lunes, 4 de noviembre de 2024

PANCRUDO Y LOS CHOPOS CABECEROS


Gonzalo Tena Gómez 

Colectivo Sollavientos




En menos de dos meses Pancrudo ha vuelto a acoger una multitud de personas amigas del teatro (Gaire) y de la naturaleza, el paisanaje y la cultura (XIV Fiesta del Chopo Cabecero. Un paisaje ganadero, el sábado 26 de Octubre).


Julián Sancho, el alcalde, da la bienvenida a las personas asistentes en la puerta del bar en una gélida mañana pronosticada erradamente de lluvia. Chabier de Jaime explica las fases del programa que se desarrollará a lo largo de la jornada. Nos comunica que el patrimonio chopero de Pancrudo alcanza los 500 ejemplares y nos explica que la escamonda favorecerá los árboles fortaleciéndolos ante la perspectiva del cambio climático. 



Interviene Silvia Tena, representante de la activa local Asociación Cultural El Calabozo, totalmente implicada en la organización, y cicerona del itinerario cultural del día junto al no menos amable Alberto Novellón.



Iniciamos la senda de Las Dehesas (las ‘Desas’ en el habla local): una galería en la vegetación, desbrozada para permitir el paso, en un paraje de gran humedad. Es el momento de establecer una amistad nueva con la persona más próxima. En un claro, nos agolpamos ante las palabras de Alberto y de Chabier, quien nos cuenta cómo se agotaron las carrascas y rebollos de los montes del entorno por una tala intensiva, lo que propició el cultivo de los árboles cabeceros, que, además de leña, proporcionaban forraje para el ganado lanar, fundamental en la economía local en el siglo XVIII. Y cómo los troncos viejos y muertos propician la biodiversidad (215 especies de escarabajos que se alimentan de madera muerta), que son la base de una cadena trófica que continúa con las aves y finaliza con otros carnívoros mayores: estábamos ante un agroecosistema de un cultivo agro-silvo-ganadero.


Nueva alocución de Silvia ante un panel que recuerda la parada de las tropas de Alfonso I el Batallador (cómo no) en el lugar, que se dirigían hacia Cutanda, donde tuvo lugar una batalla que perdieron los almorávides de Ibrahim ibn Yusuf. En la loma hacia el río se ubicaba un castillo, del cual existe un plan de excavación.



La siguiente casilla en el tablero local fue la reconstruida ermita de la Palma, donde hoy se ubica un  moderno salón de exposiciones (herramientas para obtener y trabajar la madera de los chopos, utensilios de madera, fotografías antiguas incluyendo de la guerra civil en el pueblo, colección de revistas “Pancrudo”) y actividades culturales.


Ya estamos en el horno, que es doble: uno a cada extremo del típico local rectangular (¿Cómo puede llamarse el pueblo Pancrudo? Inquiría Eusebio, el director del grupo Mayalde en el último acto -musical- de la fiesta). En una atmósfera perfumada por el humo de uno de los hornos encendidos, Darío Escriche nos cuenta el planteamiento de su taller creativo “¿Cómo pintan los árboles?”, un acercamiento al medio natural a través del arte, la impresión (de imprimir) de los árboles, dirigido a personas de todas las edades. En el lateral opuesto a la entrada, un muro de cortes  de troncos de chopos con los anillos a la vista son el soporte para algunas anécdotas manuscritas entorno a la explotación de los cabeceros: “El hermano del cura de escorihuela fue a ver la escamonda y una rama que no estaba bien escamondada lo mató”, “la mejor época para escamondar es el menguante de enero”, etc.



Bajamos a la orilla del Pancrudo -el Río Bajo-, afluente del Jiloca, para observar el trabajo del joven artista ilustrador David Sancho, hijo de Serafín, autor de “Barbecho”, un cómic que reivindica la España vaciada, por el que recibió el Premio FNAC-Salamandra Graphic. Está pintando una enorme mano blanca que empuña literalmente el tronco de un viejo chopo cabecero muerto.


