lunes, 3 de septiembre de 2012

SOLLAVIENTOS EN RED (8)





FUNCIÓN PÚBLICA: DIGNIFICAR UNA PROFESIÓN

Ángel Marco Barea*


A lo largo del siglo XIX y las primeras décadas del XX, en España cada sucesión de un nuevo gobierno ocasionaba el desembarco de la burocracia que le acompañaba, con un claro sentido de pago por los servicios prestados a los intereses de quien llegaba al poder. En los cuarenta años de dictadura franquista, la situación no sólo no cambió sino que empeoró: los funcionarios estaban obligados a adscribirse al régimen que había alcanzado el poder por la victoria de las armas en contra de un gobierno democrático y sin duda  su acceso se regía por principios de favoritismo y adoctrinamiento.  No fue hasta la apertura democrática del país, con la  Constitución de 1978, cuando  se divisaron cambios en la Función Pública. 
El título IV de la Constitución, dedicado al Gobierno y la Administración, fija las bases para que la Administración Pública sirva con objetividad a los intereses generales y actúe de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho. Establece que los órganos de la Administración del Estado sea creados, regidos y coordinados de acuerdo con la Ley. Que por  Ley  se regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, también de igualdad y publicidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones. Que los ciudadanos tengan garantizado su  derecho para acceder a archivos, registros y actos administrativos.
Su desarrollo supuso el inicio de la profesionalización de los empleados públicos. y en ese sentido, las reivindicaciones de éstos se han dirigido hacia la necesidad  de que para ejercer su trabajo con eficacia se requiere una formación, también una garantía remunerativa con el fin de no caer en viejos vicios de necesitar otro trabajo (o, peor aún, sobornos) para sobrevivir. 
A pesar de ello y de  los años de bonanza, el poder adquisitivo de los funcionarios no ha estado homologado al de otros profesionales del sector privado, ni se ha hecho una inversión suficiente para disponer de una administración pública moderna y eficaz. La clase política no ha terminado de sentirse a gusto trabajando con un cuerpo  de profesionales. Quizás estos políticos, en muchas ocasiones,  con una formación muy inferior a la de los funcionarios a los que daban órdenes y con frecuencia con menos vocación de servicio público que estos, han visto  en ellos un obstáculo para  alcanzar ambiciones particulares.
Sólo así se  entiende que en los últimos años  se hayan ejecutado acciones desde el poder, que al menos permítanme las sitúe en el límite de la línea  roja de la legalidad. Que algunos funcionarios  que han desempeñado con gran celo sus funciones se hayan visto apartados y arrinconados en su puesto de   trabajo, simplemente por  ejercer con rigor el  procedimiento marcado por la ley. Que sean  numerosas las plazas en las  relaciones de puestos de trabajo de la función pública, muchas de ellas de responsabilidad, ocupadas por  funcionarios interinos y eventuales de larga duración, debido a que año tras año esas plazas no salen a oferta pública en oposición, ni son ocupadas mediante concurso de méritos. Que tantas funciones se hayan derivado a empresas,  disminuyendo los niveles de intervención y control del destino del dinero público. Que haya crecido el número de asesores, ejerciendo, junto a los cargos de libre designación, funciones de comisarios políticos dentro de las administraciones públicas.
