jueves, 10 de diciembre de 2020

TE ODS 2030 (6): TERUEL ANTEL EL CAMBIO CLIMÁTICO





El Objetivo número 13 de los ODS comprendidos en la agenda 2030 de las Naciones Unidas dice : Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.

Estos objetivos son un reto para todos los países e instituciones tanto públicas como privadas del planeta, pero se deben concretar y poner en práctica de forma realista en cada una de las instituciones y en cada uno de los territorios y entre sus ciudadanos. Por eso desde el Colectivo nos planteamos que se podría hacer en la provincia de Teruel para conseguir avanzar en la toma de medidas frente al Cambio climático.

El Cambio Climático suena desde hace unos años en las noticias y en los programas de divulgación y de opinión, también se ha colado en las conversaciones informales de calle o de tertulias de amigos ante un fenómeno climático extremo; forma parte del debate entre científicos de distintas disciplinas y con visiones muy diversas; incluso es un mantra para explicar o dar respuesta a cualquier fenómeno que no somos capaces de explicar.

Lo cierto es que para la gran mayoría de científicos y de investigadores del clima y de la tierra en sus múltiples disciplinas, es uno de los fenómenos más preocupantes de nuestro momento actual y una de las tareas a las que dedican buena parte de sus investigaciones, tanto para encontrar soluciones de mitigación, como para proponer posibles adaptaciones a la nueva situación. Lo es por su carácter global ya que no sólo afecta a un determinado espacio o país o territorio, sino que cualquier repercusión llega a todos los rincones del planeta.

También para la ciudadanía comienza a ser un tema no sólo de debate o de conversación sino  de toma de posición para encontrar soluciones. Así los movimientos juveniles que tanta resonancia han tenido en los últimos tiempos y las propuestas de declarar una Emergencia Climática, que tiene ocupada a muchas de las ONGs ambientalistas y a algunas instituciones.

Pero lo importante ya no es debatir, sino actuar ante una realidad aceptada por casi todos, aunque sea con matices. Teruel se debería posicionar como líder en la toma de decisiones y de propuestas ante el Cambio Climático por sus condiciones ambientales inmejorables y debería servir de modelo para implantarlas en otros lugares. Podemos plantear varias propuestas:

n  Convertir los pueblos de la provincia en autosuficientes energéticamente y con un consumo de proximidad. No se puede apostar por parques eólicos o solares que ocupen en territorio para exportar la energía y enriquecer a las grandes energéticas, sino por un modelo bajo en emisiones y en afecciones al paisaje.

n  Una política forestal que genere nuevas plantaciones desde el territorio y con gente del territorio y sus aprovechamientos reviertan en la población local con trabajos y beneficios adecuados.

n  Apostar por el consumo de proximidad, generando una información clara de los productos que se producen, de sus puntos de distribución y de sus productores. Habilitar espacios de venta y de sacrificio para los productos locales.

n  Apostar por programas y propuestas educativas para todos los colectivos que sensibilicen y generen una manera de actuar diferente en las forma de usar el transporte y en el consumo.

n  Generar una red de pueblos frente al cambio climático, que bajo un objetivo común, planteen y llevan a la práctica sus propias acciones.


Se puede apostar por convertirse en un territorio referente frente al cambio climático, que le dotaría de valor ambiental que es más necesario en este momento que el valor económico, sin olvidar que los valores ambientales deben revertir en calidad y sostenibilidad de sus habitantes.

Más que una utopía, lo que se plantea es una nueva visión de la realidad provincial para adaptarla a los nuevos tiempos y sus retos y, uno de ellos, sin duda, es el calentamiento del planeta.

Javier Oquendo

Colectivo Sollavientos



sábado, 21 de noviembre de 2020

ODS TERUEL 2030 (5): Y SOLAR TERUEL



Y no solo molinos encontraron don Quijote y Sancho Panza, también caballeros de brillante armadura como el caballero de los espejos... Y es que en nuestro caminar por el Teruel de 2030 todo indica que en nuestras sierras se divisarán, además de enormes aerogeneradores, grandes huertos solares ubicados en nuestras muelas y planicies.

A finales de los años 90 muchas masías de nuestra provincia se equiparon con pequeños paneles solares y baterías. En cierto modo fueron pioneros, una vez más, de una innovación que, evidentemente, iba en contra de intereses económicos mucho más poderosos que los de nuestros masoveros. La prioridad era la electrificación tradicional o la nada, tal como se ha demostrado con la Legislación vigente hasta hace pocos meses, que castigaba el autoabastecimiento; o con los esfuerzos por seguir realizando grandes tendidos eléctricos. Pero la cosa está cambiando: una nueva Legislación potencia el autoabastecimiento e incluso el vertido de electricidad sobrante a la red; la tecnología ha evolucionado y los precios de las instalaciones fotovoltaicas han bajado; y, finalmente, se impone la cruda realidad de un cambio climático que por fin parece forzar la modificación de modelos inamovibles, toda vez que está revitalizando nuevas opciones de energía, consumo y desarrollo.

