lunes, 14 de septiembre de 2009

II Festival Gaire de Pancrudo



Simplemente informaros que este fin de semana del 19 y 20 de septiembre es el II Festival Gaire de Pancrudo.
Podeis acceder al programa y al video de promoción, en enlace:

http://www.gaire.es/




jueves, 10 de septiembre de 2009

… Y LAS MASADAS SIGUIERON HUNDIÉNDOSE





Otro verano al caer, y muchas masadas, ¡ay! siguen cayendo, hundiéndose. Al recorrer los caminos y las carreteras del territorio del Parque Cultural del Maestrazgo, entre sus hermosos paisajes agrestes y dormidos, te topas aquí y allá con la paradoja de mases y corrales reventados, techos hundidos, puertas abiertas y vigas desprendidas sobre un montón de escombros, de piedras y tejas rotas.
La lista de masías derruidas es interminable: Las Erías, El Estrecho, El Galabardal, Casa Ramos, La Masada del Río, El Mas de Iranzo, Casa Herrera, La Masada Romero, La Masadica, La Clara… sólo en el término de Aliaga. Algunas de ellas aún las hemos conocido habitadas hace pocas décadas.
La impresión que producen estos hallazgos de ruinas y abandono es de inquietud y tristeza por lo que se ve y de indignación por lo que no se ha evitado. Cabe preguntarse que impresión es la que despiertan en viajeros, visitantes y turistas que han tenido el acierto de pasar por estos magníficos parajes.
Inevitablemente la pregunta surge: ¿cómo estamos permitiendo que ocurra esto? Difícilmente puede concebirse un fenómeno similar de los Pirineos para arriba, en la vieja Europa, a la que se supone que ya nos habíamos incorporado de pleno.
Ahora surge la deducción de que nuestro entorno social en general (con la honrosa excepción de algunas asociaciones culturales, cuya nómina personal debería ser más amplia) no valora suficientemente este patrimonio secular engastado en el paisaje y que forma parte fundamental del mismo. Tampoco parece que nuestros dirigentes estén dispuestos a reconocer –y a actuar en consecuencia- que el conjunto de todas las masadas y cada una de ellas por sí sola constituyen un valioso patrimonio de arquitectura rural, etnológico e histórico; una importante herencia cultural a la postre. Todo este legado material es un testimonio de unas épocas relativamente cercanas en que gente de nuestras tierras vivía de otra manera. La forma de vida podía ser más dura que la actual en el aspecto físico, pero era arraigada a la tierra, sostenible medioambientalmente, y más auténtica y acorde con los ciclos naturales. Aunque sólo sea como reconocimiento y homenaje a estas generaciones de masoveras y masoveros, las masadas, todas, deberían, deben conservarse.
Para que las masadas no sigan hundiéndose y para conservarlas en un estado aceptable de presentación, se pueden poner en práctica medidas que, al remate, fomentarían la creación de empleo, del cual se ve tan necesitado nuestro Teruel Interior. Todo ello pasaría por la inversión de presupuesto público y la materialización de iniciativas privadas.
Los escombros pueden ser retirados y las ruinas fijadas para detener su avance. Algunas masías pueden convertirse en museos etnológicos o temáticos relacionados con el entorno natural. Podría promocionarse su venta, antes de que el deterioro fuera irreversible, entre paisanos y foráneos para disposición de segundas residencias, como se ha hecho exitosamente con algunos molinos. Podrían ser convertidas en casas de alojamiento rural... Todo menos dejarlas hundirse.

Gonzalo Tena Gómez

domingo, 23 de agosto de 2009

¡Teñir el negro de verde!



Cuando todavía humean los rescoldos de los incendios, cuando todavía no nos hemos repuesto a tanto desastre, a tanta impotencia y a tanta rabia contenida, cuando todavía no hemos asumido la pérdida del paisaje y de parte de nuestra identidad..., bueno será que intentemos reponer los ánimos buscando esperanzas frente a tanta devastación.


Tiempo habrá para analizar los medios de extinción y las políticas de prevención de incendios. Ahora toca cubrir el negro de las cenizas con el verde, el verde de la esperanza, el verde que tendrá que brotar nuevamente en nuestros montes quemados. La tarea no será fácil, al contrario. El nuevo rebrotar de nuestros montes tendrá que hacer frente a nuevas y graves amenazas, empezando por las derivadas del cambio climático (con evidentes y ya notorias repercusiones en la distribución de precipitaciones y temperaturas) y la escasa adaptación de parte de la nuestra vegetación a los incendios.


Pero frente a tanta desolación, todavía nos queda lo más importante que tienen estas tierras... sus gentes. Gentes que tan activa y decididamente han participado en las tareas de extinción y que ahora deben de retomar el protagonismo y la iniciativa en las tareas y actividades de restauración.


Para que estos montes recuperen la biodiversidad ahora perdida, serán necesarios costosos planes de restauración, en cuyo diseño y ejecución habrá que contar con la participación de las poblaciones afectadas. Es precisamente en la restauración de los montes quemados donde podemos encontrar algún signo de esperanza... La restauración será difícil, lenta, y cara, pero debería permitir una reformulación de las actuales políticas forestales y abrir un nicho de empleo en el sector forestal.


Tradicionalmente nuestros antepasados, agricultores y ganaderos, vivieron explotando y esquilmando el monte, nosotros hemos vivido olvidando o, en el mejor de los casos, contemplando el monte. Quizá sea el momento de convivir con el monte, de considerarlo como una fuente de empleo, de materias primas y de bienes y servicios. Quizá sea el momento de decidir que tipo de bosques queremos para el futuro y, por tanto, de participar activamente en la toma de decisiones. Quizá también sea el momento de exigir ayudas para que se apliquen las mejores y más adecuadas técnicas de restauración...


Quizá llegará el momento en el que las quejas y las lamentaciones den paso a la esperanza por ver reverdecer nuevamente estos montes. Para que ello sea posible nos tendremos que implicar todos, desde cargos políticos, gestores forestales y técnicos, hasta el último agricultor o ganadero de la comarca.


Con los conocimientos, experiencia y ayuda de todos podremos teñir el negro de verde...




José Antonio Alloza