Pero ya suena un poco más abajo la motosierra de el gran Herminio Santafé, dotado de una moderna equipación que no imaginarían los escamondadores de antaño. Está procediendo a la exhibición siempre superespectacular de la escamonda de los dos chopos contiguos elegidos. El público desde una atalaya a una distancia prudencial contemplamos las ráfagas de virutas en los contactos de la sierra con la madera y ¡cómo se desprenden las vigas más gruesas!, bien dirigidas, chocando estrepitosamente en un golpe seco contra la ladera, todo seguido de arranques de aplausos. Las cuñas facilitan la orientación de la caída de algunas de ellas.



Hubo después una visita a la restaurada ermita de estilo barroco dedicada a la Virgen del Pilar, contenedor cultural poseedor de interesantes bellísimos esgrafiados y de grafitis de los días de la Guerra Civil. 


Llega la hora de la comida comunitaria en el pabellón a rebutir de gente, muy bien organizada, la cola del rancho discurre ligera. La exposición del IX Concurso Fotográfico sobre el Chopo Cabecero nos contempla. Fuera José Azul, el autor de la sólida escultura del Premio Amigo del Chopo Cabecero, expone piezas de su imaginativa producción. Chicos y mayores juegan a las carpetas, aquel juego que practicamos algunos hace media docena de décadas, lanzando el tacón de un zapato de hombre al círculo marcado en el suelo para sacarlas. Una chica me muestra como se montan imbricando dos mitades de un naipe. Me guardo una.


En la sobremesa, Marta y Nacho, jóvenes organizadores de “¡A escamondar!” lanzaron su invitación a participar en este festival autogestionado para la preservación de los chopos cabeceros que celebrará su 4ª edición en febrero de 2025 en Fuentes Calientes.                   


Mercedes Rubio y Pilar Sarto, del Centro de Estudios del Jiloca, entregan los premios del concurso fotográfico a Amina El Ghoufairi, Miguel Fuertes, David Piqueras, Juan J. Maicas, Juan J. Marqués y Luis A. Gil. Y Pilar Sarto, también, excelente comunicadora, nos entrega el de “Amigo del Chopo Cabecero” al Colectivo Sollavientos, “por su labor de protección del patrimonio natural y cultural de las tierras altas de Teruel y, en particular, por colaborar en la creación del Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra”. Una embajada de seis componentes suben al escenario a recogerlo y dirigir a la asistencia unas palabras de amor a los árboles, de reivindicación del territorio y de agradecimiento.


Acto seguido Ivo A. Inigo y Chabier, dos de los autores, efectúan la presentación de la flamante 

“Entre árboles centenarios. Guía para comprender el Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra” de reciente edición, que contiene fundamentos, valores naturales e historia del territorio abarcado. 


Tras entonar colectivamente el “Somos” de José Antonio Labordeta, himno oficial de la fiesta, empieza Bucardo con sus animosos gaiteros a tocar la polcas, valses y otros bailes grupales que, enseguida se ponen en marcha. 


Y bueno, la larga actuación -y más que hubiera sido- del grupo salmantino de folk-teatro interactivo Mayalde, que nos puso en danza literalmente a todo el pabellón. Repetía actuación en Pancrudo y generó un delirio intercalado de emoción y de humor.  Insistió en la reivindicación del recuerdo de nuestros antepasados, a quienes debemos todo, y de las canciones y tradiciones que nos legaron. Ya es nuestra la teoría de la pesca de tencas a ojete con espuela.


A la exhibición del disc-jockey Paco Nogué, algunos ya no llegamos: íbamos camino de casa plenos de fiesta.

jueves, 31 de octubre de 2024

 


JOSE MANUEL GONZALEZ CANO,  UN LUCHADOR INCANSABLE


José Manuel González Cano, en el centro, junto a  la ermita de Santa Isabel del Valle de Sollavientos (Teruel), en un encuentro con el Colectivo Sollavientos

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes lucharon muchos años y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.

Bertolt Bretch


El pasado 28 de octubre, tras una larga y dolorosa enfermedad, falleció nuestro amigo José Manuel González Cano.


Trabajó, primero como Ingeniero Técnico de Montes para el ICONA y después en el Departamento de Medio Ambiente (Sección de Biodiversidad) del Servicio Provincial de Teruel, en pro de la  conservación de la naturaleza de esta provincia  manteniendo siempre un contacto directo muy humano con sus vecinos.


