domingo, 27 de mayo de 2012

EL HUERTO Y LA CRISIS



*Jorge Abril
Hoy he tenido la inmensa suerte de no tener apenas tiempo para mirar las noticias de televisión, y gran parte del día la he utilizado para ver diferentes proyectos públicos y privados que estamos fomentando desde la Asociación en donde trabajo. En Castellote, en coordinación con los profesores del Colegio Rural Agrupado, hemos puesto en marcha una primera fase del huerto escolar con la idea de poder enlazar a padres, abuelos y niños en el conocimiento del ciclo de la tierra a través de los productos de la huerta.
Analizando la mirada de los niños y el entusiasmo que ponían para ayudar a sembrar el primer cultivo de su huerta, en contraste con las tensiones derivadas de la crisis de los mercados, la subida de la prima de riesgo y la emisión de deuda del tesoro, reflexiono si el modelo económico actual ha iniciado ya su declive. Supongo que la crisis de la deuda afectará a todo el mundo y que, queramos o no, estamos en una economía de mercado en donde quien presta dinero pone sus condiciones de devolución. Pero, más allá del debate sobre el papel del Estado o el rol de los mercados, ¿este sistema financiero de locos nos ha ayudado a ser más felices y estar más en paz con nosotros mismos? ¿ha ayudado la liquidez financiera a paliar las deficiencias sociales de este país?
Cruz Roja Española ha publicado en su informe sobre vulnerabilidad social que el 75% de las personas atendidas por la ONG están en riesgo de pobreza o exclusión social, pasando del 15% al  25% las personas que no tienen ningún ingreso que les pueda ayudar a hacer frente a las necesidades más básicas e imprescindibles. Cuando nos enfrentamos a estos datos, poca importancia tiene el debate político, simplemente el sistema vigente ha fracasado estrepitosamente y hay que cambiarlo sin demora.
Una vez se ha regado la primera siembra, y puesto el abono correspondiente, el huerto comienza a cobrar brillo y  poco a poco, a paso lento, va dando sus pequeños frutos. Quizás la lechuga, el tomate o la cebolla nos ayuden a ver la crisis de otra manera. Conocer el producto solicitado, no abonar con activos tóxicos, intentar consumir aquello cuya producción proporciona valor social y medioambiental, y disfrutar con las pequeñas cosas que te da la tierra que nos rodea. 
*Colectivo Sollavientos 

jueves, 24 de mayo de 2012

¿Avanzamos como los cangrejos?

Imagen de la astacifactoria de Cañizar del Olivar


José Antonio Alloza.* 

 En el ya lejano mes de mayo del 2006, el Departamento de Medio Ambiente de la Diputación General de Aragón aprobó un Plan de Recuperación del cangrejo de río (Decreto 127/2006). En su momento el Plan tuvo gran repercusión y pasó a ser considerado referente nacional para la protección y recuperación del cangrejo autóctono (en Aragón es una especie catalogada en peligro de extinción).

 Paralelamente, en la pequeña localidad turolense de Cañizar del Olivar se desarrolló una iniciativa para la construcción de un centro de cría de cangrejo autóctono. Partiendo de un modesto presupuesto, esta insólita actuación consiguió integrar iniciativa pública y privada en una actividad de desarrollo rural ligada a la conservación de la biodiversidad. De la singularidad e importancia de esta iniciativa dan cuenta su inclusión, como ejemplo de buenas prácticas, en la evaluación del programa de desarrollo rural de Aragón 2000-2006, la concesión del premio Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, su mención en numerosas publicaciones técnicas y de divulgación, la correspondiente visita del Consejero del Departamento, decretos avalando el uso de estas instalaciones en el “programa de cría en cautividad de cangrejos de raza autóctona” (Decreto 197/2008) o, más recientemente, la resolución de apoyo del Justicia de Aragón. 

 Sorprendentemente y a pesar de las consideraciones anteriores, el Departamento de Medio Ambiente está procediendo al cierre definitivo de las instalaciones, medida que pretende justificar invocando conflictos locales, costes de mantenimiento e incluso el propio origen genético de la especie. Para avalar las carencias de gestión, desde el Departamento se afirma que en Aragón “en casi todos los tramos fluviales potenciales para la especie ya hay o se han generado poblaciones viables”, obviando que, por ejemplo, la propia población de cangrejo autóctono que habitaba en los cauces de Cañizar ha desaparecido recientemente víctima de la afanomicosis (enfermedad causante de la regresión de esta especie).

 Junto a las negativas repercusiones sobre la protección de esta especie, esta decisión lleva implícita una relajación de responsabilidades y un modelo de gestión que entra en evidente contradicción con el de otras comunidades autónomas, como por ejemplo Andalucía o la Comunidad Valenciana (donde este año se han soltado más de 3.500 cangrejos criados en instalaciones propias). Además, e igualmente grave, el cierre de las instalaciones supone la quiebra de una interesante iniciativa de desarrollo endógeno. 

 En un contexto como el presente, de crisis económica generalizada, resultaría insolidario destinar más recursos para la conservación de nuestro patrimonio natural a costa de sustraerlo de políticas sociales. Afortunadamente, no se trata tanto de pedir más medios económicos, sino de optimizar su gestión. Pero parece que evolucionamos como el desplazamiento del cangrejo y volvemos a situaciones propias de los años ochenta. 

 En la actualidad es prácticamente unánime la necesidad de cambios en el modelo de desarrollo. Cambios que en el medio rural deben incorporar nuevos modelos de gestión ambiental y que, con nuevas vías de participación social, hagan compatibles las políticas de conservación y desarrollo con el uso sostenible de todos los recursos naturales… pero seguimos avanzando como el cangrejo. 

 *Colectivo Sollavientos