Sin embargo, esta necesaria y obligada transición de la energía "sucia a la limpia" parece abocada a un mero cambalache: el desarrollo a base de minas y centrales eléctricas se sustituye por huertos solares y aerogeneradores, sin tener en cuenta que, aunque la producción eléctrica resultante pueda ser la misma o superior, los modelos no son equiparables. Las nuevas energías requieren de un mínimo número de empleos, por tanto, no pueden considerarse y "venderse" como motores de desarrollo, como sí lo fueron sus antecesoras. Si a esto se le suma que lo que aparece de forma continuada en el BOA con el título de "proyecto de interés autonómico" hace referencia a macro instalaciones promovidas por grandes empresas financiadas en muchos casos por fondos de inversión, nos encontramos con la antítesis del modelo de sostenibilidad que pretenden las energías renovables.

Y es que la energía limpia es codiciada por las grandes empresas que deben completar sus obligatorios cupos de renovables para poder acceder a las subastas internacionales. También es codiciada por nuestros políticos, que se ponen la etiqueta de la sostenibilidad cuando presentan uno de estos grandes proyectos, prometiendo trabajo y desarrollo. Y, evidentemente, también es codiciada por todos nosotros, ya que no dudamos que son parte de nuestro futuro.

Sin embargo, todo esto no implica caminar conforme marcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por la ONU y del espíritu del conjunto de ellos. La energía solar es un claro ejemplo de lo que debería ser un modelo de energía sostenible, de autoabastecimiento y local en la medida de lo posible. Y es que lo que hicieron los masoveros hace años es lo que se debería plantear en estos momentos: fomentar pequeñas instalaciones, tanto en hogares como en granjas o naves, en el ámbito rural y urbano, fomentando el autoconsumo y,  si es posible, el vertido a la red de lo que no se puede acumular o consumir. Sólo de esta manera estaremos cambiando un modelo que, de otra forma, nos presentará en un futuro lo que en un pasado fue Teruel: una fuente de recursos para una energía que se usa mucho más allá de sus montañas.

José Manuel Salesa Ariste

Colectivo Sollavientos

lunes, 16 de noviembre de 2020

ODS TERUEL 2030 (4): EL CAMBIO CLIMÁTICO AQUÍ






La reflexión sobre un asunto de tanta transcendencia resulta ineludible, en conexión con otras gravísimas cuestiones que acaparan nuestro día a día. El 25 de septiembre de 2015, los líderes mundiales adoptaron 17 objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos sus habitantes, como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. Cada objetivo tiene metas específicas que deben alcanzarse en los próximos 10 años  hasta alcanzar el 2030. Se han de involucrar en su consecución los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y las personas individualmente. Recordamos  que el nº 13, que ya se aborda en otro artículo de esta serie, dice:

Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos (tomando nota de los acuerdos celebrados en el foro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático).

Ya se tarda en poner en práctica medidas preventivas. Habrá que arbitrar otras adaptativas y paliativas. Los bosques de Teruel proporcionan recursos, empleo y servicios recreativos y paisajísticos. También contribuyen a la protección del suelo, al mantenimiento del ciclo del agua y de la diversidad de especies vivas, así como a la fijación del carbono atmosférico. El Plan Forestal de Aragón, que empezó a fraguarse con participación ciudadana en diciembre de 2016, habiendo pasado por las fases informativa, de debate y de retorno en junio de 2018, se ha de tomar muy en serio en su configuración final su propuesta de “gestión adaptativa frente al cambio climático” en lo referente al aumento de probabilidad de incendios, propagación de plagas y otros aspectos. En todos los ámbitos (agricultura, salud pública, protección civil…) se ha de tener en cuenta la proliferación de los fenómenos meteorológicos adversos, variaciones térmicas anómalas, disminución del volumen de agua disponible, etc. Este objetivo se apoya en todos los que utilizan el calificativo “sostenible”, y tratan sobre energía, producción, infraestructuras, crecimiento o ecosistemas.

El documento Estrategia Aragonesa de Educación Ambiental (EAREA 2030) nos avisa de que el cambio climático (encuadrado en el cambio global) está afectando negativamente a la salud de las personas, a la biodiversidad, a la agricultura y al turismo. Hay otros efectos relacionados: pérdida de recursos hídricos y pesqueros, pérdida de pastizales y otros agrosistemas tradicionales, contaminación por nitrógeno (purines). Así pues, se impone la implementación de medidas para aumentar la resiliencia en los sistemas naturales, en la población humana y en las actividades productivas.

Siguiendo con el documento citado, que se hace eco de las metas del ODS nº 13,  la educación ambiental –pilar básico para afrontar problemas relevantes y progresar colectivamente- ha de construir un discurso positivo y proactivo, que comporte un cambio de hábitos de vida relacionados con el consumo, residuos, transporte, movilidad, ganadería, agricultura y gestión forestal. Las estrategias educativas propuestas habrían de ser asumidas por las personas que ostentan cargos de responsabilidad y capacidad de decisión en el ámbito público.

Gonzalo Tena Gómez

Colectivo Sollavientos