sábado, 13 de mayo de 2023

EL DESPLIEGUE DE ENERGÍAS RENOVABLES EN EL MEDIO RURAL (9) ¿Energía eólica para quemar nuestros montes?

Puede resultar chocante cómo dos temas de tan rabiosa actualidad y aparentemente sinérgicos, como son el incremento de los grandes incendios forestales y la apuesta actual por los megaproyectos de energía eólica, van a llegar a ser íntimos enemigos. La instalación de centrales eólicas en zonas forestales aumenta el riesgo de incendio y dificulta o incluso impide el trabajo del operativo de extinción. Para mayor incoherencia, muchas de estas centrales eólicas están proyectadas en zonas de alto y medio riesgo de incendio forestal, e incluso en zonas donde históricamente se han producido grandes incendios, como el de Villarluengo de 1994 (29.453 ha quemadas) o el de Aliaga de 2009 (7.301 ha).


Al igual que ocurre actualmente en centrales eólicas en explotación, el nuevo escenario ha traído consigo un aumento de igniciones derivado de la gran cantidad de líneas eléctricas, trabajos de mantenimiento e incluso de los propios aerogeneradores, que por averías o por alcance de rayos también llegan a arder. La falta de planificación y el despliegue de renovables cambiará el actual régimen de incendios. Así, en las comarcas de Gúdar-Javalambre y Maestrazgo, la mayor parte de incendios forestales se concentran en verano y son causados de forma natural por rayos (el 70% en los últimos 20 años, frente al apenas 1% causados por líneas eléctricas). De llevarse a cabo la construcción de las macrocentrales eólicas proyectadas, la peligrosidad se extenderá a cualquier época del año y, en episodios ventosos y con combustible desecado, aumentará muy notoriamente.


Muchos de los aerogeneradores que se pretenden instalar en nuestros montes se emplazarán en divisorias y zonas altas, donde habitualmente aterrizan los helicópteros para desembarcar a los bomberos forestales, por ser las zonas de oportunidad de ataque al incendio. Las alineaciones de aerogeneradores de 200 m de altura y los kilómetros de líneas de alta tensión distribuidos por amplias zonas de masa forestal constituyen imponentes muros que pueden dificultar e incluso anular la actuación de los medios aéreos. Así, las zonas inaccesibles por tierra y fuera del alcance de dichos medios quedarán con pocas probabilidades de extinción.


Además, las centrales eólicas generan un riesgo adicional para el personal del operativo de extinción, ya sea por el contacto con las líneas eléctricas en un escenario de baja visibilidad por humo para los medios aéreos, por la rotura de líneas con cables energizados, o por la aplicación de agua sobre líneas eléctricas.


Por si fuera poco, el entramado viario construido para los macroproyectos eólicos constituye en muchas ocasiones un laberinto, ya que muchos de sus ramales carecen de salida, convirtiéndose en una verdadera «ratonera» para el operativo terrestre de extinción. Pese a la señalización que se pueda instalar, en el marco de una emergencia, con medios no conocedores del terreno y sin el apoyo de medios aéreos, pueden generar un atrapamiento. Asimismo, toda la infraestructura de prevención de incendios forestales (red viaria, depósitos de agua, puntos de vigilancia, áreas de defensa) está emplazada a partir de un riguroso estudio de la peligrosidad, vulnerabilidad y dificultad de extinción. Con la construcción de centrales eólicas, el escenario de riesgo de incendio cambiará y, por tanto, la infraestructura preventiva actual ya no será eficaz.


Pretender fomentar este tipo de instalaciones industriales en zonas forestales de alto valor, que aumentan el peligro de incendio y dificultan su extinción, es una de las grandes burlas políticas del «lavado verde» que le quieren dar a esta mal gestionada transición energética. Mientras, se abandonan las actividades tradicionales que se desarrollan en el territorio, como los aprovechamientos forestales, la ganadería extensiva o la diversificación de cultivos, que son las que mantienen vivas estas tierras y previenen los incendios forestales.


