jueves, 26 de diciembre de 2019

"Lo rural ha muerto, ¡Viva lo Rural! (Otro puñetero libro sobre la despoblación)", de Víctor Guiu




SINOPSIS: (solapa)
La despoblación está de moda. Todos tienen respuestas para ganar el partido.
O van con la pregunta contestada, o pocos preguntan a jóvenes y paisanos, que tienen claro dónde les encamina la cultura imperante.
A través de imágenes cotidianas de los que nadan en este mar inmenso, se nos muestran puntos de vista donde la hibridación urbano-rural ha transformado lo que creíamos “rural”.
Combinando literariamente anécdotas y estudios, el autor exprime lo que sucede diariamente por nuestros pensamientos híbridos. Porque ahora que todo esto es producto, se nos olvida que nadie cambia el discurso del remedio. Y los remedios, como los niños que imaginan el mundo viendo la pantalla de un móvil, no tienen mucho que ver con lo que nos cuentan.

LO RURAL HA MUERTO; ¡VIVA LO RURAL!

Lo rural… Y eso ¿qué es?: la España vacía, vaciada, interior… ¿España, mi querida España?
Hasta el día de hoy bastaban unos cuantos topicazos para salir airoso. Nada más lejos de la realidad.  La complejidad que encierra la respuesta requiere hacer encaje de bolillos. Este libro no busca respuestas; las teje. Pero sí se hace preguntas, muchísimas, para que el lector extraiga sus conclusiones ya sea repartidor, poeta,  ingeniero o pastor.
Abordando puntos de vista diferentes con humor y valentía, recopilados vital y profesionalmente durante décadas, el libro exprime el languidecer de un mundo que nos toca de lleno. Todos tienen remedio, aunque el discurso del remedio es en esta historia lo que menos ha cambiado.
El siglo XXI es el vademécum de la modernidad. En estos tiempos líquidos de: ¡queremos todo y lo queremos ya!, la fina sombra de la parca se intuye en la lejanía y quizás no haya vuelta atrás.
Los ciudadanos, las entidades, los gobiernos… todos están en el tablero y cada uno mueve sus fichas como puede o le dejan. Pero la partida tiene truco.
Rigor, seriedad, ironía y acidez, se dan cita en este libro tan esclarecedor y tan limpio, para que no olvidemos el motivo cultural que envuelve la despoblación y contra el que es casi imposible luchar.
La nostalgia hiere, pero la desidia es letal.
Como quien espera entre la docilidad y el cabreo, asistiremos al sepelio de cuerpo presente, aunque nunca nos hayan dado vela para este entierro. Y después, por supuesto, nos quejaremos… ¿o no?

Sergio Grao




PEDIDOS: 


FICHA TÉCNICA LIBRO
ISBN 978-84-944125-8-5
Título: Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación.
Autor: Víctor Manuel Guiu Aguilar
Introducción: Luis Antonio Sáez Pérez (Director Cátedra sobre Despoblación y Creatividad de la Universidad de Zaragoza)
Formato: 24 cm alto x 17 cm ancho.
Páginas: 160.
Fotomontajes: 5 (Abilio Andrés)


BREVE SEMBLANZA DEL AUTOR 
Víctor Manuel Guiu Aguilar (Híjar –Teruel–, 1978)
¿Lo rural ha muerto?... ¿Hay solución?
Víctor Guiu, licenciado en Historia, postgraduado y con estudios en unas cuantas cosas, lleva veinte años trabajando en varias comarcas y recopilando anécdotas, proyectos y cuentos. En el pueblo ha sido un poco de todo: técnico, profesor, gestor, fundador de centros de estudios, camarero… Y sobre todo poeta. Reflejando los paisajes y paisanajes donde ha vivido y donde ha querido vivir. A lo largo de su vida ha publicado numerosos artículos relacionados con la despoblación. Participa en prensa local de cuando en cuando y ha publicado algunos libros de poemas. El último “Poesía Líquida” en 2015. Es miembro del grupo de polipoesía “La Europa del Aborigen” y padre. En este libro el autor nos sumerge en ese mundo tan particular de la despoblación, visto desde un prisma crítico y puro, sin ningún tipo de condescendencia. En él nos desvela todos los actores principales, que son muchos... y todos los actores secundarios, que deberían ser más... Ahora que la palabra "despoblación" suena en tertulias, telediarios y congresos, las soluciones vienen tarde para muchos, pero a tiempo para varias generaciones.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

CAMBIO CLIMÁTICO Y MUNDO RURAL





Es posible que no se haya escuchado tantas opiniones y comentarios juntos sobre el cambio climático como las escuchadas en los días previos y en los que se está desarrollando la Conferencia sobre el clima o COP25 en Madrid.

