Asistentes: Javier Oquendo (Colectivo Sollavientos).
José Luis Simón (Colectivo Sollavientos).
Luis Sánchez (APN, P.N. Parques Occidentales)
Mizar Torrijo (empleado de las cuadrillas de mantenimiento del P.N.)
Marta Marín (empresaria turismo de montaña, Hecho)
Mari Carmen Gascón (promotora cultural, Casa Gastón, Hecho)
Susana Aznar (entorno del Colectivo Sollavientos)
Araceli Cereceda (entorno del Colectivo Sollavientos).
Objetivo: Intercambio de opiniones sobre el funcionamiento del Parque Natural de los Valles Occidentales (valles de Ansó, Hecho, Aragüés y Aísa), como referencia para valorar la oportunidad, las ventajas y los inconvenientes que podría tener la creación de un primer P.N. en la provincia de Teruel.
Los inicios del P.N. se entrecruzan con una inflexión importante en la tradición maderera de estos valles. En los años 90 había tres serrerías (Ansó, Hecho y Aragüés), siguiendo una tradición de aprovechamiento de los recursos madereros que se remonta al menos a 1350. Se cortaba madera especialmente de hayas, actividad que estaba bien regulada y proporcionaba una riqueza importante a la zona.
A finales de siglo las serrerías entran en crisis por la depreciación general de la madera. Cierran las de Ansó y Aragüés. Ello coincide en el tiempo con un ambiente de crítica en los medios de comunicación por las sacas de madera y con los primeros movimientos para la creación del P.N.
El P.N. se crea finalmente en 2006. Muchas personas del territorio lo ven como una imposición desde arriba, no una aspiración de la población. El hecho de que el aprovechamiento maderero haya disminuido drásticamente desde entonces (una sola saca de madera en los últimos 15 años) se vincula a la creación del P.N. y genera una mala (aunque injusta) ‘mala prensa’ respecto a él.
Los ayuntamientos, y el territorio en general, recibe beneficios muy significativos del P.N.
Uno de los principales es la existencia de cuadrillas de mantenimiento, que limpian caminos y senderos, arreglan infraestructuras ganaderas y turísticas, etc. Son tres cuadrillas de cuatro personas, una por cada valle; 12 personas en total, contratadas por SARGA al servicio del P.N.
El coste de esta actividad supone aproximadamente un 50% del presupuesto que aprueba anualmente el Patronato del P.N.
Es de destacar el apoyo que se presta a la ganadería: arreglo de abrevaderos, vallados, transporte de sal en helicóptero a puntos seleccionados por los propios ganaderos…
Los ganaderos tienen, además, ayudas económicas específicas por hallarse en el P.N.
Esos beneficios se completan con la propia creación de puestos de trabajo: 12 personas en las cuadrillas y unas 8 en otras tareas (centros de interpretación, información turística…).
Sin embargo, esa veintena de puestos de trabajo, que al principio se cubrían esencialmente con personal de la zona, ahora los ocupan casi en su totalidad con personas venidas de fuera. Eso hace, probablemente, que la población local no valore esa aportación de puestos de trabajo.
Es cierto, sin embargo, que dentro del espacio del P.N. hay ciertas servidumbres: por ejemplo, no se pueden abrir o prolongar nuevas pistas forestales, si bien ésta es una norma cuya modificación se ve necesaria a corto o medio plazo.
Respecto al turismo, el modelo que mantienen estos valles es muy diferente del de otras zonas del Pirineo aragonés con estaciones de esquí y centros de vacaciones más masificados.
Sin embargo, no está claro qué aporta el P.N. al sector turístico. Hace años hubo un intento para publicitarlo como “valles tranquilos”, pero no cuajó.
Infraestructuras y actividad existen en los núcleos de población (hostelería, cámping en Hecho) y también dentro del propio espacio del P.N. (campamento “Ramiro I” y parque de tirolinas en Selva de Oza; complejo de la Borda Bisaltico; cámping y albergue de Zuriza; refugios de Gabardito, Lizara y Linza, entre otros).
No obstante, la hostelería en las poblaciones ha sufrido un declive en los últimos años.
En el contexto en el que se celebra la reunión, es inevitable abordar la gestión forestal y el riesgo de incendios. En este último hemos asistido este verano al tremendo incendio de Riglos-San Juan de la Peña, en el Prepirineo. Desde la Canal de Berdún hacia el norte, entrando ya en el Pirineo propiamente dicho, el riesgo de incendio es menor, si bien el sotobosque (fundamentalmente de boj) es muy denso y por tanto potencial propagador de incendios. En condiciones climáticas “normales”, ese sotobosque no se prendería con facilidad, pero las condiciones están cambiando y se temen las consecuencias de un rayo en un verano tan caluroso como el actual.
Y eso nos lleva de nuevo al aprovechamiento maderero: es una pena que unos recursos de tanta importancia como los que tienen estos valles, que históricamente constituyeron una de sus principales riquezas, estén ahora tan poco aprovechados. El pino silvestre de Oza es de gran calidad maderera; el haya, aunque no los sea tanto por la abundancia de nudos, podría también recuperar su aprovechamiento tradicional, incluso aunque fuese sólo para leña. Ello propiciaría una gestión forestal que mantendría bosques vigorosos y menos vulnerables a los incendios. Sin embargo, se da la paradoja de que en el valle de Hecho se comercializa leña de haya para calefacción, pero procedente de cortas en el cercano valle navarro del Roncal. La razón: allí la orografía y la red de pistas hacen que la madera sea mucho más accesible.
Como balance de la conversación, respecto al P.N. de los Valles Occidentales, una idea recurrente: a pesar de las ventajas objetivas que reporta el P.N. para las actividades tradicionales, la población de la zona sigue mostrando desafección a la figura del P.N. No terminan de valorarse ni las ventajas para los ganaderos, ni los puestos de trabajo creados, ni la autoestima que podría proporcionar un entorno natural privilegiado, con un sello de calidad como le otorga el P.N. y un interés científico que atrae a un ‘turismo de calidad’ de investigadores y aficionados.
Y como recomendación de cara a la posible iniciativa de P.N. en Teruel:
- Promoverlo con amplia participación de la población, trabajando intensamente los consensos sobre el PORN (Plan de Ordenación de los Recursos Naturales, más fijo y restrictivo) y el PRUG (Plan Rector de Uso y Gestión, más flexible), que serán los documentos que detallarán las posibles limitaciones y los mecanismos para optimizar los beneficios.
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