miércoles, 21 de mayo de 2014

GEOLOGÍA PARA UNA NUEVA CULTURA DE LA TIERRA






El cartel que acompaña esta entrada pretende generar reflexión en torno a la necesidad de promover "UNA CIENCIA AL SERVICIO DE LA SOSTENIBILIDAD, LA SALUD Y LA ARMONÍA DEL PLANETA" . Su mensaje asienta en el MANIFIESTO: "GEOLOGÍA PARA UNA NUEVA CULTURA DE LA TIERRA", generado en la I Jornada Científico Cultural celebrada en Aguilar del Alfambra en 2011: "La Geología en la sociedad del conocimiento", organizada por la Plataforma Aguilar Natural http://www.aguilarnatural.com/


La charla inicial del ciclo "En clave de futuro" que ha formado parte del programa de celebración de los cinco años de apertura del CEA ÍTACA impartida por el geólogo turolense José Luis Simón, versó sobre esta nueva cultura geológica y el contenido del manifiesto que os invito a leer a continuación. 

El Colectivo Sollavientos, http://sollavientos.blogspot.com.es/, la Plataforma Aguilar Natural y el CEA ÍTACA son los colectivos y entidad que han apoyado este manifiesto que cuenta con una muy expresiva y didáctica ilustración de Juan Carlos Navarro.

                 MANIFIESTO "Geología para una Nueva Cultura de la Tierra"

Las asociaciones, colectivos y personas que firmamos el presente manifiesto lo hacemos movidos por el respeto hacia el patrimonio geológico como parte de nuestra naturaleza irrepetible y también de nuestra identidad territorial.

OBSERVAMOS que las sociedades avanzadas valoran cada vez más la cultura científica de la Tierra. La gea se descubre como auténtico laboratorio de divulgación, aprendizaje y recreo, y la exploración de sus secretos se incorpora a la oferta del turismo cultural y el eco-turismo. Algunas administraciones públicas dan ya a esta realidad emergente un estatus legal con la declaración de Lugares de Interés Geológico o con la incorporación de los conceptos de geodiversidad y geoparque a la legislación protectora del medio natural.

SABEMOS que la Geología ha tenido un papel destacado en la exploración y explotación de los recursos del subsuelo, y que ha apoyado a la Ingeniería en la construcción de las grandes infraestructuras civiles que vertebran y nutren el sistema socioeconómico. Pero en nuestra ‘sociedad del conocimiento’, DECLARAMOS LA NECESIDAD de una ciencia al servicio no sólo del desarrollo y la innovación, sino también de la sostenibilidad, la salud y la armonía del planeta.

En este contexto, CREEMOS que la Geología cobra una dimensión formidable como ciencia que nos permite comprender la dinámica de la Tierra, el tempo y la escala de sus procesos, y también las consecuencias de nuestra intromisión en ellos. Así, las ciencias de la Tierra irrumpen en campos nuevos como la protección ambiental y la prevención de catástrofes naturales, a la vez que aspiran a superar la incomprensión con que nuestra sociedad recibe a veces sus aportaciones cuando éstas contravienen los intereses dominantes. Hoy sabemos que no es posible nuestra supervivencia como especie sin una adaptación inteligente a la dinámica del planeta.

RECONOCEMOS que, desde hace milenios, la minería ha sido una actividad profundamente transformadora del medio físico y de las colectividades humanas. Nos ha provisto de materias primas con las que hemos construido herramientas y viviendas, nos ha ayudado a sobrevivir y ha favorecido el desarrollo de nuestra economía y nuestra cultura. Pero también ha producido un hondo deterioro en los paisajes y en las relaciones sociales; de la mano del colonialismo, en todas sus facetas y etapas históricas, la codicia desmedida que con frecuencia desata ha levantado y hundido la economía de regiones y países, ha devastado territorios y ha esclavizado pueblos. En un mundo que comienza a ver la necesidad de ajustar el crecimiento a los límites que imponen el tamaño y los recursos del planeta, a la vez que proclama el valor universal de los derechos humanos, NO ENTENDEMOS que la minería del siglo XXI pueda seguir practicándose bajo los supuestos y principios de antaño.

Por todo ello, MANIFESTAMOS, que se hace necesaria una Nueva Cultura de la Tierra, una nueva mirada sobre nuestro planeta que sustituya la depredación de sus recursos materiales por la búsqueda honesta de la sabiduría que emana. Que reemplace la prioridad del beneficio de quien explota y comercializa los recursos por el derecho de la humanidad a su bienestar y a evitar el fracaso de la explotación ilimitada. Una Nueva Cultura de la Tierra que es también nueva cultura del Agua, del Clima y de la Vida. Geosfera, hidrosfera, atmósfera, biosfera y antroposfera deben integrar un sistema en equilibrio o colapsarán por el eslabón más débil. Los humanos, una especie animal más entre los millones que pueblan y han poblado la Tierra, somos unos recién llegados a este hogar común y no podemos arrogarnos el derecho a ser sus administradores únicos. Mucho menos, a malbaratarla como si nuestra generación hubiere de ser la última en habitarla.