Ignacio Gracia

Ingeniero Forestal



 

sábado, 6 de mayo de 2023

EL DESPLIEGUE DE ENERGÍAS RENOVABLES EN EL MEDIO RURAL (8) Amenaza sobre el Geoparque del Maestrazgo

Un gran número de los parques eólicos proyectados en los últimos años pretenden instalarse en el Parque Cultural del Maestrazgo: Majalinos, El Bailador, Íberos, Guadalopillo, Hocino, Caballos, Fuenfresca, Las Lomas, Loma de la Solana, Muela de Vilomar, Las Fuentecillas, San Antón, Virgen de los Dolores, Virgen de Fátima, Astarte, Entalto, Tocaire, Boira o el larguísimo etcétera (nada menos que veintidós parques) que componen el llamado clúster del Maestrazgo.

El Parque Cultural del Maestrazgo se convirtió en Geoparque en el año 2000, como socio fundador de la Red de Geoparques Europeos (EGN) junto a otros tres socios de Francia, Grecia y Alemania. La propia sesión constituyente de la EGN tuvo lugar ese año en Molinos. Desde 2015, el Geoparque del Maestrazgo pertenece asimismo a la red Global Geoparks de UNESCO.

La Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad de 2007 define el patrimonio geológico y la geodiversidad como parte sustancial del patrimonio natural, y establece que los Geoparques declarados por la UNESCO “tendrán la consideración de áreas protegidas por instrumentos internacionales”. El plan estratégico que la desarrolla afirma que “el patrimonio geológico posee un valor intrínseco que justifica su protección”.

Así pues, el territorio del Geoparque del Maestrazgo cuenta con una protección de rango estatal. Aunque esté pendiente su desarrollo normativo completo en nuestra comunidad, es un espacio protegido expresamente reconocido en 2015 por dos decretos del Gobierno de Aragón, que lo incluyen entre las llamadas áreas naturales singulares y entre los espacios de interés geológico, respectivamente. No existe, por tanto, ninguna coartada para excluir el Geoparque del Maestrazgo de la consideración de espacio natural protegido.

La Ley de Evaluación Ambiental de 2013 exige estudiar en detalle y valorar adecuadamente el impacto de las centrales eólicas con más de 10 aerogeneradores o 6 MW de potencia sobre áreas protegidas por instrumentos internacionales, entre los que se encuentran los Geoparques. Sin embargo, esta exigencia ha sido soslayada en muchas instalaciones eólicas y líneas de alta tensión proyectadas. Por ejemplo, en las de Loma de la Solana, Caballos, San Antón, Las Fuentecillas, Virgen de Fátima o el clúster del Maestrazgo, los estudios de impacto ambiental no mencionan siquiera esa figura de protección, y en los demás casos se hacen sólo alusiones vagas sin considerarla seriamente en el análisis de impactos.

La realidad que supone el patrimonio natural y cultural Geoparque del Maestrazgo, su estatus legal en cuanto a reconocimiento y protección, así como las acciones llevadas a cabo durante dos décadas para su puesta en valor como recurso cultural, turístico y de desarrollo, no pueden ser ignoradas. Constituye un ejemplo, pionero y sobresaliente a nivel nacional e internacional, de sinergia entre las iniciativas de los agentes de desarrollo en este territorio rural, el impulso proporcionado por los medios científicos y académicos y el apoyo de las administraciones públicas. Es paradójico que, al igual que ocurre con los espacios de la Red Natura 2000, esas mismas administraciones que han impulsado y aprobado las declaraciones de espacios protegidos, y han invertido recursos públicos en ellas, aprueben ahora declaraciones de interés público a proyectos que pretenden destruirlos.

Dos ejemplos muy recientes demuestran esa contradicción: son sendas declaraciones de impacto ambiental (DIA) “compatibles” otorgadas por el INAGA y por el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITERD) al proyecto eólico El Bailador y al clúster del Maestrazgo, respectivamente. En este segundo caso, un extenso y riguroso escrito de alegaciones presentado por la Plataforma a favor de los Paisajes de Teruel, que incluye un documento defendiendo los valores del Geoparque del Maestrazgo apoyado por un centenar de investigadores y docentes, no ha merecido en la DIA ni siquiera la respuesta a la que el MITERD está obligado por la Ley de Evaluación de Impacto Ambiental. Semejante desprecio no es de recibo.

José Luis Simón

Colectivo Sollavientos


PIE DE FOTO:

El “corazón” del Geoparque del Maestrazgo, junto a la masía de Juan Pallarés (Mosqueruela).




