viernes, 19 de mayo de 2023

EL DESPLIEGUE DE ENERGÍAS RENOVABLES EN EL MEDIO RURAL (10) La deriva especulativa

  En varios medios de comunicación se ha publicado recientemente que grandes empresas, fondos y bancos internacionales se han interesado por la inversión en energías renovables en España. Esto no es algo nuevo, sino que se viene gestando desde hace cinco o seis años. Se han fijado en pequeñas poblaciones y espacios de la España interior asequibles e indefensos.

 La producción de energía a partir de combustibles fósiles se realiza en grandes centrales propiedad de cuatro o cinco compañías que controlan el ciclo de la producción, la distribución y la comercialización. Esto mismo ocurre con la electricidad que se genera en las nucleares, instalaciones necesariamente grandes debido a su sistema de funcionamiento.

 Las renovables suponen un cambio en la forma de producir energía, pues se puede hacer de forma mucho más distribuida, desde pequeñas instalaciones para el abastecimiento de una sola familia hasta proyectos de gran capacidad. Esto ha llevado a que el mercado se amplíe y hayan aparecido empresas que desarrollan proyectos para venderlos a terceros: viviendas, comunidades energéticas, empresas desarrolladoras o grandes inversores.

 Esta última opción incentiva la especulación en el mercado eléctrico. La energía que se genera solo puede volcarse en subestaciones eléctricas, y los puntos de conexión a las mismas son limitados. De este modo, el promotor que se garantiza una de esas conexiones tiene una ventaja competitiva, por lo que el objetivo empresarial deja de ser la generación de electricidad y pasa a ser la venta de derechos para volcar en la red, un tipo de operación que se ha multiplicado por 9 en los últimos dos años y sigue creciendo.

 Una vez conseguido el derecho de enganche a la red, que gestiona Red Eléctrica de España (REE), el proyecto sigue los trámites legales. Si supera la Evaluación de Impacto Ambiental y obtiene la autorización administrativa, se empieza a construir. Quizá lo haga la propia empresa que ha promovido el proyecto, pero este puede venderse también a otras compañías, generalmente distribuidoras de energía o fondos inversores.

 Los fondos de inversión han visto en el sector de las renovables una gran oportunidad de negocio. No van a ser distribuidores, ni comercializadores, sino que van a aprovechar el valor de un bien básico para familias y empresas con el fin de rentabilizar durante seis o siete años su capital. Pasado ese tiempo es posible que sigan en el negocio si aún es rentable o que lo vendan a otras sociedades para recapitalizarse.

 Un proyecto como el clúster del Maestrazgo, promovido por Forestalia, va a pasar a manos de un fondo llamado Copenhaguen Investiment Partner (CIP), que presumiblemente requerirá de otra empresa desarrolladora que lo construya y explote. CIP ya está actuando como propietario de facto del proyecto, iniciando los encargos de estudios técnicos para su construcción. También hay instalaciones comprometidas con fondos de Malasia o de Singapur, y se conoce el interés de inversores chinos por entrar en el mercado europeo. Fondos internacionales han comprado centrales en la Terra Alta de Tarragona, mientras Goldman Sachs, uno de los grandes de Wall Street, ha creado recientemente la empresa Verdalia Bioenergía con el propósito de liderar el sector del biometano en España.

Los contratos firmados y los compromisos adquiridos por Forestalia y otras empresas con los ayuntamientos y propietarios serán también transferidos a esas corporaciones. Altos ejecutivos que no saben dónde se encuentran los pueblos de la provincia de Teruel, ni qué necesidades reales tienen, serán los encargados de cumplir esos compromisos. Si llegado el momento el negocio no funciona o cambian las circunstancias, veremos si los mantienen o desaparecen de la misma forma que aparecieron. ¿Qué ocurrirá entonces con las propiedades ocupadas, los montes arrasados, quién se hará cargo de toda esa chatarra? Todo esto no es fabulación, sino la realidad que rodea a los proyectos de renovables en todo el país.


Javier Oquendo

Colectivo Sollavientos

Plataforma a favor de los paisajes de Teruel















 

sábado, 13 de mayo de 2023

EL DESPLIEGUE DE ENERGÍAS RENOVABLES EN EL MEDIO RURAL (9) ¿Energía eólica para quemar nuestros montes?

