viernes, 9 de mayo de 2008

MEJORAR LAS CARRETERAS: ¿CON QUÉ CRITERIO?



Las regiones de relieve accidentado han sufrido históricamente deficiencias en sus vías de comunicación. Curvas y puertos de montaña alargan los trayectos y las distancias entre poblaciones. Buena parte de la provincia de Teruel sufre este problema, tratando de paliarlo para que no suponga un grave obstáculo a su desarrollo. Se reivindican nuevas autovías, ensanchamientos y mejoras en las carreteras autonómicas, y se recibe con satisfacción el asfaltado de pistas forestales o agrícolas.
Sin embargo, la valoración global del impacto que una nueva carretera tiene en el territorio requiere considerar varios aspectos. A veces se olvida el hecho, obvio, de que esta tiene un carril de ida y otro de vuelta. Una buena carretera facilita la llegada de turistas e inversiones, y los viajes de los habitantes de pueblos apartados a la cabecera comarcal donde se prestan servicios. Pero asimismo permite que el maestro de un pueblo no sea vecino del mismo; que un agricultor se vaya a vivir a la capital y continúe trabajando desde allí sus tierras; que las compras no se hagan en la pequeña tienda local sino en el hipermercado de la capital… Nada de esto contribuye al desarrollo de los pequeños pueblos unidos por esa “buena carretera”.
El segundo aspecto que hay que sopesar es el impacto ambiental. En muchas zonas montañosas de Europa se construyen carreteras adaptadas a la topografía, con incontables curvas y puertos, pero con todas las medidas de seguridad: firme de calidad, guardarraíles seguros, magnífica señalización horizontal y vertical. En España es frecuente que las carreteras de montaña se mantengan en condiciones penosas durante décadas, y cuando por fin se arreglan es para modificar drásticamente su trazado, invirtiendo enormes cantidades de dinero en movimientos de tierra desmesurados que producen un impacto visual y ambiental inaceptable.
La clave del equilibrio entre beneficios y perjuicios está probablemente en un diseño de la obra ajustado a las condiciones del terreno y a las necesidades reales de sus potenciales usuarios. La carretera de Villarluengo a La Cañada de Benatanduz, recientemente mejorada, es un buen ejemplo de cómo un modesto ensanchamiento (sin cambio de trazado), una mejora del firme y una correcta señalización hacen que una carretera de montaña tortuosa gane sustancialmente en seguridad y comodidad con una inversión y un impacto ambiental pequeños.
En el lado opuesto, la nueva carretera entre Aliaga y Pitarque es el paradigma del despropósito. Para empezar, la vía nace directamente de la nada; el viajero vadea el río Guadalope, o lo cruza por un puente angosto, para encontrarse de repente una calzada de 8 m de anchura. Siguiendo el trazado de antiguas pistas forestales, salva con un par de curvas cerradas y de gran pendiente la subida a la loma de La Lastra, sobre un terreno inestable en el que se han producido ya varios desprendimientos. Alcanzado el altiplano, se torna una vía rápida, en la que no se han escatimado movimientos de tierra para conseguir un trazado propio casi de una autovía. El impacto es tremendo en el páramo calcáreo y en el hermoso paisaje de bosquecillos y pastizales de Los Masegares, que la ruta atraviesa como una herida abierta. Finalmente, el espejismo de velocidad se desvanece de repente cuando el viajero afronta la escabrosa bajada a Pitarque: un desnivel de 500 metros en una distancia de 2 km en línea recta, que la carretera salva mediante 12 curvas de ballesta inverosímiles, con una pendiente sostenida en torno al 10%. Una auténtica trampa para cualquier conductor incauto que en los kilómetros anteriores haya podido imaginar que conducía por la Autovía Mudéjar. En definitiva, una obra costosa, muy poco respetuosa con el paisaje e insegura.


JOSE LUIS SIMON GÓMEZ

miércoles, 30 de abril de 2008

EL RESERVORIO DE CO2 DEL MAESTRAZGO



El mundo tiene dos graves problemas entrelazados, el cambio climático y la crisis energética. La quema de petróleo, gas natural y carbón ha liberado una gran cantidad de gas CO2, dióxido de carbono, que está calentando la atmósfera y que en España provocará un aumento de la ya penosa sequía. La segunda parte es que el petróleo y el gas se agotarán a medio plazo y sus precios se están poniendo a niveles prohibitivos. Carbón queda en grandes cantidades en algunos países.

La respuesta del gobierno español para los próximos decenios consiste en un cambio moderado del modelo energético actual: las energías renovables se potencian con timidez y persiste el veto a la energía nuclear. Así pues, seguiremos dependiendo en gran medida del petróleo, del gas natural y del carbón.

Para quemar el carbón está previsto construir nuevas centrales térmicas con la técnica llamada de captación y confinamiento del CO2, que aún está en fase experimental. Las centrales se colocan donde más convenga por razones industriales, no necesariamente en las cuencas mineras. Se las suministra con carbón; de importación, ya que el nacional es caro y de regular calidad; y el CO2 se lleva por tuberías hasta una zona con buenas condiciones geológicas llamada reservorio, donde se inyecta en las rocas mediante sondeos, a más de mil metros de profundidad. A mi entender esta técnica tiene varios inconvenientes: su dudosa factibilidad económica, la dependencia de un material importado, la producción de diversos residuos además del CO2 y la dificultad de asegurar que el gas se mantenga en el subsuelo a largo plazo. Hay que señalar que el CO2 no es venenoso; es el gas que expulsamos al respirar y el que añaden a los refrescos.