En los pasados "80" un grupo de jóvenes entre los 18 y los 20 años encontramos en él al maestro que nos enseñó a observar, conocer y disfrutar con las plantas y los animales silvestres. A comprender el funcionamiento de los ecosistemas de estas montañas. Y a comprometernos en la defensa de la vida silvestre y de nuestros paisajes. Ese contacto fue el germen del Ornitólogos Turolenses (OTUS), grupo que con el tiempo se integraría en Ecologistas en Acción.


Además de numerosos artículos reivindicativos publicados en la prensa, tan fundamentados como reposados en su exposición, desde su trabajo profesional fue mentor de diversos estudios que ayudaron a conocer la flora amenazada y singular, los bosques maduros o el estado de los ríos, entre otros muchos temas relativos del medio natural del Sur de Aragón. Dos  pequeños libros de divulgación, de los que es autor, “Historias del bosque y guía del naturalista de forestas” e “Historias del río” reflejan muy bien su aguda observación de los procesos naturales en los ecosistemas y la capacidad de transmitirlos.


La Asociación Amigos de Gallocanta le reconoció su labor en el año 2022 y le otorgó el título de Grullero Mayor, por su contribución  a la conservación y el conocimiento de los valores naturales de este enclave singular. 


Siempre nos dio mucha luz. Su entusiasmo era contagioso. Y tuvo una gran capacidad de hacer. Fue una persona clave para la conservación de la naturaleza de estas comarcas del sur de la cordillera Ibérica. Fue uno de los imprescindibles.


Le recordaremos siempre con mucho cariño y agradecimiento. Descanse en paz.


Chabier de Jaime Lorén

Angel Marco Barea


viernes, 11 de octubre de 2024

SEGUIMIENTO DE MARIPOSAS EN CASTELFRÍO Y ESCRICHE. 2024

 
Poliommatus dorylas

El año 2014 decidimos incorporarnos al proyecto de seguimiento de Mariposas en España (BMS España), coordinado en España por el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y Chairman de Butterfly Conservation Europe, D. Miguel López Munguira. A través de este enlace puede accederse a la información de este proyecto de ciencia ciudadana que se esta desarrollando en Europa: https://butterfly-monitoring.net/es/spain-bms.

Elaboramos este resumen del desarrollo de la actividad en el transepto del Lic de Castelfrio, en los términos municipales de Peralejos, Escorihuela y El Pobo, de la provincia de Teruel, así como del nuevo transepto iniciado en el término municipal de Corbalan, en el paraje de la Casa Grande de Escriche.

Ambos transeptos se caracterizan por localizarse en la parte occidental del sur del Sistema Ibérico oriental (Sierra de Gudar y Maestrazgo) en la zona límite en que la orografía cae hacía la fosa de Teruel. Esta sierra esta conformada geológicamente con materiales mesozoicos, muy plegados, con depresiones provocadas por fallas y los plegamientos donde se sedimentan materiales terciarios y cuaternarios.

En concreto el área donde se localizan los transeptos de trabajo de campo se encuentran en el limite donde la fosa de Teruel originada por la falla del Alfambra que cae más de 400 metros. El transepto de Castelfrío se encuentro ubicado en la ladera de deslizamiento de la falla orientado hacia el Oeste. El de Escriche se localiza más al interior en un valle vaciado por la erosión. En ambos encontramos materiales del Triásico (Keuper y Bundsandstein) bordeados de materiales calizos  jurásicos.  En concreto en Castelfrío el recorrido tiene sectores en materiales silíceos y otros en calizos, mientras que en Escriche todo el recorrido se localiza en materiales del Keuper con arcillas y yesos bordeados con caliza.

En las áreas más altas de esta orografía se ubican extensos lomas de parameras, que constituyen la Sierra del Pobo, que representa en la provincia de Teruel un sistema orográfico relevante conectado a la unidad geomorfológica de las Serranías de Gúdar. Constituye el sector occidental de esta unidad, formado mayoritariamente por materiales jurásicos y triásicos, que limitan abruptamente por medio de fallas con la fosa de Alfambra-Teruel. La presencia de estosmateriales lo diferencia del resto de la unidad, dominada por afloramientos del Cretácico, y hace que su flora sea muy rica y variada, con sustratos silíceos en el entorno de Castelfrío y mayoritariamente calizos en el resto de la sierra. 