 

sábado, 29 de abril de 2023

EL DESPLIEGUE DE ENERGÍAS RENOVABLES EN EL MEDIO RURAL (7) Centrales eólicas vs. aves esteparias

Las centrales eólicas han demostrado desde el principio sus efectos negativos: algunos patentes, como la ocupación del suelo por infraestructuras (aerogeneradores, líneas eléctricas, subestaciones transformadoras) o la transformación del relieve por los grandes movimientos de tierras; otros más insidiosos, como contaminación acústica, lumínica o el incremento de la frecuentación humana. Aunque el efecto más conocido es la siniestralidad sobre fauna voladora: aves y quirópteros.

Las aves esteparias más típicas son ganga y ortega, junto con avutarda y sisón y el grupo de los aláudidos, con alondras y terreras. De otros grupos cabe destacar el alcaraván y, entre las rapaces, los aguiluchos cenizo y pálido o el cernícalo primilla. Otras muchas especies aprovechan estos espacios abiertos, desde las grullas y milanos hasta grandes rapaces como buitre leonado o águila real.

Las aves esteparias están en declive desde hace lustros -recientemente el BOE anunciaba la declaración del sisón común y de la alondra ricotí como especies en peligro de extinción- por la regresión de su hábitat por los cambios de uso del suelo: intensificación de cultivos, puesta en regadío, urbanización… a los cuales se suman ahora las instalaciones eólicas y fotovoltaicas. A la situación de declive se añade la falta de protección legal eficaz.

Las aves sufren, por un lado, la siniestralidad directa causada por colisión tanto con las palas de los aerogeneradores como con tendidos eléctricos y, por otro, un efecto más difícil de ponderar como es la ocupación y fragmentación del hábitat. Esto causa la expulsión de los animales por la artificialización del entorno, ante el recelo que causa la presencia de elementos extraños, la alteración del relieve, los ruidos y la presencia humana. Las especies ligadas al suelo, como ganga, ortega, sisón o avutarda, necesitan de un amplio campo de visión para huir de depredadores y son muy vulnerables a los tendidos aéreos.

Estos casos notables, por el volumen de bajas y las responsabilidades legales que implican, resumen la situación general.

El cernícalo primilla es una pequeña rapaz ligada a ambientes de cultivos de secano. Catalogada como Vulnerable, su población no deja de disminuir. La ubicación de aerogeneradores junto a las áreas de cría provoca una fuerte mortalidad y la desaparición de colonias. Muchas máquinas se han autorizado a menos de los 4 km que recomienda el Plan de Conservación. El hallazgo de ejemplares que han sido anillados fuera de Aragón confirma que los parques eólicos aragoneses actúan como sumideros de los primillas ibéricos.

El rocín o alondra ricotí es una alondra escasa y exigente en cuanto a selección de hábitat, ligada a zonas llanas de vegetación natural bien conservada como tomillares y espartales. Su declive es generalizado en toda la Península. Aragón acoge casi la mitad de la población europea. Catalogada desde 1995, recientemente se ha incluido en la categoría En Peligro de Extinción. A pesar de que el Gobierno de Aragón inició en 2015 los trámites para el plan de conservación, no está concluido. Al amparo de esa desidia, el INAGA resuelve como compatibles aerogeneradores de forma arbitraria a 1 km de los territorios de cría, cuando el mejor conocimiento científico existente en la actualidad establece un radio de seguridad de 4,5 kilómetros alrededor de los territorios. Dentro de ese radio las poblaciones decaen y desaparecen sin dejar rastro.

El milano real es una rapaz mediana, carroñera, catalogada En Peligro de Extinción. El Gobierno de Aragón mantiene un programa de cría en cautividad, dándose el caso de que, tras la suelta, algunos ejemplares perecen bajo los aerogeneradores. Según la base de datos del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre, ingresaron por colisión directa con aerogeneradores 30 ejemplares en 2021 y 38 en 2022, más otro gran número por electrocuciones y colisiones con tendidos eléctricos. El hallazgo de animales radiomarcados fuera y dentro de España indica que los parques eólicos aragoneses actúan como sumidero de los milanos europeos.



José Antonio Domínguez

Amigos de la Tierra-Aragón