El Ministerio de Industria ha reservado diez áreas repartidas por la Península como posibles reservorios de CO2. Una está en el Maestrazgo. Es un cuadrado de unos 780 km2 centrado en Tronchón, que comprende todo o parte de los términos de Tronchón, Villarluengo, Mirambel, Cantavieja, Ejulve, Castellote, La Cañada de Benatanduz, Bordón, La Cuba, La Iglesuela del Cid, Fortanete, Pitarque y Las Parras de Castellote, en la provincia de Teruel, y Olocau del Rey, Todolella, La Mata de Morella, Portell de Morella y Forcall en Castellón. La zona fue sondeada tiempo atrás en busca de petróleo y parece tener buenas condiciones para el almacenamiento de CO2. En los próximos años se investigará en detalle.

Con esta iniciativa se plantean dos amenazas importantes para la conservación del medio natural en pleno centro del Maestrazgo. Por un lado el impacto que tendrá sobre el paisaje la red de tuberías, caminos, sondeos y resto de estructuras que deban construirse para inyectar el CO2, en una cantidad que estimo en decenas de millones de toneladas; cada tonelada de carbón quemado produce unas tres toneladas de CO2. La otra es dónde se construirá la nueva central térmica, prevista de una potencia de 500 MW, la mitad que la de Andorra.

Tanto el gobierno central como el aragonés están interesados en el proyecto. A ambos compete, también, actuar con la cautela necesaria para no degradar una de las zonas naturales de Aragón mejor conservadas. Antes de gastar tiempo y dinero en la investigación del reservorio del Maestrazgo convendría hacer un estudio preliminar de impacto ambiental, por si se llega a la conclusión de que es inviable. Cabe señalar que el ministerio ha reservado otra zona próxima, entre Caspe y Fabara, con mucho menor impacto ambiental.

Juan Paricio Cardona

viernes, 25 de abril de 2008

DE RÍOS, HITOS GEOGRÁFICOS Y BASUREROS






La mayor parte de pueblos del mundo desarrollado conocen y están orgullosos de sus hitos geográficos. El pueblo más alto de un país, la gruta más profunda, la laguna más extensa, el paso del meridiano de Greenwich, el más lluvioso…, son destacados como elementos singulares y, a veces, potenciados como atracción turística. Tras la ampliación de la Comunidad Europea, un pueblo alemán se dolía por dejar de ser el baricentro de la CE, que se trasladaba más hacia el Este, a la antigua Checoslovaquia. Y es que, durante los años en que fue el centro de la Comunidad, supo potenciar un turismo de hito geográfico. Los franceses, por ejemplo, son expertos en sacar provecho de este tipo de turismo (restaurante-mirador con vistas y 3€ la visita).

Teruel es una provincia rica en hitos geográficos. Quizá el más conocido sea que contiene al municipio más alto de la Península, Valdelinares. También que nacen en ella algunos de los ríos más importantes, como el Tajo, el Júcar, el Turia… Entre los más desconocidos está que alberga tres de los diez “puntos hidrológicos triples” más importantes de España.

Un punto hidrológico triple es el lugar donde se juntan tres cuencas hidrográficas. A diferencia de las divisorias de aguas de los ríos, que suelen discurrir por crestas montañosas, los puntos triples suelen estar en páramos o sectores de escaso relieve. Es lo que ocurre, por ejemplo con el más importante de España (donde se unen las cuencas del Duero, Ebro y Tajo), que está en una zona de drenaje incierto, en Ambrona, unos 8 km al Oeste de Medinaceli (Soria). También ocurre algo parecido con el tercero más importante de España (Ebro, Tajo y Turia), que está en una plataforma cárstica cerca de Pozondón (unos 5 km al NW). Una singularidad de este hito turolense es que justo en el pequeño cerro que constituye la divisoria triple hay una pequeña ermita, la de los Santos de la Piedra.

La forma más habitual y lógica de valorar la importancia de los puntos hidrológicos triples es con la suma de las superficies de las cuencas hidrográficas que los crean. Según este criterio, Teruel alberga otros dos puntos triples del top ten peninsular: el sexto en importancia es el constituido por la unión de las cuencas del Ebro, Turia y Mijares, que está situado muy cerca de Valdelinares, a unos trescientos metros hacia el Norte del puerto de montaña del mismo nombre. De él parten el Bco. de Zoticos hacia el Guadalope, el río de Linares hacia el Mijares, y el Sollavientos hacia el Alfambra. Otro punto triple importante, el tercero de los turolenses, es el de la unión de las cuencas del Tajo, Júcar y Turia, situado muy cerca del nacimiento del Tajo.

Valdelinares y alrededores, por tanto, tienen una densidad de hitos geográficos más que notable: uno de los puertos de montaña de la red de carreteras más alto de España, para llegar al pueblo más alto de la península, justo al lado de uno de los puntos hidrológicos triples más importantes de España. Asimismo, se está en vías de comprobar la existencia de un pequeño poblado ibérico que, con 1850 m de altitud, sería el más alto de la Península Ibérica.

¿Qué imaginan que hay en este lugar tan singular?: un basurero. Una escombrera que el auge inmobiliario del municipio está haciendo crecer a marchas forzadas, con basuras, materiales de derribo, restos de materiales de construcción, de palés de losas, etc. Un basurero en uno de los puntos más bellos, visibles y singulares de la zona: el puerto de Valdelinares, la cabecera del río Sollavientos.

ALEJANDRO J. PÉREZ CUEVA