Aguilar del Alfambra, 4 de junio de 2011


lunes, 19 de mayo de 2014

CUSTODIA DEL TERRITORIO

Programa del Seminario de presentación de la Red Aragonesa de Custodia del Territorio. Tendrá lugar el próximo viernes 30 de mayo en Zaragoza.




lunes, 12 de mayo de 2014

LA CULTURA ECOLÓGICA DE NUESTROS MAYORES





  Gonzalo Tena Gómez*                                                                                                             
                                                                                                                                          Se volverá a labrar con macho    
                                                                                                                                          EL TIO TOMÁS EL PIQUERO                                                                                               
¡Qué tiempos aquellos en que no se tiraba nada! Aunque  hoy el proceso de reciclado es clave en el mundo desarrollado en el intento de detener el deterioro ambiental, antaño se reutilizaban y se reparaban los objetos indefinidamente, y no hacía falta reciclar. En nuestros días atiborramos los contenedores de residuos, de los cuales nos desentendemos. ¡Ah los plásticos! Nuestras buenas gentes, antepasados nuestros,  no pudieron beneficiarse de este útil material, ni tuvieron que enfrentarse al problema de cómo deshacerse de su invasión.
Antaño el aprovechamiento de los residuos alimenticios era total: los huesos, para los perros (hoy a los chuchos urbanos no se les da de comer huesos por mor de que no se atraganten los animalicos y comen friskis del super, y… esparcen por doquier sus residuos digestivos). Las peladuras y restos de hortalizas eran para las gallinas, los conejos o los puercos. La fruta escaseaba…los rosigones se hacían invisibles. Los platos se fregaban con esparto, con arena algunos cacharros. Hasta las latas se convertían en recipientes.  La posesión de calzado se limitaba a un par de abarcas o de alpargatas y, cuando se rompían, otro (a veces de construcción propia.)  De ropa, la justa, aun contando el vestido de mudar.
La cría de animales y el cultivo de la huerta (se practicaba la agricultura ecológica de manera inconsciente y se obtenían variedades que ya no se ven) disminuían drásticamente la compra de alimentos. El pan se masaba en casa. El matapuerco aportaba proteínas y grasas para todo el año. Y a cagar, al corral o, placer indescriptible, al monte. Las tiendas ofrecían solo comestibles y productos de uso básico, nada que ver con el mareo de la demencial variedad de productos superfluos y repetitivos en la oferta de los supermercados actuales. El trueque era frecuente.
El jabón se hacía en casa; el lavadero era un lugar de encuentro y comunicación femenina. Para beber, agua clara de la fuente y vino de la taberna. Las viviendas, corrales y pajares se construían en el solano, fuera de los terrenos agrícolas y de zonas inundables. Por supuesto, con materiales del entorno natural. La calefacción y la cocina se alimentaban de biomasa (“leña” solían llamarla). Por su recogida y por el pastar de la ganadería, los montes se mantenían limpios y no se hablaba de incendios forestales. Los chopos de las riberas se escamondaban puntualmente. La custodia del territorio estaba servida.
La salud requería de remedios naturales, nada de los cócteles farmacológicos actuales. Al verano, a bañarse en el río, sin cloro. Las fiestas las amenizaban los gaiteros; la discomóvil no atronaba de madrugada. Se elaboraban deliciosas pastas caseras para las celebraciones. El aparcamiento no constituía una preocupación y del transporte se encargaban los machos, carros y las bicicletas que vinieron después. Toda esta situación empezaría a declinar a partir del boom consumista de los 60: llegaban los electrodomésticos. Empezaba a romperse la correa de transmisión generacional de una tradición riquísima de patrimonio oral e inmaterial.
Nuestros antepasados próximos se las arreglaban sin el móvil. Vivían menos años que la generación actual, pero ¿podríamos asegurar que somos más felices hoy en día?
La conclusión de esta sencilla reflexión no es plantear una vuelta imposible  a tiempos pasados. Ni mucho menos aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Estos comportamientos ecológicos avant la lettre fueron unidos a muchas limitaciones, estrecheces y épocas de opresión y dolor. La pretensión de este escrito se limita a proponer que deberíamos recuperar la mentalidad ahorradora y los valores del aprovechamiento y cuidado de las cosas de nuestros mayores,  replantearnos nuestros hábitos de consumo para generar el mínimo de residuos e imitar a nuestros mayores en todo lo que no rebaje la auténtica  calidad de nuestra vida. En Teruel también precisamos una conciencia y una práctica pro ambiental generalizada, individual y colectiva. Nos va mucho en ello.


* Colectivo Sollavientos