Me atrevo a afirmar que la inmensa mayoría de los  funcionarios que hemos accedido a un puesto público por oposición, y a los diferentes puestos de promoción interna por concurso de méritos, sentimos vocación  hacia el trabajo que desarrollamos, entre otros motivos porque aspiramos a una sociedad justa. Nuestro trabajo es  difícil de cuantificar con índices de productividad y competitividad fijados por criterios del  mercado o del sector privado. No podemos valorar la productividad de la enseñanza pública por el número de aprobados, cuando el objetivo de esa educación debe ser formar a nuestros hijos como personas y como ciudadanos. Tampoco  podemos medir la productividad  en la sanidad pública por  el número de inyecciones, de operaciones, de consultas, cuando su objetivo es llegar a todos los ciudadanos y mejorar su salud.  Más complicado aun es medir la productividad de la seguridad, la justicia o la asistencia social por el número de expedientes tramitados.
Como en otras facetas de nuestra existencia, es difícil valorar los niveles de calidad de vida por la capacidad de consumo fijada por el importe de las retribuciones, digamos que por el número de automóviles que se pueden comprar con un salario. Personalmente, me resulta más gratificante sentirme miembro de una sociedad con la que compartir sacrificios y triunfos, y profesionalmente contar con unas condiciones adecuadas para desarrollar mi trabajo, con medios y garantías para poder ejercerlo con imparcialidad y con el mejor rendimiento posible.
Podría pensarse que los funcionarios sólo  saltan a la calle cuando se les toca su sueldo y sus derechos, utilizando la  demagogia a la hora de analizar las últimas movilizaciones desencadenadas por las últimas medidas restrictivas  del Gobierno. Pero en nuestra reivindicación profesional, en nuestro  trabajo diario, venimos reclamando día a día la dignidad de esta  profesión,  precisamente porque como ciudadanos, que también lo somos, vemos necesaria una función pública independiente e  imparcial, con medios modernos para desarrollar sus funciones,  rindiendo  cuentas de los resultados al conjunto de la sociedad, a la que nos debemos. 
También es verdad que necesitamos hacer una autocrítica, por cuanto a veces la costumbre, e incluso el desencanto, puede hacernos perder el horizonte de esos principios generales de justicia e igualdad  a la hora  de repartir los derechos  y exigir deberes. No debemos olvidar nuestra responsabilidad en la gestión de los recursos públicos con el convencimiento de que éstos lo son de todos, por cuanto  debemos exigirnos la máxima rigurosidad en ello. 
Por encima de la reducción de las remuneraciones y de la pérdida de derechos que costaron muchos años alcanzar, los cambios, que venimos viviendo, están produciendo un ruptura de las reglas de la convivencia. Las decisiones unilaterales del gobierno, por decreto, se alejan de lo que debe ser un proceso de transparencia, participación, negociación y consenso. El resultado es un modelo social donde la equidad en las tomas de decisiones, en el reparto de cargas y beneficios, brilla por su ausencia. Y el desmantelamiento de la Función Pública supone la  pérdida de un grupo de profesionales  que la sociedad precisa para, con eficiencia, transparencia y sin privilegios para ciertas castas sociales,  garantizar los servicios públicos.