Es cierto que no es un problema local o de un determinado lugar, sino que su gravedad se debe a que afecta a todo el planeta y da igual donde se produzcan las emisiones, pues no tienen ni fronteras, ni limitaciones, pero no es menos cierto que no a todos afecta por igual, pues a los países pobres les va a resultar mucho más difícil su adaptación y a las zonas costeras les va a impactar con más fuerza y a determinados ciudadanos de islas del Pacífico ya les ha obligado a emigrar, como a muchos de países que sufren severas sequías.  

Sin olvidar este carácter global del problema, sí que podemos hablar de la incidencia sobre determinadas comunidades o espacios y evaluar su mayor o menor afección. Desde esta perspectiva nos podemos plantear si el cambio climático tiene una incidencia especial en el mundo rural y si este tiene que tomar unos determinados comportamientos para facilitar su mitigación. No es menos cierto que muchos de los debates y de las perspectivas se plantean desde el mundo urbano y sus preocupaciones. Pero no se trata de un enfrentamiento entre culturas, sino de dar luz a las distintas percepciones y sensibilidades.

Cualquier cambio en el clima, que no es el tiempo, que varía permanentemente, tiene mucha más incidencia en las actividades del mundo rural que en otros espacios, pues sus actividades está muy íntimamente relacionadas con el medio natural y con todos los procesos que en él se dan, y uno muy importante es el clima. La agricultura y la ganadería dependen del “cielo”, que decían nuestros mayores, pues todos sus ciclos están influenciados en gran medida por las lluvias, las heladas, las tormentas, los episodios de calor…  Cuando estos cambian y se vuelven más inestables, pongamos por ejemplo las sequias prolongadas, las actividades agrícolas y ganaderas sufren de manera mucho más importante que otros sectores, pues deben procurar el alimento de los animales con productos traídos de fuera, como la soja, y elevar el precio de su producción, sin que el mercado lo asuma en muchos casos.  Por tanto, el cambio climático afecta al mundo rural de forma muy significativa.

Otro de los sectores que ayuda al mantenimiento del mundo rural es el turismo, que podríamos pensar de entrada que éste se va a ver beneficiado por unas temperaturas más cálidas, pero sin ser exhaustivos, son previsibles dificultades en los abastecimientos de agua, el exceso de consumo para estabilizar la temperatura en los establecimientos, tanto en verano con aire acondicionado como en invierno con calefacción. Las olas de calor no facilitan el disfrute del medio, y unos bosques enfermos no ayudan a su disfrute.

En la actividad forestal estamos viendo que los bosques sufren un fuerte estrés hídrico que afecta a la defoliación de los árboles y por tanto han mermado un mercado que ya no estaba en sus mejores momentos. También las plagas son mucho más severas y recurrentes, por lo que los árboles sufren fuertes defoliaciones y en ocasiones mueren.

Al actuar frente al cambio climático, el mundo rural se puede convertir en el espacio donde se plantean las nuevas actividades que intentan mitigar sus efectos, como la generación de electricidad o la captura de CO2, con importantes impactos en su patrimonio y volviendo a convertirlo en productor para el consumo de otros. Esto sería un efecto colateral, pues no sería un efecto directo del cambio en el clima, sino de las actividades que tenemos que plantear para mitigar las emisiones.

El mundo rural es el gran proveedor de recursos ecosistémicos; en lenguaje más vulgar, de cosas necesarias para poder vivir, como los alimentos, el oxígeno, el agua, los recursos forestales y minerales… Pero todos estos recursos son precisamente los que más van a sufrir  merma o  deterioro si la temperatura del planeta sube más de 2º, por lo que las actividades económicas en el mundo rural tendrán una disminución en su rentabilidad.

Es tiempo de actuar y de plantear el futuro con responsabilidad, con la determinación que exige la emergencia climática, pero sin los errores de la improvisación.
 
Javier Oquendo
Miembro del Colectivo Sollavientos

jueves, 21 de noviembre de 2019

¿Emergencia climática o Emergencia Medioambiental?





Esto es una ratonera, estamos atrapados, el sentido común y la sabiduría que todos tenemos dentro nos dictan qué medidas deben ser las adoptadas para mitigar el desastre que se nos viene encima, pero, que no se ponen en práctica porque son decisiones colectivas que incluyen a muchas personas, a muchas entidades y a aquellos en los que delegamos la toma de decisiones. A estos últimos, nuestra misión la del ciudadano corriente,  es obligarlos a adoptar estas medidas porque si no, la civilización, tal como la desearíamos, empezará a desaparecer en pocos años, ahí está la Emergencia, ese es el sentido de las últimas manifestaciones por el planeta.

