martes, 22 de noviembre de 2022

CAPACIDAD DE SORPRENDERSE


 

Cuando uno pensaba que ya había visto casi todo en relación a la implantación de los macroproyectos de renovables, resulta que aún le queda por ver propuestas que cada vez suenan más esperpénticas.

Se ha hablado mucho de la creación de puestos de trabajo y lucha contra la despoblación, pero los estudios han demostrado que en la realidad, y allí donde se implantan estos proyectos, no se genera tanto empleo. Y cuando en ocasiones sucede es a costa de desmantelar otros sectores o servicios que estaban sirviendo de motor en los territorios afectados, además de seguir disminuyendo los habitantes de esas poblaciones, según los datos del INE , que posiblemente hubieran encontrado otras soluciones más endógenas y desde el compromiso de sus residentes.

También se ha prometido incrementar los servicios de las zonas rurales con aportes limosneros por parte de las grandes empresas que van a desarrollar sus proyectos, o regalar algunos servicios como el consumo eléctrico a sus habitantes, pero ni se dice cómo, ni cuándo, ni por cuánto tiempo, pues “luego ya si eso vamos viendo”. Por no decir que muchas de esas promesas son inviables y no tienen sustento legal ni administrativo para llevarse a cabo, según dicen empresas dedicadas a la gestión y desarrollo de proyectos energéticos.

Pero el titular de ayer de algunos medios de comunicación ya dejaba las antiguas propuestas en algo casi anecdótico, pues decía que “el Gobierno de Aragón empieza a diseñar un impuesto que gravará el impacto visual de las renovables” Además el Consejero de Economía matizaba que era para hacer frente a las afecciones adversas sobre el medio natural, por lo que se reconoce que los procesos no son inocuos para el medio ambiente. Añadían que la instalación de parques implica servidumbres y cargas para el entorno, el medio natural y el paisaje, no sólo por las instalaciones, sino por todas las infraestructuras asociadas. Y terminaban diciendo que ese déficit medioambiental debe ser reparado mediante tributos.

Todas estas afirmaciones que recogen claramente los efectos adversos de la implantación de grandes Centrales de renovables sobre el medio, contrasta con la falta de afección que reconoce el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) a la mayoría de las propuestas presentadas, que califica como compatibles y beneficiosas. También están en conflicto con las afirmaciones de los proyectos presentados por las empresas, que consideran que todos los destrozos se pueden corregir y minimizar hasta justificarlos por un bien superior, en el que nunca han creído, que es la lucha contra el cambio climático.

Colocar 90 molinos en la Red Natura 2000 o en áreas de campeo de especies protegidas o en espacios singulares o en sierras bien conservadas o frente a pueblos declarados como Bien de Interés Cultural, no se puede ni se debe compensar con impuestos, sino directamente no colocarlos. Los valores de esos espacios hay que preservarlos, pues no hay cantidad de dinero que justifique la degradación del medio y la reducción de la biodiversidad, que terminará afectando a la calidad de vida y la salud de los habitantes de esos territorios e incluso del planeta.

Pero aún se puede añadir que ni en esos sitios ni en ninguno hasta que no se establezca una planificación y ordenación adecuada, hasta que no se ponga en manos de la ciudadanía un bien básico como es la energía, hasta que no se faciliten y promuevan las comunidades de producción en manos de los vecinos, hasta que no se apueste legalmente por la generación distribuida y hasta que no se planteen las necesidades reales, pues la especulación y el desarrollismo no se corrige con impuestos, sino con planificación y con la legislación adecuada.

Como se suele decir no se puede sorber y soplar al mismo tiempo y esto es lo que parece querer conseguir el impuesto que se anuncia y que no da solución, sino que incrementa el problema, pues es posible que las empresas lo detraigan de las migajas que prometen repartir allí donde coloquen sus infraestructuras.



Javier Oquendo

Plataforma a favor de los Paisajes de Teruel



domingo, 23 de octubre de 2022

HINOJOSA TIENE UN PARQUE


 

El que lo sigue, lo consigue. Y el que lo ha conseguido con su vehemente trabajo voluntario que incluye el de mantenimiento, es Agustí Guilera ("el molinero"), el ínclito / inefable / creativo / radical propietario del molino de la población, recreado y bautizado por él mismo como “de Damaniu” en homenaje al poblado ibérico que hubo enfrente, en la “Muela”.

