viernes, 27 de marzo de 2026

Más allá del Señor «E»






Exordio: todo presunto.

La corrupción en el modelo español de energías renovables que ha comenzado a supurar por la grieta de Forestalia y del Señor «E», Eugenio Domínguez (exsubdirector de evaluación ambiental del Miteco), genera una voluminosa cantidad diaria de noticias. La laboriosa tarea de ordenar sus datos en una cuadrícula cada vez más grande, y que ya entronca irremediablemente con la trama de Santos Cerdán, hace que corramos el riesgo de perder de vista el conjunto del paisaje. No puede olvidarse que las cosas no ocurren porque sí, sino que tienen un propósito y un sentido.

La anterior edad de la corrupción española, nucleada alrededor del ladrillo y la burbuja inmobiliaria, tuvo su icono de época en las anotaciones de Bárcenas. La nueva era de la corrupción española puede acabar quedando simbolizada por el Señor «E». Sin embargo, esto es un error de consecuencias telúricas. El riesgo a la vista es que se produzca un cierre en falso en la figura del antiguo subdirector de evaluación ambiental, como aquella era de corrupción del ladrillo y del caso Gürtel se cerró en falso en la figura del tesorero del PP. Las maniobras del Estado profundo en torno a su familia y la inefable incapacidad de la justicia española a la hora de desencriptar quién era Emepunto Rajoy, impusieron la ley del cortijo.

Los indicios de que los poderes maquinan para salvar prominentes cabezas son cada vez más transparentes. Recapitulemos los que hemos podido ordenar en la inmensa cuadrícula de datos de este caso. En primer lugar, posicionemos correctamente al Señor «E». Las presunciones sobre su corrupción no se limitan a Forestalia. Sus artes se intuyen en una inconcebible declaración de impacto ambiental de una central fotovoltaica en el entorno Patrimonio de la Humanidad de Aranjuez, y cuya promotora fue Smart Energy. Además, se halla incurso junto a la actual directora de evaluación ambiental, Marta Gómez Palenque, en una investigación penal por autorizaciones ambientales a centrales fotovoltaicas en Cáceres promovidas por Iberdrola.

Ahora mismo, no podemos determinar cuándo comenzó el mercado persa de declaraciones favorables a proyectos devastadores con el medioambiente del Señor «E», pero sí resulta significativa una declaración suya a El Mundo recogida por Quico Alsedo: «España había hecho una apuesta muy importante por las renovables y no podía ser que por incapacidad de tramitar los expedientes los proyectos no salieran adelante». Es decir, era un contexto de política de Estado, un momento inmejorable para lucrarse como fuera a propósito de unas inversiones concebidas como irremediables. Unas palabras, por cierto, que casan a la perfección con el testimonio del alcalde de La Zoma (Teruel) en la comisión sobre las renovables de las Cortes de Aragón en 2024. Exponiendo sus preocupaciones por los perjuicios que un proyecto de Forestalia iba a causar en su municipio ante los capitostes provinciales de su partido de entonces, el PSOE, estos zanjaron la cuestión aseverando que Lambán quería renovables, Teresa Ribera quería renovables y Pedro Sánchez quería renovables: l'esprit de l'époque.

Por el momento, la reacción del presidente del Gobierno a la podredumbre de su Miteco resulta más ignota que el secreto de la Cocacola. Por su parte, la ministra Aagesen ha hablado de colaboración con la justicia y de una auditoría interna. Que el Miteco colabore es una novedad que a estos ojos les gustaría ver: las demoras a la hora de aportar expedientes a demandas contenciosas se cuentan en plazos superiores al año, desoyendo, incluso, lo dispuesto por los juzgados. Sobre la auditoría interna, ¿cómo de íntima la desea, lo suficiente como para garantizar que el señor «E» cargue con todas las culpas, como ha denunciado personal funcionario del Miteco? No olvidemos que esta persona, cuando se jubiló, fue designada asesor del secretario de Estado Hugo Morán para rematar su trabajo en declaraciones ambientales ahora bajo sospecha. 

