miércoles, 22 de septiembre de 2010

PAISAJE EXISTENTE




PAISAJE EXISTENTE

Mi tierra no conoce galernas ni mareas,
mi tierra la recorren arroyos de agua seca.
Cuando entre las sabinas sople la ventolera
no dejaré que pueda conmigo la tristeza;
cuando por los poyales se levante la niebla
vendré andando el camino con la esperanza a cuestas.
La encontraré serena, la encontraré despierta.

Mi tierra no se ciñe inútiles fronteras,
sus sierras son ventanas y veredas abiertas.
Los morrones se asoman al umbral de la muerte,
sus cabezos dibujan cuerpos adolescentes.
Las vales nos cobijan, los valles se retuercen,
y en medio de su vientre, a vista de paloma,
una fuente que drena la negra cordillera.

Para escuchar silencios, mi tierra a veces calla,
carlistas y templarios acunan sus fantasmas.
Pero despierta, airada, cuando le duele el aire,
y levantan sus voces los ríos y los árboles;
conmueve sus entrañas el batir de tambores,
y hasta el carbón estalla en humos de gigante
para decirle al cierzo que este paisaje existe.

Acaricio las canas del viejo Javalambre,
y en los riscos de Gúdar bebo el agua de madre.
Cuando entre las sabinas sople la ventolera
no dejaré que pueda conmigo la tristeza;
cuando por los poyales se levante la niebla
vendré andando el camino con la esperanza a cuestas.
La encontraré serena, la encontraré despierta.

José Luis Simón

martes, 21 de septiembre de 2010

Que sea como un viento que arranque los matojos…



















Que sea como un viento que arranque los matojos…
y limpie los caminos…





En el Colectivo Sollavientos somos deudos y humildes aprendices de este mensaje, de esta manera de entender Aragón, la tierra, la gente, el futuro. Nuestro nombre, el de un paraje en el corazón de Teruel (sereno y majestuoso en el verde de la primavera, estremecedor en el crudo invierno), conecta con ese mismo mantra a través de algún nexo ancestral. Y conecta con la forma de ser, de decir y de hacer tan propia y personal de José Antonio Labordeta: la bocanada directa de aire fresco; la libertad madura hecha palabra de improviso; la frase que recoge (tal vez sin saberlo o sin quererlo) el anhelo y la sabiduría de un pueblo y se torna dardo certero en las conciencias. Gracias por habernos aireado. Gracias por haber sido, a la vez, viejo árbol y cierzo que lo agita, partera del mejor Aragón que conocemos y llanto desgarrado del Aragón que no termina de nacer.
Tuve ocasión de saludar a José Antonio Labordeta en dos ocasiones. La primera, en Jorcas, presentado por Lucía, en los preámbulos de uno de sus célebres conciertos en aquel pueblo que tenía en tanta estima. La segunda, en Zaragoza, también en el preámbulo de un concierto-mitin en el campus de la Universidad, donde hube de acudir precipitadamente a prestarle una guitarra mía porque no le habían avisado con tiempo suficiente para llevar la suya (algo así fue). Al terminar me lo agradeció y me dijo que sonaba bien. En ambas ocasiones todo transcurrió tan rápido que no tuve tiempo de relatarle que yo, en mi adolescencia, entre mi círculo de amigos, había pasado por ser un meritorio intérprete de sus canciones; que cantaba “Aragón” y “La vieja” con mucho sentimiento, a la vez que trataba de componer cosillas que irremediablemente se les parecían. Canciones curiosas, entonces, algunas tristes; hoy ya eternas, nuestras y universales.

José Luis Simón

domingo, 19 de septiembre de 2010

JOSE ANTONIO LABORDETA




Anduvo por los campos y pueblos de la Sierra Callada.

La Albada abrió los labios de sus gentes para que brotara la voz de la Tierra que habitan.

Ese espíritu que alimentó en vida, no hay duda de que continuará ardiendo para reavivar el fuego de la esperanza.
Sentimos su muerte.
Celebramos su vida.


http://www.youtube.com/watch?v=P6-e664FZ3M&feature=player_embedded