlo mejor en el futuro. Con todo, si alguien cree que recuperar la mayor laguna de agua dulce de España se puede hacer sin levantar una mota de polvo del camino, creo que es, simplemente, un hipócrita.


José Carlos Rubio Dobón
Director de la Fundación Laguna del Cañizar
Hidrogeólogo y Doctor en Historia
Voluntario de la laguna del Cañizar

Antonio dijo...

Las aves, están en la cumbre de la cadena trofica en los humedales, al menos en Europa, ¿como puede ser que algunos no sepamos apreciarlo?