El coqueto parque, resultado de un anhelo por ejercer una acción local y comunitaria, se denomina “La Alameda”.

Bien es verdad que el papel del alcalde, Andrés Sánchez, ha sido fundamental para redondear la realización del proyecto, con su implicación personal a bordo de su tractor y con la consecución de una subvención por parte del Parque Cultural del Maestrazgo para adquisición de mobiliario, ya fijo, y nuevas especies de arbolado que se han añadido a los 30 chopos de mediana edad que han estado esperando a sus hermanos pequeños, recientemente trasplantados: tres arces, tres olmos, un abedul, una noguera, una acacia, un sauce común y dos llorones, dos moreras y un árbol del amor. Todos ellos formando una plaza circular, la Plaza del Amor.

La pequeña vaguada sobre el que se asienta, contigua a la carretera de Camarillas o Galve, por la que se accede costeando la magnífica y relegada ermita de Santo Domingo, esa original pagoda cristiana de piedra y ladrillo, ha sido decorada con sencillas esculturas salidas de la cabeza y la mano del tenaz impulsivo impulsor, cual un íbero más, realizadas con materiales naturales y reciclados: piedra, madera y hierro (atención al corazón-veleta asaetado), que complementan a la blanca escultura coral “La Noche de San Juan”, obra de 1999 de Nuria Pérez Bello, de Galve, rescatada y trasladada a la parte baja del parque, erigida en protagonista, con una carga simbólica ligada al trabajo agrícola secular y la fiesta del fuego, que transciende el territorio de La Val. Una isla rodeada de un foso circular, un petit chemin zen marcado por una hilera de piedras planas, una serie esparcida de piedras pulidas de cantera a modo de mesas, y papeleras son sus complementos internos. Y no falta un chalecito de madera para pájaros de vacaciones sujeto al tronco del chopo más gordo. Un circuito zen anilla el espacio a modo de pista de circo romano, que se puede recorrer caminando, corriendo, en bicicleta o quizá en carro.

Una acequia rodea el parque con dos escaleras de acceso (solárium de ranas) y tres cubos amarrados proporcionan el riego manual.

La serenidad de los atardeceres brinda la contemplación de los retazos que ofrece el paisaje agrario circundante: nubes caprichosas, cielos claros, montañas suaves y aterciopeladas, girasoles, cereales, rastrojos, pacas de paja, huertos… Y el río de La Val un poco más abajo.

El parque se enlaza, pasado el puente a la derecha, con un paseo, la Senda Calma, por la margen del río, que a distancias regulares exhibe unos carteles coloridos con breves y contundentes mensajes poético-surrealistas, píldoras creativas de Agustí, enlazadas con el panorama circundante (Land Art), tributo al paisaje y la vida (Bella La Val, Natur Viva, Azul Ocre, Llueve Flores…).

Hay que visitarlo y transitarlo... sin prisa, decididamente, para deleitarse con su primor y sosiego.

 

Gonzalo Tena Gómez, Colectivo Sollavientos


 









miércoles, 28 de septiembre de 2022

FALTA ARAGÓN PARA TANTO MADRID


 

En Madrid necesitan mucha energía, y esto nos crea el dilema de qué hacer con nuestro territorio. Se me presentan tres posturas personales, y ninguna me convence. Y es que esto de la energía eólica en Aragón es algo con mucho fonema /j/. Jota del traidor que vende su territorio por 30 monedas de plata. Ge fricativa sorda del que se siente orgulloso de su opinión sobre un tema, que cree fundamentada, pero al que se la están colando. O jota del que canta para identificarse con su terruño, que es el mejor, y acepta todo tipo de coplas. Los judas iscariotes, los gilipollas happyflowers y los joteros chovinistas. La primera jota es la corrupta, la segunda es la ignorante, y la tercera, muchas veces, la insolidaria. ¿Dónde está la verdad entre tanta bazofia? ¿Qué opción es la más legítima o, aunque sea, la menos impura?

