miércoles, 9 de julio de 2008

DEMOGRAFÍA Y MINERÍA DE ARCILLAS EN TERUEL (II): LA DEFENSA DEL TERRITORIO


En el artículo anterior trazábamos la evolución demográfica de Teruel durante el siglo XX y sus repercusiones actuales: a) una estructura de la población muy envejecida, incapaz por ella misma de una regeneración demográfica, b) unas densidades propias de un “desierto demográfico”, con valores inferiores a 5h/km2 en algunas comarcas y c) un proceso de asentamiento de la población inmigrante muy débil y dificultoso. La conclusión principal era que resultaría muy difícil beneficiarse de las supuestas “oportunidades” del actual desembarco de la minería de arcillas en Teruel. Pero está claro que esta ausencia o dificultad de aprovechamiento no va a ser un factor que pare el proceso: estamos delante de un modelo de “iniciativa exógena”.

En estas circunstancias cabe preguntarse si la población autóctona es capaz de filtrar debidamente estas iniciativas exógenas: de rechazar lo que no le interesa y de controlar lo que pueda ser beneficioso o neutro. Opinamos que la debilidad demográfica es el factor fundamental en la también débil defensa de los intereses de la población, del patrimonio y del territorio:

1) La minería es una actividad económica potencialmente beneficiosa para el desarrollo local, pero para ello los agentes locales deben ser capaces de transferir de modo eficiente los recursos obtenidos en otro tipo de actividades económicas, de bases más sólidas y duraderas. Esto apenas ocurre en Teruel.

2) Por otra parte, las actividades mineras suponen siempre una pérdida de patrimonio (económico, paisajístico...), que sólo es admisible si se logra una "transferencia patrimonial" con un saldo neto positivo al final del proceso. Esto tampoco está ocurriendo en Teruel.

3) Una de las claves del correcto funcionamiento del proceso es el contexto demográfico: una población muy escasa y envejecida es el peor de los escenarios posibles. ¿Puede esta población analizar, filtrar o alegar los proyectos mineros?

4) El riesgo fundamental que supone la extrema debilidad de los agentes locales es que no son capaces de controlar y aprovechar el proceso: ni son capaces de rechazarlo cuando no les interesa, ni son capaces de generar las iniciativas (o son rápidamente sustituidos cuando lo hacen), ni son capaces de generar una riqueza que siente las bases de un desarrollo futuro.

5) El momento demográfico actual es especialmente delicado, pues estamos posiblemente ante la mayor precariedad demográfica posible, pocas décadas antes de que comience el previsible retorno de los "jubilados hijos del éxodo rural" (que comenzará a tomar fuerza a partir de los años 20 del presente siglo). Estos futuros demandantes de servicios serán probablemente el principal factor de desarrollo local.

6) Una incorrecta y abusiva explotación de los recursos mineros, en lugar de contribuir al desarrollo local futuro, puede minar un nuevo escenario económico y social que, sin duda, no estará basado en la minería.

En definitiva, en el momento actual y debido fundamentalmente a la precariedad demográfica de Teruel, se están produciendo unas relaciones económicas en torno a la minería que podrían calificarse de tercermundistas, en el sentido de que las iniciativas y los beneficios son de tipo exógeno, apenas contribuyen al desarrollo endógeno y apenas pueden ser controladas por la población autóctona. Por el contrario, a medio y largo plazo acaban suponiendo una merma patrimonial y un lastre de futuros escenarios.

ALEJANDRO PÉREZ CUEVA

lunes, 7 de julio de 2008

DEMOGRAFíA Y MINERíA DE ARCILLAS EN TERUEL (I):






La provincia de Teruel está empezando a vivir el desembarco de la minería de arcillas que abastecen la producción cerámica del levante español, ante el agotamiento de las principales minas de Castellón y Valencia y las serias dificultades de los nuevos proyectos mineros en estas provincias. Este hecho puede verse como una oportunidad de desarrollo económico en un territorio tan depauperado y falto de iniciativas como es Teruel. Pero ¿sirve la minería de arcillas para el desarrollo socioeconómico turolense?, ¿existe un contexto social y demográfico capaz de beneficiarse de las oportunidades de esta minería? Nuestra opinión es que en Teruel no se dan unas condiciones demográficas que permitan aprovechar el posible impulso de esta minería de arcillas.

En la evolución demográfica turolense podemos diferenciar varias fases:

-Al igual que en toda España, en Teruel se produce un acentuado descenso de la natalidad durante la Guerra Civil y la durísima posguerra. Sólo a partir de 1955 se empieza a superar el número de nacimientos que había antes de la GC.
-Durante el siglo pasado, y de modo muy acentuado durante los años 60 y 70, se produce una fortísima emigración, que llega a reducir al 10% los habitantes de bastantes pueblos del “Teruel interior”. La edad de esta emigración acentúa las “clases huecas” de la GC y postguerra, y reduce al mínimo el “baby boom” de los años 60 y 70. El “baby boom” de este éxodo rural se produce básicamente en las ciudades de acogida, lo que acaba produciendo unos fortísimos desequilibrios demográficos entre campo y ciudad, y una desertización de amplias zonas de España.
-En la actualidad se está llegando a los mínimos demográficos. Los valores de densidad de población son demoledores: 9 habitantes por km2 en la provincia y menos de 5h/km2 en algunas de las comarcas con potencialidad minera, como el Maestrazgo y Gúdar-Javalambre.

