domingo, 12 de marzo de 2017

Despoblación y medio ambiente





Javier Oquendo*

Se habla mucho últimamente sobre la despoblación, sus causas, sus consecuencias y sus repercusiones, pero casi siempre desde una óptica económica o sociológica, claramente necesarias. Pero el aspecto medioambiental no se suele incluir en estas reflexiones o propuestas.

Como premisa, apuntar que no se puede entender el ser humano sin su medio y tampoco el medio sin él, pues ambos son parte de un todo y la visión antropocéntrica del homo sapiens como dominador y poseedor del medio ya está superada: el ecosistema terrestre acoge a los humanos como seres integrados y dependientes.

La despoblación supone muchas veces una degradación del medio ambiente, aunque parezca paradójico, pues el abandono de terrenos de cultivo, de construcciones que se van deteriorando, de infraestructuras que se quedan inservibles, supone una pérdida de esos espacios antropizados. El abandono del pastoreo supone una excesiva vegetación en montes y campos que en otros tiempos estuvieron trabajados, y esto ocasiona una gran cantidad de material vegetal que propicia los incendios y también su mayor virulencia. Los cultivos de las poblaciones rurales eran más diversos para satisfacer el autoconsumo. En las labores realizadas por agricultores desplazados desde lejos, se tiende a concentrar campos y a poner en marcha monocultivos, por lo que hay una pérdida de biodiversidad. En este mismo sentido, el abandono del campo ha hecho que proliferen ciertas especies sin control, con poblaciones muy abundantes de jabalíes, cabras, corzos, que encuentran mejores condiciones para su supervivencia y sufren sólo un control cinegético. Se podrían añadir algunos ejemplos más.

Pero lo más preocupante es lo que puede producir en el medio una política mal planteada para dar solución al problema de la despoblación. Se deberían marcar unos criterios de conservación y mejora del medio que sirvieran de líneas rojas. No se puede admitir y apoyar cualquier proyecto en aras de atraer habitantes a las zonas rurales. Los grandes núcleos urbanos intentan alejar las industrias y actividades contaminantes, pero el medio rural no puede recibirlas con los brazos abiertos como solución a la despoblación. No se puede destruir el paisaje y la calidad ambiental con el noble propósito de asentar población en los núcleos rurales. No se debe afectar a los acuíferos y a las aguas superficiales de ríos con actividades que necesiten mucho caudal y no las retornen en el mismo estado, o que directamente afecten a su calidad. Lo mismo si afecta a la biodiversidad, al patrimonio cultural, tanto material como inmaterial, o a las tareas tradicionales. Cualquier actividad que degrade el medio o lo deje en peores condiciones que estaba no debería ser considerada apta para solucionar el problema de la despoblación.

No debemos deducir de todo lo expuesto que la solución es dejar morir los pueblos, porque todo sea contrario a la calidad ambiental de sus entornos, ni que “los ecologistas y el ecologismo nos llevan a la muerte”. Nada más lejano de la realidad. Lo que se debería hacer es apostar por actividades ligadas a la agroecología, al ecoturismo, a los productos alimentarios de calidad, a las nuevas tecnologías, al aprovechamiento forestal sostenible, a la pequeña producción artesanal, la logística, la producción energética de proximidad, la rehabilitación del patrimonio, en definitiva apostar por los llamados empleos verdes, por la conservación de los espacios como valor ambiental y por dotar de valor a los servicios ambientales que prestan los mismos. Como se ve, no es que falten propuestas, sino que hay que elegir las más adecuadas para el mantenimiento del espacio rural, conservando toda su riqueza.

Añadir que todas estas actividades deberían tener la consideración de acciones sociales para el sustento y la calidad de vida de los centros urbanos, por lo que se les tendrían que aplicar unos incentivos y una discriminación positiva para lograr su mantenimiento, su potenciación y su desarrollo.

Lucha contra la despoblación por supuesto, pero no a cualquier precio y menos creando las condiciones para un abandono definitivo del mundo rural.




*Colectivo Sollavientos


miércoles, 1 de marzo de 2017

EL SUELO SE HUNDE:CONVIVIR CON LAS DOLINAS



Os informamos de la TERCERA MESA REDONDA del ciclo organizado por el Geoforo por una Nueva Cultura de la Tierra (“CONOCER PARA GESTIONAR: RIESGOS NATURALES EN EL TERRITORIO ARAGONÉS”).

Será el próximo JUEVES 9 de MARZO, a las 19:00, en el Salón de Actos del edifico de Geología del  campus universitario de la Pza. San Francisco de Zaragoza.

El tema: "El suelo se hunde: convivir con las dolinas".

Tendrá como ponentes a Óscar Pueyo (Dpto. Ciencias de la Tierra, Universidad de Zaragoza), Teresa Lamelas (Centro Universitario de la Defensa), Javier Gracia (Control 7) y Alberto Gracia (CTA  consultores). Modera: José Luis Simón (Dpto. Ciencias de la Tierra, Universidad de Zaragoza).

En esta mesa se va a explicar qué son y cómo evolucionan las dolinas; los procedimientos para detectarlas y  para analizar y cartografiar su peligrosidad; cuál es la fiabilidad de las cartografías oficiales existentes y cómo están siendo empleadas para la ordenación de usos del territorio, y qué medidas constructivas pueden  habilitarse para disminuir la vulnerabilidad de las costrucciones antes y después de ejecutarlas.

http://www.geologianuevaculturadelatierra.blogspot.com