Puede resultar chocante cómo dos temas de tan rabiosa actualidad y aparentemente sinérgicos, como son el incremento de los grandes incendios forestales y la apuesta actual por los megaproyectos de energía eólica, van a llegar a ser íntimos enemigos. La instalación de centrales eólicas en zonas forestales aumenta el riesgo de incendio y dificulta o incluso impide el trabajo del operativo de extinción. Para mayor incoherencia, muchas de estas centrales eólicas están proyectadas en zonas de alto y medio riesgo de incendio forestal, e incluso en zonas donde históricamente se han producido grandes incendios, como el de Villarluengo de 1994 (29.453 ha quemadas) o el de Aliaga de 2009 (7.301 ha).


Al igual que ocurre actualmente en centrales eólicas en explotación, el nuevo escenario ha traído consigo un aumento de igniciones derivado de la gran cantidad de líneas eléctricas, trabajos de mantenimiento e incluso de los propios aerogeneradores, que por averías o por alcance de rayos también llegan a arder. La falta de planificación y el despliegue de renovables cambiará el actual régimen de incendios. Así, en las comarcas de Gúdar-Javalambre y Maestrazgo, la mayor parte de incendios forestales se concentran en verano y son causados de forma natural por rayos (el 70% en los últimos 20 años, frente al apenas 1% causados por líneas eléctricas). De llevarse a cabo la construcción de las macrocentrales eólicas proyectadas, la peligrosidad se extenderá a cualquier época del año y, en episodios ventosos y con combustible desecado, aumentará muy notoriamente.


Muchos de los aerogeneradores que se pretenden instalar en nuestros montes se emplazarán en divisorias y zonas altas, donde habitualmente aterrizan los helicópteros para desembarcar a los bomberos forestales, por ser las zonas de oportunidad de ataque al incendio. Las alineaciones de aerogeneradores de 200 m de altura y los kilómetros de líneas de alta tensión distribuidos por amplias zonas de masa forestal constituyen imponentes muros que pueden dificultar e incluso anular la actuación de los medios aéreos. Así, las zonas inaccesibles por tierra y fuera del alcance de dichos medios quedarán con pocas probabilidades de extinción.


Además, las centrales eólicas generan un riesgo adicional para el personal del operativo de extinción, ya sea por el contacto con las líneas eléctricas en un escenario de baja visibilidad por humo para los medios aéreos, por la rotura de líneas con cables energizados, o por la aplicación de agua sobre líneas eléctricas.


Por si fuera poco, el entramado viario construido para los macroproyectos eólicos constituye en muchas ocasiones un laberinto, ya que muchos de sus ramales carecen de salida, convirtiéndose en una verdadera «ratonera» para el operativo terrestre de extinción. Pese a la señalización que se pueda instalar, en el marco de una emergencia, con medios no conocedores del terreno y sin el apoyo de medios aéreos, pueden generar un atrapamiento. Asimismo, toda la infraestructura de prevención de incendios forestales (red viaria, depósitos de agua, puntos de vigilancia, áreas de defensa) está emplazada a partir de un riguroso estudio de la peligrosidad, vulnerabilidad y dificultad de extinción. Con la construcción de centrales eólicas, el escenario de riesgo de incendio cambiará y, por tanto, la infraestructura preventiva actual ya no será eficaz.


Pretender fomentar este tipo de instalaciones industriales en zonas forestales de alto valor, que aumentan el peligro de incendio y dificultan su extinción, es una de las grandes burlas políticas del «lavado verde» que le quieren dar a esta mal gestionada transición energética. Mientras, se abandonan las actividades tradicionales que se desarrollan en el territorio, como los aprovechamientos forestales, la ganadería extensiva o la diversificación de cultivos, que son las que mantienen vivas estas tierras y previenen los incendios forestales.