¿Qué clase de control tenía la ministra Teresa Ribera sobre sus subordinados, máxime cuando las prácticas del subdirector eran la comidilla de su ministerio y sabía personalmente que estaban pasando cosas raras bajo sus narices? Y la ministra Aagesen, ¿de qué camarilla del ministerio salió, o acaso surgió por generación espontánea en el sillón de ministra? La directora de evaluación ambiental, Marta Gómez Palenque, la inmediata superiora en el escalafón del Señor «E», ¿tampoco sabía nada? Lo de un Miteco en el que sus jerarcas vivían en Narnia mientras en los pasillos y en los territorios afectados por las decisiones del Señor «E» lo que sucedía era el secreto de Polichinela, puede dejar el testimonio de Ana Mato afirmando que no tenía ni idea de dónde había salido el Jaguar de su garaje, en una ingenuidad digna de película de Walt Dysney.

Y luego tenemos a nuestra administración, la aragonesa. Presidente y vicepresidenta han hablado de tres acciones concretas: una nueva comisión de investigación, revisar los proyectos de Forestalia sospechosos (que son todos) y personarse en la causa judicial contra esta empresa. Lo de la revisión de proyectos sospechosos es, de nuevo, algo que nos gustaría ver. Esta semana debe comenzar el proceso de expropiación para centrales fotovoltaicas en Andorra promovidas originalmente por esta empresa, mientras que Forestalia acucia con mentiras a los propietarios afectados por el Clúster de Majalinos para firmar lo que les ponen delante como si nada hubiera sucedido. ¿Dónde está la revisión del Gobierno de Aragón? En ninguna parte. El consejero de medio ambiente ha tenido el cuajo de decir que «quedan noticias que nos pondrán los pelos de punta». ¿Cuáles, qué sabe, qué hace que no está en el juzgado? Del Gobierno de Aragón solo podemos esperar un evidente ánimo de echar paladas de tierra sobre el asunto.

Realizar otra comisión de investigación es poco menos que una ofensa. Varias asociaciones comparecimos en ella a pesar de los esfuerzos de la troika del megavatio (PP, PSOE y PAR) por evitar nuestra presencia mientras hacían hueco hasta el último comercial de las empresas del sector de las renovables. Revisitar las comparecencias que hicimos es como leer las noticias de estos días: ya estaba todo ahí. Déjense de comedias y limítense a colaborar con la Guardia Civil y los juzgados. Y aquí aparece una cuestión crítica: la intención del Gobierno de Aragón de personarse en la instrucción de la causa de Forestalia como perjudicado. ¿Perjudicado, de qué, si en acto y omisión ha sido parte, al igual que el Miteco? Además, el actual Gobierno aragonés sigue tramitando proyectos de Forestalia (y de otras empresas) tomando decisiones tan marcianas como la taberna de la Guerra de las Galaxias y que, además, evolucionan a una apuesta desaforada por los centros de datos, con los que el presidente aragonés parece haber perdido el juicio, como un corredor de bolsa en las orgías de El lobo de Wall Street. No debe permitirse la personación del Gobierno de Aragón. Es meter al zorro en el gallinero, una estrategia que huele, de nuevo, a control de daños.

Como vemos, cada paso de los poderes implicados resulta sospechosamente insincero y más orientado a que no se sepa más, que a una catarsis que limpie el patio y les haga merecedores de una credibilidad de la que no andan precisamente sobrados. Ya sabemos que no es la primera vez que en España se cierra en falso una corrupción que apunta a los rincones más sagrados del régimen, y también sabemos del descrédito que, curiosamente, crece en la sociedad como si fueran vasos comunicantes. Tenemos la perspectiva de que lo que está emergiendo por la grieta del Señor «E» y de Forestalia es el ápice de toda una era de corrupción, pero ni han sido solo ellos ni ha ocurrido solo en Aragón. Querido lector, ¿en su comunidad autónoma, en su pueblo, se han autorizado proyectos demenciales? Estamos en el punto de afirmar que probablemente sea lo que parece. 

Esta nueva edad de la corrupción española se hace a costa del expolio de los pueblos, de los territorios con pocos votantes y suelo barato, de los recursos naturales y de la estigmatización del ecologismo real. La idea de un cierre en falso en el Señor «E» no hace más que incrementar la ira que nos provoca, no solo por lo que tiene de denigrante, sino porque resulta redundante en una sociedad desconcertada en la que se pone en riesgo la misma credibilidad y viabilidad de un sistema pluralista, aun con todos los límites y exasperantes tutelas que presenta en el reino de España.

Ivo Inigo y Javier Oquendo

Plataforma a Favor de los Paisajes de Teruel

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