Esta estructura demográfica tan envejecida y con tan escasa capacidad de regeneración endógena, y estas densidades que rozan el desierto demográfico, tienen unas consecuencias muy perniciosas para el desarrollo socioeconómico. Al margen de Teruel y Alcañiz, y de las escasas poblaciones que superan los 2.000 habitantes, el resto del territorio apenas dispone de un mercado de mano de obra. La idea que se tiene en el medio rural turolense es que “no falta trabajo, sino personas”. En los últimos años se está cubriendo parcialmente la falta de mano de obra mediante la incorporación de inmigrantes extranjeros en el tejido laboral, pero el efecto demográfico ha sido débil, comparado con lo que ha sucedido en otras provincias.
En un territorio que es un desierto demográfico, la disponibilidad de mano de obra depende casi exclusivamente de la emigración, pero ésta tiene sus propias leyes de funcionamiento. Una de ellas, que puede explicar la debilidad de la inmigración turolense y su concentración en otros lugares, es el círculo de refuerzo interno de la inmigración, debido a las necesarias redes sociales que se establecen dentro de este sector de población tan vulnerable.

En conclusión, en comparación con otros territorios, ni la población autóctona presenta unas condiciones favorables para que nuevas industrias se conviertan en factor de desarrollo endógeno, ni siquiera la población inmigrante puede presentar soluciones “rápidas y fáciles”, en especial en industrias que impliquen localizaciones permanentes de la población laboral.


Pirámide de población de la provincia de Teruel
Fuente:
http://geopress.educa.aragon.es/Demografia_3/Recursos_humanos/Piramide_teruel.htm



ALEJANDRO PÉREZ CUEVA

martes, 1 de julio de 2008

MINERÍA DE ARCILLAS Y CONSERVACION DEL PAISAJE





Los ecosistemas también nos ofrecen valores estéticos, sentimentales, de identidad cultural, que se ven perjudicados por las actuaciones del modelo industrial de desarrollo. Valores difíciles de describir, pues obligan a abrir al exterior aspectos personales de quien los desvela, difíciles muchas veces de entender por un modelo de desarrollo basado en el crecimiento y en la unidad económica como única valoración.
La visión que se tiene del paisaje del “Teruel Interior” está lastrada por los tópicos: “Una tierra que exuda una personalidad pobre, mohína, encerrada, huidiza, bastante bien representada en la imagen de los últimos habitantes de tantos pueblos desolados; un área con poca capacidad para recibir (modernidad) pero también para ofrecer (recursos). La consecuencia ha sido la condena al olvido”. Sin embargo, este páramo cubierto por sabinares y carrascales dispersos, este yermo demográfico, guarda celosamente la memoria de dos milenios y medio de historia en los que el paisaje ha ido conformándose poco a poco, sobre el sustrato de un medio físico difícil, por la biodiversidad adaptada al mismo y por la actividad humana. Sus rasgos estéticos son tal vez difíciles de asimilar para muchas personas, pero como manifestación de la simbiosis inteligente ser humano/medio constituye un bien cultural digno de protección.
La minería destruye este paisaje, para nosotros “sagrado”. Los cambios rápidos que genera la minería difícilmente pueden ser asimilados; se nos roba el paisaje, y con él una parte del valor que muchos damos al lugar donde vivimos; en definitiva, una parte de nosotros.
Pero ¿es necesaria la minería para nuestra sociedad?. La minería acarrea unos impactos ambientales y sociales muy intensos, que hacen que sea de las actividades más difícilmente manejables en una gestión sostenible del territorio. Para compatibilizar minería con sostenibilidad, la primera medida ha de ser evitar la minería prescindible, y con este criterio, dejar de pensar en un crecimiento continuo para analizar las posibilidades de decrecer. Después, la planificación minero-ambiental. Y, por último, la correcta y rigurosa restauración.
Es imprescindible una actualización de la normativa minera, donde la declaración de interés público de los proyectos mineros no debe ser sólo una herramienta para expropiar los terrenos, sino que debe conllevar un compromiso social con el desarrollo minero, con la corrección de los impactos ambientales y sociales, y con la garantía de gestar las bases para garantizar el futuro en las poblaciones afectadas; por otra parte no pienso que sea de más interés público extraer arcillas que destinar los campos a cultivo de cereal o pastos para el ganado, o que tenga más valor que el mismo paisaje. También se necesita una planificación minero-ambiental, que en el caso de las arcillas es posible por el carácter extenso y deslocalizado de los yacimientos, y nos permite decidir dónde interesa explotar estos recursos atendiendo no sólo a criterios económicos, también ambientales y sociales.
Restaurar lleva al menos una década de aprendizaje y exige un compromiso muy grande de las empresas y de la administración. Hoy en día las restauraciones que se están haciendo en la minería de arcillas son deficientes (Galve, Riodeva, Teruel…). Las empresas grandes, comprometidas con el territorio y con vocación de permanencia pueden invertir tiempo y dinero en aprender a restaurar. Y hay que exigírselo. Las empresas pequeñas deberían asociarse y, con ayuda de la administración, comprometerse asimismo en esa tarea.

ÁNGEL MARCO BAREA