Ignacio Gracia

Ingeniero Forestal



 

sábado, 6 de mayo de 2023

EL DESPLIEGUE DE ENERGÍAS RENOVABLES EN EL MEDIO RURAL (8) Amenaza sobre el Geoparque del Maestrazgo

Un gran número de los parques eólicos proyectados en los últimos años pretenden instalarse en el Parque Cultural del Maestrazgo: Majalinos, El Bailador, Íberos, Guadalopillo, Hocino, Caballos, Fuenfresca, Las Lomas, Loma de la Solana, Muela de Vilomar, Las Fuentecillas, San Antón, Virgen de los Dolores, Virgen de Fátima, Astarte, Entalto, Tocaire, Boira o el larguísimo etcétera (nada menos que veintidós parques) que componen el llamado clúster del Maestrazgo.

El Parque Cultural del Maestrazgo se convirtió en Geoparque en el año 2000, como socio fundador de la Red de Geoparques Europeos (EGN) junto a otros tres socios de Francia, Grecia y Alemania. La propia sesión constituyente de la EGN tuvo lugar ese año en Molinos. Desde 2015, el Geoparque del Maestrazgo pertenece asimismo a la red Global Geoparks de UNESCO.

La Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad de 2007 define el patrimonio geológico y la geodiversidad como parte sustancial del patrimonio natural, y establece que los Geoparques declarados por la UNESCO “tendrán la consideración de áreas protegidas por instrumentos internacionales”. El plan estratégico que la desarrolla afirma que “el patrimonio geológico posee un valor intrínseco que justifica su protección”.

Así pues, el territorio del Geoparque del Maestrazgo cuenta con una protección de rango estatal. Aunque esté pendiente su desarrollo normativo completo en nuestra comunidad, es un espacio protegido expresamente reconocido en 2015 por dos decretos del Gobierno de Aragón, que lo incluyen entre las llamadas áreas naturales singulares y entre los espacios de interés geológico, respectivamente. No existe, por tanto, ninguna coartada para excluir el Geoparque del Maestrazgo de la consideración de espacio natural protegido.

La Ley de Evaluación Ambiental de 2013 exige estudiar en detalle y valorar adecuadamente el impacto de las centrales eólicas con más de 10 aerogeneradores o 6 MW de potencia sobre áreas protegidas por instrumentos internacionales, entre los que se encuentran los Geoparques. Sin embargo, esta exigencia ha sido soslayada en muchas instalaciones eólicas y líneas de alta tensión proyectadas. Por ejemplo, en las de Loma de la Solana, Caballos, San Antón, Las Fuentecillas, Virgen de Fátima o el clúster del Maestrazgo, los estudios de impacto ambiental no mencionan siquiera esa figura de protección, y en los demás casos se hacen sólo alusiones vagas sin considerarla seriamente en el análisis de impactos.

La realidad que supone el patrimonio natural y cultural Geoparque del Maestrazgo, su estatus legal en cuanto a reconocimiento y protección, así como las acciones llevadas a cabo durante dos décadas para su puesta en valor como recurso cultural, turístico y de desarrollo, no pueden ser ignoradas. Constituye un ejemplo, pionero y sobresaliente a nivel nacional e internacional, de sinergia entre las iniciativas de los agentes de desarrollo en este territorio rural, el impulso proporcionado por los medios científicos y académicos y el apoyo de las administraciones públicas. Es paradójico que, al igual que ocurre con los espacios de la Red Natura 2000, esas mismas administraciones que han impulsado y aprobado las declaraciones de espacios protegidos, y han invertido recursos públicos en ellas, aprueben ahora declaraciones de interés público a proyectos que pretenden destruirlos.

Dos ejemplos muy recientes demuestran esa contradicción: son sendas declaraciones de impacto ambiental (DIA) “compatibles” otorgadas por el INAGA y por el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITERD) al proyecto eólico El Bailador y al clúster del Maestrazgo, respectivamente. En este segundo caso, un extenso y riguroso escrito de alegaciones presentado por la Plataforma a favor de los Paisajes de Teruel, que incluye un documento defendiendo los valores del Geoparque del Maestrazgo apoyado por un centenar de investigadores y docentes, no ha merecido en la DIA ni siquiera la respuesta a la que el MITERD está obligado por la Ley de Evaluación de Impacto Ambiental. Semejante desprecio no es de recibo.

José Luis Simón

Colectivo Sollavientos


PIE DE FOTO:

El “corazón” del Geoparque del Maestrazgo, junto a la masía de Juan Pallarés (Mosqueruela).