lunes, 15 de marzo de 2010

EL PARQUE CULTURAL DEL CHOPO CABECERO DEL ALTO ALFAMBRA (7)




RÍOS, ACEQUIAS, FUENTES Y CHOPOS



El chopo es una planta con una fuerte dependencia del agua. Tiene un gran porte, abundantes hojas, mucha savia, una extensa red radicular… Su gran facilidad para extraer agua del suelo y subsuelo, transportarla hasta las hojas y transpirarla en grandes cantidades, explica en parte su rápido crecimiento. Por esta misma razón, puede llegar a competir con el hombre por un bien tan preciado como es el agua.
Sin embargo, el chopo abunda en nuestros valles. En el Alto Alfambra, en el Pancrudo, en el Jiloca…, los chopos cabeceros forman hileras casi continuas, que permiten adivinar el trazado de los ríos. Pero no es éste el único lugar en el que podemos encontrarlos. También los hallamos a lo largo de las acequias de los sistemas de regadío tradicional, formando hileras, y en torno a manantiales y rezumaderos de agua, casi siempre en pequeños grupos, delatando claramente la localización de esas zonas húmedas.
¿Cuál es la razón de su abundante y sistemática presencia en estos tres tipos de lugares, cuando puede llegar a ser un competidor en el consumo de agua? Indudablemente porque, en una sociedad tradicional, sus ventajas son mayores que los problemas que puede llegar a generar.
Los chopos cabeceros de las riberas fluviales son una versión simplificada del bosque-galería natural. Esta simplificación, probablemente, reduce el consumo total de agua del río, y además ayuda a fijar sus márgenes, a “inmovilizar el río”. En un paisaje de regadío fluvial tradicional, de azud y acequia, es fundamental sacarle la máxima extensión de huertas a las terrazas bajas del río. Esto se consigue con una acequia-madre que gane pronto altura y se separe al máximo del curso fluvial. Y también con un río “canalizado”, que ocupe el mínimo espacio posible, y que no cambie su trayectoria durante las grandes avenidas. Para ello, nada mejor que sustituir el bosque-galería natural, más amplio e irregular, por una tupida hilera de chopos. Además, estos árboles pueden seguir siendo refugio de la fauna, descansadero de ganado en pequeñas choperas, y cultivo del que se puede aprovechar las hojas como forraje, o las vigas como combustible y material de construcción. Cada chopo tiene su dueño.
En las acequias, los chopos no consumen apenas el agua que circula por ellas, sino que aprovechan las pérdidas de agua debidas a la infiltración, a los agujeros de topillos y otros animales, etc. También sirven de refuerzo de sus márgenes estrechas y sobreelevadas, previniendo roturas y ayudando a fijar el barro suelto que se va acumulando tras las periódicas “limpias” del canal. En cierto modo, el chopo ayuda al hombre en la paulatina labor de construcción de la propia acequia.
Un beneficio similar ocurre en las fuentes y rezumaderos de agua. Aunque no se trate de una surgencia difusa, es casi imposible captar toda el agua de un manantial. Por ello, los puntos de surgencia de aguas subterráneas, sean naturales o canalizados con caños, siempre presentan una mayor o menor cantidad de agua en el suelo, que aprovechan los chopos cabeceros. Estos árboles, incluso, pueden servir para drenar humedales impracticables y para crear prados y sesteaderos para el ganado.
El Alto Alfambra es un espacio idóneo para observar estas tres localizaciones del chopo cabecero y para comprender sus funciones y beneficios (agrícolas, ganaderos, ecológicos, económicos…). Es un libro abierto para leer las relaciones entre el hombre y el chopo, y admirar la sabia simbiosis que se produjo en la cultura de nuestros antepasados recientes: El chopo cabecero, además de otras muchas más cosas, es una pieza clave del paisaje de regadío tradicional.

Alejandro J. Pérez Cueva
Colectivo Sollavientos

miércoles, 10 de marzo de 2010

PLANTACIONES FORESTALES DE LA FUNDACION BOSQUES DE LA TIERRA EN TERUEL / AÑO 2010

FUNDACION BOSQUES DE LA TIERRA EN TERUEL.
PLAZA SAN SEBASTIAN, 2. 2º A
44001 TERUEL



Teruel, 10 de Marzo de 2010

Estimados amigos:

Comunicaros los lugares y fechas de la campaña de Plantaciones durante la Primavera del 2010:

¨ Domingo, 14 de Marzo de 2010. En Monreal del Campo a las 10,00 horas. Salida desde el Restaurante Botero.