Desde el punto de vista de la vegetación, dominan en la sierra los pastizales ralos de hoja dura propios de las altas parameras del Sistema Ibérico oriental. Con altitudes que alcanzan o superan los 1.700 m de altitud en las crestas, este tipo de vegetación representa el hábitat típico de la alta montaña mediterránea, en el que una gran diversidad de especies se ha adaptado con su porte cespitoso y almohadillado a las duras condiciones de estos ambientes, sometidos a frecuente innivación y procesos de crioturbación. Este tipo de vegetación ha supuesto desde épocas seculares un importante recurso como pasto para las abundantes cabañas ovinas de los municipios del entorno.

Todos estos factores en conjunto han modelado un paisaje único y unos tipos de vegetación singulares que ha sido reconocido por la Unión Europea como hábitats de interés comunitario (HIC), incluido en el Anexo I de la Directiva 92/43/CEE. Estos hábitats son: “Prados alpinos y subalpinos calcáreos” (código Natura 2000: 6170), y “Brezales oromediterráneos endémicos con aliaga” (código Natura 2000: 4090).

Estos pastos incluyen como especies más relevantes desde el punto de vista florístico a Erodium celtibericum y Thymus godayanus(=Th. Leptophyllus subsp. paui), especies catalogadas en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón (CEEA, Decreto 181/2005). Destaca también la presencia de otras especies de interés como Arenaria erinacea, Dianthus brachyanthus, Dianthus turolensis, Astragalus sempervirens subsp. muticus, Poa ligulata, Festuca hystrix, Anthyllis vulneraria subsp., gandogeri Potentilla cinerea, muchas ellas endémicas de área reducida, limitadas al Sistema Ibérico meridional o endémicas de la Península Ibérica, y algunas de alto valor biogeográfico por su distribución iberomagrebí.


Este paisaje modelado por las actividades tradicionales del hombre constituye una herencia cultural. Muchos de nosotros encontramos en ella parte de nuestra identidad. También en ellos encontramos especies de Lepidópteros singulares como Parnassius apollo, Erebia epistygne o Aricia Morronensis, especificas de la presencia de plantas nodrizas como Sedum sp. en el caso de la Apolo, Gramíneas en el de la Erebia de primavera o Erodium celtibericum en el caso de la Aricia

En estos parajes se desarrolla una actividad silvo-pastoril que  mantiene un ecosistema que en los últimos años ha perdido los bancales que en el siglo pasado se dedicaron a cultivos. Hoy  estos se van colonizando,  también por la baja carga ganadera. 

Escriche en el  fondo del valle mantiene áreas de pastizal y en las laderas –antiguos campos de cultivo- se va regenerado el bosque con sabinas, pino salgareño y pino silvestre. La umbrías están pobladas de pino silvestre, las solanas de pino salgareño, junto a una  masas de carrascal  y sabina (sabina albar y sabina roja), salpicada con algún pino salgareño en la ladera N sobre una masa calcárea. El transepto se ha diseñado para que vaya atravesando  zonas de frontera entre los diferentes ambientes del espacio, en espacios  con menor densidad forestal más favorables al vuelo de los imagos de mariposa. 

Castelfrío, salvo dos manchas de Pinus sylvestris localizadas en el barranco de Gayuboso, el resto de pinar es repoblado, habiendo sido afectado de un gran incendio en el año 2009, que afectó a casi mil hectáreas. En la mayor parte del monte encontramos una extensión de pastizales con espinos, rosales  y madreselvas, así como Juniperus sabina, en las zonas de mayor altitud, y conforme descendemos hacía el valle del Río Alfambra  va apareciendo bosques de sabina, en concreto   Juniperus phoenicea y Juniperus thurifera, con algún pie de Quercus fagínea en el área de transición al un extenso carrascal (Quercus ilex), con un porte achaparrado, en plena regeneración tras años de aprovechamiento de cortas de leña.

Ángel Marco Barea

Colectivo Sollavientos