*Colectivo Sollavientos



domingo, 26 de agosto de 2012

SOLLAVIENTOS EN RED (7)




AGRUPACIÓN “AMIGOS DE EL PAIRÓN”. EXPERIENCIAS DE DEFENSA DEL PATRIMONIO MUNICIPAL DE MONTEAGUDO DEL CASTILLO

José Luis Penalba Guillén*

La Agrupación “Amigos del Pairón” de Monteagudo nace en diciembre de 2006 con el fin de canalizar las inquietudes de un grupo de personas oriundas de la población, respecto al disfrute del pueblo y su entorno natural.
Al igual que otros proyectos culturales semejantes desarrollados estos últimos años en otros municipios, muestra unos objetivos entre los que destaca dar a conocer la cultura y tradiciones de Monteagudo del Castillo, mediante su rescate y conservación con el fin de no sólo disfrutarlas, sino, además, transmitirlas a las generaciones futuras.
Como vemos, recuperar, proteger, disfrutar y transmitir son partes de un hecho cultural que incluye el patrimonio ecológico y paisajístico, el medio ambiente y, en general, cualquier aspecto relacionado con la Naturaleza y las costumbres. Respecto a estas últimas, se trata de gestionar la herencia recibida de los antepasados, el testimonio de su existencia y su manera de ser. Tiene cabida aquí el fomento del senderismo por todo el territorio de la antigua Sesma del Campo de Monteagudo, y el disfrute de la gastronomía local como nexo de unión de los vecinos. Estas dos actividades fueron las primeras realizadas por la Agrupación.
Es importante destacar su proximidad a la ciudadanía, y su funcionamiento sencillo, con una infraestructura económico-administrativa mínima. Se crea así una asociación con una relativamente amplia base social, dinamizada por un pequeño núcleo de gente emprendedora. El número de socios en estos momentos rebasa el centenar, y su crecimiento es pausado pero constante. Representa una cantidad significativa si se tiene en cuenta que en invierno apenas si viven cuarenta personas en esta población.
Entre las actividades realizadas destaca la Andada anual, marcha senderista que este año ha cumplido su sexta edición, con una participación cercana a las doscientas personas, y que sirve para conocer los parajes más interesantes del término. A lo largo de agosto, todos los años hay una serie de caminatas a los pueblos cercanos (Cedrillas, Gúdar, Alcalá, Valdelinares, El Pobo, Allepuz, Villarroya, Miravete, Camarilas, Formiche…), y a lugares importantes del término (ruta de las ermitas: San Benito, San Cristóbal, El Pilar, San Juan, Santa Ana).
Una de las primeras actuaciones (que normalmente se ciñen a la época estival, cuando se encuentra en la población el grueso de los socios) fue la limpieza de la vegetación silvestre y el arreglo de las bases de los dos principales pairones que quedan en pie, el de La Joya y el de Las Cerradas. Estas bases son unas escalinatas con tres peldaños que rodean los monumentos, y sobre las que se asienta la basa y el fuste o columna de una pieza.
En 2010 se realizó una acción de consolidación del lienzo de muralla que todavía sigue en pie en el castillo. El verano de 2011 vio los trabajos de encastre correcto de la dovela central o clave de la arcada que todavía se mantiene en la ermita de San Benito. También, el redescubrimiento y recuperación del pavimento empedrado de mosaico de guijarros con temática geométrica en el acceso a la ermita del Pilar, en el que destaca un rosetón, y del que apenas se tenían noticias dado el largo tiempo que permanecía aterrado. Estas labores han continuado este  verano en la zona interior, en el patio del recinto.
En las primaveras de 2011 y 2012 se realizó la plantación del “Bosque de El Pairón” en una zona de prado cercana a la fuente de El Lugar. Chopos, acacias, sauces, diversos tipos de arbustos espinosos y algunos frutales representan el germen de una futura zona de esparcimiento muy cercana al casco urbano. También se está trabajado en la recuperación de palabras y expresiones locales que se utilizan o se han utilizado históricamente. El concurso fotográfico, que este año alcanzará su tercera convocatoria, y cuyo objetivo a largo plazo es reunir la documentación suficiente para la confección de un libro o DVD, estuvo dedicado en sus primeras ediciones a documentar el ciclo vital de diversas especies vegetales del término municipal. Finalmente, la Agrupación también ha apoyado la edición de un libro sobre las fuentes y manantiales de Monteagudo.

Los  datos de contacto son:
Agrupación “Amigos de El Pairón”
C/ Trinquete s/n
44146 Monteagudo del Castillo (Teruel)


Colectivo Sollavientos*

lunes, 20 de agosto de 2012

SOLLAVIENTOS EN RED (6)







Aguilar Natural: organizar la dispersión, crear poblamiento

Ivo Aragón*

Siempre es incómodo hablar de uno mismo, y escribir sobre una asociación de la que formo parte —la Plataforma Aguilar Natural— es algo parecido. Trataré de mantener las distancias aportando alguna idea, no necesariamente mía, que enriquezca esta serie de artículos.

En mayo de 2008 se constituyó en Aguilar del Alfambra esta asociación. El motivo inmediato fue organizar la frontal y total oposición vecinal al proyecto de mina de arcilla a cielo abierto de la multinacional WBB-SIBELCO HISPANIA a las puertas del pueblo, una amenaza aún latente. 