¨ Domingo, 14 de Marzo de 2010. En colaboración con “el Club de Montaña Cuatrineros de Escucha” y “la Plataforma Nuestros Bosques no se olvidan”, se plantará en una zona a determinar del incendio forestal de este verano: Aliaga, Ejulve, La Cañadilla, Montoso de Mezquita….. Si estáis interesados en participar poneros en contacto con Javier, su teléfono es 696029187.

¨ Sábado, 3 de abril de 2009. En Fuentes Calientes a las 10,30 horas. Salida desde el local de la Asociación Cultural “Las Fuentes” (al lado de la Escuela Pública).

¨ Con la FUNDACION MATARRAÑA NATURE. Proyecto de recuperación paisajística en Torre del Compte. Varios días. Teléfono de contacto: 978890099.

LOS ÁRBOLES QUE VAMOS A PLANTAR HAN SIDO DONADOS POR EL AYUNTAMIENTO DE ALBACETE FRUTO DEL CONVENIO DE COLABORACIÓN QUE TIENE CON ECOLOGISTAS EN ACCION.

lunes, 1 de marzo de 2010

EL PARQUE CULTURAL DEL CHOPO CABECERO DEL ALTO ALFAMBRA (6)


FORMACIÓN DEL PAISAJE DEL ALTO ALFAMBRA



A excepción de las cabeceras del Alfambra y del Sollavientos, con prados y frondosos bosques de pino albar, el paisaje del Alto Alfambra se caracteriza por altiplanos fríos y yermos, por valles de cereal y por hileras de chopos cabeceros. Una sensación encoge el ánimo de muchos viajeros. Son las parameras desnudas, los campos en barbecho, los chopos sin hojas… Un paisaje alejado de los encinares, robledales, sabinares y pinares originarios que aún se conservan, aunque en un fuerte estado de regresión. Este paisaje es fruto de una dilatada transformación de los elementos naturales del territorio. Es un constructo cultural de subsistencia, de presión antrópica sobre el medio natural, hijo de una historia en la que se suceden las crisis ambientales.

Resulta difícil apreciar cuál fue el impacto de los primeros pobladores, o de las etapas romana, visigoda o andalusí en estas tierras. Sí está más claro en la Edad Media y Moderna, donde la expansión de la agricultura y la ganadería llevó a establecer una estricta regulación sobre los recursos forestales y cinegéticos, que en ocasiones no se respetó, aunque pudiera ser fruto del consenso de monarquía, concejos, sesmas, comunidad de aldeas, ligallos... Existía de fondo una sorda presión sobre los recursos que no cabe atribuir mecánicamente a las capas bajas. Con todo, la regulación de los recursos significó una controlada regresión del medio natural.

El crecimiento demográfico sustentado por la expansión agropecuaria y la explotación de los recursos forestales (“fustas”, carbón vegetal), se vio ampliado por el auge del comercio y transformación de la lana. Aunque la población se redujo a partir del siglo XV y hasta el XVIII no recuperó valores bajomedievales, la presión sobre el medio se mantuvo. Que gran parte de las actuales iglesias y palacios de nuestros pueblos se construyera en esta época nos habla de dicha presión y de las formas que adquirió.

En efecto, con el fin de la época foral tras la Guerra de Sucesión, y en plena crisis de la industria lanera, las clases ricas presionaron a favor de la agricultura en detrimento de la tradicional gestión forestal por cuestión de rentabilidad económica y prestigio, lo que encajaba en los proyectos y mentalidad de la monarquía absolutista y de buena parte de los ilustrados. Es muy probable que la organización del espacio fluvial, con huertas, acequias, molinos y chopos cabeceros, que ha perdurado hasta hoy, se acabase de configurar casi definitivamente en este momento. Pero esto sucedió en un marco de incremento de los procesos de desigualdad social por acumulación de riqueza, que no cesó en el XIX con la implantación del estado-nación liberal y de la propiedad privada.

La expansión demográfica derivada de la disminución de la mortalidad, con máximos de población a finales del XIX y principios del XX, obligó a roturar tierras marginales en extremos inimaginables. Las mejores masías y fincas estaban en manos de escasos propietarios, los únicos —por otra parte— con recursos de capital para invertir en una mejor explotación. La mayor parte de la población debía conformarse con un pequeño pedazo de huerta, unos pocos animales de corral, unos pobres y dispersos bancales de cereal y, con suerte, algún chopo cabecero del que cortar leña y vigas. Fue la última crisis ambiental de este territorio. Esperemos.


Ángel Marco Barea*
Ivo Aragón**
*Colectivo Sollavientos
**Plataforma Aguilar Natural