La jota del que permite que se expolie su territorio, se creen condiciones para la extinción de otros seres vivos diferentes al Homo sapiens, se destruya su paisaje… se defiende con los conceptos de crecimiento, trabajo, transición energética… “Hay que hacer lo que sea porque es necesario buscar alternativas a la crisis energética y al desaforado consumo de energías contaminantes”. Su lógica es que, como hay que seguir consumiendo energía, hay que disponer lo necesario para ello. Caiga quien caiga. Si cae la alondra ricotí o el paisaje, es un mal menor; ya nos acostumbraremos. Si hay que hacerlo desde el modelo capitalista, pues no pasa nada: es lo que se ha hecho siempre (o al menos en los últimos 200 años). Y si de paso se saca tajada, pues es de tontos no hacerlo. Los pelotazos se buscan, pero también se encuentran. Conclusión: si es el momento de vender el territorio, se vende. Se presiona a quien haya que presionar, se unta a quien se haya de untar, y se cobra lo que se haya que cobrar, aunque sea la promesa de una puerta giratoria o de un trabajo de mantenimiento en un parque eólico.

La jota del ignorante que cree que con las energías “limpias” y “renovables” se va a solucionar el cambio climático es muy tierna, pero demasiado facilona. Es muy cómodo ser ecologista urbanita feliz, comprar una solución verde sin preocuparse de nada más, sin intentar enterarse ni comprender todas las dimensiones y complejidades del problema. Dar un cheque en blanco a los que manejan el cotarro bajo la premisa de la “emergencia climática”. Y con la conciencia tranquila.

La jota del que piensa que lo de Aragón es para los aragoneses, y que el agua del Ebro no se transvasa, y que no hay humor más fino que el de nuestro canto universal, es quizá la postura más incómoda de defender, en especial para los que se sienten cristianos…, o simplemente buenas personas ¡Cómo les vamos a negar a los de Madrid, Barcelona o Valencia unos cuantos megavatios o unos pocos hectómetros cúbicos de agua! Su punto fuerte, paradójicamente, es la falta de correspondencia en esta bonhomía por parte de los receptores de su sacrificio. En otras palabras, lo que permite que uno defienda ser insolidario, y se quede tan tranquilo, es la insolidaridad de los demás. Somos malos porque los otros también lo son.

Yo no sé qué hacer. No sé si alquilar mi secano para un parque. Si no pensar más y dejarme convencer por Greenpeace o la ministra (ellos saben más). O denunciar en la prensa que la energía renovable de Teruel (y las arcillas) va a ir a parar a la industria cerámica de la Plana de Castellón. Pero la cruda realidad de este momento, bajo la avalancha de proyectos eólicos, es que no son la solución verde y definitiva para la transición energética y la lucha contra el cambio climático, y no se está llevando a cabo con justicia social y sin corruptelas (de ahí la reivindicación “Renovables sí, pero no así”). Además, no se ve siempre una correspondencia de otros territorios, sociedades o gobiernos en las soluciones adoptadas: Unos países vuelven al carbón, otros siguen haciendo negocio con el petróleo, y algunos territorios no aceptan los molinos. Incluso se vuelve la mirada hacia la energía nuclear.

Llenar Teruel de parques eólicos o fotovoltaicos no es la solución al problema de la transición energética. Haría falta todo Aragón para que Madrid “no se apague”. Aunque dispusiésemos de todo el territorio para producir energía para la iluminación, calefacción, refrigeración, industria y transporte de Madrid, seguramente sería insuficiente. Y además están los valencianos, alemanes y resto de europeos, que, en teoría, también son merecedores de nuestra solidaridad. Pero si al final decidimos ser solidarios y vender nuestro territorio, al menos que el beneficio no se lo queden unos pocos. Y por lo menos que en Madrid pongan algún molinico, aunque sea para disimular.

Por desgracia, en el momento actual parece que hay que elegir entre una de estas tres opciones, la tajada, el autoengaño pseudoecologista o el chovinismo insolidario. Son los tiempos que corren. Pero es imposible cuadrar la ecuación con alguna de estas tres soluciones o sus combinaciones. Quizá haya que cambiar de sistema de ecuaciones y empezar a pensar seriamente en decrecer.



Alejandro J. Pérez Cueva

Colectivo Sollavientos