No hizo falta que pasara mucho tiempo —apenas unos meses— para que el trabajo de la Plataforma superara el objetivo fundacional. En cuatro años Aguilar Natural ha participado en el diseño de dos talleres de empleo (uno de ellos ejecutado y otro pendiente de resolución), en la creación de una red senderista y BTT, en la de un aula ambiental sobre el chopo cabecero, en el inicio de las fiestas anuales del chopo cabecero, en la redacción y difusión de un borrador de proyecto de Parque Cultural del Chopo Cabecero, en la edición de una revista, en la organización anual de unas jornadas científico-culturales, en la reforestación del término y otra gran cantidad de acciones medioambientales y culturales a escala local, por no hablar del trabajo de estudio y presentación de alegaciones en relación con proyectos mineros y energéticos, así como su difusión en prensa y colaboración con otros colectivos.

Debe tenerse en cuenta que Aguilar tiene unas 70 personas censadas y unas 30 viviendo en lo preto del invierno. Todos aquellos que sepan lo que significa para la vida social de un pueblo el envejecimiento de su población y el éxodo rural, podrán hacerse a la idea de la magnitud de lo logrado hasta el momento. ¿Cómo ha sido posible?

La primera conclusión, y la más evidente, es que hacía falta constituir una estructura, una organización adecuada para encauzar y dar forma a una gran cantidad de energía dispersa. A esta conclusión le sigue una pregunta obvia, ¿se ha encauzado la energía de 70 censados o  30 habitantes? No, evidentemente, no. Ha sido cosa de mucha más gente, al menos ‘mucha’ según las magnitudes demográficas del Teruel interior. Con sus limitaciones y errores, la Plataforma Aguilar Natural ha aportado dinamismo al territorio y ‘valor añadido’: el del conocimiento en cooperación de sus integrantes (operarios, agricultores, ganaderos, empleados, licenciados, funcionarios…).

El pasado 9 de junio Emilio Benedicto Gimeno exponía, en el marco de la II Jornada Científico-Cultural de Aguilar, que ante la despoblación de las localidades y su conversión en lugares de segunda residencia, una oportunidad de futuro consiste en convertir a esa ‘población flotante’ en ‘población efectiva’. Para vincular a la población no residente la mejor motivación son los lazos afectivos con el paisaje, la familia, los amigos, la identidad cultural. Las iniciativas que se desarrollan en este medio despoblado, para que no sean dinero tirado, deben fomentar esa afectividad por su capacidad de movilización.

Según lo escuchaba sentía que, primero, estaba describiendo el compromiso de numerosos miembros de la Plataforma, entre los que me incluyo, con nuestro pueblo. En segundo lugar, que estaba explicando la actividad y los fines de asociaciones como Aguilar Natural, la Asociación para el desarrollo de Montoro de Mezquita y la Agrupación Amigos del Pairón de Monteagudo del Castillo, la Asociación Dinosaurio de Galve o Nuestros Montes No Se Olvidan.

En efecto, hoy los socios y simpatizantes de Aguilar Natural viven en diez provincias distintas y algunos en el extranjero. El recurso de las nuevas tecnologías para obtener información, comunicar y trabajar es esencial; sin ellas, no se hubiera logrado ni la décima parte de lo que hemos hecho hasta ahora. Como punto débil, sin embargo, cabe señalar la falta de tiempo para abordar tareas, en especial aquellas que difieren de lo dispuesto por decisiones de grandes empresas y la Administración… sin haber consultado con la población local.

En definitiva, estas asociaciones organizan voluntades dispersas, hacen realidad proyectos que sirven para la revitalización del mundo rural, para las personas que lo habitan. Pero haciéndolo, crean una nueva categoría demográfica, la de los ‘vecinos flotantes’, la de los que sienten afecto por su pequeño lugar y en cierta manera, al actuar y participar, generan poblamiento, al menos, otra forma de poblamiento. 


Plataforma Aguilar Natural*