¿Pero qué medidas son esas?, empezaré por la energía, la nombrada Transición energética, el uso de las energías renovables, todos sabemos que  la colocación de paneles solares  y pequeños molinos de viento en nuestros tejados es la manera más limpia de producir energía, toda esa superficie disponible en las ciudades está ahí esperándonos; pero no, esa opción nunca está en la mesa de las alternativas elegibles: los ciudadanos nos convertiríamos en productores a pequeña escala de energía y eso no encaja en los planes de las grandes empresas energéticas, que prefieren la Macro Energía Eólica. Sí, se genera energía sin gastar combustibles fósiles, “es renovable”; pero, y ¿el elevado coste de transporte?, ¿la alteración de los caminos para acceder a sus emplazamientos?, ¿los impactos sobre la fauna, y la contaminación paisajística?, ¿eso no se discute?. Cuando vamos de vacaciones, ¿preferimos ir a  ver montañas vírgenes o montañas con gigantescos molinos eólicos?. No me hace falta contestar a esta pregunta. ¿Vamos a dejar que sacrifiquen nuestro paisaje?, una de las últimas oportunidades de llenar esa “España despoblada”, es con el turismo rural. Nos venden humo: desarrollo industrial en el mundo rural que fija población. Mentira: miseria de empleos que después resulta que son 4, y ¿por qué prefieren esta alternativa? Pues porque la Macro Energía Eólica, pasa a ser SU energía y así pueden vendérnosla.

Declaremos a la energía como un producto de primera necesidad y cambiemos el sistema de arriba a abajo. Fundemos  empresas que se dediquen a la I+D en paneles solares, a producirlos, a instalarlos, a mantenerlos, a crear empleo (las previsiones son espectaculares), a ayudar en este sentido,  a mirar como lo hacen los vecinos de Europa, por ejemplo el caso de Alemania que tiene más paneles solares que España y bastantes menos horas solares.

Respecto a los coches eléctricos, de entrada debemos acabar con la idea de ser necesariamente propietario de un vehículo. Nuestro entorno esta colonizado por esas peligrosas máquinas que ocupan espacio, y que suponen una de las peores inversiones que los ciudadanos hacemos en nuestras cortas vidas. Si necesito ir de A a B me bajo a la calle y tengo varias opciones: transporte público, alquiler de varios medios de locomoción como son las bicis (hay mecánicas y eléctricas), patinetes (que debemos regular), o coche eléctrico de alquiler. Hay y habrá empresas que se encargarán de su mantenimiento, seguros etc. –me consta que se generará empleo. Si aun así queremos tener coche propio, la idea es que sea un coche eléctrico con dos baterías intercambiables, hay ya unas baterías de alto rendimiento, y  todos los fabricantes deberán usar el mismo modelo homologado, como las pilas de toda la vida. Una de ellas se recarga en casa durante el día con los paneles solares instalados en el tejado. Asimismo deberíamos disponer de puntos de recarga o de simplemente intercambio de baterías ¿Electrolineras?. Estaréis de acuerdo en que esto es posible, pero volvemos a tropezarnos con la barrera de los intereses, de los empleos, del status quo, con argumentos que nos repiten una y mil veces en contra del sentido común, para que sigamos igual, cuando estas iniciativas crearían riqueza, empleo y nos devolverían libertad.
Otra medida es lo concerniente a la proliferación de los plásticos –un gravísimo problema ambiental que se añade a los desajustes climáticos, - ¿qué dice el sentido común?: que deberíamos usar los imprescindibles. Pues NO, tenemos “plásticos hasta en la sopa”, literal si la sopa es de pescado.  ¿Qué deben hacer nuestros administradores? Pues reducirlos al mínimo y contribuir así al complimiento de los objetivos de Desarrollo Sostenible, prohibiendo a las empresas fabricantes la producción  indiscriminada o autorizando la entrada de nuevos productos en función del tipo y cantidad de plástico que contienen y de un diseño pormenorizado de la vida de ese producto, primando la economía circular. Una vez más nos fallan nuestros administradores, sin ir más lejos por ejemplo, la entrada en el mercado de las máquinas de café con dosis de un solo uso. ¿No se dieron cuenta de que se iba a producir un nuevo residuo? En este caso con aluminio,-metal que al planeta le está saliendo muy caro-, de difícil reciclado, que por el momento no veo que se recoja para que vuelva al ciclo productivo.

Con este articulo espero concretar algunas de las medidas que pueden modificar el cambio climático pero, insisto,  estamos atrapados por el sistema, nuestra misión como ciudadanos es obligarlo a adoptar medidas con sentido común, si no, D.E.P nuestra querida civilización.
P. D.: Ante este panorama de contaminación atmosférica, degradación sistemática del entorno, impacto paisajístico (a veces paradójicamente, desde el pretexto de combatir el cambio climático, aerogeneradores en lugar de gran valor natural, etc.), plásticos, contaminación en las ciudades, islas de calor, masificación de los sistemas de aire acondicionado, y suma y sigue, al que se añadiría el propio cambio climático. Deberíamos pensar que al planeta todo este desvarío le da igual, seguirá aquí y los humanos, si seguimos así, seremos solo un mal recuerdo en su periplo vital.


Nicolás Ferrer-Bergua
Colectivo Sollavientos